La primera Aventura
Solo llevamos juntos dos años y cada vez siento más la
monotonía en nuestra relación. El paso de irnos a vivir juntos hace un año fue
un revulsivo que nos ilusionó a los dos, pero ahora la rutina diaria está
acabando con nosotros.
Marta se levanta muy temprano y se marcha a la universidad a
dar sus clases. Es nueva en este trabajo y le dedica muchas horas. No vuelve
hasta la noche. Me pone muy nervioso el pensar que estará en clase o en su
despacho rodeada de decenas de chicos jóvenes, atentos a sus explicaciones y a
sus curvas, comiéndosela con los ojos o imaginándose como le follan. Marta es
una chica guapa, muy guapa, con un cuerpazo impresionante y sobretodo es
provocativa por su mirada, por sus sensuales labios, por sus gestos, por su
vestimenta…
Yo me paso toda la mañana en casa, entro a trabajar a las 4
de la tarde en un gimnasio en el centro de la ciudad y después de impartir
varias clases diarias de spinning, aerobic y de enseñar a la gente nueva en el
mundo de las pesas, llego a casa, cansado, no antes de las 11 de la noche. A esa
hora ella ya ha cenado y está tumbada viendo la tele. Tumbada con unos de los
minúsculos shorts blancos que tiene, que se ajustan perfectamente marcando sus
abultados labios vaginales y con una de mis camisetas ajustadas que suelo usar
para el gimnasio. Por muy cansado que llegue, por mucha sesiones de aerobic que
haya impartido o por muchas pesas que haya levantado, siempre se me pone dura
cuando le veo en esa postura y con esa ropa. Pero la mayoría de días ella está
cansada y me tengo que conformar con tumbarme en la cama, con los pantalones
medio bajados y masturbarme frenéticamente mientras la visualizo en mi mente.
Más de una vez me ha pillado en esa situación. Al principio disimulaba
rápidamente, ahora no me importa, cuando entra a la habitación sigo
masturbándome, al fin y al cabo es por su culpa por lo que tengo que recurrir a
esto.
Mientras me masturbo pienso en ella junto a otra mujer. Las
dos desnudas, acariciándose, besándose. Comiéndose el chochito. Es una idea que
me excita mucho y que espero que algún día pueda vivir en directo. Sin embargo a
ella se que le excitaría hacerlo con dos hombres. Aunque no me hacía mucha
ilusión sabía que a ella le apetecía mucho. Me lo había confesado más de una vez
mientras follábamos, en los momentos de mayor excitación me había reconocido,
entre jadeos, que le encantaría sentir otra polla penetrándole por detrás. En
alguna ocasión intenté cubrir esa fantasía comprándole un consolador morado que
introducía en su culo mientras yo le follaba, pero no logré satisfacerla todo lo
que podría hacerlo otro hombre.
La búsqueda del candidato no fue fácil. Y no es porque no
hubiera gente dispuesta a penetrar a Marta. ¿debía buscar a alguien conocido? ¿o
quizás recurrir a un profesional?. Tras mucho pensarlo y contactar con muchos
hombres a través de chats y foros, sin que ninguno llegara a convencerme,
encontré la solución en mi compañero de gimnasio. Andrés era un tío guapo,
cachas que además se dedicaba por las noches a hacer stripteases en una sala de
fiestas de la ciudad. Fue delicado plantearle el tema. Le invité a tomar unas
copas y sutilmente se lo deje caer. El ya conocía a mi novia. Había estado en
casa alguna vez cenando con nosotros. Andrés no puso ninguna pega, es más, se
mostró muy excitado y agradecido por habérselo propuesto a él. Incluso los días
después de hacerle la propuesta Andrés me comentaba ideas que iba teniendo para
hacer el trío más excitante.
Y llegó la noche en la que esperaba sorprender y recuperar
sexualmente a mi novia. Salimos del gimnasio Andrés y yo después de ducharnos y
nos fuimos para mi casa. Sabíamos que para que la cosa funcionara tendríamos que
plantear una situación que excitara a Marta desde el primer segundo en el que
entráramos en casa. Subiendo en el ascensor se nos ocurrió sacarnos la polla y
empezar a tocárnosla para que fuera cogiendo tamaño y se marcara bien por debajo
de los vaqueros, dejando a la vista unos impresionantes paquetes, lo primero sin
duda en lo que se fijaría Marta.
Entramos a casa nerviosos y con la polla a punto de reventar
los vaqueros. Marta estaba tumbada en el sofá como de costumbre. Sonrió al
vernos entrar y nos acercamos a darle un beso no sin antes ponerle
disimuladamente nuestro paquetes delante de su cara. Primero le saludé yo, nos
dimos un largo beso jugando con nuestras lenguas. Cuando fue a darle un beso
Andrés, Marta puso la mejilla pero este le giró la cara y le comió la boca de
una forma que hasta me excitó a mi. En ese momento Marta ya no dudaba de que
aquella iba a ser su noche.
Nos quedamos los tres sentados en el sofá, Marta sentada
entre los dos, calientes, muy calientes sin saber por donde empezar. Tomamos la
iniciativa los chicos, nos quitamos las camisetas. Tímidamente las manos de
Marta se fueron a nuestro pecho y empezó a acariciarnos con sus suaves manos,
deteniéndose en los pezones a los que daba pequeños pellizcos. Arrastré su
cabeza hacia la mía, mordí sus carnosos labios durante unos segundos y luego
Marta empezó a besarme, primero el cuello, luego el pecho, el vientre. Cada vez
su postura más encorvada dejaba a Andrés una magnífica visión de su culito
atrapado dentro del short blanco. No tardó este en llevar sus manos a él. Bajó
lentamente el short hasta que llegó al suelo. Acarició sus nalgas suavemente,
caricias que se fueron convirtiendo en cada vez más sonoras palmadas que
acabaron por enrojecerlo. Separó sus nalgas con la mano y comenzó a acariciar su
ano con su dedo bañado de saliva.
A esas alturas yo ya tenía los pantalones vaqueros por el
tobillo y Marta disfrutaba comiéndome la polla mientras Andrés le penetraba el
culito con un dedo. No recuerdo una mamada tan buena como la de aquel día. Tuve
que hacerle parar en varias ocasiones para no acabar corriéndome en su boca.
Notar sus carnosos labios recorriendo toda la longitud de mi verga y su lengua
jugando con mi capullo era lo máximo.
El dedo de Andrés dio paso a su lengua. Metió la cara entre
las nalgas de Marta y comenzó a comerle el culo ansiosamente. El culo de Marta
se dilataba ante la entrada de la lengua de Andrés, que al mismo tiempo se
masturbaba aquella verga ligeramente más grande que la mía.
Realmente era una situación muy excitante. En los breves
segundos en los que Marta levantaba la cara de mi verga, me lanzaba miradas de
agradecimiento, miradas que le agradecía con un apasionado beso. No tardó Andrés
en penetrar el culo de Marta. Sin avisarle le metió de un golpe los cerca de 20
centímetros de polla. De un solo golpe, hasta que los huevos de Andrés golpearon
con las nalgas. Paró en ese momento marta de mamármela, como si quisiera estar
totalmente concentrada en la mezcla de placer y dolor que la polla de Andrés le
estaba proporcionando en su culito.
La fuerza de las envestidas de Andrés eran impresionantes.
Marta tuvo que agarrarse fuerte a mi cintura para no acabar en el suelo.
Jadeaba, jadeábamos, con la respiración entrecorta me decía lo mucho que me
quería y Andrés me miraba sonriendo y sudando mientras le cabalgaba.
Y llegó el momento que Marta había deseado tantas veces, ser
penetrada por dos hombres. Para eso nos fuimos a la habitación. Fruto de la
tremenda excitación no pude evitar coger a Marta por el pasillo, apoyarla en la
pared y metérsela por su depilado chochito. Tras un par de penetraciones, no
más, proseguimos el camino hacia la habitación donde nos esperaba Andrés
tumbado, totalmente empalmado. Marta se fue sentando lentamente encima de él,
introduciéndose toda la verga dentro de ella. Cuando estuvo lista me hizo un
gesto para que me acercara, se recostó un poco sobre el cuerpo de Andrés y con
un par de dedos abrió sus labios vaginales, aviso de que podía empezar a
follarla.
Su chochito se fue abriendo ante el paso de mi dura polla y
empecé a penetrarla, quizás no era el mejor polvo de mi vida pero si el más
excitante. Los gemidos de los tres se entremezclaban mientras dos pollas de gran
calibre le iban penetrando. Debimos estar así bastante minutos, follando,
acariciándonos, hasta que Andrés aceleró el ritmo y cogiéndose de los laterales
de la cama se corrió dentro del culo de Marta. Inmediatamente lo hice yo. Me
abracé fuerte a ella y me corrí dentro de su chochito. Permanecimos los tres
abrazados durante unos segundo, después Marta se levantó y se dirigió al cuarto
de baño.
Andrés y yo nos quedamos en la cama, tumbados, cansados y
satisfechos con el trabajo realizado. Por la sonrisa que lucia Marta al salir
del baño y el guiño de ojo que me dedicó, supe que ella también estaba contenta.
Andrés se vistió, se despidió con un beso de Marta y con la
petición de que lo volviéramos a repetir. Marta y yo nos metimos en la cama,
dormimos toda la noche abrazados, con mi mano masajeando su culito, notando su
calentar y la gran dilatación de su ano, intentando aliviar el placentero dolor
que la polla de Andrés había provocado en él.
Fue el principio de una serie de aventuras eróticas que
relanzaron nuestra relación de pareja, deseándonos cada día más.
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