Era un día como otro cualquiera, en el que mi hermana y yo
nos dispusimos a ir al instituto. Estaba nublado y yo presentía que no sería un
buen día. Pero como siempre, cuando le dije a mi madre que no me encontraba
bien, no me creyó y me obligo a asistir a mis clases diarias.
La verdad es que el día transcurrió con toda normalidad, una
clase tras otra, un profesor tras otro entrando, explicando su lección y dando
paso al siguiente. El recreo con los amigos, tomando un refresco y un bocadillo
y riendo de cosas sin importancia.
Y por fin sonó el timbre que indicaba que las clases habían
acabado. Recogí rápido mis útiles (bolígrafos, cuadernos, etc.) aunque como
siempre me quedé la última en clase. Cuando me acerque a la puerta para irme, oí
mi nombre. Me giré y allí estaba mi profesora de lengua. Una chica recién salida
de la universidad, de apenas 23 años, muy alta de cuerpo esbelto, larga melena
no demasiado cuidada , castaña, unos grandes ojos azules y unos labios
perfectamente proporcionados. Sus pechos también eran preciosos, no demasiado
grandes, pero suficientes y muy marcados por aquella blusa que llevaba. Me
acerqué a su mesa y pregunté que quería. Me sonrío amigablemente y me invitó a
sentarme a su lado. Así lo hice. En ese momento una gran curiosidad recorría
rápidamente mi cerebro, no sabía a que podía deberse todo esto.
Noté como su mirada me recorrió, desde el primer pelo de mi
cabeza, hasta el ultimo dedo de mi pie, me sentí un poco incomoda, lo que debió
notar tanto por mi cara como por mi cambio de postura repentino, colocándome mi
camiseta un poco escotada para evitar mostrar mas de lo debido.
Ella solo sonrió, muy tranquila, pero no dejo de mirarme
descaradamente.
Me comentó que quería hablar conmigo ya que mis notas habían
descendido mucho en las últimas semanas, tenía razón. Empezamos ha hablar del
tema, lo que me tranquilizó sacando de mi mente que la profesora tuviera otras
intenciones diferentes. Se nos hizo muy tarde, tanto que ya no quedaba nadie en
el colegio. O eso pensaba yo.
Nos dirigimos juntas a la puerta, yo iba delante, intente
abrir la puerta de la clase, pero ¡OH dios! Estaba cerrada completamente, como
si hubieran echado una llave desde fuera. Al ver como forcejeaba con el pomo
intentando abrir desesperada mi profesora comenzó a reír con histeria. Me agarró
desde atrás y comenzó a tocarme, primero los pechos y bajando rápidamente a mis
nalgas y mí entrepierna. Yo la miraba asustada y extrañada, preguntando si se
había vuelto loca.
Ella me dijo que hacia tiempo tenia fantasías conmigo, y que
incluso se lo había comentado a su novio. En ese momento salio de un armario que
había al fondo de la clase un chico, muy atractivo que seria algo mayor que
María, la profesora, tal vez tendría unos 29 años. María lo presentó como David,
su novio, que al ver a su chica tocando mi cuerpo pareció excitarse bastante.
Entonces reaccioné, empecé a gritar y a correr entre los pupitres, ellos me
seguían intentando alcanzarme, y lo consiguieron. El hombre era alto y fuerte,
en cuanto me sujetó no pude moverme ni un centímetro. Me levanto y me tumbó boca
abajo en uno de los pupitres. Maria se colocó de pie frente a mi cara, y se
levanto su falda, que cubría hasta las rodillas. Pude observar su sexo,
perfectamente depilado y rosado, con cierto brillo supuse fruto del flujo de la
excitación que la provocaba la situación que estábamos viviendo. Se acercó, me
agarró del pelo elevando mi cabeza y dejando mi boca a la justa altura de su
coño, y lo frotó contra mi boca. Olía a sus flujos y pidió que sacara mi lengua.
Yo la grité que no pensaba hacerlo, entonces David me propinó un fuerte golpe en
las nalgas, que ciertamente me excitó. Decidí hacer caso, y saqué ligeramente mi
lengua entre mis labios. Ella se movía, consiguiendo que mi lengua recorriese su
raja desde el clítoris hasta casi la entrada de su ano, que podía observar bien
cerradito. Sus gemidos de placer me gustaban, y al parecer a su novio también,
porque se colocó detrás de mi, y comenzó a frotar su paquete en el pantalón con
mi entrepierna y mi culo. Podía notar como se endurecía cada vez que a su
preciosa novia se le escapaba un sonido de placer.
Así permanecieron un rato, hasta que María cogió una de mis
manos y la llevo hasta su coño, ahora bien empapado tanto de sus flujos como de
mi saliva. Pasó un dedo por su coño, y lo introdujo completamente en su vagina,
lógicamente entró deslizándose como la seda. Lo volvió a sacar y lo metió en mi
boca diciéndome: "chupa ese dedo empapado en mis flujos como si fuera la mejor
de las pollas que hubieses probado, zorra. Y mira a David mientras lo haces,
quiero que sepa lo que le espera… Así lo hice, despacio, mirándole y sintiendo
la mirada de ambos clavada en mis labios ya algo resentidos después de tanto
tiempo húmedos. David se excitó de verdad, y no esperó a que acabara para
desabrocharse el pantalón y dejarnos disfrutar a las dos de la visión de esa
magnifica polla, grande, dura, venosa y con gotitas en el capullo de su liquido
preseminal que la hacían mas que apetecible, pero por supuesto no iba a dejar
que ellos supieran lo que yo estaba pensando. No hizo falta, y tampoco hubiese
cambiado las cosas. Sin más, el agarró mi pelo muy fuerte, lo que me hizo
quejarme y me metió esa enorme polla en la boca completamente. Me agarró con las
dos manos la cabeza desde atrás, empujándome contra su cuerpo semi desnudo,
intentando que su capullo se abriera paso cuando notó el fondo de mi garganta.
Yo intentaba retirarme, me daban arcadas y me era imposible respirar. Mis vías
respiratorias estaban completamente taponadas con su miembro. Le golpee las
piernas para que me soltará, algunas lagrimas caían de mis ojos, ya por la falta
de aire. Me cogió del pelo y de un tirón me alejo de su polla, haciéndome bajar
del pupitre también. Me arrodilló brutalmente y volvió a meterla. Pude ver como
María disfrutaba tremendamente de esa escena y sentada en una de las sillas se
masturbaba muy rápido, no alcancé a ver si se introducía dos o tres dedos.
David seguía a lo suyo, guiando mi cabeza sobre su polla bien
tiesa, y acompañaba mis movimientos con los de su cadera, haciendo la
penetración oral más que profunda…Entonces le dijo a María que se arrodillara a
mi lado con la boca abierta, y ella junto si cara con la mía. De nuevo sacó la
verga de mi boca y se corrió en nuestras caras, repartiendo su semen entre las
dos. Era muy espeso, blanco y estaba caliente. Nos agarro del pelo a las dos,
cada una con una mano, enfrento nuestras caras y nos obligó a lamer su semen de
la cara de la otra como perras, arrodilladas frente a él. Sé que a María le
encantaba sentirse como la puta de su novio, pues gemía como una loca tan solo
obedeciéndole.
David nos miraba, y acariciaba su pene ya algo caído, apenas
rozándolo, como pidiendo que se recuperara pronto. El sabía como hacerlo y no le
costó demasiado esfuerzo. Me desnudaron entre los dos violentamente, mientras yo
les pedía que parasen ya, que se habían divertido suficiente. Ambos reían, pero
no decían nada. Tampoco se detuvieron.
Cuando estuve completamente desnuda, David se colocó detrás
de mí y María delante, frotándose contra mí para sentir mi piel desnuda y
caliente. David apartó a María de un empujón y me inclinó contra un pupitre. Mis
pechos se pegaron a la mesa, y mi culo quedo en pompa dirigiéndose al miembro
del chico. El lo agarró con una mano y lo colocó en la entrada de mi culo, lo
que me asustó de manera excitante. Y empujó con fuerza, me debió desgarrar el
ano, lo supe tanto por el dolor que sentía como por las gotas de sangre que vi
caer al suelo. Grité mas fuerte que nunca, le pedí que parara, lloré, le
intentaba golpear con mis manos, pero todo esto no hacía otra cosa que excitarle
terriblemente y me embestía con más fuerza cada vez. Era la primera vez que me
enculaban y estaba sufriendo como si fuera la peor de las torturas, pero David
estaba disfrutándolo sin piedad. No paraba de repetir que siempre había querido
follarse un culo virgen, y que estaba cansado de tener que pasarse media hora
dilatando con estúpidos lubricantes y sus dedos. Que le había encantado la
sensación de mi culo abriéndose cuando su capullo empujaba con fuerza, y la
presión que le hacia en la polla mi culo, resistiéndose a dejar que entrara. No
tardó demasiado en terminar y toda su corrida acabó en lo más profundo de mí.
Obligó a que María le limpiara la polla con la lengua, lo que hizo que se
pusiera dura otra vez.
Yo solo miraba, deseando que su polla no respondiera a los
estímulos que la lengua de Maria le propinaban, pero fue inútil. Ni siquiera
había podido incorporarme cuando volvió a colocarse detrás de mi con su polla
tiesa. Cogió mis piernas y las puso en dos sillas, una a cada lado del pupitre,
quedando abiertas completamente. Y esta vez su polla no buscó mi culo, por
suerte para mí, si no mi coño, que aunque no excitado por ninguno de los dos
estaba muy húmedo por la excitación de ver a María comiendo la polla que acababa
de reventarme el culo. Aunque me dolió cuando me la metió, pues lo hizo muy
bruscamente, en seguida la sensación fue de placer. Mmmm….¡Estaba disfrutando de
ser violada por el novio de mi profesora! Era increíble. Cuando me quedaba poco
para llegar al orgasmo, lo que ambos pudieron percibir por el ritmo de mis
gemidos, María se sentó en el suelo, bajo el pupitre en el que yo me apoyaba y
comenzó a lamer mi clítoris mientras su novio me follaba como un animal poseído.
Sentí un orgasmo bestial, gritaba cuanto me gustaba como me follaba David y como
me lamía María, pero no pararon de hacerlo, consiguiendo que llegara a correrme
tres veces seguidas. Por fin David sacó la polla de mi coñito chorreante y la
metió en la boca de María donde terminó. Ella se incorporó con el semen aun en
la boca, me acarició el pelo con delicadeza y me besó para que fuese yo quien
saborease esa última corrida de su novio, que por cierto, me supo a gloria.
Nos vestimos sin mirarnos y abrieron la puerta para que
pudiera irme, creo que ellos se quedaron disfrutando de su victoria un rato más…