Don Martín Irisar parte 9
Final
Aprovechando la partida de los novios, todos los integrantes
de la fiesta, nos tomamos un pequeño respiro, y nos fuimos ubicando, desnudos y
cansados en las sillas, que rodeaban aun las mesas con los restos de la
abundante comida.
En ese momento, llego mi esposa, Clara y se sentó a mi lado,
estaba totalmente agotada, el semen se le escurría por sus dos orificios,
grandes ojeras se le habían formado alrededor de sus ojos, su cuello, marcados
por apasionados besos, como también sus bamboleantes tetas; sin embargo, una
sonrisa de satisfacción iluminaba su rostro.
Me abrazo y me pregunto como me estaba yendo a mi y que ella
por ahora estaba ahíta de verga, ya que se había tragado por sus dos agujeros el
garrote descomunal de Jaime.
Le conteste que ya había desvirgado a Mariana y que me
faltaba Ana, pero que me lo estaba tomando con mucha calma, ya que a pesar de
las hierbas de Tata mi edad hacia que necesitase cierto tiempo para poder actuar
como realmente yo quería y no dejar con las ganas a ninguna de las mujeres que
esa noche se enredasen conmigo.
Frente a nosotros, tomaron ubicación los padres de Diego, el
novio de Florencia, mi hija y también Magdalena, quien había regresado después
de higienizarse y colocarse nuevamente un tampón, ya que si uno prestaba
atención al mirarle la gordezuela concha podía advertir la punta del delgado
hilo de color blanco que sobresalía de sus labios vaginales.
También el padre Tomás se sentó en la larga mesa, a su lado
los gemelos, Marta y Juan se entretenían en acariciarle la flácida verga entre
las risas del pelirrojo padre, bastante entrado en copas.
También se ubicaron cerca de nosotros mis dos hijas
restantes, Miriam y Carla, el resto de los invitados se fueron ubicando
alrededor de la mesa.
Muy cerca mío se sentó Lucia junto a su marido y a su
pequeñina hija Rosa; ustedes recordaran a Lucia, ella estaba embarazada en el
momento que mi familia y yo llegamos al rancho, dio a luz a Rosa, quien con el
correr del tiempo y cuando cumplió los 13 años me la ofreció a mi para
desvirgarlas, cosa que acepte con muchísimo gusto; pero ese episodio ya se los
contare mas adelante; por ahora Rosa solo era una niñita de 2 años, aunque su
madre la tenia totalmente desnuda, como el resto de nosotros, yo la había visto
minutos antes cuando la orgía estaba en todo su apogeo como la pequeña caminaba
entre las parejas y miraba riendo como las verga de los hombres hacían estragos
en la concha de las mujeres; en este momento estaba en el regazo de su madre
jugando distraídamente con uno de los pezones de Lucia.
Pude advertir cierto placer, en el rostro de Lucia; ya que
cuando la niña apretaba más de lo debido el pezón de su madre, esta llevaba su
mano a la entreabierta y húmeda concha y se acariciaba imperceptiblemente,
también vi que el pezón libre, estaba erecto y duro
El padre Tomás, seguía bebiendo de una forma muy pocas vista,
no solo el vino consumido por el le hacia efecto, si no también los tocamientos
de los dos gemelos, ya lo que hacia unos instantes era un trozo de carne
flácida, ahora se había convertido en una verga durísima y erecta, la gorda y
morada cabeza estaba preparada para continuar sus funciones, entre las risas no
solo de los dos niños que tenia a su entera disposición, si no la de los
restantes comensales, el buen padre coloco a Juan sobre la mesa, haciendo a un
lado los restos de comidas y bebidas, lo coloco con el redondo culito del niño
hacia el y entreabriéndoles las nalgas comenzó a chuparle el ya dilatado
agujero.
Los gemidos de placer de Juan se escuchaban por toda la mesa,
la lengua del sacerdote entraba y salía de culo del niño a una velocidad
increíble, tenía muy buena práctica para estos menesteres.
Apenas el padre Tomás, coloco su lengua en el ano de Juan, la
pequeña verga del niño, se empino, tornándose dura; su glande se hincho
ostentosamente, no perdió el tiempo su hermanita, Marta, quien tomándola
firmemente en su manita, comenzó a masturbarlo frenéticamente haciendo que los
gemidos de Juan se transformasen en gritos, apenas ahogados por el puño del
niño, ya que este se había llevado su mano a la boca para reprimir los gritos,
que la lengua de el padre le producían al entrar en el dilatado agujero de su
infantil ano.
Después de unos minutos el sacerdote, considero, que ya había
lubricado bien el culo de Juan con su saliva, así que colocando una silla se
paro en ella, de tal forma la punta de su verga, parada y dura, entro en
contacto con el esfínter de Juan, el padre Tomás, tomo al niño de los hombros y
de un solo golpe le enterró el miembro, haciendo que lo grandes y peludos huevos
de el chocaran con los pequeños y blanquitos huevos de Juan.
El sacerdote, hecho su cabeza hacia atrás, disfrutando el
placer de sentir su verga oprimida por el culo de Juan, lentamente sacaba su
miembro del culo, dejando su glande metido en el, y de un rápido golpe lo
enterraba de nuevo, en minutos comenzó a acelerar este proceso, su mano
descendió de los hombros de Juan, saco la mano de Maria que jugaba y masturba a
su hermano y tomando el mismo la pequeña verga del niño comenzó a masturbarlo
furiosamente mientras su propia verga entraba y salía de culo del chiquillo. La
mayoría de los invitados a la boda, tanto hombres como mujeres moraban
atentamente la situación, excitados algunos de masajeaban la verga, mientras no
pocas mujeres tenían metidos sus dedos en las vulvas y se masturbaban
lentamente.
Ana a mi lado miraba sorprendida y excitada como la verga del
padre había dilatado el esfínter de Juan, su rosada lengua salía de hermosa boca
intermitentemente, humedeciéndose los labios, su mano se había apoderado de mi
miembro y lo tenia sujetado firmemente apretándomelo de tal forma que pensé que
me haría daño, sin embargo lo que había logrado era ponerlo durísimo y preparado
para ahora si, entrar en su concha y romperle por fin su himen.
El sacerdote, acelero el ritmo, tanto de su mano como el de
su pelvis, señal de que estaba por echarle grande cantidades de leche en el
recto de Juan, de pronto el niño comenzó a gemir de forma incontrolable mientras
todo su cuerpo se estremecía y retorcía de forma espasmódica, de la punta de su
gordo glande salio en pequeños chorros su semen no tan aguado ya, lo que
significaba que el pequeño se corría como todo un adolescente.
Al mismo tiempo el padre, gritando y maldiciendo, se corría
en el interior de Juan, llenándole el culo de leche, de tal forma que al
sacársela de adentro, gotas enormes de semen mezcladas con algo de materia fecal
cayó del agujero de Juan, sobre la mesa.
Juan se derrumbo y sobre el, el sacerdote, quedando los dos
como desvanecidos, uno sobre el otro.
Don Pable, el padre de Diego, masajeándose su miembro, tomo a
Marta la hermana gemela de Juan, la coloco sobre la mesa; pero a lo largo de
esta; tirando en el camino los restos de comidas, platos y vasos, cayendo estos
mezclados en el piso, afortunadamente nada se rompió poniendo en peligro la
integridad física de los comensales, risas y gritos se escucharon al ver lo
desaforado de don Pablo y los gritos de alegría de la pequeña Marta; recordemos
que tanto Marta como su hermanito Juan solo tenían 13 años.
Sin embargo Marta a diferencia de su hermano, que aun
conservaba su aspecto físico casi de niño, se había convertido en una apetecible
adolescente, con una tetitas chicas, paraditas y duras, con unos pezones
claritos pero de puntas bien larguitas, una abundante pelusa negra rodeaba su
vulva, ya desvirgada claro, tanto por su propio padre como por varios hombres
del rancho.
Pablo Mendosa no tuvo muchos miramiento para con la pequeña,
se acomodo sobre ella abriéndole las piernas, coloco la punta de su inflamada
verga, y de un solo golpe se la enterró hasta los mismo huevos, un grito de
placer salio de lo mas profundo de la garganta de Marta, al sentir como se le
dilataba su vulva de forma tan brutal, por el garrote de don Pablo.
Pasado de bebida y también de las infusiones proporcionadas
por Tata, solo buscaba su propio placer, sin importarle los gritos de la pequeña
Marta, que sin embargo disfrutaba muchísimo de las brutales embestidas de la
pelvis de don Pablo.
Solo necesito un par de golpes y le derramo dentro de su
juvenil concha una cantidad bastante grande de semen, considerando que don Pablo
ya había tenido varios encuentros esa noche con diferentes mujeres.
Todas estas acciones, fueron haciendo que mi verga tomase ya
la consistencia que necesitaba para desvirgar a Ana, ella por supuesto ya lo
había advertido y poniéndose de rodillas en el suelo, ya que yo estaba sentado
en una de las sillas, tomo mi ya erecta verga y comenzó a lamerla suavemente,
mientras me miraba con sus hermosos ojos negros; poco a poco Ana fue
posesionándose y sus chupadas se hacían mas fuertes y profundas; en un momento
dado se coloco mi miembro entre sus tetas y se las apretabas con ambas manos, en
los momentos que echaba su cuerpo hacia abajo y con el también la piel de mi
miembro, tomaba el glande con su boca y le daba profundas succiones, liberándolo
cuando sus tetas volvían a subir y por ende la piel que me recubría el glande,
cubría este.
La tome de las axilas, advirtiendo que como era costumbre en
el rancho, ya no estaban depiladas, la tome de las axilas, entonces y la senté
sobre la mesa, dejando sus hermosas piernas que colgaran por el costado de esta,
arrime la silla a la mesa, colocándome entre sus piernas, que Ana separo lo mas
que pudo, dejándome a la vista su abierta vulva, la contemple a mi gusto, era
rosada, los labios menores se abrían paso de los mayores, el clítoris era largo
y asomaba por la parte superior de su raja.
Sin poder contenerme ya más, la atraje hacia mí por sus
nalgas y coloque mi boca en tan húmeda cueva.
Comencé a lamer el pronunciado y duro clítoris, mi lengua lo
tocaba con pequeños golpecitos que hacían gritar de placer a Ana, mis manos se
aferraron con desesperación en las duras nalgas de la adolescente, las manos de
ella se enredaban en mi cabello, atrayéndome hacia su vulva, que se veía mojada
y brillante, tanto por mi saliva como por sus jugos que yo tragaba con gran
placer, mi nariz estaba sepultada entre sus negros y abundantes pelos negros que
rodeaban su concha.
Sentía ya mi verga tan dura y gorda que temí que me
explotara, a mi lado otras parejas comenzaban a entrelazarse de tal forma, que
ya se sentían gemidos y gritos de placer.
Con pesar, mío y de Ana, me separe de la húmeda raja que
estaba degustando; bajándola de la mesa, quedo parada a mi lado, la abracé y
ella colocándome sus brazos alrededor del cuello comenzó a besarme con pasión,
mi verga totalmente dura, se apoyo contra su vientre, bajando una de sus manos,
la tomo y apretándola comenzó, lentamente a masturbarme, al mismo tiempo me
besaba, acariciándome la nuca; su lengua jugaba con la mía, entraba
profundamente en mi boca; su saliva, dulce y tibia, pasaba de su boca a la mía.
Me apodere de sus tetas, grandes y duras, retorcía sus
pezones con mi mano derecha, lo sentía erectos entre mis dedos pulgar e índice,
suspiros de placer salían de sus entreabiertos labios.
La deposité suavemente sobre el suelo, coloque sus piernas
sobre mis hombros, su vulva se abrió, invitándome a colocar mi gordo y morado
glande en su entrada.
Tome a Ana por su cintura, acomode mi verga en la entrada de
su húmeda cueva y atrayéndola hacia mi, le metí la cabeza en la raja; mis manos
sintieron el estremecimiento de su cuerpo, cuando el glande desapareció dentro
de su concha, esta se abrió para acomodar el diámetro de mi dilatada cabeza, un
gemido se escapo de su boca, sus ojos se cerraron para asimilar al máximo el
placer que le producía sentir dentro suyo la primera verga que la perforaba.
En ese momento observe, que alguien se sentaba a mi lado,
para ver como yo desvirgaba a Ana, era Lucia con la pequeña Rosa, su hija, los
ojos de la niña miraban mi verga dentro de la concha de Ana, su manito toco
justo el lugar de unión de nuestros cuerpos, mientras su madre le hablaba al
oído, al escuchar la voz de su madre, la mano de la niña se movió un poco y fue
a apretar con el dedito índice, el sobresalido clítoris de Ana, que al tener
dilatada y abierta la vulva se veía perfectamente apoyado sobre la parte
superior de mi verga, al mismo tiempo la mano de Lucia le acariciaba la pequeña
vagina a su hija.
Ana se retorció de placer al sentir el dedo de la niñita
apretar, sin ningún miramiento, su clítoris, ya de por si endurecido, por la
fricción de mi miembro
Su padre, el esposo de Lucia, miraba la escena mientras se
masturbaba lentamente; también mi esposa se había acercado, pude notar como le
transitaba por sus piernas unos hilos de semen; vaya uno a saber de cual de los
hombres que estaban en esa fiesta seria el dueño de la leche que saliéndole por
su concha corría por sus muslos.
El padre Tomás, dormido profundamente sobre la mesa, roncaba
sonoramente, a pesar que el pequeño Juan traba de despertarlo acariciándole la
flácida verga; dormiría sin lugar a dudas hasta bien entrada la mañana del día
siguiente.
Algo mas alejada de mi, mi hija Flor estaba recibiendo por el
culo todo el garrote de su novio, Diego, mientras al mismo tiempo le chupaba la
enorme herramienta a Jaime.
El momento había llegado, tome a Ana por la cintura, sus
piernas estaban a cada lados de mis hombros, la cabeza de mi verga ya había
desaparecido en el interior de su vulva, solo quedaba un golpe mas para romper
el himen de la adolescente.
Sentí en las palmas de mis manos el sudor, mío y de ella,
empuje mi pelvis hacia delante, mientras la atraía hacia mi, por un momento, mi
verga no se movió de donde estaba, Ana me tomo de los brazos y ella misma se
empujo con todas sus fuerzas hacia delante, con un grito de dolor mezclado con
placer, Ana recibió en su concha todo el largor de mi miembro, rompiéndose ella
misma el himen.
Rosa, al sentir el grito de Ana, asustada rompió a llorar, su
madre sonriendo trato de explicarle que no era de dolor, pero lógicamente al ser
de tan poca edad no comprendía lo que sucedía, con el correr de los años esta
niña que ahora lloraba desconsoladamente probaría una y otra ves, la verga de
todos los hombres del rancho, pero ahora su mama, tomándola en sus brazos se la
llevo para consolarla.
Comencé, luego de unos momentos, suavemente, a meter y sacar
mi miembro de la concha de Ana, a cada movimiento de mi cuerpo Ana gemía y
trataba de aguantar el dolor que esto le producía, en minutos se fue
acostumbrando y a tratar de seguirme el ritmo.
Sus piernas bajaron de mis hombros y se entrelazaron en mi
cintura, sus ojos cerrados, gemía levemente, mientras acariciaba mis brazos.
Se apretó mas a mí, mis huevos golpeaban la entrada de su
culo; en cada golpe se escuchaba perfectamente el chasquido que estos producían
y con cada golpe los gemidos se transformaban en gritos, gritos que se fueron
transformando en aullidos a medida que se acercaba el orgasmo.
Ana se retorcía de tal forma que se me hacia difícil seguir
moviéndome, sin embargo la sujete nuevamente por la cintura y me quede quieto
unos segundos, con la verga enterrada en lo mas profundo de de su vulva.
- Muévase, muévase, don Martín que estoy por acabar, muévase
que no resisto mas – exclamo desesperada Ana.
Lentamente comencé a moverme, veía mi verga salir húmeda y
brillante por sus jugos, también algunos hilo de sangre se veían, de a poco
acelere mis movimientos; Ana con un grito se apretó a mi, se retorció, sus
piernas apretó mi cintura, y con un profundo gemido se quedo quieta mientras las
olas de su orgasmo disminuían de intensidad y quedaba laxo en el suelo con los
ojos abiertos y lagrimas de felicidad corrían por sus mejillas; al mismo tiempo,
sentí que las entrañas se me iban por la verga, que mi columna vertebral se
partía mientras mi semen entraba en lo mas profundo de la concha de ana, ella
advirtiendo por las contracciones de mi miembro y la tibieza del liquido que
llenaba su concha que yo me corría dentro de ella me acaricio los brazos
mientras palabras dulces y llenas de amor acariciaban mis oídos, palabras llenas
de agradecimiento por haberla por fin desvirgado.
El padre de rosa, marido de lucia, que se masturbaba
mirándonos, comenzó a largar grandes chorros de leche que fueron a caer sobre
las tetas de Ana, puntualmente sobre los erectos pezones u corrieron hacia
abajo, depositándose finalmente en el suelo, las manos de la adolescentes
tomaron algo de este semen y se lo coloco en la boca degustándolos, miro hacia
arriba mirando como el hombre se apretaba la verga para escurrir las ultimas
gotas.
Me levante, exhausto y deje que Ana se apoderaba de esa,
ahora flácida verga, Ana se arrodillo y comenzó a tocar y a besar esa verga que
en pocos minutos mas de endurecería y estaría dentro de ella.
Lentamente me dirigí a la casa, en el camino me encontré con
mi otra hija, Carla, que desnuda y rezumando semen por todos sus orificios se me
acerco y tomándome del brazo se encamino conmigo hasta la casa, una ves dentro
de ella fuimos a mi habitación, entramos en silencio en el baño y nos duchamos,
lavándonos uno a otro; estábamos los dos totalmente cansados y nos acostamos, en
pocos minutos dormíamos, sin hacer caso en los gritos y gemidos que se
escuchaban del resto de las personas que aun seguían con sus juegos sexuales.
Nos despertaron a la mañana siguiente, gritos y corridas, aun
atontado por la noche transcurrida me levante, Carla se sentó en la cama
mirándome, sin saber que era lo que pasaba.
Al entrar en el amplio comedor, me encontré con mi esposa y
con Elisa, la mujer de mi tío, las dos llorando desconsoladamente, también se
encontraban algunos de los hijos de Tata, sus caras tristes y llorosas me
indicaban que algo grave había sucedido.
Clara, mi esposa, se levanto y me contó que había habido un
accidente.
- Parece, Martín – me dijo – que Tata regresaba de llevar a
nuestro hijo y a su flamante esposa al pueblo y regresaba demasiado rápido, no
vio una curva y el camión se salio de la carretera chocando frontalmente contra
un árbol, murió instantáneamente – finalizo Clara mientras se tapaba la cara con
las manos y lloraba desconsoladamente.
Fueron, esos días muy tristes para nuestra familia,
enterramos a Tata, en un predio del rancho, al lado de un gigantesco álamo,
debajo del cual mi querido tío se echaba a veces a dormitar un rato y era según
el, su lugar preferido.
Elisa, su esposa no lo sobrevivió mucho tiempo mas, sumergida
en una profunda tristeza, se fue deteriorando de tal forma por la perdida de su
compañero de toda la vida, que a pesar de todos nuestro esfuerzo murió dos meses
después y fue a hacerle compañía debajo del añoso árbol.
La vida siguió, los años fueron pasando, lo único que cambio
es que poco a poco nadie más, me llamaba por mi nombre, ahora todos me llaman
Tata.
Fin
Dejo descansar por un tiempo a los Irisar, y también a mis
queridos lectores que siguieron esta extensa historia, posiblemente la siga mas
adelante, ya que queda mucho aun por contar.
Mientras tanto les relatare una nueva historia, que espero
que les gustara tanto o más que esta: es la historia de una pequeña de 13 años
que quedándose huérfana va a vivir con sus parientes a una oscura y extraña
casona, ahí encontrara a personajes con raros vicios y actitudes, los lectores
encontraran acá: incesto por supuesto, también sadomasoquismo y algo de
zoofilia.
Así es que en breve mandare la primera parte de la historia,
a la que titulare: Paulina.
Santi35