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Fecha: 14-Jun-06 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Virgen hasta el matrimonio

Anaid
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Tiempo estimado de lectura: [ 5 min. ]
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Cuento como un señor se aprovecha de mi, una chica de 18 años, pero conservo mi virtud. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Virgen al matrimonio

Siempre he sido una chica muy sería y tímida, tal vez se deba a que fui educada por mi abuela quien todavía tiene la idea de que una mujer debe llegar virgen al matrimonio y tiene que darse a respetar con los hombres, pues ellos sólo quieren satisfacer sus instintos carnales, por eso siempre visto recatada, colores oscuros y ropa holgada.

Pero un día la maestra organizó una conferencia de un escritor y escogió algunas de sus alumnas para recibir a los invitados, entre ellas a mi, y, para vernos más presentables, la profesora nos hizo vestir uniforme, un poco atrevido para mi gusto: zapatos altos negros, falda corta( dos manos arriba de la rodilla), una blusa de tirantitos blanca con un saco corto color negro y una mascada roja en el cuello.

Cuando iba de regreso de la escuela hacía tanto calor que me quite el saco, inmediatamente sentía como me miraban todos los hombres y casi lloro cuando pase frente a una construcción donde un grupo de albañiles me gritaron vulgaridades espantosas; como que ricas chiches tenía y si no me gustaría sentir un garrote en esas nalgotas.

En el metro también sentía que todos los señores me veían, estaba roja de la pena, a ellos parecía que les divirtiera mi angustia. En una estación entro mucha gente, todos estábamos apretados y tras de mi quedo un señor con traje de unos treinta años que había quedado prensado a mi, debido al montón de gente que entro, pensé.

Cada enfrenon del metro sentía como algo rozaba mis pompis, pero creí que era el portafolio que traía el señor que estaba detrás de mí y no le di importancia, pero cuando sentí que se movía en círculos supe que algo pasaba. Cada vez que se apretaba màs fuerte, yo empecé a experimentar una sensación de vergüenza y malestar. Tenía miedo de moverme y sólo baje el rostro para que nadie viera la cara de miedo que llevaba.

Cuando el señor se dio cuenta de que no haría nada, se volvió más atrevido, me restregó su pene con descaro y metió una mano discretamente debajo de mi axila buscando tocar mis pechos, cuando sintió el inicio de mi sostén, sobò el costado de mi seno, yo sentía que me moría de la pena.

De repente quitó su bulto de mi trasero y su mano de mi pecho, me sentí aliviada, pero èl no se alejó de mi, sólo acomodo su portafolio de lado y al poco rato volvió al ataque. Ahora su mano buscaba entrar debajo de mi falda. Lo logró, acariciò mis piernas y fue subiendo hasta mis partes intimas.

Comenzó a sobarme, primero despacio después con un ritmo más frenético, no se porque empecé a respirar agitada, a pesar de lo denigrada que me sentía comencé a excitarme. Apretaba mis labios para no hacer ruidos, el hombre pareció darse cuenta que con sus dedos hizo de lado mis pantaletas y comenzó a acariciarme mi clítoris, repentinamente metió un dedo en mi vajina. Di un salto de la sorpresa, èl bajo la cabeza y me susurro al oído – shhhh tranquila, tranquila, no pasa nada- apreté màs fuerte los labios y cerré los ojos, mientras el sacaba y metía su dedo, cada vez más profundo.

El saco su dedo, mojado de mis líquidos y comenzó a empujarlo en mi ano yo apreté las piernas para evitar al intruso e intente moverme. Èl - mordió mi oreja y me volvió a susurrar- no nena, abre tus piernitas, te va gustar- yo no obedecí, pero él ya tenía su mano allí y empujo con màs fuerzas.

Entonces llegamos a una estación donde bajan muchas personas, sacó su mano de mi falda y agarró mi cintura fuertemente y me dijo- Mira chamaca, vas hacer como si me conocieras y vas a seguirme, sino sacaré una pistola que tengo en el saco- acercó algo duro a mi espalda que adivine era el arma. Me empujó para que saliera y caminamos hacía una puerta oculta que había en esa estación. Entramos a un cuarto con muchas computadoras, un trabajador apretaba algunos botones de vez en cuando. El señor seguía apretándome la pistola en la espalad, saludo al trabajador y le pidió que se fuera, yo miraba al trabajador suplicante, pero èl sólo sonrió a mi atacante y salió cerrando nuevamente la puerta.

Yo sentía que moría cuando el trabajador nos dejo solos, estaba tan asustada que empece a llorar y gritar- NO, NO SEÑOR, POR FAVOR DÉJEME IR- èl me tiro al piso, dijo que no importaba si gritaba por que nadie escucharía y que eso le excitaba más- Mejor se una buena chica y lo vas a gozar màs- se sentó encima de mi y lamiò mi cara y trato besarme, yo cerrè mi boca- anda nena no te hagas la difícil que bien que te gustó que te masturbara todo el camino- yo negaba con la cabeza, pero en mi mente sabía que era cierto, que me había agradado que ese desconocido metiera su mano debajo de mi falda.

Acariciaba mis senos, mientras yo me retorcía como lombriz, para evitarlo, acerco su cara a uno de ellos y le dio mordiditas, subió mi blusa y mi sostén - - Ay zorrita que buenas tetas tienes- yo intentaba acomodarme mi blusa mientras el pellizcaba mis pezones haciéndome daño. Lanzaba patadas y lloraba, pero no podía escapar, era muy pesado. Sopesaba mis pechos y los jalaba, acercaba su boca y los succionaba como si fuera un bebe. Le di puñetazos en la cabeza con todas mis fuerzas y èl molesto se levanto y me dio una cachetada tan fuerte que mi labio sangró.

Me quede quieta esperando otro golpe, se levanto un poco y subió mi falda a la cintura, comenzó a a sobar mis partes, no puede evitar emitir un gemido. Èl me bajo las pantaletas y se desabrocho el pantalón, al ver eso grite– DEBO LLEGAR VIRGEN AL MARTIMONIO- mientras el se sacaba su pene yo repetía como autómata – LLEGAR VIRGEN AL MATRIMONIO, LLEGAR VIRGEN- èl se desesperó y me dio otro golpe, esta vez en el estomago, mi cuerpo se contrajo y sentí como que me faltaba el aire - quieres llegar virgen, vas a llagar virgen- me volteo violentamente , escupió en mi trasero y comenzó a golpear su pene contra mi ano, cada embestida era màs fuerte, casi con rabia, yo gritaba del dolor en cada golpe en mi culito. Sentía que me desgarraba, pero no entraba.

Se detuvo al ver que no podía meterlò, escupió de nuevo, y metió su dedo en mi ano. Daba vueltas en círculos – vamos flojita putita, vamos- cuando vio que apretaba mi trasero, me dio una nalgada– floja te dije zorra, que eres retrazada- yo intente relajarme – así me gusta golfita- su dedo ya estaba a dentro de mi ano por completo, ya se había dilatado. Lo saco y de nuevo me embistió con su pene.

Cuando entro un poco, yo sentía queme partía en dos –AGHH- lloré con mas fuerzas. Èl se detuvo un rato – flojita, nena flojita, - acariciaba mi espalda- deja que te rompa el culo preciosa- cuando termino de decirlo dio una embestida tan fuerte que logro entrar por completo –AHHHH--- di una arcada, se detuvo de nuevo como para acostumbrarse, bombeo un poco y empezó a meterlo y a sacarlo con ímpetu. – Ay ,que apretadita estas golfita- Sentía como ese garrote se hundía en mis entrañas desgarrándome por dentro- Ah que buen culo- yo estaba como ida, sólo esperaba que todo terminará- Que rica estas- bombeaba con fuerza, me agarró de la cintura para penetrarme con mayor profundidad, sentía sus testículos chocar contra mi trasero – Si, si , Ahhh, me vengo, me vengo- soltó mi cintura, caí al piso como una muñeca de trapo, sacó su pene y arrojó chorros calientes de esperma en mi espalda, manchandome mi blusa que estaba enrollada en mi cuello.

El tipo subió sus pantalones, tomo su portafolio y me dijo- Creo que ya sabes donde está la salida- abrió la puerta con cuidado de que no se viera el interior y desapareció. Yo me sentía adolorida, de mi ano salía un hilo de sangre, no quería moverme para no sentir mayor dolor, pero tenía que apurarme para no preocupar a abuela, me vestí y di gracias de que todavía conservaba mi himen.



© Anaid

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