Con mi juventud en pleno y la belleza de toda una mujer me
convertí en una señora casada y había decido olvidar los pasajes oscuros de mi
historia sexual.
Por 3 años fui una esposa fiel para Ulises y un ama de casa
entregada solo a mi marido, la Universidad y al hogar.
La reputación que gozaba en escuela a la que me había
matriculado al conocer a Ulises no tenía nada que ver con la que me había hecho
en la universidad anterior, mi vida era calma y todos sabían de Ulises, quien
cada tarde llegaba a recogerme al terminar las clases aun después de casados.
Mi matrimonio era feliz, quizá me hacía falta de vez en
cuando el sexo desenfrenado al que me había acostumbrado durante mi
adolescencia, pero el amor que sentía por mi esposo iba más allá y no me creía
capaz de serle infiel, a menos físicamente...
Para calmar mi fuera de lo común apetito sexual tenía una
serie de juguetes y consoladores de varios tamaños y formas que en alguna
ocasión usé con mi pareja, pero que casi siempre eran mi desahogo en la soledad,
cuando Ulises llegaba cansado o yo requería algo más que su ortodoxa manera de
hacer el amor.
Vivíamos en un fraccionamiento privado elegante, para llegar
a alguna de las casas los visitantes debían reportarse con el vigilante y dejar
su identificación que les era devuelta a su salida por lo que además de lindo,
era un barrio muy seguro; no tenía la costumbre de poner los seguros a las
puertas y se podía andar con tranquilidad tanto dentro como fuera de la casa a
cualquier hora.
Una tarde de esas, en las que no tenía mucho trabajo de la
universidad y Ulises había tenido que salir de la ciudad por una noche, me
propuse gozar de mis juguetes favoritos... Tomé el pene de goma más grande,
similar al de un negro en color y con textura realista y otro más que estaba
diseñado para el placer anal, con ventosa que se adhiere a la superficie para
sentarse sobre él....
Lo primero que hice fue ponerme un negligé corto, negro y con
tanga a juego... en la parte de los pezones tenía un agujero y a Ulises le
encantaba, pues su caricia favorita es comer mis pechos... me paré frente al
espejo y comencé a acariciar mi cuerpo para entrar en calor, me puse aceite
aromático en las manos y masajeaba mis pechos que pronto tuvieron los pezones
erectos por lo que el roce de mis manos comenzó a hacerme sentir el placer que
buscaba....
Puse el consolador anal sobre la piecera de la cama y comencé
a estimular mi vagina hasta que noté la humedad suficiente en mis dedos para
estimular mi ano.... comencé a masturbarme y el pene negro pronto estaba
satisfaciendo mis deseos dentro de mi caliente vagina... estaba en el punto
exacto en el que mi cuerpo pide más gozo... sentía mis entrañas hirviendo y no
quería privarme de la sensación de estar llena por todos lados asi que de un
golpe me senté sobre el estimulador anal lubricado... comencé a dar saltitos
sobre él para disfrutarlo mientras el pene hacía lo suyo en mi vagina...
mientras vibraba a la velocidad más alta, con mis movimientos para hacerme
penetrar el ano, lo sacaba y lo metía rítmicamente al compás de mis deseos...
estaba llegando al éxtasis y sentía que el orgasmo vaginal llegaba... me retorcí
de placer y detuve el vibrador del pene.... pero quedé sentada sobre el pene del
ano... unos segundos después de mi orgasmo tuve fuerzas para seguir disfrutando
mi enculada con el juguete... sobaba mi clitoris delicadamente, con los jugos de
mi orgasmo vaginal chorreando aún mientras esperaba un nuevo ataque de placer
.... los movimientos fueron más violentos, me sentaba con más fuerza en ese pene
pequeño de silicón que disfrutaba en mi ano y la explosión del segundo orgasmo
llegó al tiempo que perdía las fuerzas y me tiré boca arriba sobre la cama...
con las piernas abiertas y extendidas... acariciando mis pechos para gozar las
ultimas sensaciones de mi extasis...
De pronto un ruido me sobresalta.... giro la cabeza y veo la
silueta de un hombre y de un brinco salgo de la cama jalando las sábanas para
cubrirme.... el hombre que estaba en la puerta era el vigilante de la calle...
estaba inmóvil ... mirándome sin decir nada... con la polla desnuda y erecta en
sus manos....
-¿Qué hace aquí don Héctor?
-Venía a avisarle que llegó el señor de la electricidad!
Señora, ... me contestó sin reparar que aún tenía su pene erecto entre las
manos.... tras de él vi aparecer a un extraño... era el electricista que había
pedido para que reparara la instalación del aire acondicionado en el estudio....
Mientras don Héctor seguía en su asombro sin saber qué hacer y se escondía la
polla en los pantalones, el hombre de la electricidad se acercó con claras
intenciones de aprovecharse de la situación....
-Necesita ayuda güerita!! Me dijo con voz lujuriosa y se
acercó a mí sin disimulo alguno... Don Héctor solo miraba la situación y aquél
pronto llegó hasta a mí –déjeme ver como la voy a ayudar... me dijo y sin
dar tiempo a nada me sacó la sábana que me cubría solo por delante y la tiró al
suelo.... Entonces escuché el grito de don Héctor que lo llamó por su nombre...
- Te vas a meter en líos Vicente!!!
-No lo creo, tu también te vas a divertir!!! Le contestó
el trabajador que era a mi parecer bastante buen mozo a pesar del color tostado
de su piel por el sol del campo seguramente y las ropas sucias y desgastadas....
Entonces me llegó la cordura y tras un instante de duda,
imaginando el placer que era ser tomada de esa forma salvaje y sucia con
desconocidos, recordé a Ulises, recordé mi amor por él y mi propósito de serle
fiel... así que le di un fuerte empujón que casi lo tira al suelo y le grité a
don Héctor que sacara a ese hombre porque iba a llamar a la policía...
Corrí aprovechando el aturdimiento del tal Vicente para
alcanzar el teléfono del buró y en ese momento sentí que dos grandes manos me
atajaban por detrás... me dí la vuelta tratando de golpearlo pero su fuerza era
obviamente superior y enseguida noté que mi agresor era nada más que don
Héctor....
El otro sujeto había corrido hacia abajo y cuando regresó le
dijo a don Héctor que ya había asegurado la puerta de abajo y que nadie entraría
ni con llave.
Entonces me aventaron a la cama y el electricista me dió dos
bofetadas que me arrancaron las primeras lágrimas... entonces recordé cuánto
odiaba ser tomada a la fuerza, a pesar de que me producía una gran exitación en
mis fantasías... era algo que había vivido antes y siempre me había afectado en
la vida real... nuevamente estaba en las manos de dos sujetos que me iban a
violar contra mi voluntad... había dicho que jamás volvería a resistirme y que
disfrutaría cada hombre que quisiera disfrutar mi cuerpo, pero no quería hacerlo
por Ulises... no esta vez... quería salir y librarme de volver a estar sucia
como antes de conocer a quien amaba...
Pero en medio de todos estos pensamientos, la realidad era de
forcejeos, dedos que se hundían en mi sexo contra mi voluntad, dientes que
lastimaban mis pezones y las palabras que escuchaba lejanas de Vicente diciendo
que había visto con sus propios ojos la clase de puta que era... que lo único
que necesitaba yo era un macho de verdad y que su palo me llenaría el culo mejor
que mi juguete de plástico....
Ambos hombres habían bajado sus pantalones y se turnaban para
pellizcar mis pezones, morder mi sexo y lamer mi cuerpo alternando sus paseos
por mi cuerpo con empujones de polla dentro de mi boca la cual abrían cada vez
con una bofetada....
Don Héctor se corrió en mi boca y me obligó a tragar su
semen, la metía y me hacía lamer los restos mientras que me jalaba los cabellos
gritando que no dejara de chuparle...
El más joven, era Vicente el electricista y evidentemente era
más potente... él había follado mi boca sin correrse y ahora me abría las
piernas con tal brusquedad que me hacía doler los tendones... me clavo su enorme
pene y comenzó a bombear dentro de mí como si quisiera perforar mis entrañas...
me empujaba con fuerza y me lastimaba con cada embestida... hacía años que no
era cogida de esa forma... de pronto sentí que mi humedad no era involuntaria,
me descubrí gozando su crueldad y comencé a jadear de placer... al hombre no le
gustó sin embargo, me dió una fuerte palmada en las nalgas y me ordenó sufrir...
me dijo que quería oirme gritar de dolor y eso me exitó más de la cuenta...
-maldito cerdo!! Dame mas fuerte!! Trátame como una puta y
gózame que jamás tendrás a otra como yo!! Le grité en medio de mi explosión
de placer... sentía el orgasmo llegar y grité como él quería, grité nuevamente
cuando el viejo vigilante jaló mis piernas y aprovechando que el joven se había
corrido ya y estaba agotado metiendo su miembro en mi boca, me volteó y me
obligó a levantar las nalgas las cuales abrió sin delicadeza e introdujo su
sucio dedo en mi ano... comenzó a moverlo en círculos dentro de mi y sin dejar
de gemir procedí a masturbar mi concha recién satisfecha y aún empapada con el
semen del electricista... asi me enculó el vigilante, gozando la vista de mi
trasero y escuchando mis lamentos libidinosos que le pedían más....
Vicente había tomado mi consolador negro... lo probaba y
cuando escuché el sonido del vibrador le rogué que lo usara... no lo pensó dos
veces y me lo metió hasta el fondo aprovechando la humedad exesiva de mi
sexo.... eso puso a mil al viejo que me estaba follando en el ano y sentí como
se tensó su cuerpo en la segunda corrida de don Héctor....sentí el calor de su
leche en mi culo y terminó de regarla por mi espalda con un gemido grave y
profundo que me hicieron pensar que había gozado mucho más que en su primera
venida....
Mi otro violador seguía jugando con mi pene de latex...
disfrutaba viendo como me retorcía y me acomodaba el juguete en la vagina
gimiendo como puta en celo... estaba gozando como no lo había hecho en años y le
pedí que me lo metiera en el ano... estaba aun dilatado y lubricado con la leche
del viejo... me lo clavó despacio... lo metía y sacaba y yo llevé mis dedos
nuevamente a mi concha ardiente.... al tiempo que me masturbaba ante sus ojos el
joven me follaba el ano deliciosamente con el pene gigante de negro... era lo
más grande que había tenido en ese agujero y el dolor que me producía me estaba
llevando a un tercer y más ruidoso orgasmo... aceleré los movimientos de mis
dedos en la vagina... comencé a gemir al borde del desenfreno y el Vicente no
pudo más.... me clavó su verga nuevamente erecta y me regaló una nueva sesión de
polla caliente en mi sexo insaciable.... esta vez el gozo fue mutuo y
acompasado... abracé su espalda con mis piernas y sentí todo el alcance de su
hombría... pude claramente notar cuando quedó inmóvil en el fondo de mi concha y
aceleré el ritmo para terminar al mismo tiempo.... los gritos de placer de ambos
debieron llegar a la cuadra entera pero eso no pasó por mi cabeza... estaba
poseída nuevamente por el vicio del sexo prohibido, del sexo vicioso y sin
amor... del sexo libre que me había tenido prisionera por años....
Don Héctor no volvió a trabajar y nadie supo porqué.... pero
Vicente siguió trabajando en las labores electricas de la casa por mucho
tiempo... casi siempre sus visitas coincidieron con los viajes de Ulises, quien
jamás se enteró de nada.