A tus nalgas de hombre pasivo
Tus nalgas de hombre pasivo...
Adorno voluptuoso de tu carne,
geometría que escapa a tu deseo,
territorio acotado por mis sueños,
punto de mira de mis noches desveladas,
cuando poco a poco despierta en mi cuerpo
la necesidad de posar mis desnudas manos
y dibujar en ellas, el mapa de mis sentimientos.
Tus nalgas de hombre pasivo...
Respingonas, de curvas insinuantes,
morbo de incandescente deseo,
globos de atestada adoración,
tiernas esferas de enardecimiento,
pétalos arrebolados por mis caricias,
violenta emancipación de tu yo externo
que se torna moldeable entre mis dedos
cual suprema concepción de mi deseo.
Tus nalgas de hombre pasivo...
Vaivén que me estimula cuando andas,
ominoso balanceo que me aniquila,
feroz conjugación de pasión y de deseo,
exaltación de tu cuerpo con mi ansia,
arquitectura febril que me entusiasma
cuando, al fin, te apoyas sobre mi sexo
y expandes mi universo que te aguarda
mitigando el placer de mis sentidos.
Tus nalgas de hombre pasivo...
Emporio donde habitan mis anhelos,
parsimoniosa ocultación de mi deseo,
de tenerte enclavado en lo profundo,
Imponente, deseo de penetrarte,
encantamiento de mis sentidos,
pero también remanso acogedor,
y arrebato lujurioso en mis mañanas
cuando, todavía adormecido
inicias el simple proceso
de acurrucar tus nalgas
pegándote al ardor de mi saeta.
Tus nalgas de hombre pasivo...
¡Ah, hombre pasivo, tu hermoso hoyo,
de configuración grácil de tu carne mía,
añoranza de un momento compartido,
suavidad sobre la que se desliza mi deseo
en la forzada soledad de mis ardores
cuando, a solas, contigo en el recuerdo,
con tu boca amordazada por mi boca...
mi alma entra en él y lo hago mío.
José