Tormenta Amada...
La pasión en tu manera de amarme, me habla de lo inigualable
que son los momentos contigo. Tú te aproximas con tu forma de amarme, tan lejos
de la mediocridad; dándome sentido en ese dulce sufrimiento, de alargarnos a
ambos el momento del goce. Me haces sentir lo mejor de cada instante y en cada
situación, el tempo se crece en ondas de eternidad que permanecerán por todo mis
días.
Deseo sentir el examen de tus ojos, de tus manos y de tus
labios; solo que tus labios se extienden por toda mi piel, dándome además tu
misma respiración. Siento como tu cuerpo se calienta y en tus llamas de fiebre
de amor ardo contigo; y a la vez espero la fase de martirizarte, volcándome en
olas de fuego sobre ti.
Haciendo el amor a tu cuerpo y a tu mente, te doy puñaladas y
asesino tu tranquilidad; te altero y te libero para que te vengas, en oleadas de
placer día y noche. Estando tú de espaldas, me renuevo sobre tus onduladas
carnes; así me siento como barco, que se balancea en tu piel que sube y baja
conmigo sobre ti, que me eres como una mar de vida y sentimientos.
Cara a cara se confunden nuestras lenguas y entrelazamos las
miradas; tomo tu saliva y tu aliento vital; son intercambios de amor, teñidos de
matices efímeros y eternos a la vez. Te siento como una golondrina que vuela y
como una paloma que se me roza; de ambas formas me haces mover mis alas en
tierra y en el aire; voy cortejándote acercándome al cielo, pues eres mi ángel
de amor.
No te sacias jamás y me das un sequito interminable de mimos,
te echas sobre mi y haces que sean realidad los mejores pensamientos; de ese
modo en que rozándome por fuera, me llegas tan dentro. Me tomas con tus brazos y
me vas absorbiendo, haciéndome estar más dentro de ti. Eres un todo que aspiro,
me resultas la realización de un maravilloso sueño hecho realidad. Conmigo vas
creciendo y dentro de ti mi amor se eyacula, así me quedo en ti sin reserva
posible ni deseable.
Me siento un corazón abierto y destemplado, instalándome más
entre cada uno de tus pliegues, que en mi mismo. Tu amor me es pócima de un
dulce veneno, que tomo contigo; pronto me siento enraizado, sacudiéndote mí
esencia, bien hondamente en ese preciado rincón de ti misma.
Y tras un primer combate nos reponemos con nuevos cariños y
nos encaminamos al nuevo trote que nos embriaga y nos levanta; llega luego el
galope y la furia y tras ello quedamos el uno sobre el otro, reposándonos de
otra corrida de amor. Contigo me convulsiono, y entre tus brazos encuentro el
remanso de la arena de playa, con mimos de tus brazos e iluminado por el sol de
tus ojos...,
Tras los últimos disparos y sacudidas de mi néctar, a tu lado
revivo felizmente estirado y me siento tempestad y naufrago...