La mejor amiga de mi hermana
La escuela es particular, así que asistían hijas de
empresarios, empleados de gobierno o simplemente con dinero. Al estar entre
los 17 y 19 años, la mayoría de ellas son lindas y con un cuerpo hermoso.
Así es mi hermana y sus amigas, incluyendo a Ana Gabriela,
su mejor amiga.
En la familia somos los únicos hijos, pero yo desde hace
dos años vivo en otra ciudad por motivos de trabajo.
Tengo 30 años, hace uno terminé mi carrera, tengo un
excelente puesto en la empresa donde trabajo, deportista y con una casa y auto
propios (gracias a la empresa donde trabajo). Eso les encantaba a las amigas
de mi hermana, con quienes siempre me he llevado muy bien.
Muchas veces me las encontraba en casa de mis padres y
trataba de convivir con ellas. Ellas me ven como el hermano perfecto, además
de que están en la edad en que les llama la atención las personas maduras. De
Ana Gabriela siempre he tenido un trato especial, pues por lo general, ella y
mi hermana pasan mucho tiempo juntas y en vacaciones, cuando estoy en casa de
mi padres, bromeamos mucho y la llevamos bien.
Hace dos meses, mis padres salieron fuera del país, así que
como era época de vacaciones, me pidieron que me hiciera cargo de mi hermana.
Como yo no podía faltar al trabajo, le pedí que se fuera conmigo.
Ella aceptó, pero me pidió que le diera permiso de incitar
a algunas de sus amigas, así no se aburriría. Invitó a 3 amigas, entre ellas
Ana, quien siempre me había llamado la atención por su hermoso cuerpo: su
largas piernas, pechos redondos y una carita de ángel. Le dije que no habría
ningún problema, así que partimos al día siguiente.
Al llegar a mi casa, les dije que dormirían en mi cuarto,
ya que era el más grande. Les llevé unas colchonetas que tenía para ese tipo
de casos. Mientras, yo dormiría en el cuarto de invitados.
Varias veces, me tocaba verlas en bata o pijama, ya que
llegaba tarde del trabajo. En una ocasión, me sentí un poco mal, así que
preferí irme temprano a casa. Mi hermana y sus amigas, tenían la música a todo
volumen, así que no escucharon cuando llegué. Subí las escaleras para pedirles
que le bajaran poco a la música, pero cual sería mi sorpresa que justo al
asomarme al cuarto, todas ellas se estaba vistiendo y preparando para salir.
De inmediato me entró el morbo de ver como se vestían, pero
la mayoría ya lo había hecho. Fui al baño, que está justo en frente de la
recámara en la que estaban y desde ahí comencé a espiarlas. Veía a todas,
menos a Ana. Las demás ya estaban peinándose o maquillándose. En ese momento,
Ana salió del baño que está dentro del cuarto empapada solamente con una
toalla cubriéndole su prodigioso cuerpo. Ella es alta, mide 1.70 mts, cabello
castaño y de piel blanca. Quedé pasmado al verla, así que extremé precauciones
y cerré un poco más la puerta del baño. Mientras las demás seguían con lo
suyo, ella se despojó de la toalla, dejándome ver ese cuerpo desnudo frente a
mi. Quería comérmela en ese momento. Rápidamente y evitando que sus amigas le
vieran comenzó a vestirse. Primero se puso una diminuta tanga negra que la
hacía ver aún más sensual, después se puso un vestido con un escote increíble,
no se puso sujetador. El vestido era negro y apenas cubría esas hermosas
nalguitas.
La verdad se veía deliciosa. Después de eso, bajé las escaleras con
la idea de fingir mi llegada y que no sospecharan nada. Así lo hice, cuidé que
vieran cuando salí del baño y me dirigí a la puerta de entrada, tratando de
hacer un poco más de ruido, subí las escaleras y mi hermana me interceptó
justo frente su cuarto. Ahí estaba Ana, comenzando a peinarse, todas me
saludaron, pero mi mirada estaba clavada en ella. No podía quitarme de mi
mente esas imágenes. Mi hermana mi dijo que quería ir al cine y a tomar un
café, pidiéndome que las llevara y las acompañara. Le dije que con gusto las
llevaría, pero no podía quedarme con ellas, ya que al irme temprano, había
dejado muchas cosas pendientes en mi trabajo y quería terminarlas en casa.
Quedamos en que pasaría por ellas al centro comercial a eso de las 12 de la
noche. Mientras estaba tratando de concentrarme en mi trabajo, el recuerdo de
Ana se me venía a la mente con frecuencia. No aguantaba más, tenía que hacer
algo, pero nada se me ocurría. Así pasaron las horas y fui por Estrella,
Cinthya, Diana y por supuesto Ana. Al llegar a la casa, todas coincidieron en
que estaban demasiado cansadas y con sueño.
A mi me faltaba mucho por
trabajar, así que les dije que si querían dos de ellas se podían quedar en el
cuarto de invitados, yo dormiría en el sofá del salón, pues tenía mucho
trabajo. Trataba de no pensar en Ana Gabriela. De inmediato Ana aceptó y dijo
que ella se quedaría en el cuarto, le siguió Diana. Eso me excitó demasiado.
Ellas subieron y ahora si me puse a trabajar en serio. Pasaron como dos horas
y escuche pasos en la cocina, fui a ver de quien se trataba y era Ana. Había
bajado por un vaso de agua. Me dijo que no tenía nada de sueño, así que la
invité a que pasara el estudio, ahí tengo una televisión y video. En ese
momento me olvidé del trabajo y me puse a ver una película con ella, estábamos
sentados en el sillón, pero de repente ella se acostó poniendo su cabeza en
mis piernas. Yo aproveché la oportunidad y la abracé. Comencé a acariciarle su
cabello y su cara, cada vez con movimientos más bruscos y seductores.... era
mi plan. Después de un rato comenzó a acelerarse su respiración y a responder
mis caricias tomando mi brazo y chupando mis dedos cada vez que pasaba mi mano
por su boca. Eso me dio pie a pasar al siguiente nivel, acariciarle sus
muslos, aprovechando que estaba en bata. Así comencé a subir poco a poco la
mano, ella solamente jadeaba discretamente. Hasta que llegué a su triángulo,
noté que su tanguita estaba húmeda, al querer tocarla, ella apretó más las
piernas. Lo cual me obligó a hacer otro tipo de maniobra para que accediera.
Con mi otra mano comencé a frotarle sus pechos, le arranqué un gran suspiro.
Seguía viendo o disimulando ver la televisión, así que la volteé para verla a
los ojos. Sus pezones comenzaron a ponerse duros, mientras acariciaba sus
muslos. Volví a subir la mano y poco a poco fue abriendo sus piernas. Ahora sí
la tenía en donde quería. No hallaba que hacer con sus manos, las movía de un
lado a otro, así que las tomé y las puse en mi increíblemente erecto pene.
Comenzó a masajearlo por arriba del pantalón. Al meterle un dedo en su coño,
se estremeció completamente, apretando mi miembro. Decidí levantarla y
sentarla frente a mi, quitándome la camisa y el pantalón. A ella la dejé con
su camisón, así le daría más sensualidad. Comenzamos a besarnos
apasionadamente, claro que por su corta edad, no se animaba a hacerlo, además
de que no sabía. Poco a poco fue entrando en calor hasta al punto en que era
ella quien tomaba la iniciativa. Mientras nuestras lenguas se abrazaban, yo
acariciaba sus nalgas y sus pechos. Ella mismo se quitó el camisón y ahí
estaba al aire esos dos redondos volcanes que no tarde en comenzarlos comer.
Ella acariciaba mi cabello desesperada y comenzaba a moverse en forma
circular. Así que supuse que era el momento... en un sólo movimiento le quité
la tanga y ella mi bóxer. En todo el rato no habíamos dicho una sola palabra,
lo cual era más excitante.
En ese momento susurrándome al oído me dijo "por
favor... que no me duela", a lo que contesté "no te preocupes, lo haré con
cuidado y despacio". Poco a poco la fui acomodando para penetrarla. Cuando por
fin logre introducirle mi pene, dio un tremendo grito y me jaló del cabello.
Le había dolido, pero sin duda le gustó, ya que mientras le salían algunas
lágrimas, jadeaba fuertemente y se movía cadenciosamente. Mis movimientos
siempre fueron suaves, tratando de no lastimarla y provocando en ella una
mayor excitación. En varias ocasiones intenté sacar mi miembro, pensando que
le estaba doliendo pero ella no me dejaba, por el contrario, apresuraba un
poco más su balanceo. Así nos pasamos mucho rato, al sentir que me venía la
levanté y ella sin que le dijera una sola palabra se agacho a tomarse toda mi
leche. Eso provocó que me viniera otra vez, pero ahora sobre toda su cara.
Después de eso, la levanté y le comencé a chupar su coño, ella estaba
realmente ardiendo. El sudor de ambos provocó que la parte del sofá en donde
estábamos quedara empapada. Nadie nos podía parar, hasta que nos fundimos en
un abrazo y besos apasionados.
Ahí nos quedamos dormidos, desnudos, abrazados y con
solamente una sábana cubriéndonos. La computadora se quedó prendida, al igual
que la televisión, pero nada quedó más prendido que nuestro deseo por amarnos.
En la mañana siguiente, ella se despertó y se fue al cuarto
en donde se supone debió de haber dormido, yo me vestí y seguí con el trabajo.
A partir de ese día, cada que nos encontramos buscamos la forma de vernos a
escondidas y continuar lo que esa noche comenzamos.
Ella tiene 18 años, es una princesa y ya es mía. Nadie sabe
lo nuestro, perdería ese toque de misterio cada vez que hacemos el amor.