Aquella noche ya en el dormitorio, Miguel estaba ávido para
que le contara con todo detalle como había trascendido en la ducha con Javier,
así que comencé a contárselo. A pesar de que ya en la ducha una vez que me había
quedado a solas, me había tenido que masturbar, sin darme cuenta, mientras le
relataba a Miguel lo sucedido, estaba nuevamente acariciándome el clítoris, con
suavidad, con dulzura; no era una fricción buscando el climax, más bien era un
masaje como buscando una relajación.
Naturalmente observé como Miguel me contemplaba desde su
silla; yo estaba desnuda sobre la cama; él junto a ella escuchando. Únicamente
interrumpía de vez en cuando pidiendo algún detalle en concreto de lo que le
estaba contando.
Al finalizar el relato, volvió a comentar lo a gusto que se
encontraba. Le ayudé a desnudar y a meterse en la cama, ya en ella, me pidió que
pusiera sobre su boca mi raja ya que quería darme tanto gusto como el que yo le
estaba dando a él.
Así lo hice, reconozco que tanto el día anterior como esa
noche, se esforzó más que nunca en darme placer. Tampoco hacía falta mucho ya
que el juego en cuestión, hacía que yo también me encontrara más excitada de lo
habitual.
Estábamos ya en la cama casi dormidos, cuando sonó el
teléfono. Era un matrimonio amigo. Miguel estuvo un largo rato hablando con
Pedro, así se llamaba el amigo. Cuando terminó la conversación, comentó que el
sábado por la mañana, (estábamos a jueves), vendrían a pasar una semana con
nosotros ya que ella, María, tenía esa semana de vacaciones.
Pedro era tetrapléjico como Miguel, nos conocimos mientras
ellos estaban en el Hospital ya que estaban en la misma habitación. Fueron
muchos meses de compartir sufrimientos y dolor. Ella, María era una chica
majísima, simpática, extrovertida. La verdad es que nos llevábamos bien. Así que
no me pareció mal la idea.
Al día siguiente, no hubo gran variación. Me pasé la mañana
tomando el sol en la terraza junto a Miguel. Llevaba puesto el bikini que compré
en Cádiz, así que los chicos estuvieron más tiempo jugando en la terraza que en
la arena de la playa. Todo eso hizo que Miguel pasase la mañana más que
entretenida.
Como de costumbre, por la tarde cuando hubo que ir a
ducharse, Roberto y Jesús, ya iban hacia la ducha cuando les dije que esperaran,
ya que tenía prisa en subir a casa al tener que preparar la habitación para que
al día siguiente cuando llegaran los invitados, todo estuviera arreglado. Así
que primero nos ducharíamos Javier y yo.
Los dos se quedaron junto a la puerta, mientras entraba, pude
observar como se sentaban en el suelo. Una vez cerrada la puerta y consciente de
que podían oír lo que decíamos tanto Javier como yo, dirigiéndome a él, le dije
que se desnudara mientras yo también lo hacía. Quería que les quedase claro que
íbamos a estar los dos desnudos.
Comencé a enjabonarlo, esta vez no hice que se diera la
vuelta. Una vez que le lavé la cabeza, le empecé a frotar por la espalda pero al
estar los dos de frente, tenía que acercarme mucho a él para rodearlo con mis
brazos, esto hacía que al ser bastante más bajo que yo, tuviera que estar algo
inclinada, lo que hacía que mis pechos le rozaran la cara.
Al separarme un poco y verlo otra vez nervioso por haber
estado rozando mis pechos con su cara, le dije al oído que si quería podía
chupar los pezones mientras los tuviera cerca. No hubo que repetirlo, cuando le
quedaban cerca de la boca, allí que se ponía a chuparlos.
Fui agachándome para enjuagarle, ahora era a mí la que su
pene erecto me rozaba mi cara. Subí la mirada hacia su cara y comente
jocosamente y en un tono alto para que aquello se escuchara fuera. - Uy, Uy, Uy,
como se te esta poniendo hoy- Haciéndole un gesto hacia la puerta, como para
decirle "Que se fastidien esos dos de afuera". A lo que Javier, contrajo sus
hombros sonriéndome y afirmando con la cabeza.
Aproveché ese momento para darle un beso en la puntita de su
pene. Él se quedó atónito. Ya en voz baja le pregunté si no le había gustado. -
No sé - contestó escuetamente. - Quieres que lo haga de nuevo - Pregunte yo.
Volvió a encogerse de hombros.
Cogí su pene entre mis dedos y acerqué mi boca a él. Esta vez
no lo bese, introduje éste en la boca y con ayuda de mí otra mano, empuje en las
nalgas de Javier, para que éste introdujera todo su pene en mi boca. Una vez
dentro, comencé a rodearlo con la lengua, notaba como este se estremecía de
placer dentro de la boca. Dejé que lo sacara de la boca y repetí la pregunta -
Te ha gustado - Esta vez si respondió. Pronunció un sí tan explícito que casi me
pongo a reír. - ¿Quieres que siga? - No hizo falta respuesta, ya estaba yo por
mi cuenta introduciéndome el pene en la boca.
Hacía tanto que no me había echado una polla en la boca que
me corrí solo de mamársela. Al rato también se corrió él, naturalmente no
desperdicié ni un ápice de aquel semen, me lo bebí enterito.
Cuando ya estuvo Javier más tranquilo, le hice una seña como
dándole a entender que afuera estaban aquellos dos. Me entendió enseguida. -
Toma frótame la espalda - Dije en voz alta. Comenzó a restregarme por ella
mientras yo comencé a lavarme el pelo. Me di la vuelta y le hice ademán de que
continuara por delante, me restregó los pechos, bajó hasta el vientre y continuó
por los muslos. Abrí las piernas y le hice seña de que frotara por esa zona. Vi
la alegría en su cara. Allí se agachó y comenzó a pasar sus manos por el vello,
la raja. La mano la pasaba de adelante hacía atrás y viceversa.
Me puse a sonreír ya que otra vez se le estaba poniendo tiesa
la polla. Al mirarme ya que no sabía de donde venía mi sonrisa, le señale el
pene. - Vaya, siempre lo tienes a tope -, nuevamente le hice la seña hacia la
puerta. Nos reímos los dos.
Cuando salimos de la ducha, allí estaban Roberto y Jesús
sentados en el suelo. La verdad es que le dirigieron una mirada de envidia a
Javier que no podían disimularla. Mandé a Javier a su habitación y yo me dirigí
hacia donde estaba Miguel que había estado viendo desde su silla a los dos allí
sentaditos frente a la puerta.
Por la noche en la cama, conté a Miguel pormenorizado y con
todo detalle lo ocurrido con Javier. Digo todo, ya que no oculté la felación ni
mi largo trago de semen.
Cada día notaba en Miguel más placer al escuchar lo acaecido
con Javier; también a mí se me hacía más excitante el contárselo. Ya una vez
finalizado el relato y después de repetirme Miguel del placer que sentía cuando
le contaba esas cosas; aunque no hacía falta que lo dijese, se le notaba en la
cara; me comentó que lo mejor sería que cuando llegaran Pedro y María, les
dejásemos para ellos nuestra habitación de matrimonio y nosotros pasásemos a
otra habitación en la cual había una cama de plaza y media y un sofa-cama de una
plaza, así que tendríamos que dormir separados ya que, lo digo esto por los que
desconozcan el problema de la parapléjia, al no tener movilidad en la parte
inferior del cuerpo, les cuesta mucho moverse en la cama, por lo que en una cama
de matrimonio, la molestia que puede ocasionar a la pareja es mínima, pero en
una de reducidas dimensiones, resulta realmente incomodo para los dos, así que
lo mejor era utilizar cada uno una cama. Me pareció correcto, el tener ese
detalle con ellos.
A la mañana siguiente procedía a pasar nuestra ropa del
armario de una habitación a otra para que cuando llegasen, ya estuviera todo
arreglado. Cerca del mediodía, llegaron a casa los invitados. La sorpresa para
nosotros fue que llegaban acompañados del hermano de María, un chaval de 18
años. Comentaron que como Miguel les había dicho que estaban con nosotros mi
hermano, al cual ya conocía Luis, (es el nombre del hermano de María), y
nuestros sobrinos, habian pensado en que éste se lo iba a pasar estupendo con
ellos.
Naturalmente comentamos que perfecto, que no había problema y
que ya pensaríamos como alojarnos todos. Mientras nosotras dos nos fuimos a
deshacer las maletas que llevaban, Miguel y Pedro se quedaron en la terraza y
los chicos se bajaron a la playa.
Estábamos en la habitación deshaciendo el equipaje, hicimos
repaso de los meses en los que no nos habíamos visto. Por lo que decía, podía
comprender que la vida de María era un calco de la mía. Todo el día atendiendo
al marido y las noches éste haciendo lo que podía para complacerla en el terreno
sexual.
Al bajar a la terraza, salimos con unas cervezas, unas
patatas fritas y unas aceitunas, así comenzamos ya la conversación los cuatro.
Miguel comentó que había pensado que para organizarnos en la casa, lo mejor era
que, Roberto mi hermano, pasase a nuestra habitación, ya que dijo podía dormir
conmigo, y así Luis podría dormir en la habitación con los otros dos chicos.
Tanto Pedro como María manifestaron su oposición, ya que si
alguien iba a estar incómodo, esos tenían que ser ellos. Ante la insistencia que
observaba en Miguel de llevar él la razón yo increpé, que me había pasado media
mañana pasando la ropa de una habitación a otra, y que no estaba dispuesta a
pasarme la tarde otra vez de mudanzas, así que quedaba decidida la forma en que
íbamos a aposentarnos.
Debí decirlo con tanto ahínco que vi como todos se reían y
expresaban su conformidad con gestos y "Está Bien, Está Bien", sea como tú
dices. Tras un largo rato de charla, María se levantó y dirigiéndose a mí, me
dijo si íbamos a darnos un baño al mar. Me levanté como si hubiera tenido un
resorte, llegamos al mar y rápidamente se nos juntaron los chicos, comenzaron a
tirarnos agua y a correr por nuestro alrededor. Jugamos un rato con la pelota en
el mar. Observé como ahora tanto Roberto como Jesús observaban con atención a
María, esto me produjo algo de envidía, hasta ahora había sido el centro de la
atención. De todas formas, también observé como Luis era en mí con quien se
fijaba, por descontado Javier sólo tenía ojos para mí.
Después de largo rato de juegos en el agua, regresamos las
dos hacía la terraza, allí iniciamos otra charla con los maridos. Al rato de
estar hablando Miguel dirigiéndose a mí, me pidió que con ayuda de María,
podríamos poner el biombo que había en el salón comedor el cual separababa la
habitación en dos partes, como digo podríamos subirlo a la habitación donde
teníamos que dormir ya que no deseaba que Roberto tuviera que ver como yo tenía
que ayudarle en todo; desnudarlo, ponerle el pijama, meterlo en la cama y por la
mañana a la inversa.
Esto aunque parezca una tontería, es lo que más les molesta a
los parapléjicos, verse observados por otras personas ante su incapacidad más
íntima.
Así que María y yo nos dirigimos a la casa para trasportar el
biombo a la habitación. Una vez estábamos en la habitación, María preguntó -
Imagino que os hemos molestado al venir con Luis, ya veo que hemos hecho mal.- .
- ¿Porqué? - contesté yo.
Paso a decirme que el haber tenido que sacarnos de la
habitación que usábamos ya era más que una molestia. A lo cual le respondí que
aunque hubieran venido ellos dos solos, les hubiéramos cedido igual la
habitación.
Ella insistió en que encima de todo, me veía obligada a
dormir con mi hermano. - Eso sí - le dije - No se como vamos a decírselo ya que
él es lo último que se espera-, lo dije creo con una mueca lo que provocó que
sonriéramos. - Fijate - continué - nunca he dormido con él; la última vez que lo
vi desnudo posiblemente tuviera unos siete años y él estoy segura que nunca me
ha visto a mi, así que imagínate el plan para esta semana. -continuamos riéndo.
María apostilló - La verdad así como lo cuentas, no se si
sentir pena o envidiarte - Aquellas palabras hicieron no se el porqué de mis
labios salieran - Pues casi te diré que más bien puedes tener envidia -, y ante
un "A sí....", comencé a contarle que debido a que Javier el primer día se había
metido a dormir con arena en el cuerpo, a partir del día siguiente cuando
regresaban de la playa lo duchaba yo cosa que hacía que cada día tuviera que
verlo desnudo.
Naturalmente la ráfaga de preguntas fue inmediata. No conté
todo, faltaría más. Pero si me recree en la forma de lavarlo, como se le ponía
su polla, como se la lavaba, etc. Ante su insistencia, tuve que describirle el
tamaño del pene ante lo que ella exclamó "No esta mal ". También ya casi
liberada, le dije que en los últimos días yo también me desnudaba y nos
duchábamos juntos, reconociéndo que dejaba que Javier me ayudase a quitarme la
arena con sus manos.
Todo eso se producía entre risas, por un momento pensé en que
ella no se creía aquello, que estaba pensando que me lo estaba inventando. Pero
al fin dijo - ¿Y hoy también te encerrarás en la ducha para lavarlo? - . -
¿Porqué no iba ha hacerlo?- respondí.
Llegó la hora de la ducha, en primer lugar fuimos Javier y
yo. Tras cerrar la puerta, nos desnudamos y comencé a lavarlo, éste me
sorprendió ya que sin yo haberle dicho nada, comenzó a tocarme los pechos
pasando posteriormente a recorrer todo el cuerpo. - Que decidido estás hoy - le
dije, a lo que él contestó, con cara de sorpresa - Lo siento, creía que me
dejabas - Lo tranquilicé al decirle que sí, que podía tocar cuanto quisiera,
pero que hoy no íbamos a tener mucho tiempo ya que al estar los invitados fuera,
había que darse prisa. Así que aquella tarde tuvo que salir sin que pudiera
descargar aquel hermoso semen.
Por la noche tras la cena, tomamos un rato el fresco en la
terraza. Al rato, Pedro manifestó que se encontraba cansado y le pidió a María
que lo llevara a la cama diciéndole que luego podía volver a bajar a charlar con
nosotros.
Miguel se decantó también por irse a la cama, así que
decidimos ayudarles a acostarse y luego regresar a la terraza ya que aún era
pronto y ninguna de las dos teníamos sueño.
Al llegar a la habitación Miguel me hizo colocar el biombo de
una forma determinada. Comentó que así él desde la cama y a través del espejo
del armario, podía observar prácticamente toda la habitación, por supuesto veía
con perfección la cama donde teníamos que dormir Roberto y yo, (En ese momento
recordé que aún no le habíamos dicho nada a Roberto), incluso con la luz de la
lamparilla de la mesita y gracias a la sombra que producía el biombo en el
sofa-cama, desde la cama no se podía ver el mismo ya que únicamente allí se veía
una zona de sombra, así que Miguel me pidió que cuando entráramos en la
habitación encendiera la lamparilla y así él podría observar como nos
desnudábamos y nos acostábamos. Quería que consiguiera que nos acostáramos los
dos desnudos.
Cuando bajé a la terraza ya estaba allí María. Continuamos
charlando y luego llamé a los chicos para darles la noticia de cómo iban a
dormir. Pensé que tal vez ellos también habrían pensado como iban a dormir ya
que no hacía falta ser muy listo para saber que faltaba una cama.
Directamente sin rodeos y dirigiéndome a él, le indiqué a
Roberto que mientras ellos estuvieran en casa tendría que dormir conmigo ya que
no había más sitio. Su cara fue de sorpresa. El resto también, ya que miraron
rápidamente a Roberto, diría que con la mirada le felicitaron por la suerte que
tenía. En Javier vi celos, creo que esperaba ser el afortunado en la elección,
por eso inmediatamente quise añadir - Ya que alguien tiene que dormir conmigo,
lo más indicado es que sea mi hermano ¿Verdad? - dirigiéndo la pregunta a María.
Ésta por supuesto me dio la razón comentando que era lo más
sensato y normal que fuera mi hermano y no un sobrino. Eso hizo que Javier se
conformara.