NINES
Hola, soy Nines. Soy una mujer de treinta y tantos años.
Morena, aunque teñida en caoba y suelo llevar media melena. Mido 1,70 y peso 53
kilos. Tengo una talla 85B de sujetador. Estoy casada desde hace más de 15 años.
Mi marido, Roy, no es mala persona, pero es un poco pesado en lo que al sexo se
refiere. Cada vez que pasa a mi lado, me roza o me toca el culo o una teta. Si
por él fuera estaría todo el día metiendo. Reconozco que cuando me lo está
chupando no me disgusta y siempre llego al orgasmo, pero lo considero una
pérdida de tiempo. ¿De que me sirve correrme? De nada, así que, normalmente, le
dejo un par de veces después de la menstruación y ya va que se mata. Sé que él
no tiene problemas, por las noches se conecta a internet, lee los relatos de
Todorelatos.com y se masturba todo lo que quiere. También reconozco que a veces
me sorprende y disfruto con lo que me hace. En un aniversario me llevó a
Francia. Estuvimos una semana en París y otra semana para ir y venir.
Me acuerdo que una tarde, en el viaje de ida, íbamos por la
autovía, hacía bastante calor, íbamos con las ventanillas bajadas y con el techo
solar abierto, ya que nuestro coche en aquella época no tenía aire
acondicionado. Yo llevaba puestos unos shorts vaqueros muy cortitos. Roy empezó
a acariciarme las piernas, por dentro de mis muslos, hasta que llegó al borde
del pantalón. Intentó pasar los dedos por debajo de la tela, pero no pudo, así
que intentó bajarme la cremallera y lo consiguió. Metió la mano por la bragueta
y por debajo de mi braga (ay, que época, ya no llevo bragas, solo tangas) y
empezó a acariciar mi monte de Venus.
Hacía calor y yo estaba sudando, quizás por eso, al cabo de
un rato consiguió meter la yema de algunos de sus dedos por mi rajita. A mí me
empezó a entrar un cosquilleo interior y saqué la mano por la ventanilla y me
agarré fuertemente a la carrocería, porque me estaba mareando. En ese momento
estabamos adelantando a un microbús y, no sé porqué, empezó a pitarnos y el
conductor sacó la cabeza por la ventanilla diciendo no sé el que en francés.
Llegamos al hotel, era una antiguo castillo, de esos que hay muchos en Francia,
arreglado. Subimos a la habitación y había una gran cama, de esas que tiene un
dosel y que son muy altas. Roy me echó encima de ella, me bajó los shorts y me
penetró salvajemente mientras me agarraba por mis caderas. Yo tenía todo mi
chocho mojado, seguramente por el calor que había pasado en el coche, así que
entraba muy bien. Cuando Roy terminó, oímos que alguien carraspeaba en la
puerta, que se había quedado entreabierta. Era el botones que, por lo visto (yo
no habló francés y eso que Roy siempre me dice que tengo que hacerle un francés)
preguntaba si habíamos acabado para meter las maletas.
Aunque para sorpresa, lo que me ocurrió el pasado agosto.
Aprovechando las segundas rebajas, habíamos ido al Corte Holandés de Alcalá,
para ver si me compraba algo de ropa. A Roy le encanta ir de compras conmigo y
estarse horas en los grandes almacenes, así que después de estar tres horas
mirando cosas, por fin vi unos pantalones que me gustaron. El Corte Holandés
estaba a tope de gente y todos los probadores estaban llenos. Al final de uno de
los pasillos de los probadores, había una salita llena de trastos, con una mesa
camilla. La puerta tenía el cerrojo roto, pero había sitio para cambiarme.
Los pantalones me venían algo holgados, así que le pedí a Roy
que me buscara una talla menos y, que si veía algo parecido o para arriba, que
me lo trajera también. Cerré la puerta, procurando que no se abriera sola y me
dispuse a esperarle. Como tardaría poco en volver, no me puse los pantalones y
como hacía mucho calor, me quité la camisa, así si me traía algo para arriba,
eso tenía ganado. Yo estaba de espaldas a la puerta, ajustándome el tanguita
nuevo que me había comprado por la mañana. Era rojo y llevaba una muñequita
bordada por delante.
El sujetador también era rojo, pero no estaban comprados a
juego, pero quedaban bien. En eso oí que Roy entraba, "¿Has encontrado algo?",
le pregunté. Roy no me contestó, pero noté sus manos en mi cintura y su aliento
en mi cuello. "Eh, ¿qué haces?". En lugar de contestar, separó su mano derecha
para, en unos segundos, cogerme otra vez, y mientras la subía hacia la copa
derecha de mi sujetador, noté algo duro paseándose por la raja de mi culo. Sin
duda era su polla. La tenía dura. Me empujó hacia la mesa camilla, me arqueó la
espalda, poniéndome las manos encima de la mesa, me soltó el sujetador y me
cogió las dos tetas mientras me pasaba la lengua por detrás del glóbulo de mi
oreja. Y seguía restregando su polla por dentro de la raja de mi culo.
Hacía mucho calor y empecé a sudar por mi chochito, cada vez
estaba más húmedo. Roy soltó una de mis tetas, me agachó la cabeza, quedando mi
culito en pompa, apartó la fina tela del tanga y me metió su dura polla por el
chochito. Empezó a meterla y a sacarla, mientras me sobaba las tetas y apretaba
mis pezones. Cogía mi cintura y aplastaba salvajemente mi cuerpo contra el suyo,
para que la polla le entrara al máximo. Empecé a oír sus jadeos. Bajó su mano
izquierda hasta mi chocho y con sus dedos ensalivados, me friccionaba el
clítoris. Y se corrió, fueron tres impulsos sucesivos en los que yo noté como se
le escapaba la leche de su polla y entraba en mis entrañas. Yo también me corrí.
La sacó y noté como su leche resbalaba por mis piernas. Me las estaba limpiando
con un pañuelo de papel cuando, por un momento, sentí fresco, como si hubiera
una corriente de aire, así que me abroché el sujetador y me puse la camisa.
Cuando terminaba de abrochar el último botón, le pregunté qué que le había
pasado.
-"Chica, siento haber tardado tanto, pero hay mucha gente y
no encontraba una dependiente libre"
Me di la vuelta y ahí vi a Roy, en la puerta, con un montón
de pantalones y blusas...
Entonces, ¿quién me había follado? pensé yo....
Roy
Roy busca un chochito para saborear
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royrodriguez5@gmail.com