Araceli llegó nueva a mi clase al inicio de aquel curso en el
instituto, cuando yo tenía 16 recién cumplidos. Como era la chica nueva,
enseguida atrajo la atención de todos nosotros, y no sólo por ser muy guapa y
con buen cuerpo, lo que más llamó mi atención y la de todos mis amigos fue su
tremendo culo.
Pensaréis que exagero, pero no, el culo de Araceli era
perfecto, absolutamente increíble, y ella debía saberlo porque siempre aparecía
en clase con prendas de ropa que realzaban aún más esta cualidad. Solía vestirse
con pantaloncitos de tela fina y ajustada que se pegaban a sus nalgas como una
segunda piel realzándolas y marcándolas como un milagro de la naturaleza.
A mí concretamente me volvía totalmente loco aquel trasero, a
penas si podía mantener la mirada lejos de su espalda más de un minuto seguido.
Siempre buscaba el mejor modo de situarme detrás de ella para poder contemplarla
y disfrutar con la visión celestial de aquel culito precioso y perfecto.
Mis amigos también la miraban, pero lo suyo era distinto, les
gustaba sí, pero no era obsesión como lo mío. Buscaba cualquier momento, la
seguía, me situaba siempre en el mejor lugar para no perderme ni un solo
movimiento de sus nalgas, hasta que empecé a pensar que tenía que hablar con
ella, hacerme su amigo, y después conquistarla de alguna forma para poder
tocarla, sólo imaginar el tacto de aquel trasero me volvía loco y se me
aceleraba el corazón.
Así fue como a la semana día de empezar el curso, cuando las
clases y los horarios se normalizaron y empezó la rutina, en un descanso entre
una asignatura y otra, me acerqué a ella para presentarme y hablar. Ese día
llevaba un pantalón negro que le marcaba el trasero como ningún otro, me mordí
el labio inferior antes de llegar hasta donde ella estaba.
-Hola- dije- Soy Fernando, aún no me he presentado, tú eres
Araceli ¿verdad?
-Sí, hola, encantada.
Así comenzamos a hablar y a llevarnos bien. Era muy
simpática, no parecía tímida, y eso me gustaba porque mi obsesión por ella y por
su trasero era cada vez mayor, y cada vez me costaba más disimular las
erecciones que me producía mirarla en clase e imaginarme besándola y recreándome
en su culo maravilloso.
Pasaron los meses y Araceli y yo no pasábamos de ser más que
amigos, ella ya tenía un buen grupito de amigas de nuestra clase y de otros
cursos, y ya no me hacía tanto caso, o eso me parecía a mí, pero yo seguía
estando loco por tocarla y no iba a desistir en mi empeño.
Un día, estábamos en clase de gimnasia y toda mi clase
formaba un círculo alrededor del profesor que estaba explicando alguna chorrada
sobre las técnicas de baloncesto. Recuerdo que Araceli llevaba un pantalón de
chándal que se ajustaba muchísimo a sus nalgas. Ya nos tenía a todos
acostumbrados a aquello, y casi nadie comentaba nada de su culo, pero yo seguía
situándome siempre detrás para poder contemplarla y no dejaba de pensar en
tocarla. Ese día en gimnasia no fue distinto, estaba justo detrás de ella, con
su trasero a escasos centímetros de mí, cuando no pude resistirlo más, y le
toqué las nalgas con ambas manos.
Al segundo siguiente de haberlo hecho, me arrepentí, pero ya
era tarde. Araceli se giró para mirarme y yo supe que me gritaría o algo peor,
quizá me abofetease delante de todos, y lo tenía bien empleado, pero en lugar de
eso, se limitó a girarse, me miró y sin decir nada se dio la vuelta otra vez y
continuó escuchando al profesor.
Casi no pude creerlo. ¡Se quedó como si nada! Eso me animó
mucho, y aunque yo tampoco dije nada ni me atreví a tocarla otra vez por miedo a
parecer desesperado, esperé ansiosamente la siguiente ocasión para poder
recrearme con el tacto increíble de su maravilloso culito.
El momento perfecto llegó pocos días después en clase, el
aula estaba casi vacía, ella llegó y me saludó con un "Hola", se colocó delante
de mí y se agachó para dejar la mochila. No lo pensé dos veces y prácticamente
la sujeté con las dos manos bien abiertas para cubrir ambas nalgas e hice un
poco de presión con los dedos. Aquel gesto si fue totalmente descarado, vamos,
una declaración de intenciones en toda regla. Esperé para ver qué hacía o qué
decía ella, pero de nuevo, Araceli se limitó a hacer como que no había pasado
nada, y se sentó tranquilamente en su pupitre.
No puedo explicar lo que sentí en ese momento, una mezcla de
excitación, placer y frustración. Quise hablar con ella, preguntarle qué pensaba
de mí, de todo aquello, pero en ese momento entraron mis amigos en el aula
armando un gran barullo y mi gran ocasión y mis intenciones volvieron a irse al
carajo. Resoplé y fui a sentarme a mi pupitre haciendo lo posible por disimular
la erección que crecía en mi entrepierna.
Durante todo el resto de la jornada estuve pensando en por
qué Araceli se comportaba de aquel modo tan extraño. Estaba claro que a ella le
gustaba que yo la tocase y que quería que lo hiciera puesto que lo permitía sin
quejarse, entonces ¿Por qué no me lo decía claramente? En realidad admití que
aquel juego que nos traíamos me gustaba bastante, era muy excitante, así que no
me importó dejarlo todo así entre nosotros de momento.
Dos días después aproveché que un compañero no había asistido
a clase para sentarme en un asiento justo detrás de ella. Verla tan cerca de mí
me ponía frenético, estábamos los últimos en el aula y nadie nos miraba, así
pues me lancé y con una mano le acaricié la parte baja de la espalda por debajo
de la camiseta. Enseguida noté que se le erizaba la piel por el contacto. Eso me
encantó, y animado por su reacción, seguí hacia abajo hasta que noté el
principio de sus nalgas y luego un poco más abriéndome paso a través de la tela
de sus pantalones. Me excité tanto que sólo el roce de mi ropa hizo que casi me
corriese, por suerte, sonó el timbre y la clase terminó. Esperé a que todos se
marchasen, delante mía Araceli recogió su material, se echó la mochila al
hombre, mi miró a penas dos segundos y se marchó contoneando su trasero. Esperé
un momento hasta que me el bulto bajo mi pantalón remitió, y entonces sí, salí
del aula, uno de mis colegas me esperaba allí.
-Eh tío, ¿Por qué has tardado tanto?- Me preguntó dándome un
empujón. Sentí que tenía que contárselo a alguien o iba a reventar, así que le
cogí del brazo y le dije.
-Si te cuento algo, ¿prometes guardar el secreto?- él me miró
y se rió.
-Prometo hacer como que me lo creo, ¿Te vale? A ver ¿qué
historieta me vas a soltar?- bromeó sin hacerme mucho caso.
-Araceli me ha dejado que le toque el culo, y no una vez,
sino varias. Tío, yo creo que le gusta, ¡y mucho!- Mi amigo me miró frunciendo
el ceño y luego soltó una carcajada bien grande.
-¡Anda ya! ¿Pretendes que me trague que esa nena te a dejado
sobarle ese pedazo trasero? ¡Ni en tus mejores sueños húmedos! Jajajajajaa.
Me fastidió mucho que no me creyese, pero me fastidió aún más
lo que ocurrió a continuación; cuando llegamos a la puerta de salida, se nos
unieron tres amigos más.
-Eh, atención- dijo riéndose mi colega llamando la atención
de los otros, estaba claro que iba a soltarlo todo y yo me moría de vergüenza-
¿Sabéis lo que dice Fer? ¡Que Araceli le ha dejado tocarle el culo! Jajajajaa.
Todos me miraron y se echaron a reír, dándome empujones y
haciendo bromas, lo cual me enfadó aún más, les dije que era verdad y que si no
me creían, ellos mismos podían verlo.
-Mañana fijaos en lo que pasa cuando me acerque a ella- Dije
rojo de ira- Ya veréis si se lo toco o no.
Aún siguieron riéndose un rato, así que me separé de ellos y
me fui a casa por otro camino, el enfado me duró hasta el día siguiente. Como
siempre, Araceli apenas habló conmigo si no era para saludarme o pedirme algún
bolígrafo y la goma de borrar. Veía a mis amigos darse codazos entre ellos y
reírse por lo bajo y me ponía frenético, así que cuando acabó la tercera clase
del día, les dije que no perdieran detalle y me dirigí hacia Araceli que estaba
leyendo un folio en el tablón de anuncios. Parecía tan concentrada que no se dio
cuenta de que me acercaba a ella. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me
aseguré de que todos mis amigos estaban mirando, le puse sin más contemplaciones
las manos en el trasero y lo masajeé suavemente durante unos segundos. Ella se
giró un poco para mirarme y sonrió, luego volvió a mirar el folio y siguió a lo
suyo. Yo me alejé entonces y fui donde estaba mi grupo con la boca abierta, no
podían creer lo que acababan de ver.
-Joder, ¡era verdad!- Dijo uno de ellos- La ha sobado ¡y a
ella le ha gustado! ¡Se ha puesto cachonda!
Los demás empezaron a hacer comentarios parecidos dando
voces, entonces me di cuenta de que había sido un tremendo error. Les pedí que
bajasen la voz, pero no me hicieron ni caso, en lugar de eso, se pusieron a
mirar a Araceli y a hacer todo tipo de comentarios, cuando ella nos miró vi como
le hacían gestos bastante groseros, entonces la chica me miró a mí y pude ver
que, si había algo entre nosotros, acababa de irse a la mierda gracias a mi gran
estupidez.
Araceli se dio la vuelta enfadada y se metió en el servicio
de las chicas y yo me quedé allí, pensando en cómo podía haber sido tan idiota.
Al día siguiente intenté acercarme a ella, pero fui inútil,
ni siquiera me miraba, y me esquivaba siempre que podía. Yo quería hablarle,
pero parecía que huía de mí, así que me resigné durante unos cuantos días, pensé
que si le daba tiempo tal vez se le pasaría el enfado.
Un día en clase se giró y me pidió prestado un boli, pensé
que era su forma de hacer las paces conmigo, así que, cuando salimos en un
descanso, la seguí hasta las escaleras y me pegué a ella para tocarle el culo.
Nada más hacerlo se giró y me dejó helado.
-¡TE ESTÁS PASANDO! ERES UN SOBÓN, ¡DÉJAME EN PAZ.!
Varias personas se giraron al oír la voz que dio, entre
ellos, amigos míos y gente conocida, casi se me cae la cara de vergüenza allí
mismo, no me dio tiempo a decir nada, ella se giró y se marchó rápidamente.
Después de aquello, no volví a intentar tocarla, ni ella se
dirigió a mí si no era para lanzarme alguna mirada de asco, como si yo fuera un
pervertido. Di por terminada nuestra corta relación, si es que alguna vez fue
relación, y me sentí bastante apenado por ello porque la verdad es que Araceli
me atraía muchísimo y tenía grandes esperanzas de poder perder la virginidad con
una chica tan explosiva como ella. Pero todo se fue al traste por mi afán de
presumir delante de mis amigos. Un error que nunca olvidaré.
Pensé muchas veces en como reconquistarla y volver a ser su
amigo, pero al final desistí.
Cuando terminó el curso mis amigos decían que el culo de
Araceli ya no era el mismo, que ya no era tan tremendo, bromeaban argumentando
que de tanto tocárselo, se le había desinflado, pero yo sabía que no era verdad;
el culo de Araceli seguía siendo fantástico, y aún lo sería más, y me mataba
pensar que serían otros, y no yo, quienes disfrutarían de él en todo su
esplendor.