¿En la casa de la prima de Solange?, me quedé pensando,
suponiendo que por la forma de proponerme la invitación, iba a tener una nueva
experiencia sexual con la primita de Solange.
Ya tenía referencias de la prima de Solange, Guisella, quién
contaba con la misma edad de Solange, quince añitos, y por foto sabía que era
una nena que hacía empalmar a cualquiera de un solo golpe. Solange, momentos
después de cada sesión sexual que teníamos, me contaba algunas cosas de su
familia.
Así, el día esperado fui a la casa de Guisella, la primita de
Solange. Era un día domingo, con un calorcito propio del tiempo de verano; se
encontraba en la casa del padre de Guisella, un acaudalado empresario que
contaba con tres hijos, dos nenas de 15 y 10 años, y un varoncito de 5 años.
Inmediatamente me recibió su padre, quién me mostró mucha
amabilidad desde el comienzo.
- ¿Qué te parece si te juntas con nosotros a disfrutar de la
piscina - me comentó.
- Para ese entonces, yo ya había divisado a Guisella, después
que Solange me haya presentado con todo el grupo familiar.
Realmente era una nena preciosa, de tez blanca, con un
vestidito semitransparente celeste que dejaba ver un minúsculo bikini que dejaba
ver sus monumentales figuras. Caderas pronunciadas y un culito redondito y no
tan grande como el de Solange, pero con un buen par de tetas que habrían hecho
perder la cabeza a cualquiera.
Pues bien, inicié la conversación con su padre, pero más que
las cervezas y su compañía, me animó el hecho de ver a Guisella, por fin en ropa
de baño, dado que, como ya lo dije, se vislumbraba ya por debajo del vestido
ajustado que llevaba, que era poseedora de un apetecible y escultural
cuerpecito.
Jugaban pues en la piscina un grupo de niños, entre ellos los
hermanos de Guisella. A un lado de la piscina, mojándose los pies solamente, se
encontraba Almendra. Para ese entonces, Solange había recibido una llamada y
tuvo que retirarse, dejándome con mi nuevo amigo, el padre de Guisella.
- Ven con nosotros a la piscina, me suplicaba Guisella, con
voz coqueta e ingresando inmediatamente al agua.
- Hey, Fernando, sigue acá hombre, no vas a ir con los niños,
ya estás grandecito para esos jueguitos - me dijo su padre mostrándome la
botella de cerveza.
Un poco contrariado, pero internamente, para que no se dieran
cuenta, tuve que seguir sentado con las personas mayores.
Poco a poco cervezas van y cervezas vienen, la conversación
se iba centrando más en los recuerdos del hogar entre los mayores de dicha
familia, por lo que quedé un poco relegado.
Aproveché entonces para hechar, desde la mesa, un vistazo
disimulado de lo que acontecía en la piscina.
Julio, un chico de 13 años, primo de Guisella, Pilar de 10 y
Guisella, jugaban a "las agarraditas", juego que habían inventado y que
consistía en que Julio cogía a una de ellas y no la soltaba, mientras que la que
estaba suelta tenía que hacer lo imposible por salvar a su hermana.
Pero lo que me di cuenta, es que Julio, quién a su edad ya le
afloraban deseos sexuales, cada vez que le tocaba coger a Guisella, aprovechaba
la situación para, por debajo del agua, paletearle el trasero, manoseándola de
vez en cuando en cada fricción producto del juego.
Eso a mi, lejos de darme rabia porque no era yo quién esté
aprovechando esa situación, me empezaba a excitar.
Como les dije, cervezas van y cervezas vienen y los mayores
se fueron retirando poco a poco, hasta que quedamos solamente en la mesa el papá
de Guisella y yo.
- Bueno, siendo la hora avanzada, me retiro a mi dormitorio,
si gustas tu disfruta de la piscina un rato más, me dijo, llamando acto seguido
a sus hijos para que se retiraran con él.
Como era de esperarse, las dos nenas le pidieron quedarse un
ratito más, mientras que el menor se fue con él. Ya para esto,
Julio se había retirado con su papá.
- Ven, juega con nosotros, me dijo Pilar, la hermana pequeña
de Guisella. Ya has visto como se juega, verdad?
- Si, quieren jugar conmigo? pregunté inocente.
- Siiiii, dijo Pilar, tú primero agarra a Guisella y yo la
rescato, ya?
- Ok, le dije simulando no conocer mucho el juego.
Se iniciaron pues las "agarraditas"; yo sostenía por los
brazos a Guisella por atrás, rozando mi cuerpo con el suyo, pudiendo sentir su
piel fría producto del agua de la piscina, pero a la vez pudiendo sentir por
primera vez el contacto con sus riquísimas formas. Realmente, contaba con un
culo de dioses, redondito y suavecito, pero firme y carnoso a la vez, el cual al
hacer contacto con mi short, hacía que mi pene vaya cobrando vida, al cual en
determinados descuidos trataba de acomodar para que no se dé cuenta.
Entre fricción y fricción, mis manos, so pretexto de evitar
los ataques de Pilar, frotaban raudamente las tetas de Guisella, las cuales
tenían la forma de dos manzanitas redondas y contorneadas.
Así pasamos pues jugando durante casi veinte minutos, hasta
que Pilar empezó a bostezar, mostrando por fin signos de cansancio.
- Bueno, nos vemos en la tarde, voy a dormir, me dijo Pilar
retirándose de la piscina.
Nos quedamos solos Guisella y yo, dado que su padre, producto
de la cerveza había caído rendido en su dormitorio.
- Bueno y ahora que hacermos?, me dijo Guisella, con una
carita de inocente que hacía que circulen en mi cabeza las miles de posiciones
que podía adoptar al follármela.
- Sabes nadar bien, le pregunté, diciendo lo primero que se
me venía a la mente.
- No, solamente chapotear, por eso estoy en esta piscina de
niños.
- Pero si deseas te puedo enseñar, si gustas vamos a la
piscina de atrás que es más profunda. Como les señalé, su acaudalado padre
contaba con una cuasi mansión la cual por su dimensión, había sido acondicionada
para el disfrute de grandes y chicos, por lo que había una piscina atrás de
algunos arbustos, alejada de la vista de cualquier intruso.
- Que bueno, gracias, eres un amor, me dijo estampándome un
beso en la mejilla. No se equivocaba Solange cuando me dijo que eras muy
"amable", me dijo haciéndome presumir que ambas charlaban quizás de nuestros
encuentros sexuales.
Nos alejamos pues a la piscina de mayores, ingresando poco a
poco en ella; Guisella iba sosteniendo mi brazo por temor a hundirse, mientras
yo firme ingresaba a la gran piscina.
- Bueno, lo primero que hay que hacer, es que intentes
agilizar tus brazos y piernas, yo te sostengo de abajo y tú, horizontalmente,
intentas nadar, no te va a pasar nada ya que yo tendré mis manos en tu vientre,
le dije ya planificando la estrategia a seguir.
Guisella obedeció y poco a poco fue dejándose llevar, primero
puse mis manos en su vientre, para que ella le dé agilidad a sus piernas y
brazos. Pero poco a poco, fui deslizando mis dedos ingenuamente por su tanguita,
aprovechando para palpar su conchita que estaba por debajo de aquella diminuta
telita. Así, mi mano ya no estaba en su vientre, sino a la altura de su
conchita, simulando sostenerla para que aprenda a nadar. Mis dedos parecían
tener vida propio, dado que se movían sigilozamente por su entrepierna, quién
para mi sorpresa y agrado, no oponía resistencia, aparentemente concentrada en
las clases de natación.
Ante ello, aproveché para que mi mano que se encontraba aún
en el vientre, suba hasta sus tetas, las cuales se apreciaban duritas por debajo
de su sostenedor. Guisella, seguía sin decir palabra alguna. Mis manos y mis
dedos seguían haciendo de las suyas por debajo del agua, los dedos de mi mano
que estaba por la parte inferior, ya se habían metido sigilosamente entre su
tanguita, rozando por primera vez su depiladita vagina. Guisella, a esas
alturas, si bien es cierto no pronunciaba palabra alguna, ya no mostraba mucha
concentración, dado que sus ojos estaban cerrados y su respiración se iba
haciendo cada vez más y más agitada.
- Te gustan las clases, Guisellita, le dije ya animado ante
los gemidos que escapaban de la nena a pesar de que ella trataba de contenerlos
para que no me dé cuenta.
- Ahhhhhh, exclamó, mmmmmmm, solamente decía. Aquello, en el
lenguaje sexual, me supongo significaba "sigue no más y callate". Así que ni
corto ni perezoso, moví mis dedos para ir jalando su tanguita hacia abajo,
dejándome a la vista su precioso culito, ya sin tanga alguna, rosadito,
redondito y apetecible.
Coloqué rápidamente mi mano en su vientre y con la otra jalé
del tirante su sostenedor, el cual quedó flotando en la piscina por lo diminuto
y frágil que era.
Froté suavemente cada punto de su cuerpo, desde sus
contorneadas y carnosas piernas, hasta su culito respingón, pasando por su
espaldita que ante mi roce se erizaba todita. Ya para esto, Guisella solamente
se mordía un dedo de su mano derecha, como intentando reprimir sus gemidos para
evitar gritar y ser descubierta por alguien.
Así es como la deslicé al borde de la piscina, apoyándola aún
dentro de ella, poniéndola frente a mi, estampándole un tremendo beso, el cual
respondió primero suavemente, hasta que por la excitación nuestras lenguas
empezaron a entrelazarse en una batalla campal, como queriendo dominar una a la
otra.
Yo raudo me deshice de mi short, dejando a la vista por el
agua cristalina, mi erecto pene.
- Creo que es hora de recibir mis honorarios por las clases,
no crees?, le dije señalándole descaradamente mi pene que aún estaba dentro del
agua.
- ¿Qué debo hacer?, me preguntó con cara de inocencia.
CONTINUARA….