Después de horrenda culpada en la que el patrón se le derramó
a Rosa en la boca el cabello y el estomago le grito furibundo que tenia que
preparar un sancocho que tuviera pollo, papa amarilla, papa negra, tomate,
cebolla, ajo, sal, huevos, carne de cerdo, res, y bocachico; pero antes debía
fritar el cuero del pollo y los gordos de la carne para comer en una picadita
con yuca, patacón y guacamole. Mientras Rosa cocinaba, el patrón le propinaba
sendos latigazos con un perrengue de verga seca de toro que se compró en una
talabartería cercana a la galemba. Rosa gemía para complacer al patrón pero se
extraviaba concentrada en el jadeo del pene y la vagina en medio del primer y
más romántico polvo que tuvo con el patrón en un baño de la usco.
La misión de rosa, la pobre maricona y perra era satisfacer
todos los deseos y hasta los más insólitos caprichos del patrón sin remilgos,
meditaciones, objeciones, reclamos o sugerencias. Ella, era infinitamente feliz
siendo mancillada aunque a veces se auto incriminaba por su abandono y
deliberada actitud de puta servil. Rosa, jamás se cuestiono el poder irrestricto
del patrón sobre ella, ella no lo amaba y ni siquiera lo deseaba; es más, cuando
el hombre no estaba fornicandola o cascandole ella ni se acordaba de su postor,
pero le reconfortaba contar con el hecho de que ese gañan, cutre, pelafustán y
despreciable tipejo la controlara y le hiciera creer en algo superior a ella. Un
hecho abominable y desde toda óptica incomprensible, pero "ella era así".
Servido el sancocho, el patrón lo engulló sin terminarlo y
antes de pararse de la silla tiró a Rosa el plato con sus sobras encima y se
marchó a la habitación para que ella lo atendiera. Cuando ella llegó, el patrón
le propino un coscorrón en la cabeza por solapada y morronga, la tomó del
cabello y la hizo lamerle las guevas mientras le apretaba las nalgas con una
mano y con los dedos de la otra le frotaba delicadamente su peludo y sudoroso
ojo del culo.
Rosa la muy perra desposeída por la excitación de mamarle la
verga al patrón, hizo un movimiento brusco intentando morderle el gorro del
chiche a lo que el patrón respondió con un rodillazo en la mandíbula que la
arrojó al piso e hizo arrodillar de inmediato pidiendo misericordia y compasión.
El patrón deseaba seguir castigándola a pura punta de pata
mientras ella imploraba que se lo dejara seguir mamando, que en esa oportunidad
lo haría pasito y con mucho cariño. El patrón tuvo mas deseos de patearla y
golpearla a puños pero se acordó que necesitaba bazuco porque solo le quedaban
cuarenta bichas para su consumo, así que le dijo a Rosa:
Gran puta, pues le tocó ir caminando a la olla de las
palmas que queda solo a cinco kilómetros, pero antes tiene que levantarse
como sea una media de guaro en la tienda; cuando llegue ubique a Flavio el
jíbaro, convénzalo que le fíe las cien papeletas, por supuesto después de
lavar la loza, brillar los calderos, juagar la tasa del baño, limpiar las
telarañas, plancharme las medias, los calzoncillos y cambiarle el agua a las
flores artificiales, perra.
Rosa la pobre maricona no escuchaba bien y le tenían que
repetir por lo menos dos o tres veces, así que no entendió del todo el orden de
las tareas a realizar pero el patrón de antemano intuyó que ella no había
captado por completo y de una le echo un gargajo en la cara y le zampó un
palmadón en el oído para que se le quitara la mariconada y escuchara nuevamente.
La pobre malparida sorda, avergonzada por su persistente
imbecilidad y actitud piroba se acerco agazapada al patrón para que le repitiera
sus obligaciones mientras este le daba sendos golpes en la canilla con el
perrengue:
-golfa, le toca lavar la losa del sancocho, brillar los
calderos, secar los platos, desinfectar la estufa y bajar la basura; cuando
llegue me plancha las medias, los interiores y los cordones de mis tenis
blancos, le echa agua a las flores artificiales, lava la alberca y trapea la
cocina. Luego va a la tienda y como le toque, puta, convence al tendero para que
le de una botella de guaro una soda y un gajo de limones. Se trae todo para la
casa, me lo deja servidito y de una en pura hijueputa agarra para la olla de las
palmas; allí ubica al Flavio, le pie fiado a su nombre las cien papeletas de
bazuco y se las trae a patarras tal como se fue para allá. Al coronar en casa me
lo mama al brinco, se pone en cuatro para darle una buena tanda de verga por el
chiquito sin saliva ni crema hasta que se derrengue, le salga sangre y todo mi
semen quede en la piscina de su culo…..Perra.