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Un heavy me folló con ritmo
TODORELATOS » RELATOS » SONAMBULA EN CASA DE MI CUñADO
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 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 09-May-06 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General (3752 de 5038)

Sonambula en casa de mi cuñado

moreno23
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Tengo diecinueve años y estoy estudiando. Vivo con mi hermana mayor, que es enfermera y está casada. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Tengo diecinueve años y estoy estudiando. Vivo con mi hermana mayor, que es enfermera y está casada.

Mi cuñado es un hombre guapo y simpático, alto y delgado. Es muy cariñoso conmigo y me gusta mucho porque es muy viril, pero creía que no me hacía caso. Soy muy sensual y pensaba con deleite cómo me encantaría sentirme follada por él. Para intentar provocarle, algunas veces iba sin sujetador y con blusa ancha, un poco desabrochada. Cuando me inclinaba, como distraídamente, exhibía atrevidamente mis senos. Otras veces me ponía bragas tan finas y estrechas que se me veían las ingles y algo de vello. Estando sentada frente a él, entreabría descuidadamente los muslos para mostrarle todo. Pero como yo no podía mirarle porque se daría cuenta del manejo, no estoy segura de que se fijase como yo quería en lo que le enseñaba.

Una noche que estaba acostada y a punto de dormirme, él entró a mi cuarto para coger un libro. Suponía que estaba dormida y pasó sin hacer ruido y sin encender la luz, porque del pasillo entraba la suficiente. En la penumbra cogió el libro y me miró.

Como hacía calor, estaba tendida sobre la colcha, con sólo un camisón corto que se me había subido casi hasta las caderas. Como tenía las piernas separadas, mis bragas estaban a la vista. El camisón, de tirantes finos y mucho escote, dejaba mis pechos medio descubiertos, casi hasta el borde de mis pezones.

La verdad es que soy muy atractiva. Tengo largos cabellos castaños y una cara bonita y graciosa, con ojos grandes, verdes, nariz respingoncilla y labios gordezuelos y sensuales. No soy muy alta, pero mi cuerpo es estilizado y bien formado, con unos pechos altos y firmes, casi cónicos, rematados por dos pezones grandes y duros; más grandes de lo normal, pero rosaditos, eso sí. De mi cintura estrecha arrancan unas caderas amplias. De mis nalgas, redonditas, arrancan mis piernas largas, con unos muslos torneados que dejan libre la entrepierna. El vello de mi coño es suave y corto, pero no excesivamente abundante. Sabía que era una delicia de hembra, a mi novio le volvía loco mi cuerpo y todos mis amigos decían que estaba muy buena y que tenía un polvazo de película.

Me quedé quieta, respirando hondo como si estuviera dormida, pero con los ojos entrecerrados para poder verle.

Me contempló y se acercó a mí, inclinándose sobre mi bajo vientre y oliéndome la entrepierna. Cuando luego me miró el escote me removí como entre sueños, sujetando disimuladamente el camisón para que se me saliera un pecho, y volví a quedarme quieta, con la cabeza desviada y sabiendo que contemplaba mi pezón desnudo, rosado y turgente, en el cual durante un rato sentí su aliento. Deseaba que lo tomara entre sus labios y lo mordiera, pero al fin se fue. Luego me tuve que acariciar hasta correrme porque me había excitado mucho.

Unos días después estábamos reunidos con unos amigos y charlábamos de diversos temas. Entre otras cosas hablamos de anticonceptivos, y yo dije que seguía tomando aunque mi novio, Paco, estuviera en la mili; maliciosamente añadí "por si acaso".

En la conversación saqué hábilmente el tema de la gente que tenía insomnio y de la que dormía profundamente. Anhelando que se repeitiera el aliento que había sentido en mi pecho la otra noche, dije lo que tenía preparado:

Algunas compañeras me han dicho lo profundamente que duermo. En ocasiones, estando dormida me han dicho algo y yo les he contestado; y dicen que a veces hasta abro los ojos, hablo y hago lo que me han pedido, pero sin despertarme, porque a la mañana siguiente no me acuerdo de nada, como si fuera sonámbula. Desde luego soy difícil de despertar; cuando estoy dormida haría falta un terremoto terminé riendo. De reojo vi que mi cuñado no perdía detalle.

A los pocos días, una noche que mi hermana tenía guardia en el hospital y estábamos solos, pensé que vendría. Me había puesto unas bragas tanga muy estrechas y llevaba un camisón de botones. Tal como pensaba, al poco le oí venir por el pasillo. Estaba segura de que venía a probar suerte. Pues la iba a tener porque estaba ya más que cachonda.

Ya tenía desabotonada la pechera hasta más abajo de los senos, pero sin descubrirlos. Alzando un poco las nalgas subí el borde por encima de mis riñones. Quedé con la parte delantera tapándome hasta medio muslo, aunque abierta hacia la entrepierna. Después de aflojarme las bragas un poquito para que no estuvieran muy ceñidas, me quedé como la otra vez, con las piernas entreabiertas, los ojos cerrados y boca arriba, con una mano bajo la cabeza para resaltar mis pechos, esperando nerviosa a ver qué pasaba.

Entró en mi cuarto sin encender la luz. A la poca que entraba del pasillo vi que venía en bata. Fue a la estantería, como si fuera a coger un libro y me llamó en voz baja:

Mari, Mari y yo ni caso.

Después de llamarme otra vez, bastante más fuerte, se acercó directamente a mí. Tras una vacilación tomó con todo cuidado la parte superior del camisón, apartándolo a uno y otro lado para descubrirme las tetitas. Luego subió la parte baja hasta mi ombligo, dejando a la vista mis breves braguitas. Me excitaba saber que veía mi cuerpo, con los pechos cónicos y erguidos, rematados por unos pezones gordos y prominentes, con el vientre liso, y mi cintura, mis caderas y mis muslos entreabiertos.

Mari, Mari me volvió a llamar en voz aún mas fuerte, sin que yo respondiera, pero ¡Ni pensarlo!.

Qué tetas más bonitas tiene la condenada; y qué cuerpazo. Y está dormidita como un tronco le oí murmurar.

Puso suavemente sus manos cubriéndome los pechos, y yo temí que se diese cuenta de que estaba despierta porque al sentir la tibieza del contacto se me pusieron los pezones como piedras, pero debió pensar que los tenía así siempre. Luego bajó su mano y me acarició la entrepierna sobre el tanga.

Qué pedazo de hembra musitó.

Me removí con un gruñido de complacencia y separé más los muslos como instintivamente, pero respirando hondamente. Él se animó, e insistió en su caricia, metiendo con facilidad sus dedos en mi entrepierna bajo la tela floja, rozando mi mata de pelo. Buscó delicadamente la rajita hasta que sus dedos se introdujeron entre los labios de mi vulva, acariciando mi carne directamente. De pronto tomó entre sus labios uno de mis pezones y empezó a lamérmelo.

Yo respondí a la caricia como dormida, poniendo laciamente mi mano sobre su nuca y, aunque se detuvo un momento con alarma, pronto empezó a acariciarme sin miedo, metiéndome ya plenamente los dedos dentro de mi coño y chupando mis pezones con fuerza.

Vaya chichi calentito y estrecho que tiene decía cuando me metía los dedos. No se sorprendió de lo jugosa que estaba, seguramente porque pensaba que debía estar así siempre o que tenía un sueño erótico.

Se quitó la bata, quedando desnudo, y se tendió a mi lado. Yo me removí, dejándole sitio, mientras él desabrochaba del todo mi camisón, que apartó, descubriendo completamente mi cuerpo.

Sentí el contacto tibio de su cuerpo fibroso y me acurruqué contra él, carne con carne, empujando mis tetas contra su pecho y sintiendo en mis pezones el roce de su vello. Él me abrazó y me besó en los labios, respondiéndole yo al beso, mientras confuramente murmuraba, como entresueños, palabras ininteligibles y "Paco", el nombre de mi novio.

Al rato de acariciarme suavemente, viendo que no me despertaba, se confió del todo y se incorporó, alzó ligeramente mi cintura y me quitó el tanga. Yo, al dejar caer las piernas las puse un poco separadas, alzando el pubis. Estaba desnuda sobre la cama, mostrándole mi coño abierto sin reservas; abandonada, disponible y disfrutando al saber que él me contemplaba y que deseaba follarme.

Cuando volvió a tenderse a mi lado se arrimó a mí y sentí en mi costado el contacto cálido y duro de su miembro. Tomó una de mis manos y me hizo rodearlo con mis dedos; yo lo así sin fuerza. Era una delicia de polla, gruesa y nudosa, palpitante; y estaba ya mojada. Me moví para notar lo larga que era, y tenía casi un palmo. Anhelé tener aquello dentro de mí.

Permanecimos un rato abrazados, yo con su polla en la mano, apretándola flojamente, y él metiéndome con suavidad los dedos por el coño y besándome. Yo respondía como en sueños, haciendo ruidos de complacencia que a él le animaban.

Fóllame, Paco murmuré bajito, más claramente, sin poder aguantar más. Noté cómo su polla vibraba entre mis dedos y se endurecía más. Sería maravilloso cuando aquello estuviera entre mis muslos, abriendo mi coño y partiéndolo en dos.

Se bajó de la cama, me puso los brazos sobre la almohada y me abrió más las piernas. Luego se arrodilló entre ellas y me flexionó las rodillas, acercando su bajo vientre al mío. Sus manos se pusieron en la mata de vello de mi entrepierna y lo acariciaron. Luego me abrió los labios de la vulva y cuando se acercó sentí el contacto de su polla en mi coño, que a esas alturas estaba ya más que chorreando.

Cuando pasó una mano bajo mis nalgas y alzó mis caderas supe que me iba a penetrar. Al dejar caer los muslos lánguidamente a los lados, me abrí completamente para él. Con sus dedos buscó la entrada de la vagina y poniendo en su sitio el capullo, empujó suavemente hasta que lo introdujo un poquito, y entonces se quedó quieto, encajado dentro de mí.

Cómo te siento. Métemela ya susurré anhelante, dando un suspiro, y me relajé.

Empezó a meterme poco a poco aquella hermosura de verga, en una penetración lenta e interminable. En mi jugoso interior notaba cómo mi carne cedía blandamente, separándose ante el empuje de aquel miembro duro y fuerte que mi coño abrazaba estrechamente. Me estaba poniendo caliente de verdad al sentirle entrar.

¡Qué gorda la tienes hoy, Paco! Métemela ya del todo musité traviesamente.

Cuando tras un largo y gozoso rato terminó de entrarme en el vientre aquella estaca, y nuestros pubis se juntaron, yo puse mis manos en sus caderas, como dormida, y le apreté contra mí, buscándole con mi pelvis y haciendo ruidos de gusto.

Dormidita como un leño, pero con ganas de follar. Sueña que te echan un buen polvo, mi pequeña Mari murmuró mientras empezaba a salir y entrar en mi vientre.

Yo me estaba excitando mucho, y era placentero dejar que el gusto me viniera a oleadas, estando espatarrada, dejándome follar completamente pasiva y sintiendo una y otra vez en mi coño cómo mis carnes cedían, cada vez más flojamente, cuando me metía aquel pedazo de polla. Al fin exploté y me corrí, dando gemidos de placer, pero sin moverme demasiado para que siguiera creyendo que estaba dormida.

Fue maravilloso correrme quietecita mientras él me embestía en sus lentas y sostenidas penetraciones, llenándome plenamente con su miembro tan exageradamente hinchado y duro, dominándome como hembra.

Al sentir que yo me corría, sin sacarla me alzó los muslos y los juntó sobre mi pechos, cerrando mi coño y apretando estrechamente su miembro con mi vagina. ¡Dios, cómo sentía entonces su polla en mí!

Ya se ha corrido la niña. Bien folladita va. Ahora me toca a mí murmuraba.

Rozando locamente carne con carne me la metió hasta el fondo una y otra vez, en hondas penetraciones cada vez más rápidas y violentas. Finalmente me embistió, tan bruscamente que me habría despertado si hubiera estado dormida, y se corrió también, palpitando en lo más profundo de mi vientre. Luego dejó caer mis muslos a los lados y, sin sacármela, se tendió sobre mí, flexionando los brazos para no pesarme, mientras rozaba mis pezones con su pecho. Nos besamos tiernamente.

Al rato se le fue aflojando hasta que la sacó. Se levantó y salió, volviendo al poco con servilletas de papel para enjugarme cuidadosamente lo que rezumaba cálidamente de mi coño, hasta que quedó sequito. Luego me puso el tanga como pudo y me abotonó el camisón, dejándome más o menos como estaba.

Tras besarme profundamente mientras asía por última vez mis pechos, salió en silencio de mi cuarto. Me quedé a gusto, satisfecha y bien follada.

A la mañana hablaba en la cocina con mi hermana. Mi cuñado estaba en el comedor.

Muy risueña te veo. ¿Que te pasa que estás tan alegre? me preguntó.

Esta noche he soñado que estaba con Paco y que me hacía diabluras respondí maliciosa, y añadí más bajo, pero lo bastante fuerte para que él lo oyera y me ha sabido a poco, aunque creo que hasta me he corrido.

Pues mira que bien. Me alegro por ti, Mari. A ver si tienes más sueños así.

Eso espero dije intencionadamente, sabiendo que él nos escuchaba.

Y estuve segura de que la próxima vez que ella estuviera de guardia, él volvería a intentar follarme, y así sucedió.

La siguiente noche que nos quedamos solos me acosté sólo con unas bragas, y me puse un poco de lado, con un muslo doblado sobre la entrepierna y con un brazo tapándome las tetas. Esperé hasta que le oí llegar. Esta vez hasta traía las servilletas de papel para limpiarme luego. Se acercó a mí y me cogió de los hombros, moviéndome un poco.

Mari, Mari llamó en voz normal.

Déjame dormir, Paco, hazme lo que quieras, pero déjame dormir dije como en sueños, para que él creyera que le tomaba por mi novio. Me removí y me puse boca arriba, espatarrándome y con los brazos a los lados, descubriendo mis pechos y ofreciéndome.

El olvidó ya las precauciones y después de dejar caer su bata al suelo me quitó las bragas. Se quedó un momento contemplándome en la penumbra y esparció mis cabellos por la almohada.

Mientras tanto yo le miraba entreabriendo los ojos sólo una rajita. ¡Qué cuerpazo tenía el condenado, y qué rabo más bien puesto y más hermoso...! Me volvía loca prnsar que iba a follar...

Me abrió bien las piernas, subió a la cama y encunó su cabeza entre mis muslos. Me metió dos dedos en la vagina y empezó a comerme el coño tras abrírmelo con la otra mano como si fuera un libro. Yo me revolvía de gusto, sobre todo cuando me chupaba fuerte en el clítoris y empujaba hondo con los dedos.

Luego, poniéndose sobre mí, empezó a mordisquearme los pechos y succionarme los pezones. Cuando se irguió y me empezó a besar en la boca, besos a los que yo respondí con entusiasmo, sentí su polla apretando ya en mi coño. Mientras nuestras lenguas se enroscaban acertó a entrar la punta y se quedó así un momento.

Entra ya, Paco, éntramela murmuré levantando el pubis. La verdad es que estaba muerta de ansia.

Enseguida me la metió casi del todo. Luego se incorporó, me separó aún más los muslos y me la encajó hasta el fondo de golpe, mientras yo me arqueaba buscándole.

¡Así, Paco, más! pedía yo quedamente, con los ojos cerrados mientras él me embestía fogosamente.

Cuando me dobló las rodillas hasta los hombros y las separó, mi coño quedó totalmente abierto y desamparado ante sus embestidas, y empezó a sacarla y meterla del todo, aunque pausadamente, mientras yo alzaba el culo para encontrarle.

Me la clavaba tan hondo que sus huevos me apretaban con fuerza en el culo. ¡Dios, cómo me abría! Estaba partida por la mitad. Follamos interminablemente hasta que yo exploté y él, al sentirme, también. Después de corrernos juntos se desplomó sobre mí, sin sacármela y besándome tiernamente. Me sentía muy a gusto.

Luego se tendió a mi lado y nos abrazamos. Mis tetas estaban aplastadas contra su pecho y sus manos me apretaban de las nalgas mientras yo le tenía cogido el miembro y lo acariciaba arriba y abajo suavemente.

Creo que nos dormimos un buen rato. Me desperté al sentir que él se había levantado, pero estaba al lado de la cama.

Me alzó los brazos, se arrodilló sobre mi pecho y me restregó la polla por los senos, mojándomelos. Yo la cogí con las manos y la pasé por mis pezones, que estaban como cerezas.

Luego se incorporó un poco y puso la punta húmeda de su polla en mis labios.

Chúpamela, Mari pidió.

Abriendo mi boca dócilmente la dejé entrar y él empezó a meterla y sacarla. Pronto la tomé con una mano, le bajé el prepucio y empecé a hacerle una mamada en condiciones. Al rato se le había puesto otra vez tan gorda que casi no me entraba en la boca, y cuando él apretaba me la metía hasta la garganta. Sabía a hombre y latía entre mi lengua y mi paladar, dejándome liquidillo.

Se la chupaba con tanto entusiasmo que no sé cómo no se dio cuenta de que estaba despierta, pero debía estar gozando tanto que no debió pensar en ello.

Noté cuando se iba a correr y le cogí el capullo con los labios succionando fuerte mientras le daba con la lengua por el frenillo. Cuando llegó al orgasmo y derramó su semen en mi boca en varios espasmos, lo tragué y dejé que su miembro entrase lentamente hasta mi garganta, abrazándole de las nalgas.

Luego se retiró y me besó codiciosamente la boca, aún con su sabor, se tendió a mi lado y, volviéndome de costado, me abrazó por la espalda, cogiéndome de los pechos con fuerza.

Al rato se levantó y se fue, no sin antes limpiarme y dejarme la ropa como estaba; hasta me limpió los labios lamiéndomelos. Me dejó completamente relajada, como es natural después de una sesión así de sexo.

Y cada vez que mi hermana tenía guardia, venía a follarme a gusto y me quedaba siempre igual de tranquila y de bien.

Una noche deseaba que me penetrara por el culo porque me daba morbo pensar en lo que sentiría con una polla tan grande metida por detrás. Cuando empezó comiéndome el coño, le retuve la cabeza hasta que me corrí. Luego me puse de bruces en la cama, con los muslos separados, y esperé.

Él me los separó más y se encunó entre ellos. Me abrió los glúteos con las manos y puso su polla en mi entrepierna. Como la tenía larga, me la empezó a meter por la vagina hasta lubricármela bien.

Paco, ¿me la vas a meter por detrás? pregunté entre sueños.

Claro, Mari, baja los riñones respondió, tras un momento de desconcierto.

Bueno, pero sé suave dije como adormilada, aunque realmente estaba un poco asustada.

Me puse a gatas en la cama, aplastando la sábana con mis tetas, y alcé el culo, ofreciéndoselo sobre mi entrepierna abierta cuando separé las rodillas. Sólo tuvo que adelantarse ligeramente y me penetró por la vagina hasta dar en mis nalgas. Le sentía perfectamente en mi interior.

Baja los riñones, Mari pidió, separándose.

Con sus dedos tomó juguillo de la vagina, que estaba chorreando, y me empezó a dar por el ano, metiéndome suavemente primero un dedo y luego dos para lubricar el interior. Repitió la operación, cada vez más profundamente, hasta que me puso el culo suave por dentro, tan distendida que podía entrar tres dedos sin dificultad. Entonces se irguió y noté el contacto de su miembro entre mis glúteos.

Buscó el agujerito con un dedo y apoyó el capullo. Yo me relajé completamente, apoyando más pesadamente el pecho en la cama. Él empezó a empujar, abriéndome y metiéndome la punta de la polla inmediatamente. Luego me asió de las caderas y empujó de verdad, con presión creciente, pero cada vez la sacaba y luego la entraba un poco más para ir lubricando.

Lo hizo muy lentamente, y poco a poco fue metiéndola dentro. Pronto llegó al esfínter.

Ahora despacito, Paco, no me hagas daño dije en voz baja, un poco temerosa al pensar en lo gorda que la tenía.

Me separó un poco más las piernas y la sacó y entró varias veces más para lubricarme bien. Luego apretó muy suavemente, pero con firmeza, dilatándome poco a poco Su polla debía manar como una fuente, porque me lubricaba maravillosamente.. Tardó mucho en abrirme y, aunque me dolía ligeramente al apretar, me excitaba muchísimo y me daba gusto sentir como me iba abriendo poco a poco. Estaba relajada y deseosa de tenerle dentro.

A cada empujón me daba una punzada, pero sentía cómo me abría un poquito más, y poco a poco dilataba, hasta que franqueó mi esfínter y la sentí penetrar libremente, sin obstáculo. Entonces todo fue suave y noté cómo me iba invadiendo hasta sentirlo metido muy en mi interior. Tenía el culo vencido: bien abierto para él, y él, dentro.

Sin sacarla empezó a entrar y salir. Como me había dilatado tanto el ano, que estaba como un embudo, pronto pudo sacarla totalmente y encularme hasta el fondo cada vez, lo que hacía despacio, descapullando antes y deslizándose lentamente entre mi carne hasta darme con el pubis en las nalgas. ¡Cómo me gustaba, sobre todo cuando ya estaba dentro casi del todo, empujaba hasta el final y sentía sus huevos apoyándose con fuerza en lo más profundo de mi coño abierto!

¡Ay Paco, qué gusto, sigue, sigue! murmuraba yo bajando los riñones y sacando culo.

Y siguió acometiéndome, totalmente enardecido. Cuando vi que estaba excitado a tope, cerré un poco el culo para que sintiera mejor en la polla la penetración, y pronto me enculó a tope, corriéndose dentro de mí en cálidas oleadas mientras yo se la apretaba, y él, en sus espasmos, se restregaba contra mí.

Cuando terminó, me hizo bajar las caderas hasta la cama y quedó encima, con la polla aún metida. Poco a poco se fue deshinchando hasta que al fin se salió de mi culo.

Al rato se apartó y me volvió boca arriba, acariciando todo mi cuerpo durante mucho rato. Luego se levantó y me secó mimosamente el coñito y el culo con las servilletas de papel. Tras ponerme las bragas, se fue, dejándome, como siempre, más que satisfecha.

Y así seguimos hasta que terminé mis estudios y marché de su casa

TodoRelatos.com © moreno23

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