Mi libido no tiene remedio. A pesar de la intensa sesión de
sexo violento con las dos monjas, la noche anterior, mi polla amaneció dura y
empalmada, como de costumbre. Después de asearme, vestirme y desayunar entré en
el despacho de Sor Teresa sin llamar, la monja al verme sonrió con complicidad,
su mirada azul eléctrico ya no destilaba odio, era mía, me pertenecía y lo había
asumido.
-¡Cierra la puerta por favor! –me invitó
Lo hice, eché el seguro. Ella se había levantado de la silla.
Mirándome, con una cara de zorron impresionante, se fue subiendo el habito.
Aparecieron las medias que llevaba la noche anterior, repletas de carreras y
agujeros (los signos de la batalla), después el liguero, después su precioso
coño depilado. Cuando me dirigía a ella ya había soltado mi cinturón y
desabrochado el botón de mi pantalón, le di un beso de lengua y probé el sabor
de su boca, sándalo fresco, subí su habito por atrás, le palmeé las nalgas y la
invité a apoyarse en la mesa.
-¡Puede venir alguien! –disimuló la jodida hipócrita.
-No hay problema cielo. Estamos ajustando cuentas y es lógico
que cerremos para no ser molestados.
-¡Ajústame las cuentas cabronazo!
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaggggggggggghhhhh! –me había adelantado a su orden, la verga le
entró hasta las mismas pelotas, su coño estaba bien húmedo y no planteó ninguna
resistencia a la profanación, pellizcándole las nalgas le di un buen mete y
saca, sin preocuparme por su placer, solo por el mío, para eso estaba la perra,
para darme el gusto y disfrutar siendo mi puta. La verdad es que el coño de la
monja estaba bien rico y follarmela con el habito puesto me resultó
especialmente gratificante. Ella gemía como una perra en celo, cada vez más
húmeda, podía sentir el río de su coño mojando mi verga y mis pelotas mientras
la cabalgaba. Arrecié el ritmo de la follada y la intensidad de mis embestidas,
ella tomo un pañuelo y lo mordió para no gritar. Cuando sintió mi verga crecer
en su coño de zorra hasta el imposible e intuyó la inminencia de mi corrida
intento zafarse de la clavada, no se lo permití pese a sus quejas:
-¡Sácala! ¡Sácala! ¡Me vas a preñar!
-¡Me importa un carajo puta! ¡Me gusta regar tu coño de
zorra! –dejó de oponerse, levantó su trasero para recibirme bien dentro y se
resignó a ser inseminada. Aunque los sonidos onomatopéyicos que lanzaba mientras
mordía el pañuelo no diría yo que fueran de resignación. A la puta monja la
ponía bien caliente que la dominaran, se dejó hacer mientras colaboraba para
vaciar mis pelotas haciendo movimientos musculares con su vagina, ordeñándome
vivo. Lo consiguió, recibió, con agrado, la reserva de leche de cabrón
disponible aquella mañana.
-¡Ni se te ocurra lavarte el coño! ¡Quiero que sientas mi
leche dentro de ti! ¡Que te resbale por los muslos y te sientas bien puta y
sucia!
-¡Mmmmmmmmmmmmmmmm! ¡Como me conoces!
-Tengo una amigo que es dueño de una farmacia, creo que podré
conseguir píldoras anticonceptivas.
-¡Pero el Papa lo prohibe!
-Nunca he oído al Papa prohibir que las monjas se queden
preñadas pero seguro que le jode mas una monja con barriga que tomando
anticonceptivos. No me querrás hacer creer que le dices la verdad durante la
confesión al cerdo de D. Romualdo.
-Solo le digo lo que él quiere oír.
-Además deja al viejo crápula de mi cuenta. Le ofreceré el
uso de Sor Rocío para que se alivie y le diré que tu me has confesado todos tus
manejos económicos y que también has confesado que el es tu cómplice.
-Pero eso no es verdad, bueno casi es verdad pero el se lleva
poco dinero.
-¿Y que importa la verdad? Lo que importa es tenerlo asustado
y poseer su voluntad. Que la envidia que le producirá saber que soy yo quien te
da de hostias y te folla no se convierta en una denuncia a tus superioras que
nos perjudique.
Durante la comida instruí a Sor Rocío, ante la presencia de
D. Romualdo, de su nueva condición de esclava del cura. El cura entre acojonado
y resignado aceptó la propuesta y mi invitación a perderse con la vieja gorda a
estrenar su condición de amo de una monja perra y arrastrada. La monja aceptó,
como mal menor, substituir mi verga por la del cura, al menos tenia verga y a un
sacerdote hijo de puta dispuesto a castigarla.
Salieron del comedor y aproveché para saludar a las dos
chicas, ya sabia el nombre de la morena que me gustaba, Dulce. Sus rasgos
gitanos eran evidentes, ojos negros, cejas pobladas, piel oscura, larguisima
melena negra, cintura estrecha y trasero esbelto y grande. Una autentica pura
sangre para el sexo de diecisiete años. La otra chica, Coral, muy delgada,
aparentemente tímida, de mirada huidiza, ojos azules y realmente guapa, pocas
curvas pero una forma de caminar y mirar que prometían encantos ocultos.
-¿Qué tal si nos vamos de copas esta noche?
-¡Ya me gustaría a mi –contestó Dulce
-Si nos pillan nos expulsan –remachó Coral
-Ya os dije que si venís conmigo no hay problemas. Ya he
hablado con Sor Rocío, ha dejado el asunto en mis manos. ¿Que tal si nos vemos
sobre las nueve y nos vamos de tapeo?
-¡Venga! –contestó la morena
La tarde fue agradable, las chicas estaban guapas, enfundadas
en sus jeans, con camisetas y chupas de cuero tenían un aspecto juvenil, moderno
y rockero. Lolitas caminando por el lado salvaje de la vida. A medianoche
habíamos perdido la cuenta de las cervezas y decidimos ir a bailar al Planta
Baja, un local clásico de la noche granadina que aun mantiene su pedigrí y sigue
siendo uno de los antros más señeros de la ciudad. La música era excelente,
nueva ola española y rock y punk británico de la década prodigiosa. Sudamos,
reímos, nos rozamos, nos tocamos y dejamos que nos subiera la calentura hasta
las tres de la madrugada en que tomamos un taxi de vuelta al colegio.
Con discreción y sigilo entramos en el colegio sin levantar
demasiadas sospechas, ya en el pasillo las invité a tomar algo en mi habitación,
Dulce se hizo la remisa y declino la invitación pero aconsejó a Coral que la
aceptara, cosa a la que esta no puso excesivos reparos. La gitana se despidió de
nosotros con un guiño:
-¡Pasadlo bien! Ya me cuentas – le espetó a su amiga.
Whisky J&B sin hielo en mi habitación con Coral, delgada,
pálida, de labios finos y unas pequeñas tetas que parecian mayores en contraste
con su extrema delgadez, sobre las que reinaban dos pezones gordos y rosados. Un
hermoso rostro de joven adolescente de buena familia. No fueron necesarias las
palabras, la joven, que me miraba encendida desde que nos sentamos al borde de
la cama, me sorprendió con su colaboración en cuanto me lancé a besarla, el olor
a sudor juvenil mezclado con agua de colonia alentaba mi olfato y mi libido, no
solo facilitó mis avances, se desnudó y se ofreció ella solita, yo la imité,
cuando reparó en mi polla enhiesta en su rostro se dibujó una sonrisa de vicio,
impropia de su tierna edad:
-¡Que pedazo de polla que tienes tío!
Y la metió en su boca. A Coral no había que darle pistas para
que diera una buena mamada, era de ese tipo de jovencitas, de clase alta,
curtidas en el chupeteo múltiple de pollas. Se la tragaba casi entera y le daba
chupetazos imposibles al capullo, succionando con una energía difícil de suponer
en una chica tan enclencle. Mis dedos hurgaban en su peluda almeja, de labios
morenos y gruesos, estaba mojada y bien mojada. Me tumbó en el sofá y me montó.
Coral era toda una sorpresa, después de haberse dejado caer sobre mi verga y
sentirla bien profunda me dijo susurrando en mi oído:
-Nadie me ha llegado tan dentro –me dijo mirándome a los ojos
mientras dibujaba círculos, con su coño, sobre mi polla.
A los pocos minutos, una Coral desconocida cabalgaba como
poseída sobre mi verga, trotaba, botaba y saltaba. Gemía sin cortarse y soltaba
frases sexuales un poco inconexas:
-¡Si! ¡Si! ¡Polla en mi coño! ¡Folla! ¡Folla mi raja!
Su coño adolescente desprendía una exquisita calidez, mis
pelotas estaban empapadas por su flujo, al ser tan delgada cada vez que se
dejaba caer sobre mi verga yo levantaba mi trasero yendo al encuentro de su
coño, ella prácticamente levitaba en el aire, una ventaja de las chicas
delgadas. Le pedí cambiar de posición y solicita se puso de rodillas sobre el
sofá, en dirección al respaldo, ofreciendo sus nalgas, a pesar de su delgadez su
trasero era redondo, proporcionado y bonito y en la U invertida que dibujaban
sus nalgas asomaba, apoteósico, su hermoso coño de labios gruesos invitador. Se
la clave rico y suave. La chica, de nuevo, saco a relucir su natural sapiencia
folladora y acompañó, de nuevo, magistralmente, el ritmo de la follada, yendo al
encuentro de mi polla acompasada con mis embestidas. Follamos salvaje. Fue una
agradable sorpresa descubrir una gata caliente en celo donde esperaba una chica
frágil y tímida. Coral follaba como los ángeles. Solo un aviso:
-¡No te corras dentro cariño!
-¿Dónde me corro? –pregunté solicito
-En mi boca y en mi cara cielo.
Aguanté unos pocos minutos mas, era la primera mujer a la que
follaba, desde que llegué a Granada, por cuyo placer me preocupé y me esmeré,
valió la pena sentir su plenitud, su orgasmo. Cuando la desmonté para no
preñarla, la chica, con ágil movimiento, se dio la vuelta, tomo mi verga en sus
manos y la llevo a su boca, succionó con energía y cuando llegó mi corrida la
saco de su boca para ver salir los primeros chorros de leche que alcanzaron su
cara y su pelo para, a continuación, volver a meterla en su boca y seguir
chupando hasta extraer, como una experta, toda la leche de mis pelotas. Siempre
me han parecido hermosas las adolescentes con una buena corrida en su cara.
Coral acercó su boca a mi boca ofreciendo compartir mi semen en un beso. Acepté.
Llenamos nuestros vasos de whisky de nuevo, charlamos, nos
tocamos, Coral no soltaba mi polla, tampoco paraba de piropearla:
-Tenia yo ganas de que me metieran una buena polla.
¡Mmmmmmmmmmmmm! ¡Que dura y gorda la tienes!
Me encantaba la respuesta de sus pezones al estimulo de mi
lengua y a mis chupadas. Duros, durisimos, desafiantes, diciendo: "¡Chúpame!"
-¿Por qué no ha venido Dulce?
-Ella debe de llegar virgen al matrimonio. En caso contrario
su familia le mataría, a ella y al desvirgador.
-Objetivo vedado
-Que simples sois los hombres. Es que una mujer no puede
disfrutar y mantener el virgo intacto.
-Tienes toda la razón
-Ella estará encantada de estar con nosotros siempre que tu
garantices la integridad de su himen.
-¿Solo eso?
-Solo eso. El resto de sus agujeros y todos los míos estarán
disponibles
-Acepto.
-Se lo diré.
Cuando Coral sintió como estimulaba su orificio trasero con
la yema del dedo me dijo:
-Me gustaría sentirla por el culito pero la tienes muy grande
-¡Te la han metido ya por detrás?
-Si. Me encanta. Pero ni por asomo era como la tuya. Por un
lado me corro de gusto nada mas de pensarlo por otro me da un poco de miedo.
-Si quieres probamos y si te resulta muy doloroso lo dejamos.
-Vamos a probar pero me conozco.
-¿Qué quieres decir?
-Que por mucho que me duela cuando la tenga dentro no dejare
que la saques.
Me encanto la naturalidad de su comentario. Mientras la chica
mamaba mi verga entregada yo comía su coño en un excitante sesenta y nueve y
penetraba su ojete con un dedo lubricado con vaselina. Ella colaboró relajando
su esfínter y facilitando la entrada de todo mi índice, que entraba y salía con
entera libertad, sin apenas obstáculo:
-Creo que ya lo podemos intentar, me tienes tope de caliente
-¡Ok! –le dije mientras la invitaba tumbarse de lado, sobre
su costado, y yo me situaba tras ella –Así de lado dicen que entra mejor y es
menos doloroso
-¡Tu si que sabes tratar a una hembra, cabrón!
La punta de mi polla ya estaba en contacto con su agujero
cerrado, presione suavemente, haciendo movimiento de mete y saca sin embestirla,
su esfínter respondió abriéndose como una flor y dejando paso franco a la cabeza
de mi polla, se la sacaba y se la volvía a meter:
-¡Cabrón como me tienes! ¡No la saques! ¡Déjamela dentro!
-¡Tócate! ¡Metete los dedos! Cuanto más caliente y mojada
estés mas ganas de sentirla bien profundo vas a tener
-¿Mas ganas? ¡uffffffffffffffffffffff!
Mi polla avanzaba en sus entrañas, penetrándola, ella
levantaba su pierna y abría su nalga facilitando el camino, cuando le tenia
encajada en el culo casi dos tercios de mi verga comencé el vaivén de la
follada. Fue ella la que demandó una mayor penetración y la que, no sin cierto
esfuerzo, colaboró hasta ser totalmente penetrada. Sentir el gratificante
frescor de sus nalgas rozando mis pelotas me hizo delirar de placer.
Coral se frotaba el clítoris con ahínco y demandaba cada vez
mas ritmo y energía a la enculada. Se la saque completa, volví a embadurnar toda
mi verga con vaselina y le metí dos dedos en el agujero, también repletos del
lubricante. Se la volví a clavar, de un tirón, sin oposición física alguna.
-¡Me tienes bien abierta! ¡Toca! ¡Mira como tengo el coño!
–me dijo tomando mi mano y llevándola a su sexo, parecía un pantano. Cuando
lleve mis dedos pringosos a mi boca y los chupé se puso como loca y empezó su
retahíla de palabras calientes e incongruentes.
-¡Todo el culo lleno de polla! ¡Uffffffff! ¡Que gusto! ¡Mete
polla! ¡Mete polla!
Mi verga transitaba ahora con entera libertad por el
intestino de la joven que, como ya ocurrió cuando la follé por el coño,
acompasaba el ritmo de su trasero al de mis embestidas, estimulaba sus pezones
con mis dedos, estirándolos, pellizcándolos, ella estaba en su punto, podía
sentir su corrida, ese momento especial en que se corre una mujer cuando la
enculas y aprieta su esfínter hasta casi estrangular tu verga, intentando
expulsarla, solo pollas de buenas dimensiones aguantan enfundadas en su
receptáculo y continúan follando, entre ellas la mía. Aguante como un valiente
con mi verga clavada hasta las pelotas en el trasero de Coral y cuando esta se
recupero de su corrida proseguí con el mete y saca:
-¡Me vas a matar de gusto cabrón! ¡Tengo el culo ardiendo!
¡Aaaaaaayyyyyyyy! ¡Si! ¡Si! ¡Siiiiiiiiiiiiiiii!
Sin sacársela le pedí que se pusieran en cuatro, lo hizo, yo
arrodillado tras ella serraba verga en sus entrañas, ella seguía masturbándose,
apenas unos minutos y su orgasmo se presentaba de nuevo avasallador, apretaba su
esfínter y estrangulaba mi verga pero yo no cedía a la presión y continuaba,
impío, el mete y saca de mi tranca en su trasero, se volvió a correr, me sentía
poderoso llevando a la joven adolescente a cotas de placer que, posiblemente
hasta ese momento, eran ignotas para ella. Sus orgasmos eran continuos y
encadenados ahora, los ojos se le ponían en blanco, levantaba su trasero y me
rogaba que la follara duro.
-¡Mmmmmmmmmmmmmmmmm! ¡Que llena me tienes! ¡Que gusto! ¡Que
gustooooooooo! ¡Foollameeeee! ¡Enculame cabron!
Ya no pude aguantar mas mi placer, mi eyaculación, mi corrida
en sus entrañas. Tomándola del pelo se la clave entera de nuevo y se la deje
metida hasta el fondo. Fue una corrida, abrupta, virulenta, larga, copiosa, a
veces el orgasmo de los hombres no es tan efímero como parece. Yo todavía me
acuerdo de este. Cuando se la saqué, con todo el cariño y ternura posible para
que guardara un grato recuerdo de la enculada, cosa de la que no me cabe duda,
practiqué, una vez mas, mi especialidad voyeur favorita, observar un ano bien
abierto y rebosante de leche, recién follado, en este caso era muy sugerente la
visión del pequeño trasero de la delgada coral con el centro de gravedad, su
ojete, escandalosamente abierto con el diámetro de mi verga.
Nos dimos una ducha juntos, le comi su coño jugoso, bese sus
gruesos labios, penetre con la lengua su sabrosa raja, se corrió viva en mis
labios, nos secamos y nos vestimos. La acompañé por el pasillo hasta su
habitación. Entró y cerró la puerta. Pegué el oído:
-¿Que tal? –preguntó con voz queda Dulce
-¡Uffffffff! ¡Prodigioso¡ Tremenda polla y sabe usarla.
Henchido de orgullo enfilé el pasillo en dirección a mi
habitación, pasé por la puerta de Sor Teresa, se escuchaban golpes sordos y
algún quejido, no me interesó, seguí mi camino.
A la mañana siguiente, como todos los días hasta el momento,
salvo en casos de enfermedad, me levanté con la tienda de campaña levantada,
caliente y con ganas. Me duche, me vestí y, en ayunas me dirigí al despacho de
Sor Teresa, en cuento me vio entrar y cerrar la puerta con el seguro levantó su
habito, se apoyo en la mesa y expuso su trasero.
-Te estaba esperando –me dijo
Apretó los dientes y aguantó el suplicio cuando vio que la
cabeza de mi verga no se dirigía a su coño sino a su culo. La noche antes había
agotado todo mi arsenal de ternura, con la puta monja me salía toda la mala
leche, era como un exorcismo, sin contemplaciones, sin atender a suplicas y
mientras ella tomaba el pañuelo y lo mordía con todas sus fuerzas forcé su
orificio hasta alojarle todo el monstruo en el intestino. Le pegué una enérgica
y sádica enculada, pellizcándole las nalgas, insultándola, ella se revolvía
entre el dolor y la lujuria, encantada, le llene las entrañas de leche, se la
saqué sin miramientos y la deje desmadejada sobre la mesa, abrí la puerta y me
largué. En el pasillo esperaba Sor Agueda que no se mostró my sorprendida cuando
vio a su superiora en trance, con el habito subido y el culo rebosante de leche.
-¡Avisa cuando vuelvas por Granada y hagas noche! ¡La próxima
vez te toca a ti! –le dije a la mas joven de las monjas.
Después de la comida y de una buena siesta fui a comprar
viandas y bebidas para preparar mi papel de anfitrión en la noche. Esperaba la
visita de Coral y Dulce, la deseada gitana. Cuando ya me iba pasé por la puerta
de la habitación de Sor Rocío, abrí sin avisar, el cura D. Romualdo estaba
sentado al borde de la cama con la sotana subida, la monja de rodillas ante él
le chupaba la polla, les corté el rollo y se llevaron un buen susto creyéndose
sorprendidos. Me largué, dejándoles la puerta abierta, carcajeandome por los
pasillos.
Las chicas pasaron de cenar en el comedor y se vinieron a la
habitación. Si Coral era un buen polvo, una folladora linda y sorprendente, el
morbo y el misterio que emanaban de Dulce eran superiores a mis fuerzas. La
gitana hablaba con sus ojos negros, insinuaba sin tirarse a la piscina, llevaba
un vestido floreado, sin mangas, ajustado a su estrechísima cintura. Podía ver
el vello negro de sus brazos, me gustó. Bebimos cerveza y vino, comimos y a los
postres descorché una botella de cava. Coral, una chica excepcional y viciosa,
propició el acercamiento entre la gitana y un servidor. Nunca me han gustado los
compromisos pero si alguna vez asumo la responsabilidad seguro que la elegida
será una chica como ella, generosa, abierta y viciosa. Odio dar exclusivas de mi
polla. No pido la exclusiva de ningún coño.
A Dulce le gustó que pusiera en el equipo la cassette de "Los
blues de la frontera" de los incomparables Pata negra, comunión ancestral,
sonidos gitanos para el futuro. Estabamos los tres al borde de la cama, Coral,
Dulce, en medio, y yo. Coral sonreía, la morena permanecía en vilo, a la
expectativa, yo decidí actuar suavemente, sin violentar la situación. Acerque
mis labios al oído de la gitana, aparté su larga melena suelta y pude ver su
cuello, largo y fino, pasé mis labios sobre su piel, se erizó, sus pezones
asomaron enhiestos bajo el vestido. En broma, Coral levantó el vestido de la
gitana, no llevaba bragas, una tupida pelambrera negra azabache cubría su pubis,
una línea de vello, igualmente negrisimo, subía desde su bajo vientre hasta el
ombligo. Hay quien piensa que el vello de la mujer, en las partes intimas, no es
atractivo para los hombres pero a mí la pilosidad de la gitana me encanto y me
excitó. Dulce bajó sonriente y apresurada el vestido privándome de la primorosa
imagen.
-¡Venga ya tía! Cuando yo quiera enseñar el coño ya lo haré.
Coral llevaba puesto un vestido azul celeste, se lo levantó,
me lleve una grata sorpresa, se había depilado el pubis, su coño sin pelos, con
sus gruesos y bellos labios lucia como una flor prohibida.
-Me lo ha depilado Dulce. Ella quería que yo la depilara pero
es que tiene un pelo tan lindo, hasta los pelos del coño los tiene bonitos.
-¡Cierto! Me gustaría volver a verlos me he quedado con las
ganas.
-¡Venga tonta enséñalos! –le intento convencer Coral.
La gitana administrando el misterio, con una mirada intensa y
cara de pobre chica ingenua se fue subiendo la falda lentamente, el brillo de su
mirada le delataba, mostrarse la estaba calentando. El vello tibio, suave y
azabache poblaba el interior de sus muslos, la acaricié con la yema de los
dedos, su piel era suave, un tacto mágico y sensual. Nos fundimos en un beso,
intenso, tierno, sensual, caliente, cerré los ojos y oí gemir a Dulce, cuando
abrí los ojos me di cuenta que no era mi beso lo que la hacia gemir, Coral
manipulaba el coño de la gitana con sinuosa suavidad, abrió sus finos y oscuros
labios y recorría con el índice toda la raja, deteniéndose, para frotarlo, en el
clítoris. Coral había roto la parca resistencia de Dulce que se abrió de piernas
facilitando la masturbación. Le quité el vestido por la cabeza, la gitana estaba
desnuda, sus pechos, llenos y duros, sus pezones morenos bien empitonados
aparecieron incitadores, los chupé, los lamí con vicio, me quité los pantalones
y los slips, mi verga estaba lista. Levantándome la puse a la altura de la boca
de la gitana que tímida y lentamente lo fue acercando a sus labios mientras me
retenía la mirada, tímidamente, también, rozo su lengua por el glande, Coral la
tumbó en la cama y situó su cabeza entre las piernas de Dulce, yo me acomodé de
nuevo, de rodillas en la cama, ofreciéndole mi verga a sus labios, la tomó. Ver
como subían y bajaban las tetas de la gitana, al ritmo acompasado de su
respiración excitada, mientras Coral le pasaba la lengua por la raja abriéndole
los labios del coño y mostrando una buena visión del coño y de las
manipulaciones de su lengua en este me puso burro perdido.
-¡Túmbate en la cama cabroncete! –me dijo Coral
Obedecí, acostumbrado a mandar y dominar desde que llegué al
colegio. Variar y obedecer me pareció excitante.
Coral se puso sobre mí y se empaló con gracia, la gitana
prácticamente se sentó sobre mi cara, pude ver su ojo del culo, cerrado, mas
oscuro que su oscura piel y un primerisimo plano de su coño virgen y gitano del
que emanaba una fragancia embriagadora, feromonas a tope. Lo lamí, sabia, a
veces salado a veces con cierto dulzor, lamí su clítoris y la penetraba con la
lengua, esto parecía gustarle especialmente, ya que dejaba todo su peso,
concentrado en su coño, sobre mi boca y tenia que respirar por la boca para no
asfixiarme, aun así me costaba, Coral me montaba con su ya probada pericia,
abriendo y cerrando su vagina en mi verga, dándole presión, gustazo tremendo.
-Es una pena que tengas la cara tapada por el coño de esta
–me dijo –seguro que te pone mazo ver como nos besamos y nos sobamos las tetitas
¡jejejeje! – tenia razón, pero la vista, a escasos centímetros, del coño virgen
de la gitana tampoco era moco de pavo. La forma felina en que Dulce meneaba el
trasero alentando la comida de coño me lo dejo claro, tenia el ancestral toque
animal de su raza en la follada. Una cualidad apreciada en todas las gitanas a
las que he disfrutado (casi media docena)
Las chicas hablaban sobre lo que estabamos haciendo, casi
ignorándome, ahora era yo el usado, el objeto de placer:
-¡No veas como tiene el tío la polla! ¡Me llega al cuello del
útero!
-Pos a mí me tiene el coño a tope. A este lo ahogo cuando me
corra.
-¡Mmmmmmmmmm! ¡Joder tengo todo el coño abierto! ¡Estoy
llenita llenita! ¡Que buena polla!
No podía moverme, no podía hablar, hice aspavientos con las
manos para anunciar que estaba a punto de correrme. Me liberaron antes de que le
regara el coño con leche de cabrón a Coral.
-Vamos a chupársela pero la corrida te la dejo para que la
pruebes, seguro que te mola la leche de este tío.
Las dos comiéndome la polla, bueno la polla me la comía la
gitana, chupando y succionando el glande para sacarme las existencias de leche.
Coral me chupaba las pelotas y me lamía el ojo del culo.
-¡Ya vieneeeeeeeeeeee! –anuncié
La morena aumento la intensidad de la succión, se me erizaron
los pelos del cogote, Coral penetro mi ano con la lengua y me apretó las
pelotas. La forma en que me hizo correr la gitana fue magistral, talento
natural, recibía los trallazos de leche en el cielo de la boca, tragaba y seguía
succionando. No desperdicio ni una gota.
-¡Vaya postre que le has dado! –bromeó Coral
La morena se relamía, capturando con su lengua restos de
semen que se desbordaba por la comisura de sus labios. Estaba preciosa. Coral la
besó. Se pegaron un morreo de categoría.
-¡En tu boca esta mas rica la leche todavía! –le dijo a su
amiga.
Mi verga volvió a su habitual laxitud.
-Mira como se le ha quedado. Parece otra –dijo Coral con
sorna y cachondeo
-Se la vamos a tener que mamar otra vez para que se recupere
–contesto la morena
-Yo sé otra forma mejor –retó Coral
-¿Cual?
-¡Que mire! –le dijo abalanzándose sobre la gitana,
tumbándola en la cama y situándose sobre ella con la conocida postura lesbica de
la tijerita, teta contra teta, coño contra coño, boca contra boca.
Restregándose, gimiendo, gozando, regalando un festival a mis ojos. Tenia razón
Coral. La vista es un buen apéndice de la imaginación, el principal órgano
sexual humano. Dieron la vuelta sobre si mismas, Dulce quedo arriba, Coral le
abrió las nalgas. El trasero escultural de la gitana se mostraba en toda su
plenitud.
-Mira que culito tiene la morena –me dijo la muy cabrona,
entre la broma y el firme propósito de hacerme sufrir.
Sitúe mi lengua en el surco de las nalgas de la gitana y le
lamí el ojo del culo, olía a sudor penetrante y excitante, la follé con la
lengua y sin pedir permiso la penetré, posteriormente, con el dedo embadurnado
en vaselina, no se opuso, movía excitada el trasero y aumentaba el roce de su
coño en el coño de su amiga, también la intensidad del beso de tornillo que
parecía que pegaba sus bocas.
-Vamos al sofá! –anunció Coral - y tu –dirigiéndose a mi –te
sientas y te dejas hacer, a Dulce cuando se deja follar por atrás le gusta ser
ella la que lleve la voz cantante. Coral embadurnó mi verga con abundante
vaselina, la gitana se sentó sobre mi, sus tetas, sabrosas, exquisitas, quedaron
a la altura de mi boca, no rechace el manjar. Coral dirigió la cabeza de mi
polla al ano de la gitana, esta se fue dejando caer y se fue penetrando poco a
poco, cuando sentía molestias se descabalgaba y recomendaba la operación, no
esperó a que la penetración fuera total, cuando la morena tenia media verga
clavada en el culo empezó el sube y baja, aumentando la cantidad de polla que se
introducía en cada bajada, cuando apenas quedaban tres o cuatro centímetros se
dejo caer y se empalo hasta la raíz. Coral estaba de pie tras la gitana, le
besaba el cuello, acariciaba su pelo azabache, sobaba sus tetas y pellizcaba los
pezones, pronto desatendió estos menesteres para ocuparse en frotar el clítoris
de la gitana con vicio y maestría. el coño virgen de la morena manaba jugos, aun
recuerdo su penetrante e intenso olor, el reclamo sexual mas eficiente que mi
olfato haya catado. Puro animal. La tenia tomada por sus duras, morenas y
esculturales nalgas, alternativamente besaba su boca y mamaba sus tetas. Coral
la masturbaba y se masturbaba. La mirada de la gitana, clavada en su mirada,
mientras arreciaba el sube y baja de la enculada, me tenían en trance orgasmico,
la gitana se echó para atrás recibiendo toda la verga en el ano, cuando me
estaba corriendo vivo en las entrañas de la gitana Coral abrió los labios del
coño de la gitana ofreciéndome una sin igual panorámica del himen de Dulce,
dulce himen. En ese momento estaba dispuesto a desvirgarla a la menor ocasión
aunque después su familia me descuartizara o me quemara vivo.
Continuara.........si lo demandáis
mrlaverga@hotmail.com