Te busque en el ocaso
Será porque me recuerda tus ojos
Yo, que soy capaz de amarte
Te seguí entre las horas que ondulaban tu presencia
De conversaciones fluidas y caricias lentas.
No tengo ganas de ir a clases, tengo deseos de quedarme con
ella... otra vez.
Hay una cafetería, ella esta sentada frente a mi, las dos
inclinadas para oír activamente las impresiones de la otra. Hace rato me quite
el reloj y lo escurrí, silenciosa, entre el bolso no quiero recordar que son las
5: 30 y "debería" de marcharme. Estamos hablando de Dante y La divina comedia,
las horas pasan tan veloces y yo estoy perdida en sus ojos y los mechones de
pelo que le acarician las dulces mejillas.
Es mi amiga. Leyla es mi amiga sin embargo las sensaciones
que ella provoca no se donde encasillarlas (así soy de humana) esta ternura que
disimulo en amistad, estas ganas que no se me quitan de escucharla y olerla,
estas ansias casi sexuales de estar cerca de ella. Se ha inclinado un poco mas
hacia mi y ahora mi mirada se desvía hacia el escote que guarda su camisa,
lencería negra, algo practico y cómodo y como si fuera un hombre no puedo
despegar la vista de la hermosas cumbres que ellos ocultan. Pero no son
propiamente sus senos los que me llevan a tener pensamientos "impuros" es el
hecho de que a fin de cuentas no puedo ver nada.
Me levanto abruptamente de la silla por demás frustrada y
enojada, todo a un tiempo, confundida, al borde de la desesperación por
sentimientos a los que no puedo ponerles nombres, un sentimiento de... me
despido, me voy, no quiero que me toque y camino, camino millas enteras como si
solo el ejercicio puritano pudiera borrarme sus impresiones.
Leyla es la mujer más hermosa que jamás he visto, será por lo
comuncita que es, del pelo más negro que he visto, los ojos parecen dos pozos de
agua, la boquita pequeña, casi un puchero, nada del otro mundo sin embargo ella
tiene un algo que desde que la conozco me tiene desosegada, me gustaría ponerle
nombre y decir que es mi mejor amiga pero no nos vamos a poner hipócritas, nunca
me ha gustado mi mismo genero, bueno tal vez si, pero nada mas allá de la vista,
he aquí el problema.
Cuando la conocí ella estudiaba medicina y yo farmacia,
coincidimos en una materia que es afín a ambas carreras, la mire quedándome
prendada, mas tarde le confesé que no pude despegar la vista de ella porque me
había parecido hermosa, ella me dijo a su vez que nunca había visto una mujer
mas linda que yo. Todavía estamos en el mismo punto porque no hemos avanzado
nada!!!!!!!!!!!!
Había que entregar una practica, nada complicado, la tenia
casi hecha pero ella insistió hasta el borde de la artera que pasaría por mi
casa a ayudarme, demás esta decir que no tenia ningún apetito de verla no sabia
bien que iba a hacer conmigo, mis estúpidos prejuicios y el más que evidente
deseo de follármela (si es que se puede decir así) pero no hubo razonamiento
posible para su determinación.
Pasaban de las siete cuando llegó al apartamento, llevaba el
pelo suelto y estaba vestida informalmente, yo no me moleste en cambiarme la
bata negra que llevaba y así la recibí, un "hola ¿qué tal?" y un beso en la
comisura de los labios, demasiado para mi y la fragilidad que estaba hecha, la
mire por un rato y luego me aleje, le pase los papeles de la practica y vacié el
contenido de mi copa de vino.
Ella se puso a revisar los papeles si es que en realidad
estaba haciendo eso porque de alguna manera, en algún punto me di cuenta que esa
no había sido la razón por la que había ido, así que la interrumpí de golpe en
medio del comienzo de alguna tontería:
yo....
¿Tu que Leyla? ¿Se puede saber a que viniste esta noche?
Porque obviamente no fue por lo de la tarea - se quedo de una pieza con los
ojazos abiertos de par en par y balbuceando alguna excusa.
De repente se domino parándose del asiento se dirigió adonde
yo estaba se dejo caer sobre mi que entre impaciente y divertida me preguntaba
hasta donde realmente llegaría, lo averigüé más rápido de lo que pensaba porque
mi amiguita fusiono su boca a la mía en un beso tímido, tentativo pero tan
delicioso que tuve que cerrar los ojos.
La sensación de su boca moviéndose sobre la mía era rara pero
aun así me encendía, su lengua busco la mía y me sobresalte de sorpresa, ya no
estábamos jugando mas, esto ya no era un casto y simple beso, trate de alejarme
pero la maraña que tan sabiamente estaba tejiendo Leyla era tan densa que me
costaba salir de ella. Bueno por lo menos una de las dos sabia lo que estaba
haciendo.
Nunca, mientras deslizaba los tirantes de la bata por mis
hombros, dejó mi boca para que no tuviera oportunidad de pensar en otra cosa que
no fueran sus manos deslizándose por mis senos que llenaron sus manos cuando los
sopesó, sus dedos oprimiendo suavemente mis pezones me lleno del fuego mas dulce
que he sentido. Leyla se deslizo hacia abajo hasta poner su cara de frente a mis
pechos, sentí su boca húmeda, su aliento caliente en ellos y no pude parar los
gemidos que se escapaban de mi sin ningún pudor.
Sentirla, amarla era más fácil de lo que pensaba, como si
hubiera llegado con un manual en las palmas de las manos de "como usar",
desnudarla fue todo un reto porque no podía alejar las manos de los trazos de su
piel blanquísima e imagine que mi color de piel, un tanto mas tostado,
contrastaba con esa deliciosa blancura que me apuraba por tocar, mis manos se
deslizaban por su piel con tal facilidad, ella era tan suave.
Mis dedos rozaron su pubis, avance despacio hacia ella
tocándola, estaba húmeda y cuando mis dedos tocaron su clítoris suspiro y
presiono mi cabeza contra su pecho, estábamos en medio de la sala, cualquiera
podía llegar y para las cosas que necesitaba hacerle la reducida extensión de un
sillón se quedaría corto, así que la tome de las manos y la conduje hacia mi
habitación, todas las luces estaban apagadas y yo luche contra el deseo de
encender la luz y ver en su cara el placer o acariciarla a oscuras donde usaría
todos mis sentidos pero estaría ciega a sus expresiones, sin poder pensar más o
tener tiempo para ello me decanté por esto ultimo y caímos como niñas traviesas
en mi cama tocándonos casi con desesperación.
Estábamos amándonos pero también estábamos luchando por el
derecho de proporcionarnos más placer a nosotras mismas , jamás había hecho el
amor así, de una forma tan egoísta, no estaba pensando en Leyla como ella
tampoco pensaba en mi, me sentí como un juguetito sexual: " te quiero explotar,
usarte por y para mi" me decían sus manos, si hay una forma absoluta de hacer el
amor, si existe una forma primaria de seducir y dar placer ese día lo descubrí
con Leyla.
Era una oración su nombre en mis labios que no me cansaba de
repetir mientras deslizaba mis labios rumbo sur a su cintura, quería bebérmela,
quería llegar a ella y saborearla y la encontré completamente depilada, mi
lengua se deslizo fácil por sus labios vaginales y un espasmo de placer la meció
contra mi boca. Leyla jadeaba intensamente y mientras mi lengua trataba de
entrar más y más al interior de su vagina más me presionaba ella contra su
centro y más quería yo de ella.
Pero ella también quería probar, quería saborear y
experimentar así que se aparto de mi y colocándome en la cama puso su clítoris a
disposición de mi boca mientras ella me abría de piernas pasando la lengua por
el interior de mis muslos que temblaron al sentir esa caricia pero nada me
preparó para la conmoción que sentí cuando su lengua encontró mi clítoris y lo
chupo y saboreo hasta enloquecerme, sus dedos hurgando la entrada a mi vagina,
era una intromisión... el asalto más sensual, delicado y voraz que he recibido.
Estaba mareada. Repleta de sensaciones, embargada de emoción,
tan ensimismada en mi placer que me había olvidado de ella pero Leyla no cedía y
no se dejaba olvidar, pegó su coño húmedo contra mi cara exigiéndome que le
diera placer y se lo si separando sus nalgas con mis manos y comiéndomela
entera: clítoris, coño, culo... no se me quedo nada por agotar, ningún rincón
que no saboreara, ninguna esquina en que mi lengua no entrara y a ella no le
quedo otra sensación que agotar porque presionando su coño contra mi cara, una
vez mas, me lo restregó de la nariz a la barbilla mientras arqueaba la espalda y
gritaba conmocionada que se corría.
Yo no había terminado pero una sonrisa asomo a mis labios
mientras ella se abrazaba a mi ¿generosidad ahora? Leyla me dejo tendida en la
cama con miles de pensamientos que pasaban por mi cabeza, la oí en la cocina y
cuando volvió traía todo un cargamento de chucherias.
Tienes hambre?- pregunte.
Si- me respondió ella- y me voy a dar el mejor banquete
de todos...tu!!!
Me respondió picara burlándose de mi expresión, cerro mis
ojos con sus manos y pude sentir como algo frío caía por mis pechos para
inmediatamente sentir los labios de ella con la excusa de recogerlo, jadee de
sorpresa y excitación. Besó cada pedacito de mi llevándome a la boca con su
lengua probaditas de lo que ella estaba comiendo sobre mi cuerpo, era un sentir
y probar imposibles de resistir, yo era un plato grande sobre el que mi querida
amiga se daba el gran banquete.
No paraba de contorsionarme pidiéndole mas y ella supo llevar
mi excitación al limite cuando llego hasta mi vagina y luego de saborearme con
su lengua me beso en la boca haciéndome probar el sabor almizclero de mis
propios jugos, en ese momento el deseo de llegar al orgasmo era tan fuerte que
me dolía, cuando volvió a besarme su boca tenia olor y sabor a menta y no me
dejo asimilar que pensaba hacer cuando su boca se posó en mi coño que se lleno
de un calorcito al contacto con su boca empapada de licor de menta, ese fuego
fue creciendo más y más al ritmo de la velocidad de la lengua de ella que salía
y entraba de mi con celeridad, no pude aguantar más pero tampoco quería porque
las convulsiones orgasmicas me traspasaban el cuerpo haciéndome gritar su
nombre. Esa noche la bella Leyla y yo dormimos juntas, las piernas enredadas, el
abrazo confundido, los labios que se buscaban...
Desde esa noche Leyla es mi mujer, la primera tal vez la
única, la que en la distancia y en la tristeza me da razones para amarla... ¿ es
mi amiga? Si, pero también es mi amante, mi sabia amante. Los ojos que me
encienden, los oídos que me escuchan, los pechos que quiero besar aquellos sobre
los que sollozo, sus brazos los que me sostienen, sus manos las que me dan
placer.
La sabia mujer, la coqueta ninfa, la de los "enloquecedores
comentarios estúpidos", la de los restos del café en las mañanas... ella Leyla,
mi adictiva Leyla.
A Elissmer la única y a O.J.F.
Mil razones para amarlos, mi razón primera, mi primer amor
eres tu.