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Un video-clip de un minuto y cincuenta y tres segundos que es toda una provocación.
AMO A LAURA (PERO ESPERARÉ HASTA EL MATRIMONIO)
Querido amigo:
¿Por dónde empezar? ¿Cómo explicarte que la culpa es más tuya
que de Laura? Si, imagino tu cara de sorpresa, pero no exagero un pelo. Era
demasiado tentador. Te cuento:
La primera vez que os vi, ni me fijé en ella -lo reconozco-.
No me resultó ni fea, ni guapa; ni alta ni baja; ni gorda, ni delgada.
Coincidirás conmigo que su forma de vestir -la vuestra en general- es una
especie de "bromuro textil" que sólo puede ser excitante para alguna que otra
mente depravada. La mía, por muy calenturienta que sea, no llega a tanto. No me
van "las menores" y mis fetiches tiraban más, hasta ahora, hacia la seda y la
lencería negra que al tergal y las faldas de vuelo. Pero… siempre hay una
primera vez. Siempre -creeme-.
¿Cuándo decidí que me iba a follar a tu novia? Lo recuerdo
como si fuera ahora mismo. Fue la misma tarde que vi a tu amigo del alma, dándo
la brasa, en el parque, a una parejita que no hacía cosa más grave que darse un
pico, a la sombra de un árbol. Verle allí, de pie, soltándoles el sermón sobre
el respeto, la pareja y la recompensa de la espera… Y tú, con Laura de la mano,
asintiendo a pocos metros. En ese momento lo vi claro. Fue como, dirías tú,
una iluminación.
¿Cuándo me la follé? Mejor habría que precisar cuando me la
follé… "por primera vez" (¿ves como siempre hay una primera?). ¿Recuerdas
la semana que te fuiste de "ejercicios" a Segovia? Pues ésa. No culpes a tu
espíritu "legionario", ni a que la excursión fuera "sólo de chicos". Tu Laura
hubiera caído tarde o temprano. Lo digo, porque tampoco me costó tanto.
Su amiga -que no sé como se llama; la que lleva siempre un
sueter rosa- se había puesto "mala" (ya sabes) y se había tenido que ir a casa.
Así que allí estaba sola, tu Laura, en el local de vuestra asociación, poniendo
los colgantes de la fiesta de recaudación de fondos para el viaje a Valencia
(por cierto, ¿cuánto cuesta alquilar un autobús para ir a ver al Papa?). Uno,
que -aunque no te lo creas- es un caballero, se prestó a ayudarla. Total, yo ya
había terminado de arreglaros la mierda de ordenador que tenéis allí (a todo
esto: es la última vez que os lo arreglo por la cara) y, para ser sinceros,
andaba buitreando una oportunidad para pasarme a tu niña por la piedra.
Subida en la escalera, con sus calcetines blancos, fue cuando
me di cuenta que aquellas piernas eran mucho más bonitas de lo que había
pensado. Y más cuando levantaba los brazos para poner los colgantes. Imagínate
la escena (si tu pudor no lo impide): Yo desde abajo pasándole lo que me iba
pidiendo y pendiente de cómo la falda se levantaba lo justo para saber que en
esos muslos no había un solo gramo de celulitis. Primera sorpresa: ¿sabes que tu
novia usa unas bragas más pequeñas de lo que me pensaba? No quiero contarte cómo
me estaba poniendo. Ella desplegando sus mejores modales y yo calculando la
manera de entrarle.
Mira, querido amigo, no creo que merezca la pena explicarte,
paso a paso, cómo la seduje -si es que a "eso" se le puede llamar seducción-. En
parte, porque he de reconocer que siempre me ha dado "yuyu" desflorar a
una virgen. Y no por las razones por las que tú te mueves, no, sino por todo lo
contrario: por la responsabilidad que supone intentar que la experiencia -"irrepetible"-
quede grabada en su memoria como la ocasión merece. Pero tranquilo, tu novia lo
recordará hasta con nostalgia.
Hay tres virtudes capitales a las que siempre recurro en
estos casos: Fe, Esperanza y… "Calidad". Y Laura merecía que me esmerara
en las tres. Fe: porque, aunque tú no te lo creas, tenía la
certeza -más que la creencia- de que tu novia deseaba que la trataran así desde
hace mucho tiempo. Si no hubiera sido yo, habría sido el primero que se hubiera
dado cuenta de lo caliente que iba el cuerpo de tu novia. Un cuerpo que llevaba
pidiendo a gritos un buen polvo. Esperanza: porque, a la hora de
acercarse a una hembra como Laura, tienes que estar muy seguro de ti, no vaya a
ser que se te escurra en el último momento. Eso es lo que distingue a las
calientapollas de las otras -de las tías como Dios manda-. Y he decirte que en
este sentido "tu" Laura es muy honesta. No sé si acabará siendo tan puta como me
encantaría, pero no es una calientapollas. Descartado.
Y "Calidad" -sobre todo calidad-: Perdona que peque de
inmodestia (yo siempre pecando, ya ves…) pero tu Laura no pudo caer en mejores
manos. Y hablando de caer, el hecho de que la pobre tropezara, y casi diera con
sus huesos en el suelo, fue casual. Tuve que sujetarla como pude cuando resbaló,
al bajar de la escalera. Y yo, que buscaba una oportunidad, un mínimo descuido,
me encontré de pronto con tu novia entre mis brazos. Fue la primera vez que
sentí esos pechos soberbios sobre mí.
Me miraba azarada, con las mejillas cada vez más coloradas,
respirando deprisa; primero por el susto, pero después por la sorpresa -más que
por la inquietud-, cuando comprendió que yo no iba a hacer nada por dejarla en
el suelo, ni por deshacer el abrazo. El cruce de miradas fue bestial,
inenarrable. No haberla besado hubiera sido imperdonable. Lo estaba pidiendo
desde el fondo del alma.
Y la besé (no me lo reproches, ¿no hubieras hecho lo mismo en
mi lugar?). Sí, la besé… y la estreché aun más para que descubriera que la
pasión es tan enervante que puede hacerte cambiar la forma de ver la vida en un
solo segundo.
Cuando me separé de aquellos labios, Laura solamente dijo "¿Y
mi novio?". Ignoro si tenía intención de añadir algo más, pero, si era así,
un nuevo beso -más apasionado aun- terminó para siempre con sus dudas. Segunda
sorpresa: no hubo ni un reproche, ni una queja, ni un mal grito. Sólo… que se
acordó de ti (¡qué linda!). Eso sí, sólo UNA vez. El resto…
El resto no hace falta que te lo detalle demasiado ¿verdad? A
riesgo de quedar cursi, creo que es suficiente con que te diga que su flor ya
no tiene pétalos para ti. Seguramente perdería el tiempo contándote cómo sus
manos se aferraban, con cada envite, a la (bendita) escalera o a los bordes de
la mesa del ordenador. No, no lloró, ni sufrió nada-de-nada. No hubo
ningún drama. No tenía por qué haberlo.
No merece la pena explicarte -ni que sepas- cómo la fui
desnudando, ni que ella me ayudó ansiosa; o cómo, cada vez más expectante,
aguardaba mis lascivas caricias en los rincones más íntimos y secretos de su
piel. Esos enormes ojos mirándome sin parpadear. A punto, ya, de que un extraño
llame a su puerta. Respirando nerviosa, pero sin inmutarse.
No me cabe la menor duda. Lo sabía -incluso diría que lo
esperaba-: un intruso a punto de ensartarla. El grosor de la punta de mi rabo
debió avisárselo "Toc-toc, voy a entrar en ti… ¿se puede?". Y se pudo. No
hubo resistencia, ni rebelión… Tan sólo -y por un instante mínimo- un violento y
potente empuje de mis caderas. Si me apuras, un dolor compartido cuando ella se
agarró a los pelos de mi pecho y tiró, instintivamente de ellos, justo en el
momento en que mi polla la desfloraba. Ni un simple grito: sólo un pequeño
gesto, poco más que un rictus. Y después…, después una sonrisa; la sonrisa más
bonita que me ha dedicado nadie. Un brillo desconocido en sus ojos, un brillo
especial, un brillo que tu "ya" no vas a conocer (¡capullo!). Un brillo que la
iluminó cuando se sintió, del todo, MUJER.
Tercera sorpresa: ¿sabes que tu novia grita como una perra
cuando se corre? ¿que es capaz de hacerte trizas la espalda, de aferrarte tan
fuerte con sus piernas que te deja clavado en su coño? ¿Y que en ese instante
-¡como si la electrocutaran, oye!- unos espasmos increíbles recorren todo
su cuerpo, hasta quedarse como muerta, desmadejada? "Marca de la casa", diría
yo. Estoy seguro que en esos momentos ni le importo yo…, ni le importas tú…, ni
quién es el cabrón que se la está follando. Me pone el corazón al borde de la
taquicardia, la muy puta.
¿Y que contarte de es sonrisa de niña mala? Esa sonrisa que
tenía escondida hasta que su boca besó lo que le tenías prohibido. Sí, colega,
sí. ¿No te lo crees? ¡Pues yo lo intuía! Lo intuía desde que decidí apoderarme
de ese cuerpo, mancillar (una palabra que no estaba en mi vocabulario hasta que
lo copié del tuyo), mancillar -decía- esos inmaculados pechos, que hubieran
merecido ser de novicia. Perfectos. Perfectos de tamaño, textura y turgencia ("Fe,
Esperanza y Calidad" -¡ya te digo!-). Sabía que sus pezones estaban ansiosos
por ponerse duros entre mis dedos -o entre los dedos de cualquier macho; que, en
esta ocasión, he de ser realista y huir del pecado de la soberbia-.
Pero -ya que surge el tema- ¿en qué otra experiencia tu
querida Laura puede verse tentada por todos los pecados y salir airosa de la
prueba? Si acaso, hemos reservado para ti el de la Envidia. Pero sólo
ése, porque en todos los demás, ¡en todos!, tu novia se ha portado como una
campeona. Me lo confirmó esa sonrisa de la que te hablaba. Porque Laura sonreía
cuando su cuerpo me acogió con los brazos abiertos y explotó su lujuria y la
mía. Y cuando su boca sintió la gula y me corrí en ella. Y juntos acabamos
venciendo la avaricia de tener el cuerpo del otro pegado a la piel… o cuando su
coño sintió ese calor tan especial que le hizo perder la templanza. Y cuando la
pereza nos venció, fue mucho después, cuando ya estábamos cansados y mutuamente
agradecidos. ¿A qué seguir?
Esa fue "la primera". Después…, después hemos preferido
callarnos porque, cuando, de tarde en tarde, te comentaba que me estaba follando
a una buena puta (aunque no mencionaba su nombre), tú siempre acababas
recriminando mi comportamiento. Siempre lo haces con concierto aire de
superioridad, con condescendencia. Me hablas de "perversión", de "degradación",
de "frustración"… Chico: "Tú mísmo". Pero he de decirte que, en ese sentido, tu
novia no me ha defraudado. En serio. No me defrauda para nada su forma de menear
las caderas, como una profesional, al ritmo de mis embestidas; ni lo que su boca
se atreve a pedirme, ni que su postura favorita sea lo que en Castilla llaman
"la monta de putas" (ya te enterarás, ya…); ni que cuanto más humillante para
ella sea mi comportamiento, más agradecido y más excitado me reciba ese cuerpo
que sigue sabiéndome, pese a todo, a virgen.
Pero Laura no solamente está como un queso. Tiene un talento
natural. Fue nombrarle una palabra mágica, "Chupa-Chup", y en seguida se dio
cuenta de cómo tenía que mamarme la polla: de vez en cuando, mira para arriba,
con ojos de interrogación, esperando que, "de palabra, obra u omisión", le
confirme el buen trabajo que me está haciendo. Como ahora mismo, mientras te
escribo esta carta en vuestra mierda de ordenador. Tampoco le costó aprender a
ensalivarme bien-bien el mástil. Le hace gracia -por lo que me cuenta- comprobar
cómo crece en su boca la polla de un tío. Dice que es una sensación casi "espiritual",
"mística". Exagera -te lo digo yo-. Exagera, porque lo normal es que, en
todas estas semanas que me la llevo cepillando, se me pone dura como un palo,
antes incluso de que la muy golfa rodee con sus labios mi capullo.
"Dad y recibid" -te lo he oído decir mil veces-. Y a fe mía
que he seguido tus consejos. Es más, Laura y yo nos hemos repartido la faena (te
juro que lo de "faena" me ha salido sin querer). "Dad y recibid"; y en ello
estamos: Yo le "doy" y ella "recibe". Y te confieso que a pocas zorras le he
dado tan fuerte, ni me he encontrado a muchas que reciban con tanta abnegación
-como si hubiera nacido para ello-.
Un escritor francés (gay, para más señas) dijo una vez que
"la mejor forma de evitar las tentaciones es caer en ellas". Y yo, con Laura las
he evitado todas. Pero hay cosas que también he aprendido a su lado. La
principal, su disposición para compartir. Recuerdo, porque viene al caso, las
tardes que he compartido a tu pudorosa Laura con otros tíos. La última con un
amigo de Valladolid, para más señas.
Tú, que a punto estás de licenciarte en Exactas, en la
Universidad Pontificia, sabrás calcular perfectamente las combinaciones de tres
elementos tomados de tres en tres. Plantéatelo como un problema y despéjame la
equis: Teniendo en cuenta que ni mi amigo de Valladolid ni yo somos gays,
¿puedes calcular las posibles combinaciones en las que tu delicada Laura acabó
siendo el objeto de nuestras cabronadas? No se negó a nada. Y en las
contadas ocasiones en las que tuve que ponerme un poco serio, terminó por vencer
ese rubor, que le añade -soy un romántico- tanto encanto.
Tenías que haber estado allí la tarde en la que el amigo del
que te hablo tenía a tu Laura tumbada de bruces en la cama, con el culito bien
en alto, empalada completamente y mordiéndose el puño para no gritar. Cuando se
atrevió a abrir los ojos y mirarme, fue la única vez que me ha parecido ver en
su cara algo semejante a la vergüenza. Ni una sola palabra, todo gemidos, pero
verse "así" -observada-, mientras otro se la estaba follando con todas las
ganas, sentir que no puede soportar más... Me bastó mirarla directamente a los
ojos y decirle a él "dale caña", para que tu novia estallara en un orgasmo de
los suyos, de esos de gritos y espasmos que te dejan tan excitado como
sobrecogido. Cuando pudo recuperarse y fuimos a cobrarnos nuestra parte, no hizo
falta más que una indicación con el dedo de mi amigo para que tu novia viniera
gateando, mimosa, hasta nosotros. Tardó poco, porque sabía lo que le venía. Dejó
caer todo el peso de su cuerpo sobre un brazo y su lengua se prestó a las más
indecentes aventuras. No tiene escrúpulos. Nunca encuentra rincones prohibidos
en el cuerpo de un hombre.
Quinta sorpresa: ¿Te cuento lo que descubrí aquella tarde y
que se ha convertido en su especialidad?: Tu novia cierra los ojos y finge que
no quiere verlo, que se avergüenza -y a lo mejor es verdad, ¿tú que crees?- pero
nunca retira la cara. Si acaso gime. Gime, mientras se acaricia el coño. Y a
cada chorro que cae en sus labios, esboza una sonrisa… Hasta me parece que le
agrada mortificarse con ese perverso placer. Lo que no me cabe duda es que
disfruta mientras el semen de un tío -o de dos, en aquella tarde- resbala por su
cara. Bastaba una mirada de cualquiera de ambos para que se pusiera en la
postura más provocadora. Eso sí, siempre con la lengua recorriendo sus labios,
sabiendo que ninguno de nosotros perdía detalle. Nos puso como motos. A punto
estuvo de no salir viva de allí. Entre el colega y yo, le pusimos el culo a tu
niña como un bebedero de patos. Sí, hijo, el culo también. No íbamos a dejárselo
así -pobre- "sin desflorar".
Y, como éstas, podría contarte algunas más. Pero no quiero
remover en ti ningún tipo de morbo. Ya ves que he conseguido de huir de todo
ello, de respetar tus convicciones lo más posible. Quizás porque alguien
pensaría que no te mereces a Laura, que no te la has ganado. Pero no voy a ser
yo. En eso, voy a ser tan generoso como "predicas" siempre: con que Laura te
enseñe -¿en tu noche de bodas, por ejemplo?- la mitad de lo que ha aprendido de
mis amigos y de mí (y últimamente de algún otro, según ha acabando
confesándome), puede -de momento, "puede"- que acabes descubriendo una
forma diferente de ver las cosas.
No me lo agradezcas, porque yo voy a seguir impartiéndole
"cursillos prematrimoniales" a tu novia. Pero, si me admites un consejo, no
tardes mucho en casarte; no vaya a ser que, una tarde de éstas, mientras hacéis
el crucigrama (recuerda. Trompeta china-dos letras: JA. Dos trompetas chinas:
JÁ-JÁ), Laura te sorprenda, cantándote, con esa sonrisa traviesa suya, "Opá,
voy hasé un corrá". Un corral para mansos -para mansos de espíritu-.
Como tú-.
Nota aclaratoria para posibles lectores fuera de España:
"Amo A Laura (Pero Esperaré Hasta El Matrimonio)", tema
musical y video-clip, es el centro de una campaña de promoción de una conocida
cadena musical de televisión (No hace falta citar cuál, aunque estará en la
mente de muchos). En el video, dos parejas (dos chicos y dos chicas), bajo el
nombre de The Happiness, tratan de convencernos de las ventajas del recto
comportamiento y la moderación de los apetitos carnales. El video-clip es muy
fácil de encontrar en la red y el minuto cincuenta y tres segundos que dura no
tiene desperdicio.
Laura es la morena de jersey "azulcielo".
Por si alguien aun desconoce la letra…
Amo A Laura (Pero Esperaré Hasta El Matromonio) -The
Happiness; 2006-
Hagamos juntos, este crucigrama.
Aplacemos lo otro para mañana.
Cantar contigo, me llena de alegria
[sha la la la..sha la la la la]
Dejemos todo lo demás para otro día.
Quisiera besarte pero sin ensuciarte.
Quisiera abrazarte sin dejar de respetarte.
Amar es saber esperar, es saber esperar, es saber
esperaaaarrrr...
Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio
Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio
No voy a arrancar esa flor.
Quien la destruya no seré yo...
(Recitado)
"Joven, recuerda que el amor nace del respeto
que no hay nada mas hermoso en una pareja
que saber esperar juntos
ese momento maravilloso
que es la consumación del amor...
¡TU PACIENCIA TENDRÁ RECOMPENSA!"
Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio
Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio
No voy a arrancar esa flor.
Quien la destruya no seré yo...
"Opá, Yo Viazé un Corrá" es otro tema musical, cutre pero
simpático que el propio autor, El Koala, califica como "Rock rústico de lomo
ancho".