Apenas llegué a Buenos Aires, me robaron a la salida de la
estación… Allí conocí a Fernando, quien me sacó de la estación y me dio algo de
comer, me dio cobijo en su casa, sin pedirme nada a cambio. Después se hizo el
clímax y cogimos pasionalmente.
Al despertarme, Fernando no estaba en la
cama, escuche ruidos en la cocina y fui hasta allí, solo con mis taquitos y
bombacha puesta. (Los taquitos me hacían más esbelta y hacían que mi cola
tuviera mejor forma. Tenía que vencer el síndrome del arrepentimiento del día
siguiente. No sea cosa que no le guste y me eche como a un perro).
- Hola.
- Hola. – me contestó, sin expresión. Me
acerque para darle un beso pero me corrió la boca. – Todavía no me lave los
dientes. –dijo en forma de excusa, pero era obvio que ese no era el motivo, ya
que estaba distante y frío. Tenía que hacer algo, él me gustaba y me había hecho
sentirme mujer, por primera vez en mi vida.
- ¿Te pasa algo?
- No ¿qué me puede pasar? Un jueves
caminando por el centro, me encuentro una chiquilla llorando, me cuenta su
historia, la invito a comer algo, la llevo a mi casa, me ordena y limpia todo y
por la noche nos empezamos a besar y descubro que no es una nena de diecisiete
años, sino un varón. Y como0 si esto fuera poco; Termino cogiendo y chupándole
la pija… ¿Te parece que me puede estar pasando algo?
Me quedé en silencio dejando que se
descargara. Si había sido todo tan fuerte para mí, me imagino lo que será para
él. Prosiguió.
- Y ahora ¿Qué hago? ¿Qué voy a hacer? –
se tomaba la cabeza y evitaba mirarme. Seguro que deseaba que yo desapareciera
de ese lugar, de su vida y hacer como si no hubiera pasado nada. Borrar las
últimas cuarenta y ocho horas de cabeza y seguir viviendo su vida rutinaria y
solitaria.
- Te pido perdón, no te quise engañar. No
quiero molestarte. Yo me visto y me voy.
El silencio me clavó una daga en el pecho,
un haraquiri invisible, me había revuelto mis entrañas y me estaba doliendo
mucho.
- Hacé lo que quieras.
- Lo que quiero es estar bien, empezar de
nuevo, decirte “hola mi amor” y que vos me contestes con un beso. Quiero
desayunar juntos y que me digas que anoche fue genial.
- Lo de anoche…
- Lo de anoche fue genial, si querés te
ayudo. – dije en forma irónica.
- Lo de anoche, no pasó. Hoy vamos a
buscarte un lugar para que te instales y si no encuentro, te presto el dinero
para que vuelvas a tu pueblo y chau. Te ayudé e hice lo que pude. No te podés
quejar.
- A mi pueblo no vuelvo, gracias.
- y vos ¿qué pretendías? ¿Qué yo te
mantenga, que me enamore de vos y vivamos una historia de amor?
- Yo no lo hice apropósito, no fue
premeditado. Se dio. ¿O acaso te forcé a que me beses?
- No…
- ¿Te obligué a que me abraces y me
acaricies?
- No, no
- ¿Te puse un cuchillo en la garganta para
que acabes dentro mío? ¿Entonces? ¿No te bancás, haberte encamado conmigo?
- No entiendo como no me di cuenta.
- No te diste cuenta ¿De qué? ¿Que te
gusté?, o ¿Qué te testabas con un hombrecito?
- Y, si.
- ¿Te puedo hacer una pregunta? Te juro
que si me contestás, sinceramente, agarró mis cosas y me voy y no aparezco nunca
más en tu vida. Pero se sincero. ¿OK?
- ¿Qué querés que te conteste? ¿Si me
gustó? ¿Si te deseé?
- Si
- Bueno, si me gustó y me calentaste mucho
¿Y?
- ¿Y por qué me estás hablando así? ¿Por
qué estas enojado conmigo? Te saciaste y me dejás como un trapo.
- Yo no soy homosexual.
- Yo no soy una mujer. Todo es más simple
de lo que vos crees. Me gustaste, te gusté. Anoche no te importó que fuera
hombre o mujer. Anoche hicimos el amor y yo lo gocé. ¿Vos gozaste?
- Eso no tiene nada que ver.
- Eso tiene mucho que ver. – Entonces me
acerqué a él y le di un beso en sus labios. - ¿Fue de hombre o de mujer? Los
besos son besos, lo importante es darlo con amor, con pasión. - Hace muchos años
que decidí salir de mi pueblo para ser yo misma, mi sueño mas grande es estar
con un hombre, que me quiera y me respete... sufrí mucho e hice todo para estar
aquí. Y ahora estoy con vos, mi sueño se hizo realidad.
Fernando me miró por primera vez, mi boca
estaba a tres centímetros de la suya y me estampó un beso de esos de película,
me recostó sobre la mesa y nos seguimos besando como locos. Su piel y mi piel se
acariciaban y la pasión nos dejó a solas en un paraíso de caricias, olores,
sabores y sexo.
Todos sus temores habían desaparecido y me
trataba como si yo fuera su mujer. Repetía mi nombre entre gemidos, repetía sus
besos y sus manos, repetían el paso por mi cuerpo. Mi culo latía, su verga,
también latía.
Fue levantando mis piernas, hasta sus
hombros y mi ano quedó expuesto, justo para que me penetre. Esta vez no hizo
falta nada. Llené el cuenco de su mano con saliva y él se lo untó en la pija.
Apoyó la cabeza en mi orificio y me empezó a perforar. Está vez fue mas
violento, mas doloroso, mas caliente.
Estábamos frente a frente, cuando mi
esfínter se acostumbró a su pedazo, pude disfrutar de otras cosas. Es muy lindo
ver su cara de placer, Los pelos de su pecho, como se movían sus músculos por el
esfuerzo.
- Más, más… - Yo le pedía y él me daba más
y más.
Su leche volvió a calentar mi interior.
Quedó muy cansado, en menos de ocho horas lo habíamos hecho dos veces. Cuando la
sacó de mi culo, se la chupe, como para limpiársela pero lo que quería era
compartir con él el sabor de su verga, en un beso y así fue, compartimos el
sabor que tenía de mi ano y su leche y no le hizo asco. Es mas creo que lo
calentó y mucho ya que luego bajó hasta mi pijita y la mamo, la mamo hasta
hacerme acabar.
Nos bañamos como siempre soñé hacer con un
hombre y luego descansamos en su cama… Al medio día me ordenó que saldríamos, y
yo pensé que me llevaría a alguna iglesia o al ejercito de salvación para
encontrarme donde dormir esa noche, como lo había dicho antes de hacer el amor.
Fuimos hasta una parada de colectivos y
esperamos a que llegara sin hablar, yo estaba resignada a que mi sueño terminara
pero había valido la pena, conocer a un hombre así... haber sido penetrada y
haberme enamorado de él, aunque durara tampoco. Nunca lo olvidaría, ningún
segundo de estos días, que viví con Fernando
En el viaje no dijo palabra, luego
descendimos, a un lado un playón de estacionamiento de autos, lo atravesamos y
entramos a un gran pasillo lleno de negocios, de vidrieras llena de artículos.
(Luego supe que eso era un shopping)
Me compró ropa, ya que yo seguía con mi
vestido arrugado, que era lo único que me había quedado después del robo, mi
bombacha y mis zapatitos negros. Dos blusas, un pantalón y un solerito azul de
seda. Tres juegos de ropa interior, uno era una bombacha blanca en conjunto con
un corpiño, que me dejé puesta, los otros dos eran uno rojo y el otro negro,
pero mucho mas sensuales… tanguitas.
Nunca había usado corpiño y si ya me
sentía toda una mujer antes de coger con Fernando, después de eso y ahora usando
el corpiño no tenía ninguna duda. El postre fueron los zapatos, unas sandalias
chatas, color crema y unas botitas de gamuza negras con un taco, finito de unos
quince centímetros, calculo yo. Ser gastó un montón de dinero en mí. ¿Eso quería
decir que me quedaría con él?
Yo estaba tan ilusionada con todo, me
parecía que esto era mucho más que lo que me había imaginado nunca. Vivir en
Buenos Aires, tener un hombre y salir de compras, abiertamente, sin tener que
mentir u ocultarme.
Así fue. Hace un año que vivimos juntos.
Yo como Jaquelín, el como mi marido. (Dejé de ser su sobrina en el barrio.) Tomo
estrógenos y mis tetas tienen más dimensiones, mi voz es mas aflautada y mis
conductas son inequivocas, soy toda una mujer, Nunca me vosy a operar, ya que
estoy bien así. A Fer le encanta chuparme la pija y a mí que lo haga.
Tuvimos nuestros problemas, nuestras
discusiones, nuestras peleas, pero supimos arreglarnos bastante bien. Alguna vez
se puso celoso y yo también lo celé. Solemos discutir por el control remoto...
por el fútbol, Yo de River y él de Boca, por tonteras nomás.
Fernando trabajaba en su oficina y le está
yendo cada vez mejor. Yo limpio, cocino y hago todos los quehaceres de la casa.
Los viernes vamos a la parrillita y una que otra vez me invita a bailar. Me
lleva a las reuniones de su amigos y me festejó mi cumpleaños con grandes
regalos... cumplí mis dieciocho años y soy feliz, no necesitaba de sus regalos.
Vivir con él y gozar del sexo, como él me enseño a hacerlo fue el regalo más
hermoso de mi vida.
Y a los que leyeron en este relato una
alusión a la pedofilia o una apología del crimen, sepan que yo estoy orgullosa
de mi esposo por su valentía, por su entereza. Y también estoy orgullosa de mi
forma de enfrentar una vida diferente… y Fernando esta orgulloso de mí. Jaquelín