Vacaciones en los Fiordos
Hola a tod@s, me llamo Carol y tengo casi veinte años. El
relato que viene a continuación sucedió cuando tenía diecisiete. Pero prefiero
no anticiparme, antes que nada me describiré, más que nada porque en los relatos
de mi hermano se me describe bastante por encima, diciendo sólo lo que los
hombres ven (que si pechos grandes, que si cinturita de avispa...). Mido casi un
metro setenta de altura y peso cincuenta y cuatro kilos. Realmente tengo unos
pechos bastante grandes, gasto una 95, pero posiblemente debido a mi edad no han
sentido aún el impulso de la gravedad, por lo que acostumbro a ir sin sujetador.
Tengo una firme y atlético, ya que, al igual que mi hermano he hecho deporte
toda la vida; unas piernas largas (para mi altura) un trasero grande, aunque en
proporción con el pecho y una cintura que parece más delgada de lo que es debido
al contraste con mi pecho y trasero. Por último la cara: tengo los ojos bastante
grandes, que destacan en una cara con forma ovalada y que aún no ha dejado atrás
del todo la niñez, unos labios carnosos y rojos y unas mejillas suaves; así como
una nariz que no destaca especialmente en el conjunto. Durante el verano en que
transcurre el relato llevaba el pelo a media melena y castaño.
Una vez descrita físicamente os diré que soy bastante alocada
e independiente, posiblemente por haber vivido casi sin padres desde que tengo
memoria; quiero a mi hermano con locura (no sabéis cuánto) y en cuando puedo me
lanzo a la aventura. Ah, por si alguien tenía dudas después de leer los dos
primeros relatos de mi hermano, soy bisexual.
Bueno, una vez me conocéis mejor paso a relataros lo que pasó
durante ése verano.
Estar siempre en el mismo sitio puede llegar a cansar, y si
además, la persona con la que compartes la vivienda decide apuntarse a un curso
para ampliar sus estudios dejándote prácticamente abandonada, tienes que hacer
alguna cosa. Así que decidí irme un mes a "perfeccionar" mi inglés a Noruega (ya
sé que es un sitio raro para estudiar inglés, pero yo lo que quería era irme de
vacaciones). Para convencer a mi hermano, le dije que trabajaría a media jornada
de cara al público, así me ganaría un dinerito y estaría obligada a hablar. Como
él no iva a estar por mí, me dijo que no había ningún problema, pero que sólo un
mes (julio), porque en agosto quería que nos fuésemos juntos de vacaciones.
Me fui hacia Noruega con la intención de encontrar un
trabajillo y visitarla por las tardes; pero como ya tenía la cartera bastante
llena, al final decidí que no trabajaría, así podría disfrutar completamente del
mes.
Las dos primeras semanas las pasé en Oslo, si tenéis la
oportunidad de ir ni lo dudéis, vale mucho la pena, es una ciudad muy abierta, y
francamente bella. Al final de la segunda semana conocí a un grupo de chicos
españoles que estaban estudiando allí, y que habían decidido no volver a España
durante el verano para poder disfrutar un poco más del país. Los conocí en uno
de los clubs nocturnos de la ciudad, y es que se hace inconfundible un grupo de
más de diez españoles en medio de tanto Noruego. Pasamos la noche bailando,
bebiendo y riendo; les dí la dirección de mi hotel y quedamos en que al día
siguiente me enseñarían las partes menos turísticas de la ciudad.
Durante dos días siguientes me enseñaron las zonas que se ven
menos de la ciudad, charlamos, y porqué no decirlo coqueteé con todos ellos; no
en vano ninguno era de Madrid, así que no había peligro de encontrármelo después
de ese verano. Ellos no se cortaban pelo, y a medida que ivan cogiendo confianza
empezaron a tomarse confianzas, rozádome sin necesidad, piropeándome en lugar de
llamarme por mi nombre, etc... Yo me había fijado en uno de ellos, se parecía
bastante a mi hermano, y era el más cariñoso de todos, así que me dije que
echaría una cana al aire con él.
Después de ver la ciudad de cabo a rabo les dije que me
apetecía irme a ver los fiordos, para echar unas fotos y poderme ir a bañar al
mar. Ellos se ofrecieron a ir conmigo las dos semanas que quedaban, con la
excusa que conocían la zona, y que vería fiordos prácticamente vacíos, y podría
dormir en albergues bastante bien de precio. Yo acepté sin pensarlo, un par de
semanas por los fiordos, a solas con siete chicos, cubriéndome de alagos, me
sedució.
Nos fuimos con dos coches, y empezamos a apartarnos de la
civilización; zonas verdes inmensas, con cañones escarpados que dan al mar y
algunas casas sueltas enfrente de algún lago, o en plena montaña. Los chicos se
portaban perfectamente, haciendo bromas, intentando hacer que lo pasara bien.
Al cuatro día por los fiordos, nos estábamos bañando en una
cala apartada, cerca de una casa que había perdida en medio de la nada. Yo
llevaba un bikini bastante pequeño, que mostraba más de lo que escondía; lo
había comprado el día anterior y quería lucirlo. Junto a una bandolera que ceñía
mi cintura, resaltándola. Los chicos no podían evitar mirarme, parecía que
estuviesen mirando un partido de fútbol, sin apartar los ojos de la pantalla.
Incluso a alguno se le empezaba a notar el bulto del paquete.

Yo estaba bastante caliente también, y es que la situación
era bastante excitante, siete chicos cachondos, en medio de la nada, al aire
libre... Se me empezaron a marcar los pezones.
Fran, podrías ponerme un poco de crema en la espalda, que
no llego
Elegía a Fran porque era el único que no intentaba disimular
su excitación, se acercó a mí y pasó de coger el pote de crema y me cogió los
pechos directamente.
Por fin!. Empezaba a pensar que eráis gays.
Al escuchar eso, parece que le dí alas a Fran, y los demás
empezaron a dudar sobre cómo reaccionar.
Ya decía yo que no eras sólo una calientapollas, no sabes
las ganas que tenía de que me dieses la oportunidad zorilla, te voy a hacer
lo que nadie te ha hecho nunca.
Acompañó las palabras con hechos. Puso las manos por debajo
del bikini y empezó a sobarme los pechos mientras me besaba el cuello y me
mordía la oreja. Yo me dejé ir y empecé a disfrutar del masaje, me recorría el
cuerpo con escalofrío cada vez que su lengua se introducía en mi oreja; y sus
manos no soltaban mis pechos, los apretaba al principio, para después empezar a
juguetear con los pezones pellizcándolos y moviéndolos en círculo; cada vez se
parecía más a una caricia y menos a la furia animal con la que había empezado.

A qué esperáis?, no va a ser Fran el único que se lo pase
bien?
Al decir esas palabras sabía que no había vuelta atrás, los
chicos se lanzarían sobre mi como fieras hambrientas, para poseerme sin más
dilación. Así que me sorprendía al ver que se acercaban con cautela, como un
león al cazar. Se acercaron como pensando que se trataba de una broma, hasta que
los que pudieron empezaron a acaricierme los muslos, el vientre y el culo; pero
con cariño, casi sin lujuria. Me acariciaban poco a poco, poniéndo crema solar
en sus manos para que no notase su aspereza; lubricando mi cuerpo y poniéndome a
mil.
Sentía manos por todos lados, tocándome con cariño, no se
atrevían a ir hacia mi intimidad, así que se entretenían en los muslos, los
pechos, besándome por todos sitios; apretándome las nalgas, recorriéndome la
espalda con la lengua; tanto ciudado tenían que hasta empezaron a masajearme los
pies. Yo estaba a mil; era genial que los chicos estuvieran por mi, que
quisieran que disfutara, pero la verdad es que llega un momento en que se tiene
que empezar la acción, que si no una se vuelve loca.

Venga, no sabéis hacer nada más? Que no muerdo!
No sé quien fue, pero una de las manos que me sobaba los
muslos se acercó a la braga del bikini y la apartó; paseó los dedos un poco
alrededor de los labios vaginales y luego metió un dedo de golpe. A mi se me
escapó un grito, por fin notaba algo dentro de mi; un metesaca bastante veloz,
primero con un dedo, y luego con dos, juguetenado con mi clitoris, obserbaba mis
reacciones, para ver lo que más me gustaba. Yo estaba como loca, la situación
empezaba a salirse de mi control, y eso es algo que me excita. Los demás chicos,
al ver que uno se lanzaba empezaron a apretar con más fuerza, empezaban a verme
como un objeto sexual (por fin!) y se dejaban de tantos miramientos.
Cuando el chico que me estaba masturbando se cansó de mover
sus dedos, apartó a los demás y me estiró en el suelo. Desde allí vi lo
cachondos que se habían puesto todos, ya que les sobresalía la polla por encima
de los boxers y los slips, dejando ver sus capullos rojizos, que empezaban a
segregar fluido preseminal.

A una orden no dada se sacaron todas esas barras de carne
palpitante de sus respectivas jaulas y las acercaron hacia mi, que me vi de
golpe rodeada de pollas. Ellos me habían regalado con una buena sesión de
caricias, así que me dispuse a devolverles el favor.

Así que cogí a los dos que tenía más cerca, y empecé a
pajearlos, sintiendo el calor que desprendían. Con ganas de introducirme por fin
alguna de aquellas pollas por cualquiera de mis agujeros. Mientras les pajeaba,
uno de ellos me incorporó y se situó debajo mío, colocando su polla entre mis
nalgas y apartando ligeramente la braga del bikini. Otro puso su herramienta
entre mis pechos y empezó a pajearse con ellos otros dos se frotaban contra mis
muslos, esperando su turno. Y Fran, el más lanzado de todos me follaba el coño.

Sentía placer por todos lados, todas las pollas lubricadas,
las dos que tenía en la boca acabaron por correrse, y las que tenía frontándome
los musos se vinieron hacia arriba, para que se las mamara; el capullo, el
tronco, las pelotas, nada escapaba a mi voracidad. Sentía que tenía que dar
placer a aquellos que me lo estaban proporcionando a mi; el que tenía entre los
pechos seguía moviéndose, provocando cierta fricción en mis pechos, aunque tengo
que reconocer que no disfruté demasiado de esa cubana; ya que tenía una polla
taladrándome el culo y otra follándome de forma más tradicional. Cada una con su
propio ritmo, cabalgándome y haciendome ver el cielo. La tremenda follada siguió
durante unos minutos, durante los cuales se turnaron para follarme por todos los
agujeros que podían; pero llegó un momento en que su excitación fue tal que se
vienieron encima mío; cubriéndome de leche caliente y pegajosa en tal cantidad
que cada vez que me movía me tiraba la piel.

Y allí me quedé unos minutos, recuperádome de la tremenda
experiencia que acababa de vivir, notando como toda la lefa que tenía encima se
enfriaba sobre mi cuerpo. Los chicos quedaron también en el suelo, recuperándose
de las corridas y recreándose en la imagen de mi cuerpo cubierto de esa
sustancia blanca.

A la que recuperé el aliento no se me ocurrió otra cosa que
decir:
Repetimos?
Y efectivamente repetimos, ese día estuvimos más de cuatro
horas follando en la playa, tanto en el agua como en la arena, rebozados o
limpios. Y repetimos en los días seguientes, tanto en los hoteles como en otras
calas; en un descampado o en los coches; daba igual follamos hasta cansarnos y
volví a casa realmente satisfecha, esparando a las vaciones con mi hermano.
Tengo casi lista la tercera parte de todo queda en familia, a
ver si mi hermano se lo revisa un poco. Ya me diréis que os ha parecido.