Ya estaba cansado de que el resto del personal masculino se
deshiciese por mí en las fiestas. Era comprensible por muchos motivos, la
diferencia de edad, mi juventud y el atractivo del lujo y dinero que rodeaba el
ambiente donde me solía mover con él. Yo era astuta, tenía belleza y ambición.
Había crecido en una familia en la que mas bien nos faltaba que nos sobraba. El
sabia que todo lo que había conseguido hasta ahora había sido con la combinación
de esas tres cosas y un poco de picardía.
Es así como me conoció. A través de una agencia de contactos,
en la sección universitarias. Me anunciaba como una chica culta, morena, y
discreta. Dispuesta a dar compañía a señores preferentemente maduros. Quedamos
en un restaurante del centro. Yo estaba bastante nerviosa pero dispuesta a
improvisar. El entro en la sala. Al instante lo conocí, era cierto lo que me
dijo al teléfono. Su voz sonaba suave y melosa explicando su físico y
pretensiones con esta posible relación que comenzaba. Ahí estaba el, alto, y
trajeado. Asomaban algunas canas en las patillas pero lo que de verdad reconocí
fue esa voz agradeciéndole a la metre la amabilidad con que le dirigía a la
mesa. Cuando llego me levante y esboce una medio sonrisa. Sus ojos penetraban
los míos. Eran verdes y parecían bastante sorprendidos al verme. No era guapo.
Pero tenía lo suficiente para volver loca a una mujer, clase y amabilidad.
Durante el transcurso de la cena fue explicándome a lo que se dedicaba.
Era un hombre bastante ocupado. Casado. Director de una
empresa que mantenía relaciones comerciales con el extranjero. Mantuvimos una
amena charla, en todo momento estuvieron presentes sus dotes negociadoras. Algo
que atraía y embelesaba. Se mostraba muy atento a mis gustos, hasta que
finalmente empezó a hacer preguntas sobre mi disponibilidad. Le conté que no
tenía problemas. Vivía en una ciudad que no era la mia. Compartía piso con dos
compañeras más. Y hacia esto por motivos económicos. Le fui sincera. Eso le
gusto. Es curioso que entonces me preguntara el nombre. Mónica. Conteste.
Marcos, dijo el. Empezó entonces la negociación. Quería una chica con clase.
Bonita y con cultura. Dispuesta a coger aviones y desplazarse en el momento
justo en que el me necesitase. Asistiría a fiestas y reuniones importantes,
acompañándole y por supuesto a complacerle en todo lo referente al sexo. Haría
nuevas amistades. Todo eso a cambio de un solo pacto. Seria suya y no habría
secretos entre los dos. Ni uno. Prefería saber que me moría por follar con otro
a que lo callase y lo hiciese a sus espaldas. Me pareció bien. Notaba en su
forma de hablar cierto aire de dominación que me excitaba.
Empezaron poco a poco nuestros encuentros. Mis compañeras de
piso estaban algo extrañadas. Notaban unos ciertos cambios en mis horarios y
pautas de conducta. Los repentinos viajes… Empecé a sentirme suya. En cada cena
o reunión como apoyaba su mano en mis caderas. Notar su olor. Eran cosas que me
encantaban. El me elegía la ropa, era su lolita. Su muñeca. Le gustaba mi
inteligencia achispada y sonreía con mis comentarios ante gente importante
saliendo del paso con gracia y soltura. Como haciendo comprender mi juventud a
los demás, y ellos me consentían. Pero se enfadaba y mucho si hablaba en algún
momento a solas con algún hombre y veía de lejos como le sonreía.
Esa noche, habíamos discutido. Me llamo al móvil Carlos, un
compañero de facultad. El contesto y dijo que estaba en la ducha, ocupada.
Enseguida empezaron las preguntas. Mis respuestas eran ambiguas. Me encantaba
ponerlo celoso. Siempre acabábamos follando después y de una manera totalmente
salvaje y llena de posesión. Íbamos en el coche en silencio. Solo me dijo un
"estas preciosa". Respondí con un "gracias" y una caricia en su cara que
desprecio.
En medio coctail se alejo por un instante de mí. Diviso a un
hombre clave de una empresa de la competencia. Me contaba siempre que estaban
detrás de un gran negocio y estaba muy interesado en mantener relaciones
amistosas para pactar con ella. Mientras, paseaba distraída por las mesas
mirando a un lado y a otro. Hasta que se acerco Luis. Luis era un hombre con un
brillante futuro por delante. Siempre agradable y simpático. Gastando bromas en
sentido sexual casi siempre, con el que yo me reía bastante. Marcos lo sabía.
Sabia que nos caíamos muy bien y sabia que Luis era también mas joven. Nos
miraba desde lejos. Yo me percate y en un gesto de normalidad sonreí y le roce a
Luis la cara. Sabia que la rabia y los celos le comían las entrañas. Dejo la
conversación y se acerco en el momento en que Luis iba a por una copa. Me cogió
del brazo con fuerza casi haciéndome daño y me llevo fuera de la sala. Yo decía,
Marcos cielo que pasa, donde me llevas. El no articulaba palabra. Finalmente me
llevo a un despacho bastante amplio y con las paredes recubiertas con madera. Yo
estaba asustada, sabia que jamás me haría daño, pero no sabia lo que iba a
pasar. Estaba bastante furioso. Acorralándome contra la pared subía mi vestido.
Su perfil se pegaba a mi cara ladeada. Metió una mano en mi coño. Lo exploraba.
Finalmente me dijo.
Puta. Estas mojada. ¿Que te tengo dicho cielo?
Rubén, por favor me estas asustando.
Déjate de gilipolleces. Dime. ¿Qué eres?
Tu putita cielo- respondí con cierto tono de sumisión.
Entonces por que coño te dedicas a empalmar a diestro y
siniestro.
Mientras me decía esto restregaba dos dedos en mi conejito y
me miraba de una forma muy viciosa. Yo respondía cada una de sus preguntas de
forma entrecortada. Empezaba a gemir y respirar fuerte. Le encantaba ponerme así
de guarrita y me pedía que hablase mientras lo hacia. No me dejo terminar la
última frase cuando me beso de una forma casi por la fuerza. En ese momento me
rasgo las bragas y di un respingo. Me tomo en brazos y me llevo hasta la gran
mesa que había en mitad del despacho.
Voy a encelarte ese coño de zorrita. Para que cuando yo
no este, te mueras por estar con tu macho y te pajees pensando en como te
come el coño.
Y diciendo esto me tumbo en la mesa abriéndome las piernas.
Miraba mi coño rasurado.
-mmmm que rajita. De quien es esta rajita cielo.
-Tuya Marcos.
Entonces empezó a escupirme en el coño. Yo me sentía súper
excitaba allí así. Abierta. A su disposición. Viendo como me miraba. Y las
palabras tan guarras que me decía lejos de repugnarme hacían sentirme suya. Me
sentía su putita.
Empezó a lamerme. Pasaba su lengua arriba y abajo, sintiendo
cada uno de mis pliegues. Morreandome a veces el coño, otras metiéndome dos
dedos. Le encantaba escuchar el sonido de mi coño mojado. Gemía. Me miraba. Le
encantaba ver que me daba a el. Le gustaba verme gozar. Quería y deseaba hacerme
suya. Lo era. Empecé a mover mis caderas en círculos. Mirándole. Mirando lo que
me hacia.
Putita, correte. Correte mi amor. Así Así cielo. Mmmm .
Como se corre mi vida.
Yo no hacia más que jadear. Me ardía el coño. Como lo hace
ahora cuando revivo todo esto. Tenía el clítoris hinchado de placer. Le pedía
polla a gritos.
-mmmm ahhh follame. Follame .
-No putita. Así no. Follame mi amor.
-Fo, fo, follame. Mm mi amor.
- Mmmm shhh calla putita que te van a oír…van a saber todos
lo puta que eres y de quien eres.
Estas palabras me volvían loca. Me iba a correr aunque no
me penetrara. Movía más y más. Me retorcía de anhelo. Deseaba su polla en mi
coño. Me iba a correr. Y me corrí. Me corrí cuando sentí como su polla
separaba las paredes de mi coño. La sentía gorda. Dura. Y muy caliente. Me
excitaba pensar como se la había puesto. Como lo volvía loco.
La metía despacio pero intensamente. Lo olía. Olía a mi
macho. Sentía su peso encima de mí y me encantaba. Me lamía mientras el
cuello. Me mordía. Lamía mi carita. Estábamos enganchados como dos perros en
celo. Empezó a moverse más y más. Se desmoronaba de placer. Notaba su trozo de
carne palpitando en mí. Mmmm como me quería. Como me ansiaba. Como me sentía
suya. Entonces, de una forma suave y viciosa acerco su boca a mi oído y me
dijo bajito.
-Mmmm voy a marcarte. Déjame marcarte zorrita. Se mía.
- Si cielo. Marcame. Marcame cariño.
Entonces saco la polla. Y mirándome me ordeno que lo mirase
a los ojos. Apunto a mi coño abierto, brillante y mojado y se descargo en mí.
Soltó un largo gemido al correrse, mirando mi coño. Nos quedamos en silencio
mirándonos. El me restregaba su glande por los labios menores. Lo pasaba por
mi clítoris expandiendo todo su semen en mí. Nos quedamos en silencio.
TE QUIERO. Le dije. Era la primera vez que salía algo así
de mis labios. Nunca había pronunciado esas palabras, dedicadas a ningún
hombre.
El me miro, sonreía.
Cielo te quiero.- me dijo.
Me acaricio la cara. Sujetándome y levantándome. Me beso. Un
beso húmedo y caliente. Ya no era tremendamente sexual, sino tierno y lleno de
cariño. Nos vestimos y me acompaño al baño. Me miraba durante la fiesta sin
apartar los ojos de mí. Lo sentía mío. Y lo sabía. También se había dado a mí.