Salimos del cine. Los espectadores que había en la sala se
habían percatado de todo, y me encantaba sentirme tan observada. Sabía que
susurraban sobre lo que acababan de ver, seguramente excitados. Supongo que mi
pelo alborotado llamaba la atención, así que les pedí un momento a los chicos
para ir a los aseos a arreglarme.
Así lo hice y nos dirigimos los cuatro al coche de Ricardo.
Era bastante raro pensar lo que acababa de ocurrir con aquellos desconocidos,
pero los cuatro intercambiábamos unas miradas que nos hacían cómplices, sonrisas
traviesas, movimientos de lengua insinuantes… Aunque apenas acababan de
terminar, pude notar como los tres estaban excitados de nuevo, y viendo aquello
yo me excitaba también imaginando lo que me esperaba en casa. Estaba deseando
llegar para que esas tres pollas me perforaran por todos lados, ellos lo veían
en mi mirada, saltaban chispas.
Durante el viaje no dijimos nada. Llegamos a mi departamento,
no habría nadie durante todo el fin de semana, pero preferí entrar sola para
comprobarlo.
Como supuse, la casa estaba libre para disfrutar de todos y
cada uno de los rincones.
Les hice pasar. Les preparé algo de beber y nos sentamos en
el sofá.
Me hicieron colocarme entre ellos, y antes de poder dar el
primer sorbo de mi vaso ya tenia aquellas seis manos distribuidas por todo mi
cuerpo. Mi pelo, mis labios, mi pecho, mis muslos…no faltaba nada por recorrer,
una y otra vez, y me encantaba sentir aquel calor sobre mí.
Los tres se sentaron el uno al lado del otro y yo me tumbé
sobre sus piernas boca abajo para que pudieran disfrutar manoseando mi nuca, mi
espalda y mi trasero. Yo notaba sus erecciones sobre mi pecho, mi abdomen y mi
entrepierna. Era demasiado… Pero deseaba tenerlas todas para mí. Me desnudaron
muy lentamente, observando mi cuerpo con detenimiento ya que en el cine estaba
oscuro y no habían podido verlo bien.
Yo me sentía como una diosa en aquel momento.
Me levantaron y me pidieron que les diese la espalda y les
ofreciera mi culo, apoyando mis manos sobre una mesita bajita que tenía delante.
Sonreí, tímida, y me volteé despacio. Comencé a inclinarme con lentitud buscando
encontrar el borde de la mesa para apoyarme, ya empezaba a oír resoplar a los
chicos con la perfecta visión de mi culo y mi coñito, que debía brillar tanto
como una madera recién barnizada. Dirigí una de mis manos hacia mi sexo,
entreabriendo las piernas ligeramente, y comencé a acariciar mis labios
suavemente. Giré la cabeza para mirarles de frente e introduje los dedos que
acababa de restregar ligeramente por mi sexo en mi boca, humedeciéndolos bien y
disfrutando de un sabor tan espléndido como es el de mis propios flujos. Sabía
que eso les volvería locos. Volví a jugar con mis dedos en mi coño, esta vez con
más rapidez y energía y mi respiración también comenzó a acelerarse. Los chicos
aprovecharon para desnudarse sin apartar su mirada de mí ni un solo segundo. Me
giré y me tumbé sobre aquella mesita boca arriba, solo pude apoyar la espalda,
la cabeza sobresalía por arriba y mi culo por debajo. Uno de los chicos se
abalanzó a chupar mi coñito húmedo, el otro se adueñó de las dos tetas y el
último se dispuso a probar mis labios. Después de besarme me susurró al oído que
nadie le había chupado la polla como yo lo había hecho antes en el cine, y que
se moría de ganas por ver con buena luz la carita que ponía cuando me la metía
entera. Cogí uno de sus dedos y empecé a lamerlo como si se tratara de su
miembro, el observaba cada gesto que yo hacía. Saqué su dedo y abrí la boca,
pidiéndole que me diera lo que yo quería mamar.
En medio segundo su pene estaba completamente desaparecido en
el interior de mi linda boca, yo movía la cabeza y el acompasaba su cadera para
hacerlo más profundo.
Mientras, los otros dos se entretenían lamiéndome sin
descanso y me arrancaban algún suave quejido de placer. Noté como la lengua que
lamía mi clítoris descendía hasta mi vagina, se introducía y jugueteaba en mi
interior explorando cada centímetro. Luego siguió bajando hasta que se topó con
mi estrecho ano. Me puse un poco nerviosa, me intenté retirar, porque realmente
no había probado el sexo anal nunca, y no tenía intenciones de hacerlo.
El chico me pidió que me tranquilizara y me dejara hacer, y
me aseguró que si en algún momento me dolía no tenía mas que decirlo y el
pararía al instante. Decidí acceder a la proposición, pensándolo bien tenía que
complacer a tres grandes pollas, ¿que mejor que aprovechar mis tres orificios
para hacerlo?
Estaba bastante lubricado cuando paso la yema de su dedo
índice acariciando alrededor de mi esfínter anal. Lo hacia con toda delicadeza,
y me gustaba esa sensación, mientras mis pezones eran estirados, mordidos,
pellizcados y lamidos sin cesar, y mientras me tragaba una de las pollas una y
otra vez.
De repente noté como el dedo presionaba buscando entrar,
despacio. Sentí una pequeña molestia, pero podía soportarlo. Siguió avanzando
con su dedo en mi interior, y cuando hubo llegado al final, se dispuso a sacarlo
a la misma velocidad. Lo repitió varias veces, a medida que lo hacía sentía mas
rico y le pedía que lo metiera mas rápido y más fuerte. Él se reía, diciendo que
sabía que me iba a encantar.
El chico que estaba sobando mis tetas le pidió al que me
follaba la boca cambiarse el puesto y así lo hicieron. En mi culo ya iban
entrando dos dedos con toda facilidad.
Sin decirme nada, me agarró de la cadera y me metió la polla
entera en el culo. Aunque había estado dilatando había gran diferencia entre el
grosor de sus dos dedos con el de su pene, por lo que me hizo gritar por el
dolor. Se quedó quieto con su miembro clavado completamente en el interior de mi
culo. Poco a poco el dolor fue desapareciendo y fue entonces cuando comenzó a
moverse, muy lentamente, mientras el chico que acariciaba mis tetas con una mano
acercó la otra a mi clítoris. Movía sus dedos en círculos propinándome un placer
excelente, muy parecido al que consigo yo misma cuando me masturbo. Estar tan
excitada hacía que pusiera muchas ganas a aquella mamada que le estaba haciendo
al chico, y a él le encantaba. Después de un rato así, decidimos irnos a la gran
cama de matrimonio que tengo en mi habitación para estar mas cómodos.
El chico que me estaba acariciando se tumbó boca arriba, yo
me coloqué sobre él, boca arriba también, introduciendo su miembro en mi culo ya
dilatado por el bombeo del chico anterior, que se colocó a cuatro patas sobre mi
cara para follarme la boca con el ritmo que el quería sentir. El chico restante
se colocó sobre mí para follarme el coñito, que ardía de deseo por sentir como
una de esas buenas pollas le daba lo que hacia horas que estaba deseando. La
metió despacio, los otros dos ya me follaban con fuerza, por lo que mi cuerpo se
movía desacompasado al son de los movimientos de ellos. Cuando tenía
aproximadamente la mitad en mi interior, me mandó el resto de un golpe, que casi
pude notar que me tocaba el fondo de la vagina.
Esa sensación me encantaba, tener una polla en mi culo y otra
en mi coño…Las paredes contiguas de mi recto y mi vagina se masajeaban cuando
esos rabos entraban y salían de mí, una y otra vez, sin parar. Mis gemidos se
escuchaban aun teniendo la otra polla en la boca, y a los chicos les encantaba
escucharme disfrutar.
Me pusieron a perrito. Uno de los chicos se quedó detrás de
mí para seguir con la gran follada, que comenzó en mi coñito y siguió con mi
culo mas tarde. Los otros dos se pusieron en frente de mí dirigiendo sus
miembros a mi boca. Los junté los dos y lamí sus capullos a la vez, mientras
cada uno me sujetaba la cabeza. Luego me metía uno en la boca, mientras
acariciaba toda la otra polla con la mano, muy rápido. Y cambiaba.
A veces tenía que detenerme, cerrar los ojos y solo disfrutar
de las embestidas del chico que me follaba, porque era increíble, siempre había
querido probar un chico que se moviera a tanta velocidad y la hundiera hasta el
fondo, y creedme que este hombre lo hacía. Se fueron rotando hasta que hubieron
pasado los tres por detrás follándome durante un buen rato, hasta que yo llegaba
al orgasmo, que adivinaban por mis convulsiones y bruscos movimientos de cadera
acercándome a su cuerpo aun mas, pidiendo que no sobresaliera de mi coño ni un
centímetro de sus grandes penes.
Yo estaba agotada, más que satisfecha, pero como los chicos
habían acabado en el cine, ahora tardaban más en conseguir la segunda acabada.
Dijeron que ya que había probado su leche antes, y ahora
habían estrenado mi culo, sería el lugar ideal para correrse. Me tumbaron boca
abajo, y uno a uno se sentaron sobre mí, con una pierna a cada lado de mi
cuerpo, apuntaron con su polla a mi culo y agarrando mis hombros para traerme
hacia ellos. Me fueron follando, más salvajemente que nunca, hasta terminarme
dentro. Cuando me levanté, con mi culo dilatado exageradamente, todo aquella
mezcla de semen de los tres chicos calló sobre la colcha de la cama. Me dijeron
que les encantaría ver como lo lamía después de saber que había estado dentro de
mi culo, y aunque me daba vergüenza, me acerqué a aquel charco de leche. Saqué
mi lengua y recogí una pequeña cantidad. Tenía un sabor peculiar, pero no era
desagradable, así que repetí la operación hasta dejar la sábana bien limpia.
Luego los dos chicos se acabaron el refresco que les había
ofrecido, se vistieron y se fueron muy contentos. No hemos vuelto a saber de
ellos. Ricardo se quedo conmigo todo el fin de semana, y supimos disfrutarlo a
solas.
A veces recordamos esta aventura y nos dan ganas de buscar
algo parecido, aunque no sea en un cine…jejeje.