En algún momento pensé dejar de contar lo que me fue
sucediendo a partir del re encuentro erótico con mi primo estando yo, ya,
infelizmente, casada y embarazada de un pendejo de 20 años, de mi misma edad,
que no era ni desagradable ni mala persona pero que no me satisfacía en nada,
pero ha sido tanto lo que luego ha sucedido que me es muy difícil dejar de
hacerlo; Así que me decidí a enviar el relato de algunas cosas ocurridas , que,
incluso, hace más de un año que las he escrito.
Entonces, les cuento que otra vez que realmente me encantó,
en aquellos días, por el gozo que rodeó todo, fue cuando, como es fácil de
imaginar, mi primo, por fin, trajo el resultado de su análisis de sangre y que
tuvo de paradójico que lo más positivo es que fue negativo sin lugar a duda
alguna.
Como en esa mañana ya nos habíamos visto y cogido pero en un
ambiente impregnado por el eminente fin de la incertidumbre, que según el
resultado, en el peor y , para mi, más remoto de los casos, podría condicionar
no solo nuestra relación, sobretodo teniendo en cuenta que yo ya andaba por el
quinto mes de embarazo, implicó, además, que ese día, desde muy temprano, me
quedase esperando tener noticias suyas con mucha ansiedad.
Recién casi de noche, bastante más tarde de lo que me había
dicho que vendría, volvió de la ciudad, apareciendo directamente en mi casa,
pero, como mi maridito ya había vuelto de su trabajo, no le quedó otra que
encarar con él un poco el tema de los arreglos de la casa.
De cualquier manera, como es fácil de suponer, aunque su cara
ya me lo anunciaba, la intensa emoción que sentí cuando leí, luego de que
disimuladamente me pasara el papel, lo del satisfactorio resultado, y ni que
decir de la tranquilidad y el deleite que inmediatamente me invadieron.
Fue tan intensa la agitación que experimenté, que me
sorprendí a mi misma al darme cuenta de que no había pensado mucho, quizás por
un mecanismo de defensa, en el tema; ya que solo me detenía en eso en el momento
de usar condones, como, por lo menos, así debe ser, desde un principio.
Pero frente al hecho favorable, fue como, por imaginar algo
con que compararlo, si hubiese ganado a la lotería e, inmediatamente, pasar a
carburar en la cantidad y variedad de cosas en que gastaría el dinero. Más allá
de lo metafórico, supongo que si alguna vez tengo mucho dinero, así todo junto y
de una sola vez, hasta podría sentir algo parecido a lo que me invadió en esos
instantes, aunque, de cualquier manera, no creo que llegué a ser algo,
directamente, tan físico, porque se manifestó en una involuntaria conmoción en
mi bajo vientre que instintivamente atrajo a mi mano. Fue como si súbitamente la
bombacha me molestara y necesitara imperiosamente acomodármela.
Super contenta, rápidamente, me dije a mi misma que si nos
cuidábamos con mucha atención en el futuro podíamos continuar plácidamente y
ampliar nuestros maliciosos juegos siendo cada vez más creativos, bastantes
perversos, a vez que muy morbosos; y por primera vez, deseé que los cuatro meses
que me quedaban de embarazo transcurrieran lo más rápido y amorosamente posible
y hasta pude imaginar lo divertido y excitante que sería cuando, poco a poco,
recuperara mi juvenil figura
Si bien, mi primo en ningún momento, desde que volvió de su
prolongado, en el tiempo, viaje, se mostró paranoico con ese tema, igualmente
siempre se preocupó, sobretodo por mi estado de preñez, pero, en esos precisos
momentos, una vez ya totalmente tranquilo también a él le asaltó una alegría que
no podía dejar de manifestar de alguna manera; hasta lo llevó proponer,
organizar y costear para esa noche una pequeña cena para los tres en mi propia
casa.
Así que, con esa sobrecarga de energía, mientras yo
organizaba todo, ellos se entregaron a algunas labores de limpieza, aunque, sin
dejar pasar, con mi primo, ninguna oportunidad para hacer alguna guarrería, como
cuando se cambio de ropa y dejó la puerta entre abierta, cosa nada extraña ya
que tenía problemas en el picaporte y nunca cerraba bien, para tentarme a que
buscara una situación, tal cual lo hice pasando por frente de esa puerta, yendo
y viniendo al baño, desde donde lo pudiera ver, aunque solo rápidamente, bien
desnudo zarandeándose la pija para mi.
Luego, por supuesto, también, de tanto entrar y salir de la
casa hacia el fondo y viceversa, varias veces nos encontramos solos y que
aprovechábamos para chuponearnos y meternos mucha mano, rápida pero
alevosamente. Una vez era en mis tetas otra en mi concha o mi culo pero yo
siempre en su verga. Todo ese rato nos la pasamos inventando truhanadas, aunque
nos daba un poco de miedo de que mi marido se diera cuenta que mi primo estaba
al palo, cosa que disimulaba bastante bien dirigiéndosela hacia arriba y
"calzando" la punta por debajo del elástico del viejo pantalón deportivo, a la
vez que se ocultaba el bulto con la amplia y larga camisola.
Pero como en realidad nadie tenía ganas de trabajar, y menos
mi primo que solo estaba ahí, en esa historia, para poder estar cerca y
compartir su alegría conmigo. Así que, en un momento, decreté que había llegado
la hora de hacer las compras, y propuse que fuera mi marido el encargado en
salir por los comestibles y de esa forma, ya que mi primo se encargaba de los
gastos compensarlo en algo. Mi marido, como si sospechara algo, reclamó que
siempre era él el que hacía los mandados, a lo que yo insistí un poco
encaprichada.
Pero, más locuaz que nunca, mi primo, probablemente
percibiendo la situación y siempre buscando que no se rompiera mi "armonía
matrimonial" en pos de seguir cogiéndome tranquilo todas las veces que quisiera,
intercedió ofreciéndose esta vez ser el que hiciera los mandados; y embroma
también apuntó que lo hacía porque no le tenía confianza a mi marido en
cuestiones de dinero ya que si lo dejaba ir probablemente con la plata también
se compraría cigarrillos.
Aunque no muy convencida porque se perdía una inmejorable
oportunidad de estar solos, para festejar las buenas noticias, y además de no
estar acostumbrada a que mi maridito me contrariara, y menos con alguien
adelante, me la tuve que aguantar disimulando un poco, pero sin empañar en nada
el aire festivo que respirábamos, además mi marido estaba contentisimo, y con
mucha razón, ya que la cena le estaba saliendo gratis justo en un momento en que
estábamos muy secos y con una deuda considerable en un comercio cercano solo de
comprar fiado cosas para comer..
No bien mi primo salió decidí que sería yo la que entrara
primero al baño para ducharme, así para cuando él volviera, no solo estaría
limpita, sino que en algún momento cuando le tocara el turno de ducharse a mi
marido, podría estar a solas con mi amante familiar. Así que debajo del agua la
demoré bastante para darle tiempo a hacer los mandados.
De cualquier manera, totalmente excitada terminé de ducharme
antes de que él volviera.
El siguiente en entrar al baño fue mi marido; entonces al
tiempo en que yo aun me encontraba secándome, se desnudo para entrar debajo del
agua, fue, entonces, que al darme la espalda para abrir el grifo, le propiné,
con la más pequeña y más húmeda de las toallas que estaba usando, un chicotazo
en la cola, ya que, en ese momento, su culo me pareció una tentación, para de
alguna forma reprenderle y vengarme por haberme contradicho en mi propuesta de
quien debía ir a hacer las compras.
Por supuesto que no fue un buen golpe, ya que, en realidad,
yo a esos movimientos del brazo y, en especial, de la muñeca, que permite que la
punta de la toalla, alcance, sin sobrepasarse, el lugar, exactamente, deseado,
aun no le tenía muy diestro; así que todo quedó, mientras le explicaba riendo
porque se lo merecía, por un rato, como una broma, pero no bien se descuidó
nuevamente hubo otra vez que fui más certera y al chasquido en una de sus nalgas
lo acompañó con un uy de dolor y sorpresa.
El que realmente era muy hábil con lo de la "toalla mojada"
siempre fue mi primo, cosa que yo misma ya lo había experimentado un vez, mismo
en momentos en que aun no se había dado toda esta locura erótica, cuando me dejó
pequeña marca con el chicotazo de una camiseta; desde ese día me empeciné en
querer aprender a hacerlo con la misma destreza, incluso una tarde, en el fondo
de la casa de mis padres, en una tarde que estábamos al re pedo porque
estaba lleno de gente en nuestro alrededor y no podíamos zafar, nos la pasamos,
entre risas, practicando, sobretodo yo, con unas latitas de cerveza vacías que
al recibir un buen golpe, tras el seco chasquido, volaban por los aires.
Entonces, después del segundo y más certero golpe, mi marido
me puteo un poco, diciéndome que era una "loca de mierda", pero sin que
llegara a ser un una pelea en serio. Así que, me abalancé sobre él manoteándole
el pene, y pronunciando en tono de burla, frases como:
-" _ Ay, ay el pendejito rebelde no quiere ir a hacer los
mandados pero sabe que si se porta mal y contradice a mami en frente de las
visitas, seguro que ella le hace chas chas en la cola.-"
Él sin mucho convencimiento, trataba de separarme, diciéndome
cosas como "loca zarpada"; aunque yo estaba muy bien prendida y ya había
comenzado a masturbarlo,
Al momento en que escuchamos a mi primo volver y entrar a la
casa, a mi marido, ya se le había parado bien como consecuencia de la labor de
mis manos ya que mientras que con una lo masturbaba con la otra le acariciaba
las nalgas rozándole el ano con un dedo.
Todo lo contrario a mi primo, mi marido, ante cualquier
imprevisto o intromisión, aunque estos sean solo sonidos, se ponía, en esa
época, muy nervioso y lo invadía cierta turbación y retraimiento; pero yo, que
estaba a mil, ya me había empecinado en derribar todos sus escrúpulos y su
timidez, principalmente si mi primo andaba mentalmente cerca y, ni que decir, si
también lo estaba físicamente.
Cuando sentimos su voz anunciando su vuelta, mi marido quiso
finalizar aquel juego sexual previo a su ducha, pero yo en silencio, poniendo
cara de enojada, me separé un poco y lo volví a amenazar con la toalla. Me
encantó la expresión de asustado que puso y ver como, totalmente desnudo,
trataba exageradamente, con sus manos y encogiendo su cuerpo poniéndolo de
perfil, de proteger sus genitales y su cola. No dudé en agarrarle nuevamente el
pene y sin demora me agaché para llevármelo a la boca. Aunque en una incomoda
posición, lo masturbé, por unos breves momentos, con mis labios. mientras que
con mis dos manos le separaba y abría con fuerza bien las nalgas atrayéndole
hacia mí hasta que mi hocico tocó sus rubios pendejos.
Si bien su miembro estaba totalmente erecto, él se defendía
un poco porque seguramente se sentía perturbado frente a la posibilidad de que,
como era de esperarse no pudiera contener su eyaculación, y se oyeran a través
de la puerta sus habituales e incontenibles aah, y noo. Yo tampoco
quería presionarlo demasiado, porque además mi primo ya me estaría esperando
anhelante y muy caliente afuera del baño, así que me separé de mi marido que
respiró aliviado. Me enjuagué y lavé los dientes, comentándole, sugestivamente,
que lo hacía para que no fuera a ser que tuviera olor a verga en la boca. Salí
del baño dejándole asombrado por mi soez comentario aunque sin que perdiera nada
su erección.
Mi primo, que me esperaba ansioso en la cocina, apenas me vio
salir riendo del baño se dio cuenta que alguna cochinada le había hecho mi
marido. Así que rápidamente me abrazó y comenzó a besarme y meterme mano.
Como siempre para facilitar las cosas cuando él estaba en
casa o en casa de mis padres, yo vestía alguna cómoda vestimenta, esa vez
llevaba puesta una pollera larga y estampado de tela finita, de esas que son de
la India y que ahora se venden baratisimas en cualquier lado, super amplia y con
el elástico de la cintura bien flojito debajo de mi panza, arriba solo vestía
una prenda tipo túnica corta, también oriental, que había sido de mi hermana, de
lino rústico.
No bien sentimos correr el agua de la ducha, no tuve ninguna
dificultad para rápidamente quedar con la bata enrollada en el cuello y la
pollera en los tobillos a merced de la boca y manos de mi primo.
Le comenté, entre besuqueos y manoseos, que, por un momento,
temía dejarnos solos. Pensar en esto, en vez de calmarnos un poco, nos enardeció
aún más; así que, mi primo. no demoró mucho, agachándose para poder besar mi
limpita y naturalmente perfumada almeja, en librar, de la amplia bombacha, una
de mis piernas, quedando totalmente expuesta para poder abrirlas bien.
Tras, unos breves momentos buscando algo con su mirada,
atrajo hacia nosotros una antigua caja de herramientas de madera que pertenecía
a mi padre para que yo me parase encima y de esa forma equiparar nuestras
alturas, facilitando, de esta forma, la penetración estando ambos de pie.
Entonces, elevada unos veinte centímetros del piso y con la
espalda apoyada en la pared, mi primo con una mano levantó, por debajo de la
rodilla, y sostuvo flexionada una de mis piernas para poder ensartarme, como así
lo hizo, desde abajo hacia arriba. Me colgué de su cuello mientras nos besamos
con un desespero desbordante y estaba fascinada con la libertad de sus
movimientos que parecían que terminarían por clavarme en la pared. Yo misma, a
pesar de mi embarazo y estar en una sola pierna lograba, involuntaria e
instintivamente, agitaba mi pelvis acompañando positivamente el deslizamiento de
aquella verga, a la que podía sentir super deliciosa y, en ese momento, perfecta
para mi vagina. Siempre adoré la pija de mi primo porque al no ser muy gruesa
casi nunca llegó a provocarme ni siquiera un poco de incomodo rozamiento o
dolor; aunque, si bien es cierto que con él nunca necesité mucha preparación
porque yo misma siempre estaba muy abierta e incentivada; así fue desde un
principio y más en aquellos días de estar estrenando tanta infidelidad, donde ya
solo me bastaban unas pocas caricias o algunas palabras morbosas para que mi
vulva se mojase e inmediatamente se dilatase; sin lugar a dudas que esto también
ha de estar muy relacionado con algún aspecto psicológico mío.
MI primo me serrucho con ganas porque lo que ambos queríamos
era, desde hacía mucho tiempo y cuanto antes, que me llenara la concha de leche
ya que era algo que nunca antes lo habíamos hecho. De cierta forma, yo deseaba
sentir ese esperma dentro mío hasta con rabia y estoy segura que él estaba
experimentando algo parecido.
Por fin lo hizo abundantemente y pude apreciar, a pesar de
estar mojada por mis propios fluidos, el intenso calor del suyo. Entonces al ir
aflojándome a medida de que él aminoraba sus movimientos, igualmente logré darle
unos últimos conchazos para extraerle toda la leche; aunque, luego, medio
mareada casi me caigo al quedarme prácticamente sin fuerzas.
Descendí del, hasta ese momento, práctico pedestal y sin
preocuparnos mucho, porque todavía se escuchaba claramente correr el agua de la
ducha, continuamos besándonos en la boca a la vez que comencé a sentir como por
mis piernas se deslizaba su semen.
Separándonos un poco nos miramos perversamente satisfechos;
incluso, bromeando, hasta , a la vez que le mostraba mi panza de cinco meses, me
dio para decirle algo así,:
"- Anda viendo que fue tanta tu leche que ya me preñaste,
ahora vas a tener que asumir tus responsabilidades..... –" .
Más allá de lo poco romántico de la situación en que la que
se había dado la tan esperada acabada dentro de mi y de que mi comentario final
pueda parecer, a la distancia, hasta estúpido, en ese momento no lo fue , al
contrario, ya que mi primo continuó la broma estableciéndose un divertido
diálogo:
"- Eso tendríamos que verlo, comparando fechas y adns, porque
por lo que sé, y dicen por ahí, sos terrible puta, al punto de que, hace solo
diez minutos y a solo unos metros, probablemente, ya estuviste cogiendo con otro
pero si estás dispuesta a ser quien salga a trabajar para mantener a todos hasta
que asumiría la paternidad. "
"-No creo que alguien excepto vos pueda decir eso de mi pero
estoy de acuerdo en que , yo salga a conseguir dinero pero a ti te dejo
encerrado cuidando la criatura. –" Le contesté divertida
"- O.K. pero como que no soy muy hábil y me impresiono mucho
con los bebes tendría que tener una joven baby sister que me acompañara.- "
Por supuesto, que, en aquel momento, todo eso eran disparates
en un dialogo de locos que transcurría mientras que mi primo con una servilleta
de cocina me limpiaba los muslos y la entrepierna para que no ensuciase el
holgado calzón que usaba: pero esos despropósitos dejaban bien en claro, el
estado optimista y entusiasta en que ambos nos encontrábamos, ya que creo que
fue la primera vez bromeábamos con el tema de mi embarazo.
En una posición bien más cómoda y tras ese corto diálogo,
sumado a la delicadeza con que , mientras hablábamos, se detuvo en mi concha con
aquel colorido trapo, nunca hicimos nada para disminuyera en algo la calentura
que me cautivaba desde hacía un buen rato.
El muy hijo de puta de mi primo, cuando oímos que cesaba el
ruido de la ducha, introduciéndome su dedo mayor en la concha, me ordenó con
cariño que entrara al baño a lavarme, porque es algo que siempre es bueno hacer
rápidamente, por cualquier cosa, pero también sugirió, ya que estaba tan
caliente, intentara alguna vertiginosa guarrada con mi marido.
Entonces confirmando sus las palabras en tanto a lo de mi
calentura y considerando como su dedo escarbaba placenteramente en mi interior;
casi si poder articular la voz de tan ronca y sumisa que me salió: le pregunté
"- ¿Que queres que le haga?-"
" –Lo que quieras o puedas.-" Me contestó, al oído, pero
sin jugársela mucho, cuando en realidad yo, estaba deseando, por lo super
excitada en que me encontraba, asumir ese día totalmente el rol de puta infiel y
obediente, y esperaba de él alguna autoritaria y perversa orden que luego
facilitara la justificación de mis actos.
Aunque también prolongando aquel diálogo era una forma de
continuar y incentivar nuestro perverso juego. Así que volví a interrogarlo
" –¿En serio queres que haga cualquier cosa estando tu aquí?
¿no te vas a poner celoso? – "
– "¡ Que va! Tarde o temprano lo vas a hacer, estando yo o no
aquí, así que anda a lavarte y aprovecha a realizar, aunque sea un poco, y por
ahora, tu fantasía de estar con los dos a la vez, y yo podré disfrutar de saber
que no ocultas, ni siquiera a ti misma, lo emputecida que podes llegar a ponerte
cuando nos calentamos mucho. Pero eso sí, no demores mucho porque ahí, al
quedarme solo mucho rato de repente si me vienen irrefrenables celos.-"
Adoré aquellas palabras que se condecían con las caricias
que me hacía en la entrepierna. Así que me acomodé un poco la ropa y entre
riendo rápidamente al baño.
Mi marido, que aun se encontraba secándose, me preguntó de
que me reía, y yo le contesté, amagando, de forma divertida, volver a propinarle
otro toallazo, que venía por la revancha. Aunque lo primero que hice fue
sentarme en el water intentando orinar para que luego estuviese justificado, a
sus ojos, el higienizarme en el bidet.
No inquirió, para nada, del porque de aquella mi repentina
necesidad de hacer pis, hasta, quizás sin saber que tenía algo de razón, pensó,
como después quedó demostrado, que yo volvía para, sin importarme que mi primo
estuviera dentro de la casa, continuar el acoso al que solo un rato antes, y ahí
mismo, lo había sometido.
Una vez ya sentada en el bidet le ordené que se acercara; él
dudó, pero me obedeció ya que, aparentemente, lo que más le preocupaba, en ese
momento, era la posibilidad de que mi primo, desde afuera, escuchara alguna
cosa, infiriendo que estábamos cogiendo o algo así . De cualquier manera se
acercó y me llamó la atención que, a pesar del prolongado baño, su pene no
estuviese totalmente flácido. Así que con una mano inspeccioné y jugueteé con él
hasta que, pese a la visible pero resignada, reticencia de su dueño, adquiriera
un poco más de volumen.
Cuando alcanzó la suficiente dureza, me lo llevé a la boca
saboreándolo con la lengua mientras no podía dejar de pensar que mi adorado
primo estaba allí a pocos metros y que, sin duda alguna, un poco frustrado por
no estar ahí presente viendo lo que yo hacía.
Como el bidet se encontraba en el lado opuesto al de la
puerta, mi marido quedaba de espalda a ella, lo que lo ponía aun más nervioso ya
que no solo lo tenía apresado de su miembro con mi boca sino que también lo
tenía agarrado de su trasero.
Sumiso, solo atinó a facilitar las cosas apoyándose con su
manos en la pared., por encima de mi cabeza, Yo, encantada con su docilidad, al
mismo tiempo que me tragaba su cabezona, le abría sin piedad sus nalgas.
Mientras tanto desde afuera se oían los sonidos por los
cuales mi primo nos paseaba al intentar sintonizar alguna emisora de radio en
busca de ciertas músicas de su gusto; puesto que sus cambios en el dial eran
persistente, aunque los suficientemente lentos como para permitir escuchar
varios acordes de las más variadas melodías, su cercana presencia se hacía muy
manifiesta y de esa forma también partícipe de todo lo que estaba sucediendo en
la intimidad del baño. Cosa que yo valoré mucho ya que él pudo haber salido de
la casa con cualquier excusa, pero sabiendo que era lo que más me calentaba
había preferido permanecer en lo posible y dadas las circunstancias lo más
próximo de mi.
Mientras tanto, en esos momentos, me resultaba difícil saber
exactamente que era lo que provocaba esa presencia en mi marido; por un lado la
erección de su pene no dejaba dudas de que estaba más que estimulado al punto de
que para prolongar y aprovechar, disimuladamente, mi activa actitud se dejaba
hacer pasivamente; pero por otro la cercanía del otro lo intimidaba y pude ver
como varias veces miraba por encima de su hombro hacía la puerta de donde
provenían los sonidos; quizás como si lo invadiera el miedo de que lo estuviesen
espiando o a que se abriera de repente la puerta y lo sorprendiesen con el culo,
en un primer plano, totalmente abierto mientras su mujercita embarazada le
tragaba la verga. Esta visible inquietud me estimuló, aun más, llevándome a
intensificar mis chupadas y a que mis dedos buscasen su ano; el se movió
inquietó pero le hice sentir con mis manos y mi boca mi firme determinación e
sometrlo.
Tenía el ojetito limpito pero seco y muy fruncido al punto
que con la yema de mi dedo mayor lo recorrí circularmente de forma muy suave,
reconociendo la aspereza de sus pliegues; a la vez que con mi lengua, en un
movimiento similar, recorría la cabezota de su pene.
Estoy segura de que si mi primo no hubiera estado ahí cerca
mi marido ya hubiera emitido algunos de sus no, característicos en la
proximidad de sus incontenibles eyaculaciones; pero para mi, desde hacía un
tiempo, sus no estimulaban directamente a mis si.
Así que llevando mi mano derecha hacia mi entrepierna,
introduje el dedo mayor en mi húmeda vulva, que pese al agua del bidet aun en su
interior guardaba algo del viscoso esperma de mi primo, lo revolví adentro y
solo lo saqué cuando estuvo bien embadurnado para dirigirlo inmediatamente hacia
el apretado ano de mi marido.
Dada la propicia y pasiva posición en que se encontraba mi
maridito y la humedad que su ojete había adquirido al contacto de mi mojado dedo
ya no hubo inconveniente para que, impulsado por mi presión, se lo comiera por
atrás casi hasta el segundo nudillo. Mientras se la chupaba y con la otra mano
lo masturbaba, se lo dejé por unos momentos, quieto adentro, queriendo apreciar
como apretaba las nalgas y en mi dedo sentir las pulsaciones involuntarias de
sus esfínteres. Como él ya no atinaba a ofrecer resistencia alguna, comencé a
movérselo bien despacito, en un suave entra-sale que sin lugar a dudas, simulaba
una tierna cogidita; entonces, quizás sintiéndose, como era lo que yo pretendía,
violado en el culo y de cierta forma, también, simbólicamente en su intimidad
hogareña, y sin voluntad de rebelarse, se fue entregando a su cercana corrida
Entre tanta indecisión, de sis y nos, hasta me
había sorprendido de que ya no se hubiera acabado, así que me "esforcé", por
decirlo de alguna forma, aunque sin que me costara mucho trabajo, en mis
chupadas hasta que expulsó su semen en mi boca Esa vez , lo único en que se
controló fue en hacer más apagados sus gemidos, mismo que en el preciso momento
en que comencé a sentir los cabeceos de su miembro dentro de mi boca le enterré
un poco más profundo mi dedo en su ojete. Y sin sacárselo hasta el final me
trague su leche con tantas ganas que permaneció por un buen rato en esa
posición. Solo cuando se lo saque y en el instante en que su esfínter volvió
repentinamente a cerrarse emitió un ahh, aunque todavía su pene no
había perdido toda su rigidez.
Luego en silencio, mientras el se lavaba, volví a escobarme
los dientes. Fui, con una in- disimulada sonrisa que nos retrotraía a mi
anterior y soez comentario, la primera en salir del baño, dejando a mi marido
vistiéndose. Encontré a mi primo tirado displicentemente en una butaca
escuchando la radio; entonces rápidamente me abalancé sobre él, le manoteé la
pija sacándola fuera del pantalón para inmediatamente llevármela a la boca y
besarla con pasión. Era algo que en aquella aventura erótica, no obstante fuera
solo por breves instantes, no podía dejar de hacer por primera vez.. Porque, por
un lado, a pesar de que recién le había tragado la leche a mi marido, estaba muy
enamorada de la pija de mi primo y por otro lado, si no teníamos otra opción que
permanecer, de cierta manera, por bastante más tiempo los tres juntos, estaba
determinada, con la complicidad de mi amante, de que fuera lo más excitante
posible.