Tuve bastantes novios, puedo decir que he vivido casi todo
tipo de experiencias. Antes de continuar con mi relato les quiero contar una de
ellas, una que nunca me olvidé y sigo teniendo en mis recuerdos.
Tenía 20 años y salía con un chico bastante rebelde al que
mis padres no veían con buenos ojos. El se juntaba todas las noches a tomar
cerveza en un kiosco de la esquina de mi casa y era común escuchar sus risotadas
hasta bien entrada la noche. A él le gustaban las bandas de rocanrol, a mi no
tanto pero lo acompañaba a muchos conciertos que casi siempre terminaban con él
borracho y peleando. Yo me asustaba mucho. La experiencia que viví sucedió una
noche en la que tuvimos que salir corriendo porque él molestó a un grupo de 3
chicos en un recital. Les pidió cerveza de mal modo y lo empezaron a empujar. Él
se dio cuenta de la desventaja numérica, me tomo de la mano y empezamos a
caminar rápido. Cuando nos comenzaron a correr también lo hicimos nosotros. Pero
nos alcanzaron.
Lo agarraron entre dos y le daban piñas en el estomago. Yo
gritaba pero no había nadie en esa calle. El restante se me acercó, borracho
como estaba y me empezó a preguntar qué es lo le veía a un boludo como ese. Se
me acercó un poco más y olí su aliento a cerveza. Yo tenía un buzo atado a la
cintura, que me tapaba la cola. A mi novio le encantaba verme en calzas
ajustadas porque mi cola lo calentaba mucho pero en la calle me la hacía cubrir.
Mi estupido novio estaba tratando de zafarse de sus agresores pero ya estaba muy
golpeado y se desmayó. El que se me había venido al humo me sacó el buzo para
quedárselo y descubrió mi cola. Se sorprendió al verla y me la quiso tocar, yo
le saqué la mano y le dí un bofetazo. Al instante recibí uno yo, quise correr
pero me agarraron los otros dos. Me llevaron a un descampado que había al
costado de las vías del tren, a 30 metros. Me arrojaron sobre el pasto dejándome
boca abajo. Me quise incorporar pero me empujaban haciendo que no me dé vuelta.
Vino el que parecía ser el más grande en edad, de unos 30 años, y me bajó la
calza de un tirón, yo me puse muy nerviosa pero me sorprendí al excitarme y
sentir las manos del tipo en mi chancha cola.
Terminó de sacarme las zapatillas y las calzas. Yo permanecía
en silencio, no sé porqué. Escuche el cierre que se bajaba. Los otros que me
sujetaban las muñecas lo alentaban, oí que se pajeaba un poco y yo sentí que me
humedecía. Me empezó a hacer unas caricias en la cola con las que me derretí. Su
dedo índice derecho se metía en mi conchita mientras su pulgar me tanteaba el
ano. No lo podía creer, me estaba calentando con tres desconocidos que me
manoseaban toda. En ese momento se cruzó la idea de que quizás tenía algún
desorden mental para sentirme tan puta en esa situación. No pude seguir haciendo
conjeturas porque sentí la cabeza de esa pija en la entrada de mi conchita y
casi empujé para que entre, yo seguía acostada boca abajo con el mono ese
encima.
Se afirmó con sus manos en mi cintura y me la metió toda. Yo
despegué mi torso del pasto un poco y uno de los otros chicos me empezó a tocar
las tetas, yo susurraba:"… ¿qué me hacen?... ahh… ¿qué me hacen?..." El mono que
tenía encima me la empezaba a dar más fuerte. En ese momento sentí que me venía,
sentí culpa pero no me dí importancia, tenía un desconocido clavado en mi
concha, ofreciéndole de vista mi cola, y estaba como ida. Para que el tipo
acelere sus movimientos estiré mi mano hacia atrás como podía, sobándole el culo
peludo, para que me la meta más adentro. Sentí como que se enojaba y me
dijo:"…Hija de puta, no te quería acabar!!! ….aaahhh!!!!....hija de puta…" y me
llenó la concha, yo le acabé al instante de sentir su leche adentro. Otro de los
chicos le dijo al otro:"…ahora por la cola, por la cola…" No hubo tiempo de nada
más porque apareció un patrullero y los chicos se fueron corriendo por el
costado de la vía. Yo me quedé tirada unos segundos y me incorporé. Me vestí
rápido y fui hacia las luces, donde me esperaba mi novio con la policía. Les
dije que casi me violaban pero que al final no pasó nada. Nos llevaron hasta mi
casa pero durante el viaje no podía olvidarme de las palabras de aquel muchacho
antes de salir corriendo, ni de cómo había disfrutado al oirlas.
Esta experiencia me marcó, porque descubrí que ansiaba mucho
que me den por atrás. Sutilmente fui haciéndole entender a mi noviecito que la
quería por ahí, ya que nunca antes me la había dado. Él se entusiasmó, hubo
muchos intentos pero ninguno se acercaba al placer que sentía al fantasear con
una poronga clavadita bien adentro. Lo dejé y deambulé de muchacho en muchacho
pero ninguno me lo hacía bien, no lograban que me relaje, eran torpes, etc.
Desgraciadamente me enamoré de Raúl, que me coge como los dioses pero no sabe
hacerme la cola. Una noche de confesiones se lo dije. Él me dijo que aprendería.
Le pregunté cómo. Y me dijo que probando, y que si no algo se le ocurriría. Pasó
un tiempo y un día me llamó diciéndome que lo espere a cenar con un amigo que
iba a llevar.
El amigo en cuestión se llamaba Matías y era del trabajo. Yo
me lo crucé un par de veces en las que lo fui a buscar. La cena fue divertida,
nada especial pero notaba que entre ellos dos había una complicidad, sentí que
me miraban cuando me daba vueltas y cosas así. Después de cenar tomábamos café y
Matías dijo que necesitaba ir al baño. Le indiqué donde era y me senté en el
sillón al lado de mi novio. Él estaba medio bebido y se puso cariñoso. Me
apretaba las tetas y el culo por encima del vestidito que tenía. Yo trataba de
ponerlo en su lugar pero también me calentaba. En un momento me dijo que le
chupe la pija, yo le dije que estaba loco pero se puso serio, me tomo fuerte del
pelo y me repitió:"…chupamela…" Yo me asusté un poco y quise levantarme pero el
me volvió a tomar del pelo, acercando mi cabeza al cierre del pantalón, me puse
nerviosa pero sus modos me calentaban como nunca y eso me sorprendía. Sacó su
pijota de adentro y me la metió en la boca. Estuve un rato así hasta que noté la
presencia de Matías detrás de mí. Raúl me permitió girar la cabeza y vi a Matías
desnudo, portando una pija a media asta pero prometedora.
Él sonreía un poco, simpatiquísimamente. Yo seguí chupando la
pija a mi novio y traté de no pensar en la presencia de un desconocido a mis
espaldas, con suerte mi novio acababa rápido y se acababa el juego. Pero no fue
así, mi novio la tenía como de hierro pero no se venía. Matías comenzó a
acariciarme la cola levantándome el vestido. Mi tanga pedía a gritos ser
removida. Yo me calentaba pero para que no escuchen gemir seguía chupando
golosamente. Hasta que en momento, ya totalmente en pelotas, Matías me mete un
dedo en la concha y yo deliro, le digo que quiero más y me mete la cabezota. Yo
me meto la porongota de mi novio en la boca y meneo un poco mis nalgas para
acomodarme. Matías decía en voz bajita: "…no me vas a hacer acabar…no me vas a
hacer acabar…". Estaba segura de que le faltaba poco a Raúl para que me llene la
boca pero me detuvo y se levantó del sillón, yendo al dormitorio. Mi torso quedó
sobre el sillón y mis rodillas en el suelo. Matías se agarraba fuerte de mi
cinturita y me la daba con todo. Yo me volvía loca, tenía vergüenza por lo que
estaba sucediendo. En eso veo que m novio vuelve con su cámara digital y me
empieza a sacar fotos siendo cogida por Matías. A mi no me importaba nada,
quería acabar. Entonces se la dio a Matías y me sacó estas fotos que ilustran mi
relato.

El hijo de puta no acababa. Yo le movía la cola para
metérmela más y el boludo no hacía más que sacarme fotos.

En un momento Raúl le dijo: "Dale, Mati…enseñame como hacerle
la cola…". Yo me volví loca, me desesperé. Y mentí:"…la cola no, la cola
no…ahhh". Matías se levantó, trajo un pomo de gel de su mochila y se untó mucho
por las manos y la poronga. Se puso otro poco y me lo esparció por el agujerito
de mi cola. Primero empezó con uno, después con dos y luego tres. Y le decía a
mi novio:"…una vez que está bien lubricado el agujero, le apoyas la cabeza sin
metérsela…primero hacela desear un poco." Yo no podía creer lo que pasaba y la
quería clavada en ese mismo instante. Y siguió:"…despacio le metés la cabeza…acá
es donde tenés que hacer un poco de fuerza para que trabe…" Matías me hacía
exactamente lo que le enseñaba a mi novio. "…Cuando entró la cabeza tenés que
hacer que se relaje…hacela respirar hondo, con cuidado para que la cabeza no se
salga…". Yo respiraba todo lo hondo que podía y veía a Raúl que se pajeaba de
parado. "…Y de a poco le empezás a meter el tronco…si sentís que se te afloja un
poco no te preocupes, es normal…parás un poquito y cambiá el un poquito el
ángulo de entrada para que la sangre circule bien por la pija y se te endurezca
más…".
Yo lo quería todo adentro, si traían un camión de bomberos me
lo metía también. Despacio terminó de metérmela. Yo aguanté la respiración y él
me retó: "…no, acá tenés que relajarte, encontrá una posición cómoda y disfrutá,
mujer…". Me agarró de la cintura de nuevo y entraba y salía cómodamente, yo me
empecé a pajear tranquila, sintiéndolo bien. " Mierda…tenés una cola!!…me vas a
hacer acabar…" En eso se acercó Raúl para llenarme la boca de pija, y lo hizo.
La leche se caía al piso ya que yo no paraba de gemir. Matías se empezó a mover
más rápido empujando la poronga de mi novio más adentro en mi boca. Cuando sentí
el segundo chorro de su leche en mi cola, me desvanecí. Había acabado como una
yegua en celo.
Me desperté en mi cama, al otro día. Muerta de cansancio, me
dolía todo el cuerpo. Mi novio se acercó con un vaso de agua y me preguntó si me
había gustado. Le dije:" Mas o menos".