EXPERIENCIA EN EL SUBTE
Hola a todos, hace tiempo que no escribo un relato, pero
bueno…mi trabajo me absorbe mucho tiempo ya que ser acompañante de caballeros
y/o damas no es fácil, más hoy en día cuando esta de moda los swingers y muchas
"damas de sociedad", por ser moda, quieren adaptarse al tema, y para comenzar
prefieren contratar una chica como yo para que las ayuden.
En este ramo la gama de clientela es muy amplia, desde la
gente "normal", hasta los pervertidos sexuales, que hay muchos y creo que son
los más divertidos.
Pero les contaré la experiencia que tuve hace poco tiempo en
un viajecito que hice al otro lado de la orilla.
Dado que en mi país no hay subte, tenía ganas de andar en
uno, ya que son rápidos, y a la hora pico se llena de gente y una puede sentir
el roce de los paquetes de los caballeros en el trasero, o alguna mano que sin
querer que se posa en una teta.
Si bien estamos en otoño, el día estaba cálido y me vestí con
una falda corta, y una remera con el ombligo a la vista.
Me subí al subte y como supuse no había asiento así que me
quedé de pie cerca de la puerta, pero tratando de no entorpecer a los demás
pasajeros. En cada parada subía más gente y no bajaba nadie…es que me lo tomé en
una zona céntrica y la mayoría de las personas ya regresaban de sus trabajos a
sus hogares.
En una de las paradas se sube un negro, cosa rara, ya que no
suelen haber en ese país, pero siempre hay extranjeros. El negro tenía pinta de
obrero. Se paró detrás de mí, tampoco tenía mucho lugar para elegir.
Podía sentir el olor a transpiración si bien, no me agrada,
reconozco que me excitó muchísimo e incliné mi culo hacia su entrepierna.
El tipo se percató enseguida de mi trasero rozando su
bragueta y empujó hacía adelante.
Su pija se fue poniendo dura y por lo visto era de gran
tamaño. El pensar que los demás pasajeros podían vernos me calentaba mucho más.
El tío fue levantando mi falda despacio y me metió una mano
en mi culo. Era una mano gruesa, que se sentía fría, pero firme.
Al no sentir resistencia, corrió mi tanga y pasó el dedo por
la raya de mi raja. Estaba húmeda como debía ser, como una puta siempre tiene
que estar.
El negro me dijo al oído te gusta puta. Y asentí con la
cabeza.
Siguió refregándome la verga en el culo mientras me tocaba la
concha con sus dedos.
Me dijo, en la próxima parada nos bajamos.
Yo ni idea de dónde estaba, tampoco me importaba.
Bajamos en la estación, me tomó del brazo y me llevo al baño
de hombres del subte.
El baño era un asco, pero no me importaba, la humillación, el
sentirme usada y sucia me excitaba muchísimo.
Nos metimos en un box y se saco la verga, me agarró de la
cabeza y me dijo – chupa puta, sacame toda la leche!
Yo obedecí. Esa verga tenía gusta rancio, estaba sucia, pero
igual me la trague toda, era gruesa, negra, venosa.
Se ve que estaba con leche atrasada, porque al rato comenzó a
largarme los borbotones de leche en mi garganta.
Una vez terminado, se ve que seguía con ganas. Me sacó la
tanga de un tirón, me puso de espaldas contra la pared, levantó mi falda y me
metió la polla hasta los huevos en el culo. Me dolió pero al rato el culo se fue
acomodando a ese vergón.
Cada embestida era una ola de placer y dolor también. El
negro sabía bien lo que hacía.
Me agarró de las caderas y le faltó meterme los huevos en el
orto nada más.
Luego que se acabó en mi culo, se vistió y se fue.
PP