¡Qué strike el de aquel día! por Ángel Perverso
Se había retrasado una reunión dos horas, y por tanto tenía
dos horas libres por delante en las cuales no sabía que hacer. Así que decidí
darme una vuelta por las calles de mi ciudad, cuando descubrí que habían abierto
una bolera nueva. Pensé que era un buen sitio para matar el tiempo que tenía por
delante antes de la reunión, y además los bolos siempre habían sido uno de mis
pasatiempos preferidos, pese a que no soy un gran jugador.
Entré y la verdad es que había muy poca gente, de hecho, solo
estábamos un par de chavales que jugaban en una de las pistas, los dos
encargados, y yo. Me acerqué al mostrador, y pedí una pista. Al sentarme y al ir
a ponerme las zapatillas de la bolera, se sentó a mi lado una chica. Yo me
sorprendí al verle ahí, ya que no me lo esperaba. Me dijo que se llamaba Elsa, y
que era la primera vez que iba a una bolera, que iba a entrenarse porque no
había jugado nunca, y el siguiente fin de semana había quedado con unos amigos.
Como me había visto solo, pensó que sería más divertido jugar con alguien que
sola, y de paso, me preguntó si podía enseñarle. Yo aún algo sorprendido por su
aparición, le dije que porque no, sería divertido, así que me acerqué de nuevo
al mostrador, y pedí que pusiesen una nueva jugadora en la pista.
Una vez calzados, comenzó la partida. Al principio la verdad
es que ninguno de los dos empezamos muy bien. Yo solo tiré 5 bolos, y ella 2.
Pese a eso, la verdad es que fue divertido. Jugamos dos partidas que yo gané,
aunque la segunda con algo de sufrimiento y por experiencia más que por otra
cosa, ya que en muy poco tiempo, Elsa mejoró su estilo mucho. Aunque no fue solo
eso lo que me llamo la atención de ella.
Era una chica bastante agradable a la vista…iba vestida con
un pantalón vaquero algo suelto que cada vez que lanzaba, dejaba asomarse un
pequeño tanga negro de hilo que se perdía dentro de su pantalón, y una camiseta
gris claro donde podía distinguirse un sujetador también negro, que sujetaban
unos pechos bastante grandes. Yo, a petición suya, le corregía la posición, y
cuando apoyaba la mano en su espalda para guiar su brazo, ella se apoyaba en mí,
y restregaba su culito contra mi paquete, rozándose. Yo al principio pensaba que
lo hacía sin querer, pero al ver que se repetía, no pude reprimir una hermosa
erección.
Terminamos la segunda partida, y como aún quedaba una hora
para mi reunión, fuimos a tomar algo a un parque cercano, donde había un bar a
la sombra de los árboles, y nos tomamos un par de cervezas bien frías, ya que
hacía bastante calor. Estuvimos hablando un buen rato, y me comentó que
trabajaba en la administración de una empresa cercana a mi lugar de trabajo, que
tenía el día libre y que le sonaba mi cara por haberme visto pasar alguna vez
por la calle. Cuando casi era la hora de irme, me llegó un mensaje al móvil,
diciéndome que no me preocupase en ir a la oficina, ya que el cliente no podía
venir, y se cancelaba la reunión. Eso me alegró bastante, lo estaba pasando bien
y no m apetecía ir a trabajar, así que pedí dos cervezas más para celebrarlo.
Cuando las cervezas empezaron a hacer efecto, decidimos dar un paseo para
rebajarlo. La tarde era agradable pero calurosa, así que después de media hora,
decidimos echarnos en el césped y encontramos un sitio bastante resguardado de
las miradas de los demás a la sombra de unos arbustos…y ahí se desato la pasión
guardada desde la partida de bolos.
Tumbados en el césped, comenzamos a acariciarnos con pasión
todo el cuerpo. Yo metía mis manos dentro de su camiseta acariciando esas tetas
que apenas podía cubrir con mi mano, mientras ella ya me había desabrochado el
pantalón y acariciaba mi paquete sobre la tela del calzoncillo. Apoyó su mano en
mi pecho para que no pudiese moverme, y me bajó el bóxer y mirándome con
malicia, mordió lentamente la cabecita de mi miembro, para después chuparla, y
mientras masajeaba mis huevos, jugaba con mi polla, durísima, pasando la lengua
por ella como si lamiese un caramelo, hasta que empezó a metérsela entera en la
boca. Mientras lo hacía, yo le bajé el pantalón despacito, notando su calor en
mis bajos, y descubrí ante mi un precioso culito tan solo cubierto por un
minúsculo tanga. Empecé a pasar mi mano por su rajita, desde su vello púbico,
hasta su ano, notando como Elsa iba humedeciéndose por momentos. Finalmente no
pudo más y pasando una pierna sobre mi cabeza, se aproximo a mi boca…le acabé de
quitar el tanga y empecé a comerle todo, dando ella un pequeño saltito al notar
la humedad de mi lengua recorrerle de arriba abajo.
Así estuvimos un buen rato, ella engullendo mi polla y yo
comiéndome todo su coñito, pasando la lengua por el y haciendo círculos en su
clítoris mientras dos dedos se introducían dentro de ella. De repente se puso de
rodillas sobre mi y tras quitarse ella la camiseta y el sujetador, me quito a mi
la camisa, y empezamos a besarnos, restregando su pecho contra el mío, mientras,
con bastante destreza, empezaba a deslizarse, su rastro de humedad por mi
vientre. Cuando noté que su abertura estaba sobre la punta de mi miembro, me
miró con sus ojazos verdes, sonriendo, y me besó, como pidiéndome que entrase en
ella…y eso hice. De un empujón fuerte y rápido, entre dentro de ella, cosa que
no fue fácil, al estar muy húmeda y yo tenerlo muy erecto. Empecé a bombearle
cada vez mas rápido, haciendo que sus tetas saltasen frente a mi, no pudiendo
evitar devorar esos dos pezones grandes y rosados, cosa que a Elsa parecía
encantarle, ya que no dejaba de gemir. Mis huevos rebotaban en su culito y mi
polla estaba completamente mojada por sus fluidos. Los dos gemíamos sin
disimulo, dándonos igual si alguien podía oírnos, estábamos ella para mi y yo
para ella, disfrutando de una pasión descontrolada. El ritmo de mis "ataques"
cada vez se intensificaba mas, pero para mi sorpresa me dijo que parase, que no
quería que me corriera ahí…y me pidió algo que no esperaba, ya que pocas chicas
están dispuestas y yo nunca se lo había propuesto a una chica…quería sexo anal,
y que acabase dentro de su culito.
Se puso a cuatro patas delante de mi, y comencé a lubricar su
ano con mi dedo y con mi saliva, disfrutándolo ella en todo momento, por las
caras de placer que ponía mientras le tocaba. Cuando ya estaba húmedo, empecé a
entrar despacio en ella, hasta que me pidió que entrase fuerte…y así lo hice.
Dio un pequeño grito de dolor, que fue atenuándose en pequeños grititos de
placer conforme iba moviéndome. Aquello era una experiencia nueva para mi, el
calor que su culito daba a mi polla era increíble, y podía entrar en el con
muchísima facilidad. Mientras yo le daba, ella se masturbaba con una mano,
mientras que yo masajeaba sus tetas con otra, lamiendo su espalda a cada
acometida. Estuvimos así un buen rato hasta que yo noté que no podía más. Mis
huevos temblaban de la excitación, y noté que ella también se aproximaba al
orgasmo, ya que su cuerpo empezó a temblar, hasta que ya no pudimos más. Lancé
todo mi semen dentro de su culito, echando tanta cantidad que al sacarla
quedaban restos alrededor, mientras ella también acababa, dejándonos caer los
dos en el césped, completamente agotados.
Así nos quedamos un buen rato, hasta que empezó a refrescar,
por lo que nos vestimos, y nos fuimos dando una vuelta hasta el metro, donde
ella tenía que ir para volver a su casa… Sin embargo, no fue esa la última vez
que nos vimos ya que fuimos varias veces a jugar a los bolos, y varias veces al
parque a tomar algo en el bar, y a relajarnos en el lugar de nuestro primer
encuentro, que se convirtió en un lugar donde muchas cosas pasaron…pero eso, ya
lo contaré otro día ;-)
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