El amanecer de nuestro tercer día en Galicia se nos presenta con holgada
calma. No son los despertadores habituales que nos despiertan sino los tenues
ruídos que atraviesan las paredes e inbiscumbiéndose en las que tenemos
descansadas mentes nos sugieren muy educadamente que empieza a ser hora de
despertarse. Esta vez la primera soy yo, a medida que me visto contemplo muda
cual estatua que mis compañeras, Fabiola, Perpetua y Paciana, sienten el mismo
proceso que yo y conceden generosas el despertar al nuevo miércoles, que por
cierto empieza a inpacientarse en el comedor.
-Rosanna: venga va, chicas, que cuenta una leyenda de la academia que las chicas
que no llegan puntuales al almuerzo son comidas por el chupacabras.
-Perpetua: ay... cállate, tú y tus bobadas.
Aún mostrando una ligera inconformidad todas acabamos vestidas como el protocolo
manda, almorzando en el gran comedor.
-Fabiola: ¿y sabéis ya donde vamos a ir hoy?
-Perpetua: yo sólo sé que a comer iremos a ese restaurante que nos dijo ayer, en
la ría de Vigo.
-Paciana: pero de la tarde no sabemos ningún plan, a ver donde nos lleva el
profesorado y a ver si nos dan la tarde libre y podemos encontrarnos con Fidel y
sus amigos.
-Rosanna: a ver si nos ponen una campana en el cuello a cada una y nos llevan a
pastar hierba con las vacas, para que después demos leche.
-Paciana: ja ja ja, ¡tú Perpetua darías un tetrabrik de esos grandes, de dos
litros!
-Perpetua: mira, orgullosa que está una de tener este par de lecheras.
-Fabiola: ahora en serio, estaría bien que nos dieran la tarde libre y eso es lo
mismo que querrán tanto Fidel como los dos amigos suyos que conoceremos. Pero mi
intuición femenina me dicta que será también provechoso poner un poco más
difícil el bocado a esos que conoceremos gallegos.
-Rosanna: estoy de acuerdo, no es buen plato de cocinero maestro conocer 4
chicas un día y al siguiente estar ya enzarzados con ellas en una lúgubre
chabola. También voto por hacerlos esperar un poco.
-Paciana: tranquilas tranquilas, no creo necesario estar tramando tan enredadas
estrategias si ni tan sólo sabemos aún como nos van a dar la tarde.
-Perpetua: vale, pero si nos dan la tarde libre nos.. nos quedamos aquí... o...
-Rosanna: reza para que no nos den la tarde libre, porque yo aquí rezando al
Cristo en la cruz no me quedo.
-Fabiola: bueno bueno, atentas que el profesor Heriberto se ha levantado.
-Heriberto: chicas, como os dije ayer esta mañana vamos a visitar un sector de
la ría y a mediodía vamos a comer a un restaurante situado al lado. Por la tarde
visitaremos el astillero. Los profesores deseamos que el día sea de vuestro
agrado pero a la vez os pedimos que no nos hagáis la tarea difícil y participéis
un poco en la estabilidad del propósito. ¿Me entendéis verdad? Nada de perderse
ni de tocar nada que no os incumba. No estamos en un parque de atracciones y
aquí la gente no está acostumbrada a tener paciencia sino a prescindir de ella.
¿De acuerdo?
-toda.la.clase: de acuerdo.o.o.o.
A la que terminamos el almuerzo somos instadas a coger nuestro equipaje de mano
y en 10 minutos estamos en el autobús que el lunes nos hizo llegar aquí el
colegio.
-Paciana: no nos ha contado nadie como es el astillero. ¿Te lo ha contado a ti
Perpetua tu amiga por correo?
-Perpetua: que va, ella vive lejos de Vigo, vive en el interior y no hemos
hablado nunca del astillero. Pero creo que debemos tomárnoslo como una visita a
una fábrica y no tocar nada pues allí la gente está trabajando.
No podemos hablar mucho pues el trayecto que nos separa del restaurante a donde
nos dirigimos consta de dos kilómetros, 5 minutos. Aparcarmos ante el
restaurante y sólo de verlo de fuera se ve que dispone de unos cuantos tenedores
que nos aproximan su extrema calidad.
-Profesor.Teocracio: este va a ser nuestro comedor chicas, el restaurante
Corleone.
-Isabel: ¿Corleone? uy pero si ese es el nombre del protagonista de la película
El Padrino, que yo la he visto.
-Teocracio: lo sé Isabel, yo también he visto la mejor saga en la historia del
cine. Pero tranquila que los dueños del restaurante son buena gente y nada
tienen que ver con los mafiosos de la película.
-Isabel: oh que bien, una se queda descansada.
-ja.ja.ja.ja.ja.ja.ja-
-Teocracio: pues bien, aún no es hora, mientras esta llega podéis dar un paseo
por la ría. Veréis que bonito es.
Nos separamos y encaminamos en direcciones diferentes por grupos. Nosotras vamos
en dirección a la salida de la ría mientras contemplamos el bonito paisaje
rústico-pesquero que envuelve todas las orillas. Realmente no estamos en un
parque de atracciones donde todo el mundo esté dispuesto a hacerte más agradable
la estancia, sino que aquí cada cual va su rollo. Quizá sí es comparable a uno
de esos parques temáticos, en concreto dedicado al mar y a todo aquello que con
él se relacione. Se ven personas trabajando con extraños aparejos por todos
lados pero ninguna mis amigas se atreve a preguntar para qué sirven pues siguen
lo que se nos ha indicado comportamiento de no meternos donde no nos llaman.
Pero yo rompo y, al ver un hombre con una curtida cara de pescador me le dirijo
y le pregunto.
-Rosanna: perdone señor ¿puedo preguntarle por qué atiza estas redes? es que
somos un colegio que estamos de excursión aquí y no sabemos nada.
-Pescador: a esto se le llama acurar y significa llanamente limpiar la red de
suciedad y desperdicios.
-Rosanna: oh muchas gracias, pase usted un buen día.
-Pescador: chao mozas.
Seguimos paseando un buen rato curioseando todas las extrañas cosas que
descubrimos, y acabamos determinando que nunca vamos a saber lo que sabe un
viejo lobo de mar que lleva toda la vida en la ría. Damos media vuelta y
regresamos hacia la entrada del Corleone ya sin tanta curiosa contemplación.
Llegamos parece a la hora correcta pues casi todas las chicas se encuentran en
la puerta con los profesores esperando a que lleguen las últimas.
-Heriberto: ¿qué os ha parecido? decirme el nombre de alguna de las cosas que
habéis conocido. Tú Casilda, dime el nombre de un aparejo que hayas conocido.
-Casilda: pues, a ver, he conocido tantos y tan raros.. esto.. uno se llamaba
vitara.
-Heriberto: mmm bien, ahí me has enganchado porque ese no lo he conocido ni yo.
Veis todas como no suscita superioridad alguna tener una carrera universitaria
comparado con el verdadero saber surtido del más húmedo rincón de España. El
hombre más inteligente del mundo quizá no es científico, sino pescador, o
hortelano o cazador. Todo se trata de con qué pasión sustenta su profesión....
esto bien, podéis ir pasando todas que nos espera un espectáculo dentro.
Y tan espectáculo que nos espera dentro. Nada más entrar topamos con la mesa más
fabulosa que creo haber visto nunca.

Una amplia mesa de 2x4 metros repleta a rebosar de mil y un especímenes marinos
que sólo un experto pescador sabrá denominar uno por uno. Todas nos quedamos
boquiabiertas contemplando la saturación extrema con que está la mesa adornada y
los -oh- salen de cada una de nosotras al contemplar una verdadera obra de arte
en que a diferencia de los cuadros sí se aprecia un talento maestro.
-Teocracio: esto estaba preparado. Habíamos acordado con el restaurante que
vendríamos a esta hora y nos esperaría esta jauría de pescado y marisco nada más
entrar. Toda esta comida es para nosotros. Ahora vendrá el maitre y tan sólo
tendréis que señalarle un elemento para que posteriormente os sea servido en el
plato.
-oh.qué.bien.qué.bien.a.mi.me.gusta.este.y.a.mi.este.y.este.yo.quiero.este....
Super excitadas escogemos cada una a nuestro enamorado ante un maitre que toma
nota de nuestros nombres y elecciones. Dicho maitre despierta una lombriz en mi
barriga quizá de hambre o quizá de otra cosa. Tiene una campechana y curtida por
el sol cara que adorna en equilibrio con otra campechana y redonda barriga de la
que presume. Un flechazo atraviesa mi corazón, este hombre me gusta y la que soy
desde hace dos días mujer, empieza a saber lo que más le gusta y como
conseguirlo. Me pide mi nombre y elección y eso le doy, pero cuando de forma
inconsciente poso una de mis manos sobre la que sostiene un lapiz suya tengo la
sensación de querer algo más.
-Rosanna: sí, quiero este pescado que le he señalado. Y... me preguntaba si no
disponían en el restaurante de un postre especial, diferente a todos los otros y
que dé mediante su sabor, una sensación, clara y pura de lo que es Galicia y sus
habitantes. De su vigor como pueblo de una forma humana y natural.
El hombre se queda estupefacto unos segundos con el lápiz en el papel donde
escribe tratando de entender el denso mensaje que le he lanzado. Desiste del
riesgo de entender una cosa por otra y mirándome ahora hacia dentro de las
pupilas vuelve a cuestionarme.
-Maitre: ¿un postre especial? mozuela, creo saber exactamente lo que usted
busca. Pero resulta que consta de una receta ultrasecreta del restaurante que no
queremos confiar a nadie e incluso evitamos dar a probar muy a menudo al primero
que lo pida. Si quisiera catar tal plato tendría que, venir a probarlo a mi
despacho personal, lejos de dientes ajenos.
-Rosanna: comprendo que lo lleven ustedes con tanta seguridad, pues el desvelo
de un secreto tan importante como el que me dice usted que tienen podría ir en
contra de los objetivos del negocio. Pero le informo que no hablaré a nadie del
plato que me sirvan ustedes, y su receta, si es que llego a comprenderla, se
establecerá en mi memoria para siempre sin revelarla nunca.
-Maitre: bien pues, compréndame señorita que lleve el catado del manjar con
tanta discrección, pero nadie puede saber tan sólo que se le ha servido a usted
ese plato especial. Usted siéntese a comer con sus compañeras como haría
normalmente y... a ver... cuando por el hilo musical oiga usted la canción de
"opá, yo vi haser un corral" esa será la señal de que el plato está listo y
puede venir usted a comerlo. Entonces dirijasé según las señas que le indicaré a
mi despacho donde le estará esperando el plato humeante, porque a decir verdad
es un postre que a diferencia de lo habitual se come caliente.
-Rosanna: de acuerdo, haré como usted dice.
El maitre me explica en unos segundos el camino hacia su despacho y a la que lo
he memorizado cortamos una que duraba demasiado conversación entre maitre y
clienta escogiendo plato. Aún quedan algunas compañeras para pedir su plato y me
retiro hacia donde está la trope olvidándome del tema.
-Fabiola: ¿qué has pedido Rosi?
-Rosanna: ese rojo de ahí, es tan brillante que debe de estar muy bueno.
-Fabiola: yo he escojido ese de manchas verdes.
-Rosanna: ¿verdes?
-Fabiola: tranquila que el verde no es malo. Si lo tengo entendido bien algunos
peces usan colores extraños para camuflarse o para asustar.
-Rosanna: sí claro, no van a servirnos pescado de 4 días en un restaurante de 5
tenedores.

Durante la media hora que parecen tardar en cocinar nuestros platos parecemos
una olla de grillos, entre risas y gritos que salen de nuestra gran mesa. Por
fortuna no hay otros clientes que molestar pues hemos sido destinados a una sala
independiente de la grande general.
-Perpetua: ¡pero qué dices! yo voy a comerme el pescado más grande. Y aquí están
este par de lecheras para avalar mi promesa.
-Fabiola: igual cuando le pinchas el tenedor al pescado se desinfla, como...
-ja.ja.ja.ja.ja-
-Perpetua: ¡vas a ver que mi pescado además de grande es nutritivo!
La conversación de mis amigas ha sido siempre, y que así siga por muchos años,
absenta de prejuicios. Afortunadamente los profesores están curados de espantos
y no nos imponen de la que hemos oído hablar legendaria disciplina colegial, de
la que tantas películas de miedo se han hecho. Lejos de la vigilancia de otros
compañeros de la profesión, incluso nuestros profesores, Teocracio y Heriberto
dejan ir la pinza de vez en cuando. Isidora le cuenta un chiste más bien light a
uno de ellos.
-Isidora: ¿y usted sabe cual es el plato más caro del mundo?
-Teocracio: este, no, no lo sé.
-Isidora: estofado de Bin Laden.
-ja.ja.ja.ja-
-Teocracio: je je, pues, sabéis que hay diferentes enfermedades asociadas a
diferentes profesiones. El cancer de pulmón al minero, la lumbalgia al
hortelano, el insomnio a ser médico, y ¿sabéis que enfermedad caracteriza a los
vigilantes de párking?
-Algunas.de.nosotras: no.no.no.no.
-Teocracio: el párkingson.
-ja.ja.ja.ja.ja.ja.ja.ja.ja.ja-
Así entre chiste malo y chiste malísimo pasamos el tiempo hasta que llegan
nuestros platos. Todos ellos llevan su etiqueta con el nombre a quien
corresponden y así no se pierde nadie. El mío es el que pedí por supuesto, un
pescado rojo como la sangre que cuando vi en el monstruario estaba lleno de
espinas, pero para mi consumo lo han desarmado y me espera indefenso cocido en
el plato. La macrocomida empieza con el desparpajo que hemos adoptado todas en
el que llevamos tercer día de excursión. Si estuviéramos en nuestra ciudad nos
comportaríamos mucho más educadamente, pero aquí no nos conoce nadie y nadie va
a hablar mal de nosotras, unas desconocidas, o como mínimo no llegarán a oídos
inapropiados.
-Paciana: trae pacá Fabi, que yo quiero probar ese bicho tan raro que tienes.
¿Es tan malo como feo?
-Fabiola: ¡quita! que es venenoso, ja ja, no te lo dejo probar por tu bien.
Yo, previsora, he acabado de comer mi plato a la velocidad de una ladrona, y a
la que estoy de ello voy mendigando de mis compañeras, a la vez que está mi oído
atento al hilo musical. Por fin, en el momento que me lo esperaba suena esa
maldita canción que se te pega de tan mala que es.
-opá.yo.vi.haser.un.corral-de.cocinillos.y.cochinillas-
-Rosanna: disculpadme chicas, voy al lavabo que tengo que asearme. Ese periodo
rebelde que me dio el día de nuestra llegada se está haciendo particularmente
molesto.
-Fabiola: vete tranquila, no te vamos a robar nada pues veo tu plato vacío.
Y tan tranquila que me voy, o quizá tendría que decir lo contrario porque lo que
es de cintura para abajo mi cuerpo parece estar preparándose para algo diferente
a comer pescado. Sigo las indicaciones que he memorizado y sin tropezarme con
nadie acabo encontrando la cocina secreta del señor maitre. Ni tan sólo llamo a
la puerta prestando atención a que nadie debe descubrir que he gozado del plato
secreto del restaurante Corleone. Dentro me espera, sentado en su butaca de
escritorio, mi maitre de confianza.
-Rosanna: hola señor maitre, ¿está a punto mi postre de autor?
-Maitre: siempre está a punto de ser servido ese postre tan especial. Le falta
sólo un toquecito de canela para que lo puedas degustar.
De mi cocinero sólo veo la mitad de cuerpo superior, la inferior está oculta
tras el escritorio y me pregunto si estará tapada, porque me ha dicho que es un
postre que se sirve caliente. Me agacho y caminando a 4 patas me meto bajo el
escritorio, como sospechaba el plato está destapado y listo para servir.




Mi aperitivo personal termina en no mucho tiempo, 20 o 30 minutos pues no debo
alarmar de nuevo a mis profesores y dios me libre de provocar con ello problemas
al restaurante que tan particular trato me ha proporcionado. Cuando estoy
repleta nos vestimos de nuevo pero al maitre le cuesta dejarme ir. Por lo que
vuelve a darme otro rápido piscolabis ahora vestidos conmigo empotrada contra la
puerta.
-Rosanna: aah, aah, aah, aah, rico rico.
A la que de nuevo termina esta vez llenándome de nata la cara, no le doy otra
despedida romántica no sea que se vuelva a animar, y le lanzo un beso con la
mano desde la puerta abierta.
-Rosanna: -muac- ha estado delicioso, tiene mi admiración señor cocinero y le
recomendaré por si alguna vez me preguntan por un buen restaurante en Vigo.
-Maitre: gracias, pero, recuerda no hablar del plato secreto..
-Rosanna: tranquilo...
Cierro la puerta y mientras regreso al comedor rezo por que no se haya hecho
extraña mi ausencia. Llego a este y descansada recibo las agradables
condonaciones de mis compañeras por la incomodidad de mi estado. Acorto todo lo
que puedo los comentarios que hago con ellas pues no me gusta nada mentir. En
media horita terminamos de comer y por la tarde visitamos el astillero. En un
momento en que estamos las 4 juntas vemos un grupo de hombres colgados de las
paredes de un barco que se encuentra en un dique seco. Paciana es la que
reconoce a Fidel y le pega un grito.
-Paciana: ¡Fideeeeel!
A la que nos ve se gira y da señas a otros dos chicos que se encuentran a su
lado. Los tres levantan la mano para saludarnos.
-Perpetua: esos deben ser sus dos amigos, ¿cual te gusta a ti Fabiola?