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Un heavy me folló con ritmo
TODORELATOS » RELATOS » DON MARTIN IRISAR (9 FINAL)
[ ¿Que es un agujero negro y quien es el guarro que lo ha ensuciado? ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 16-May-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (4757 de 6517)

Don Martin Irisar (9 Final)

santi35
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Ultima parte de la historia; termina la orgia en la que se habia convertido la boda de Carlos y Hebe Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Don Martín Irisar parte 9

Final

Aprovechando la partida de los novios, todos los integrantes de la fiesta, nos tomamos un pequeño respiro, y nos fuimos ubicando, desnudos y cansados en las sillas, que rodeaban aun las mesas con los restos de la abundante comida.

En ese momento, llego mi esposa, Clara y se sentó a mi lado, estaba totalmente agotada, el semen se le escurría por sus dos orificios, grandes ojeras se le habían formado alrededor de sus ojos, su cuello, marcados por apasionados besos, como también sus bamboleantes tetas; sin embargo, una sonrisa de satisfacción iluminaba su rostro.

Me abrazo y me pregunto como me estaba yendo a mi y que ella por ahora estaba ahíta de verga, ya que se había tragado por sus dos agujeros el garrote descomunal de Jaime.

Le conteste que ya había desvirgado a Mariana y que me faltaba Ana, pero que me lo estaba tomando con mucha calma, ya que a pesar de las hierbas de Tata mi edad hacia que necesitase cierto tiempo para poder actuar como realmente yo quería y no dejar con las ganas a ninguna de las mujeres que esa noche se enredasen conmigo.

Frente a nosotros, tomaron ubicación los padres de Diego, el novio de Florencia, mi hija y también Magdalena, quien había regresado después de higienizarse y colocarse nuevamente un tampón, ya que si uno prestaba atención al mirarle la gordezuela concha podía advertir la punta del delgado hilo de color blanco que sobresalía de sus labios vaginales.

También el padre Tomás se sentó en la larga mesa, a su lado los gemelos, Marta y Juan se entretenían en acariciarle la flácida verga entre las risas del pelirrojo padre, bastante entrado en copas.

También se ubicaron cerca de nosotros mis dos hijas restantes, Miriam y Carla, el resto de los invitados se fueron ubicando alrededor de la mesa.

Muy cerca mío se sentó Lucia junto a su marido y a su pequeñina hija Rosa; ustedes recordaran a Lucia, ella estaba embarazada en el momento que mi familia y yo llegamos al rancho, dio a luz a Rosa, quien con el correr del tiempo y cuando cumplió los 13 años me la ofreció a mi para desvirgarlas, cosa que acepte con muchísimo gusto; pero ese episodio ya se los contare mas adelante; por ahora Rosa solo era una niñita de 2 años, aunque su madre la tenia totalmente desnuda, como el resto de nosotros, yo la había visto minutos antes cuando la orgía estaba en todo su apogeo como la pequeña caminaba entre las parejas y miraba riendo como las verga de los hombres hacían estragos en la concha de las mujeres; en este momento estaba en el regazo de su madre jugando distraídamente con uno de los pezones de Lucia.

Pude advertir cierto placer, en el rostro de Lucia; ya que cuando la niña apretaba más de lo debido el pezón de su madre, esta llevaba su mano a la entreabierta y húmeda concha y se acariciaba imperceptiblemente, también vi que el pezón libre, estaba erecto y duro

El padre Tomás, seguía bebiendo de una forma muy pocas vista, no solo el vino consumido por el le hacia efecto, si no también los tocamientos de los dos gemelos, ya lo que hacia unos instantes era un trozo de carne flácida, ahora se había convertido en una verga durísima y erecta, la gorda y morada cabeza estaba preparada para continuar sus funciones, entre las risas no solo de los dos niños que tenia a su entera disposición, si no la de los restantes comensales, el buen padre coloco a Juan sobre la mesa, haciendo a un lado los restos de comidas y bebidas, lo coloco con el redondo culito del niño hacia el y entreabriéndoles las nalgas comenzó a chuparle el ya dilatado agujero.

Los gemidos de placer de Juan se escuchaban por toda la mesa, la lengua del sacerdote entraba y salía de culo del niño a una velocidad increíble, tenía muy buena práctica para estos menesteres.

Apenas el padre Tomás, coloco su lengua en el ano de Juan, la pequeña verga del niño, se empino, tornándose dura; su glande se hincho ostentosamente, no perdió el tiempo su hermanita, Marta, quien tomándola firmemente en su manita, comenzó a masturbarlo frenéticamente haciendo que los gemidos de Juan se transformasen en gritos, apenas ahogados por el puño del niño, ya que este se había llevado su mano a la boca para reprimir los gritos, que la lengua de el padre le producían al entrar en el dilatado agujero de su infantil ano.

Después de unos minutos el sacerdote, considero, que ya había lubricado bien el culo de Juan con su saliva, así que colocando una silla se paro en ella, de tal forma la punta de su verga, parada y dura, entro en contacto con el esfínter de Juan, el padre Tomás, tomo al niño de los hombros y de un solo golpe le enterró el miembro, haciendo que lo grandes y peludos huevos de el chocaran con los pequeños y blanquitos huevos de Juan.

El sacerdote, hecho su cabeza hacia atrás, disfrutando el placer de sentir su verga oprimida por el culo de Juan, lentamente sacaba su miembro del culo, dejando su glande metido en el, y de un rápido golpe lo enterraba de nuevo, en minutos comenzó a acelerar este proceso, su mano descendió de los hombros de Juan, saco la mano de Maria que jugaba y masturba a su hermano y tomando el mismo la pequeña verga del niño comenzó a masturbarlo furiosamente mientras su propia verga entraba y salía de culo del chiquillo. La mayoría de los invitados a la boda, tanto hombres como mujeres moraban atentamente la situación, excitados algunos de masajeaban la verga, mientras no pocas mujeres tenían metidos sus dedos en las vulvas y se masturbaban lentamente.

Ana a mi lado miraba sorprendida y excitada como la verga del padre había dilatado el esfínter de Juan, su rosada lengua salía de hermosa boca intermitentemente, humedeciéndose los labios, su mano se había apoderado de mi miembro y lo tenia sujetado firmemente apretándomelo de tal forma que pensé que me haría daño, sin embargo lo que había logrado era ponerlo durísimo y preparado para ahora si, entrar en su concha y romperle por fin su himen.

El sacerdote, acelero el ritmo, tanto de su mano como el de su pelvis, señal de que estaba por echarle grande cantidades de leche en el recto de Juan, de pronto el niño comenzó a gemir de forma incontrolable mientras todo su cuerpo se estremecía y retorcía de forma espasmódica, de la punta de su gordo glande salio en pequeños chorros su semen no tan aguado ya, lo que significaba que el pequeño se corría como todo un adolescente.

Al mismo tiempo el padre, gritando y maldiciendo, se corría en el interior de Juan, llenándole el culo de leche, de tal forma que al sacársela de adentro, gotas enormes de semen mezcladas con algo de materia fecal cayó del agujero de Juan, sobre la mesa.

Juan se derrumbo y sobre el, el sacerdote, quedando los dos como desvanecidos, uno sobre el otro.

Don Pable, el padre de Diego, masajeándose su miembro, tomo a Marta la hermana gemela de Juan, la coloco sobre la mesa; pero a lo largo de esta; tirando en el camino los restos de comidas, platos y vasos, cayendo estos mezclados en el piso, afortunadamente nada se rompió poniendo en peligro la integridad física de los comensales, risas y gritos se escucharon al ver lo desaforado de don Pablo y los gritos de alegría de la pequeña Marta; recordemos que tanto Marta como su hermanito Juan solo tenían 13 años.

Sin embargo Marta a diferencia de su hermano, que aun conservaba su aspecto físico casi de niño, se había convertido en una apetecible adolescente, con una tetitas chicas, paraditas y duras, con unos pezones claritos pero de puntas bien larguitas, una abundante pelusa negra rodeaba su vulva, ya desvirgada claro, tanto por su propio padre como por varios hombres del rancho.

Pablo Mendosa no tuvo muchos miramiento para con la pequeña, se acomodo sobre ella abriéndole las piernas, coloco la punta de su inflamada verga, y de un solo golpe se la enterró hasta los mismo huevos, un grito de placer salio de lo mas profundo de la garganta de Marta, al sentir como se le dilataba su vulva de forma tan brutal, por el garrote de don Pablo.

Pasado de bebida y también de las infusiones proporcionadas por Tata, solo buscaba su propio placer, sin importarle los gritos de la pequeña Marta, que sin embargo disfrutaba muchísimo de las brutales embestidas de la pelvis de don Pablo.

Solo necesito un par de golpes y le derramo dentro de su juvenil concha una cantidad bastante grande de semen, considerando que don Pablo ya había tenido varios encuentros esa noche con diferentes mujeres.

Todas estas acciones, fueron haciendo que mi verga tomase ya la consistencia que necesitaba para desvirgar a Ana, ella por supuesto ya lo había advertido y poniéndose de rodillas en el suelo, ya que yo estaba sentado en una de las sillas, tomo mi ya erecta verga y comenzó a lamerla suavemente, mientras me miraba con sus hermosos ojos negros; poco a poco Ana fue posesionándose y sus chupadas se hacían mas fuertes y profundas; en un momento dado se coloco mi miembro entre sus tetas y se las apretabas con ambas manos, en los momentos que echaba su cuerpo hacia abajo y con el también la piel de mi miembro, tomaba el glande con su boca y le daba profundas succiones, liberándolo cuando sus tetas volvían a subir y por ende la piel que me recubría el glande, cubría este.

La tome de las axilas, advirtiendo que como era costumbre en el rancho, ya no estaban depiladas, la tome de las axilas, entonces y la senté sobre la mesa, dejando sus hermosas piernas que colgaran por el costado de esta, arrime la silla a la mesa, colocándome entre sus piernas, que Ana separo lo mas que pudo, dejándome a la vista su abierta vulva, la contemple a mi gusto, era rosada, los labios menores se abrían paso de los mayores, el clítoris era largo y asomaba por la parte superior de su raja.

Sin poder contenerme ya más, la atraje hacia mí por sus nalgas y coloque mi boca en tan húmeda cueva.

Comencé a lamer el pronunciado y duro clítoris, mi lengua lo tocaba con pequeños golpecitos que hacían gritar de placer a Ana, mis manos se aferraron con desesperación en las duras nalgas de la adolescente, las manos de ella se enredaban en mi cabello, atrayéndome hacia su vulva, que se veía mojada y brillante, tanto por mi saliva como por sus jugos que yo tragaba con gran placer, mi nariz estaba sepultada entre sus negros y abundantes pelos negros que rodeaban su concha.

Sentía ya mi verga tan dura y gorda que temí que me explotara, a mi lado otras parejas comenzaban a entrelazarse de tal forma, que ya se sentían gemidos y gritos de placer.

Con pesar, mío y de Ana, me separe de la húmeda raja que estaba degustando; bajándola de la mesa, quedo parada a mi lado, la abracé y ella colocándome sus brazos alrededor del cuello comenzó a besarme con pasión, mi verga totalmente dura, se apoyo contra su vientre, bajando una de sus manos, la tomo y apretándola comenzó, lentamente a masturbarme, al mismo tiempo me besaba, acariciándome la nuca; su lengua jugaba con la mía, entraba profundamente en mi boca; su saliva, dulce y tibia, pasaba de su boca a la mía.

Me apodere de sus tetas, grandes y duras, retorcía sus pezones con mi mano derecha, lo sentía erectos entre mis dedos pulgar e índice, suspiros de placer salían de sus entreabiertos labios.

La deposité suavemente sobre el suelo, coloque sus piernas sobre mis hombros, su vulva se abrió, invitándome a colocar mi gordo y morado glande en su entrada.

Tome a Ana por su cintura, acomode mi verga en la entrada de su húmeda cueva y atrayéndola hacia mi, le metí la cabeza en la raja; mis manos sintieron el estremecimiento de su cuerpo, cuando el glande desapareció dentro de su concha, esta se abrió para acomodar el diámetro de mi dilatada cabeza, un gemido se escapo de su boca, sus ojos se cerraron para asimilar al máximo el placer que le producía sentir dentro suyo la primera verga que la perforaba.

En ese momento observe, que alguien se sentaba a mi lado, para ver como yo desvirgaba a Ana, era Lucia con la pequeña Rosa, su hija, los ojos de la niña miraban mi verga dentro de la concha de Ana, su manito toco justo el lugar de unión de nuestros cuerpos, mientras su madre le hablaba al oído, al escuchar la voz de su madre, la mano de la niña se movió un poco y fue a apretar con el dedito índice, el sobresalido clítoris de Ana, que al tener dilatada y abierta la vulva se veía perfectamente apoyado sobre la parte superior de mi verga, al mismo tiempo la mano de Lucia le acariciaba la pequeña vagina a su hija.

Ana se retorció de placer al sentir el dedo de la niñita apretar, sin ningún miramiento, su clítoris, ya de por si endurecido, por la fricción de mi miembro

Su padre, el esposo de Lucia, miraba la escena mientras se masturbaba lentamente; también mi esposa se había acercado, pude notar como le transitaba por sus piernas unos hilos de semen; vaya uno a saber de cual de los hombres que estaban en esa fiesta seria el dueño de la leche que saliéndole por su concha corría por sus muslos.

El padre Tomás, dormido profundamente sobre la mesa, roncaba sonoramente, a pesar que el pequeño Juan traba de despertarlo acariciándole la flácida verga; dormiría sin lugar a dudas hasta bien entrada la mañana del día siguiente.

Algo mas alejada de mi, mi hija Flor estaba recibiendo por el culo todo el garrote de su novio, Diego, mientras al mismo tiempo le chupaba la enorme herramienta a Jaime.

El momento había llegado, tome a Ana por la cintura, sus piernas estaban a cada lados de mis hombros, la cabeza de mi verga ya había desaparecido en el interior de su vulva, solo quedaba un golpe mas para romper el himen de la adolescente.

Sentí en las palmas de mis manos el sudor, mío y de ella, empuje mi pelvis hacia delante, mientras la atraía hacia mi, por un momento, mi verga no se movió de donde estaba, Ana me tomo de los brazos y ella misma se empujo con todas sus fuerzas hacia delante, con un grito de dolor mezclado con placer, Ana recibió en su concha todo el largor de mi miembro, rompiéndose ella misma el himen.

Rosa, al sentir el grito de Ana, asustada rompió a llorar, su madre sonriendo trato de explicarle que no era de dolor, pero lógicamente al ser de tan poca edad no comprendía lo que sucedía, con el correr de los años esta niña que ahora lloraba desconsoladamente probaría una y otra ves, la verga de todos los hombres del rancho, pero ahora su mama, tomándola en sus brazos se la llevo para consolarla.

Comencé, luego de unos momentos, suavemente, a meter y sacar mi miembro de la concha de Ana, a cada movimiento de mi cuerpo Ana gemía y trataba de aguantar el dolor que esto le producía, en minutos se fue acostumbrando y a tratar de seguirme el ritmo.

Sus piernas bajaron de mis hombros y se entrelazaron en mi cintura, sus ojos cerrados, gemía levemente, mientras acariciaba mis brazos.

Se apretó mas a mí, mis huevos golpeaban la entrada de su culo; en cada golpe se escuchaba perfectamente el chasquido que estos producían y con cada golpe los gemidos se transformaban en gritos, gritos que se fueron transformando en aullidos a medida que se acercaba el orgasmo.

Ana se retorcía de tal forma que se me hacia difícil seguir moviéndome, sin embargo la sujete nuevamente por la cintura y me quede quieto unos segundos, con la verga enterrada en lo mas profundo de de su vulva.

- Muévase, muévase, don Martín que estoy por acabar, muévase que no resisto mas – exclamo desesperada Ana.

Lentamente comencé a moverme, veía mi verga salir húmeda y brillante por sus jugos, también algunos hilo de sangre se veían, de a poco acelere mis movimientos; Ana con un grito se apretó a mi, se retorció, sus piernas apretó mi cintura, y con un profundo gemido se quedo quieta mientras las olas de su orgasmo disminuían de intensidad y quedaba laxo en el suelo con los ojos abiertos y lagrimas de felicidad corrían por sus mejillas; al mismo tiempo, sentí que las entrañas se me iban por la verga, que mi columna vertebral se partía mientras mi semen entraba en lo mas profundo de la concha de ana, ella advirtiendo por las contracciones de mi miembro y la tibieza del liquido que llenaba su concha que yo me corría dentro de ella me acaricio los brazos mientras palabras dulces y llenas de amor acariciaban mis oídos, palabras llenas de agradecimiento por haberla por fin desvirgado.

El padre de rosa, marido de lucia, que se masturbaba mirándonos, comenzó a largar grandes chorros de leche que fueron a caer sobre las tetas de Ana, puntualmente sobre los erectos pezones u corrieron hacia abajo, depositándose finalmente en el suelo, las manos de la adolescentes tomaron algo de este semen y se lo coloco en la boca degustándolos, miro hacia arriba mirando como el hombre se apretaba la verga para escurrir las ultimas gotas.

Me levante, exhausto y deje que Ana se apoderaba de esa, ahora flácida verga, Ana se arrodillo y comenzó a tocar y a besar esa verga que en pocos minutos mas de endurecería y estaría dentro de ella.

Lentamente me dirigí a la casa, en el camino me encontré con mi otra hija, Carla, que desnuda y rezumando semen por todos sus orificios se me acerco y tomándome del brazo se encamino conmigo hasta la casa, una ves dentro de ella fuimos a mi habitación, entramos en silencio en el baño y nos duchamos, lavándonos uno a otro; estábamos los dos totalmente cansados y nos acostamos, en pocos minutos dormíamos, sin hacer caso en los gritos y gemidos que se escuchaban del resto de las personas que aun seguían con sus juegos sexuales.

Nos despertaron a la mañana siguiente, gritos y corridas, aun atontado por la noche transcurrida me levante, Carla se sentó en la cama mirándome, sin saber que era lo que pasaba.

Al entrar en el amplio comedor, me encontré con mi esposa y con Elisa, la mujer de mi tío, las dos llorando desconsoladamente, también se encontraban algunos de los hijos de Tata, sus caras tristes y llorosas me indicaban que algo grave había sucedido.

Clara, mi esposa, se levanto y me contó que había habido un accidente.

- Parece, Martín – me dijo – que Tata regresaba de llevar a nuestro hijo y a su flamante esposa al pueblo y regresaba demasiado rápido, no vio una curva y el camión se salio de la carretera chocando frontalmente contra un árbol, murió instantáneamente – finalizo Clara mientras se tapaba la cara con las manos y lloraba desconsoladamente.

Fueron, esos días muy tristes para nuestra familia, enterramos a Tata, en un predio del rancho, al lado de un gigantesco álamo, debajo del cual mi querido tío se echaba a veces a dormitar un rato y era según el, su lugar preferido.

Elisa, su esposa no lo sobrevivió mucho tiempo mas, sumergida en una profunda tristeza, se fue deteriorando de tal forma por la perdida de su compañero de toda la vida, que a pesar de todos nuestro esfuerzo murió dos meses después y fue a hacerle compañía debajo del añoso árbol.

La vida siguió, los años fueron pasando, lo único que cambio es que poco a poco nadie más, me llamaba por mi nombre, ahora todos me llaman Tata.

Fin

 

Dejo descansar por un tiempo a los Irisar, y también a mis queridos lectores que siguieron esta extensa historia, posiblemente la siga mas adelante, ya que queda mucho aun por contar.

Mientras tanto les relatare una nueva historia, que espero que les gustara tanto o más que esta: es la historia de una pequeña de 13 años que quedándose huérfana va a vivir con sus parientes a una oscura y extraña casona, ahí encontrara a personajes con raros vicios y actitudes, los lectores encontraran acá: incesto por supuesto, también sadomasoquismo y algo de zoofilia.

Así es que en breve mandare la primera parte de la historia, a la que titulare: Paulina.

 

Santi35

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