Parodia
Dos jóvenes de unos dieciocho años se encontraban en la
covacha de su jardín haciendo una interesante poción. Esos dos muchachos, de
pelo rojo y largo, no eran otros más que Fred y George Weasley.
-Y por último, añadamos un pelo de unicornio – dijo Fred
mientras miraba cómo su poción iba tomando forma.
-Adiós, mil galeones-dijo George dramáticamente-. Espero que
el pelo de unicornio funcione, después de lo que pagamos por él.
La poción tomó una coloración azulada, burbujeó un poco y
luego se calmó. Los gemelos Weasley se miraron un momento y luego se pararon
abrazándose y dando vueltas.
-¡Lo hemos conseguido! – gritaron al unísono.
-Ahora lo más importante, disfrazarla de dulce para que la
bella Fleur se lo coma.-dijo Fred.
-Y no olvides los hechizos que le tendremos que hacer a
nuestros penes para poder satisfacerla – agregó George.
Ambos corrieron a la cocina de La Madriguera y dejaron ese
antojoso dulce sobre la mesa. Escondidos vieron cómo la bella Fleur, una
muchacha rubia, delgada y de unos 19 años, entraba a la cocina, y al ver el
dulce lo tomó y se lo comió. No pasó más de un minuto cuando vieron que la
discreta Fleur se transformaba. Los colores se le subieron al rostro y su
respiración se empezó a agitar.
-Magnificatus – dijeron los Weasley apuntando su varita hacia
sus miembros, mismos que empezaron a crecer y a engrosarse, hasta adquirir un
tamaño respetable.
-Abundantis, Fortalesus – añadieron para asegurar que sus
penes iban a poder aguantar varios orgasmos seguidos y que iban a derramar una
gran cantidad de leche.
Fleur ya se había metido una mano en su blusa, aprisionándose
un pecho mientras se lo sobaba. Su otra mano se encontraba en su entrepierna,
metiendo un dedo dentro de su vagina. Fred y George salieron de su escondite y
se acercaron a ella. En cuanto los vio Fleur se abalanzó hacia Fred y le plantó
un beso en la boca mientras su mano le sobaba la verga sobre su pantalón. George
se acercó y se puso tras ella haciéndole sentir su paquete entre las nalgas.
-Ven, vamos allá afuera, donde nadie nos vea – le susurró
George al oído.
Los tres jóvenes salieron de la casa y se metieron en la
covacha de las escobas, la cual se convirtió en una acogedora recámara por medio
de la magia. Apenas entraron y Fleur se despojó de toda su ropa. Los gemelos,
sorprendidos, tardaron unos segundos más. Fleur se inclinó y se metió la verga
de George a la boca, quedando sus nalgas al aire, lo que aprovechó Fred para
metérsela en su vagina. Los abundantes jugos de la chica ayudaron a que la
penetración fuera rápida e indolora.
Fleur chupaba ávidamente el miembro que tenía en su boca. Su
lengua le recorría el glande con rapidez mientras su conchita sufría las
estocadas de la verga de Fred. George la tomó de la cabeza para enterrarle más
su pene, que entraba y salía de la boca femenina. Ella apretó los labios dándole
una mayor fricción al instrumento que le llenaba la boca. Mientras tanto Fred le
agarró las caderas y sumió si pene lo más profundo que pudo. Las nalgas de Fleur
chocaban contra su pubis. Uno, dos, tres bombeos más y Fleur se encontraba en el
éxtasis. Con sus nalgas trazaba círculos sobre Fred. Pudo sentir que las venas
del pene que tenía en la boca comenzaron a engrosarse, por lo que empezó a
succionar para ordeñarlo. Un gemido de satisfacción escapó de los labios de
George y su verga empezó a escupir semen, llenando de leche la cavidad bucal de
la chica, que empezó a ahogarse por la cantidad de semen arrojado. Al mismo
tiempo sintió que Fred eyaculaba dentro de ella, con tal abundancia, que pronto
el espeso líquido comenzó a escurrir entre sus piernas. Mientras los gemelos
descargaban en ella un intenso orgasmo se apoderó de su cuerpo. Sintió cómo sus
piernas temblaban y apenas y se podía sostener en pie.
Apenas y terminaron, George, con ayuda de su varita mágica,
limpió la vagina de la chica y se acostó en el suelo, boca arriba. Fleur se le
sentó en la cara, poniendo su vagina al alcance de la lengua. Fred se colocó
enfrente de ella y le metió el pene a su boca. Ella pasó su lengua por todo el
cuerpo del pene, lamiendo por aquí y por allá, mientras sentía la lengua de
George recorrer cada centímetro de su vagina en búsqueda de su clítoris. Fleur
movía las caderas en torno a la hambrienta boca que la devoraba. Su mano agarró
con firmeza el miembro que le llenaba la boca y empezó a masturbarlo mientras su
lengua jugaba con el glande del chico.
-Mmm ¡qué delicia! – dijo la chica mientras saboreaba el pene
y mirando con ojos pícaros a Fred.
Fred estiró sus manos para apoderarse de los pechos de la
chica. Los masajeaba y tiraba de los pezones erectos. Fleur sintió cómo el
orgasmo nacía en su vientre y se iba dispersando por su pubis, su estómago y sus
piernas. Con cada espasmo de placer repegaba su vagina contra la boca de George
mientras Fred le llenaba de semen su boca. Esta vez no se ahogó, y aunque trató
de tragar lo más aprisa, un hilillo de leche le recorrió por la barbilla hasta
llegar a sus pechos. Fleur se limpió la barbilla con un dedo y luego se lo llevó
a la boca en forma provocativa y sensual.
La chica se recorrió sobre el cuerpo de George, que aun
seguía tendido de espaldas, hasta que se enterró su verga en su vagina. Fleur
subía y bajaba sus caderas mientras el pene la traspasaba una y otra vez. George
la abrazó, jalándola hacia sí, con lo que el culo femenino quedó al alcance de
Fred. Él dirigió su pene hasta la entrada del pequeño agujero y poco a poco lo
fue introduciendo.
-Pog ahí no – gritó la chica, pero sus súplicas no fueron
escuchadas.
Fred siguió metiendo, con mucho esfuerzo, sintiendo cómo el
culo iba cediendo a sus embates.
-Paga, me estás gompiendo el culo – suplicó una vez más.
A pesar de las súplicas Fred no le hizo caso y siguió con
todo empeño, hasta que, finalmente, el ano cedió, y empezó a meter y sacar su
miembro. Fleur la estaba pasando bastante mal. Por un lado tenía la dolorosa
penetración anal, y por el otro las dos vergas no se sincronizaban, por lo que
recibía embates irregulares.
-Pónganse de acuegdo – suplicó con un rictus de dolor
Los gemelos poco a poco fueron sincronizando sus embestidas,
hasta que al fin lo lograron. Sin embargo los sufrimientos de la chica no
terminaron, ya que si bien es cierto, recibía un solo embate por los dos
frentes, éste tenía mayor potencia, y sentía que ambas vergas la traspasaban, y
que incluso llegaban a tocarse. El dolor en su culo ya había disminuido un poco
y se hacía más soportable. No fueron necesarias muchas embestidas más para que
los gemelos tuvieran sus orgasmos, llenándole de semen sus dos agujeritos. No
supo cómo explicarlo, pero a pesar del dolor y la incomodidad, Fleur también
tuvo su tercer orgasmo.
Después de tres orgasmos, la verga de Fred se desinfló y
volvió a su tamaño normal. George puso en cuatro a Fleur, y aprovechando que su
hermano ya le había abierto el camino, ensartó a la chica por el culo. Esta vez
entró con mayor facilidad, ayudado por el semen que aun escurría de su ano.
George le agarró las caderas para provocar que la penetración fuera más
profunda. Mientras tanto, Fred se había apoderado de los pechos de la chica. Su
boca chupaba y succionaba cada uno de los pezones, mientras que Fleur chupaba la
verga, ya sin vida, de Fred.
Fleur sentía cómo el instrumento la penetraba una y otra vez,
recorriendo su estrecho canal. También sentía cómo la voraz lengua de Fred
recorría sus pechos, sintiendo algunos mordiscos en sus pezones, cosa que la
hacía gritar.
-Ayy, no seas tan brusco – se quejó.
George aceleró sus movimientos y pronto descargó en la chica.
Apenas terminó y su verga también se desinflo. Fleur aun estaba caliente. Los
gemelos sabían que debía tener otro orgasmo, por lo que la tumbaron en el suelo
y cada uno atacó un pecho.
-Mientras nosotros te comemos los melones, tú métete un dedo
en tu conchita y mastúrbate-dijo George
Las lenguas recorrieron sus pezones mientras su dedo se
introducía en su vagina. Lo movió lentamente primero, explorando todo su
interior con suavidad y dulzura, sólo como las chicas saben hacerlo. Se empezó a
frotar y su cuerpo respondió con unos suaves y sensuales movimientos. Sus
pezones, erectos, estaban siendo estimulados por las lenguas y los dientes de
los hermanos Weasley. A medida que su dedo avanzaba en su interior su
respiración se fue entrecortando. Ligeros gemidos de placer escapaban de sus
labios, cada vez más frecuentes y profundos, hasta que sintió un destello
cegador y su interior explotó. Mil hormigas le recorrían cada parte de su cuerpo
y su garganta emitió un bajo y gutural gemido. Apenas y terminó su orgasmo la
paz volvió a su cuerpo. Ya no sentía esas ardientes ganas de hacer el amor. Se
relajó y sonrió. Fred y George se alejaron de sus pechos.
-Ahora un hechizo desmemorizador – dijo George
-De ninguna manega – dijo ella- déjenme este dulce guecuergdo
.
Les dio un beso en la boca a cada uno y se vistió.
-Hasta la próxima – dijo sonriéndoles, se dio la media vuelta
y se fue.
Los gemelos se abrazaron y se felicitaron por su invento.
-Hay que preparar más – dijo Fred- me encantó el resultado.
-¿Te imaginas que otras lo probaran? – dijo George con una
sonrisa maliciosa
Ambos se rieron, imaginando sus travesuras, y se fueron a su
tienda a preparar más poción.