Soy un vil oportunista. Jamás pensé que podría aprovecharme
de una joven de la manera en que lo hice con mi cuñada. Pero es precisamente lo
que aconteció hace dos semanas cuando Doris apareció semi-inconsciente en la
puerta de mi apartamento a las 3 a.m.
Mi cuñada Doris es estudiante de derecho en la UCV. Tiene 21
años, cabello largo y su piel es color café con leche. No tiene nada especial,
excepto por su espectacular rabo, que se parece al de la actriz Jennifer López.
Ojala todo el resto de ella se pareciera a Jay-lo, pero no, sólo sus nalgas. En
fin, ese traserito me ha vuelto loco desde la primera vez que la conocí hace
casi once años, cuando de niña me la presento Isabel, mi esposa, que espero
nunca vaya a leer este relato (¡porque si se entera me mata!)
Hace dos semanas Doris salio de casa de su madre a celebrar
con unos amigos el fin del semestre. Era una reunión típica de universitarios,
pero aparentemente, durante algún descuido, alguien le echo algo de "burundanga"
a su trago. La "burundanga" es una droga que se ha hecho muy popular hoy en día
entre los secuestradores y violadores, cuyo efecto es muy parecido al del
pentotal sódico, también conocido como el "suero de la verdad". Los criminales
aplican esta droga a sus victimas, que pierden su fuerza de voluntad y la
conciencia sobre sus actos. Es así como los llevan a los cajeros automáticos
donde les vacían las cuentas de banco, les roban en su casa, y como a algunos
desafortunados incluso los obligan a hacer actos sexuales innombrables de los
que rara vez se acuerdan las victimas. Esto aplica tanto a hombres como a
mujeres, y en este caso, le tocó a Doris.
Es así como ese domingo de madrugada, sonó el timbre. La
vecina de al lado, que salía para el aeropuerto a esa hora, descubrió a Doris
sentada frente a la puerta de mi casa, y tocó el timbre para alertarnos. A
primera vista Doris parecía estar totalmente ebria, pero cuando desperté a
Isabel para que me ayudara a meter a Doris en la casa, me di cuenta que estaba
en condiciones deplorables, y su condición era más grave de lo que parecía.
La hermanita de mis esposa tenía el maquillaje corrido, las
medias rasgadas y un tacón roto. Hedía a alcohol y basura, y alguna sustancia,
blanquecina y lechosa en su estado original, se había secado en su pelo y en su
barbilla. Cuando la sentamos en el sofá, Doris hablaba débilmente y decía sólo
incoherencias, si acaso atinaba a mantenerse despierta. En un esfuerzo para
averiguar lo que aconteció, mi esposa le preparó un café negro bien cargado.
Hizo efecto por algunos minutos, y pudimos descubrir que le habían puesto algo
en el trago, pero no se acordaba de nada mas. Entonces Doris se vomitó sobre sí
misma el café, el licor, medio pollo a la canasta y un surtido de otras delicias
que no pude identificar.
Mi esposa se puso a llorar. Llevo a Doris al baño y le dijo
"Tranquila, báñate que nosotros te vamos a cuidar, y te quedas aquí." A los
pocos minutos sentí como Doris activaba la ducha, y unos segundos después
escuchamos un "catapún" que provenía del baño. Isabel la llamó varias veces, y
como Doris no respondía, nos preocupamos y optamos por abrir la puerta. Ahí
encontramos a Doris desnuda, tirada en la ducha, ahora si totalmente
inconsciente. Mi esposa se metió en la ducha, en pijama y pantuflas, para tratar
de levantarla, pero no tenía fuerza suficiente, así que me dirigió una mirada
que decía "¡Muévete de allí y ayúdame imbécil!". Entonces me metí a la
ducha yo también y levanté a Doris por detrás sosteniéndola por los brazos. Su
culito perfecto rozaba suavemente mi verga mientras que mi esposa le enjabonaba
y restregaba todo su cuerpo. Isabel estaba muy enojada y muy asustada.
Mi esposa seco con un paño a Doris y luego le colocamos su
bata preferida de dormir, la que es cinco tallas demasiado grande, cien por
ciento algodón, y con ovejitas rosadas. Llevamos a Doris para el dormitorio, la
colocamos en la cama y tratamos de despertarla pero ya estaba en otro planeta.
Entonces le sugerí a mi esposa "Mejor vas a buscar a tu mamá para que nos ayude
a cuidarla". (Su madre es enfermera y sabe algo de estas cosas.) Isabel se
vistió rápidamente, tomó las llaves del coche y salió. Pobre Isabel… esa fue una
mala decisión… porque dejó al buitre cuidando la carne.
Cuando vi por la ventana que mi esposa se alejaba en el
coche, comencé a quitarme la ropa mojada. Al desnudarme me di cuenta que todavía
mantenía la erección que empezó en la ducha. Voltee y miré a Doris, inconsciente
en la cama. Me acerqué a ella y le di algunas cachetadas y pellizcos para tratar
de despertarla… Nada… estaba "knock out".
¿Ya entienden por que soy un vil oportunista? Acto seguido
voltee a Doris boca abajo y la hale por las piernas hasta el borde de la cama.
La bata de ovejitas rosadas se le subió hasta los brazos automáticamente por la
fricción de las sabanas. Doris seguía "knock out". Dejé sus piernas
colgando del borde de la cama y coloqué un par de almohadas debajo de su abdomen
para levantar su culito. Me quedé observando su perfección por un minuto, y
separe los cachetes de las nalgas para verle el chiquito. ¡Ahh la tierra
prometida! Me acerqué a la mesita de noche para tomar el lubricante que Isabel y
yo usamos para nuestras relaciones "normales" y casualmente encontré también mi
cámara digital, lista y cargada como siempre, para mi suerte. Coloqué la cámara
sobre su trípode en el suelo detrás de Doris, apuntando directamente al blanco,
y activé la filmadora. Luego rocié bastante lubricante en su culo y sobre mi
verga, todavía erecta y potente.
En la media hora que siguió, di rienda suelta a todo mi
instinto animal sobre el culo de Doris. Atención, yo no tengo un pene gigantesco
ni nada por el estilo. Es un pene de tamaño normal. Lo que si fue extraordinario
fue la violencia y la profundidad con la cual penetre el ano de mi cuñada. Casi
una década viéndola y fantaseando, y ahora la tenia a mi merced, para satisfacer
todos mis deseos.
Todavía tenía bastante tiempo, así que primero la penetré
suavemente. Gracias al lubricante mi pene entro suavemente y me detuve a sentir
la suavidad y calidez de ese culito. Estaba bastante apretado. Doris ni cuenta
se dio. Luego comencé a moverlo con más fuerza, sacándolo casi todo y metiéndolo
hasta la empuñadura. Los movimientos fueron in crescendo hasta que, al cabo de
dos minutos, estaba metiéndole la verga con todas mis fuerzas hasta el fondo, y
a alta velocidad además. Con ese ritmo, y con un culo tan sabroso, no dure más
de 5 minutos.
Saqué mi verga y eyaculé medio litro de leche sobre las
nalgas de Doris. (No le acabé adentro porque no quería dejar evidencias.) Pero
yo quería más… así que inmediatamente le volví a introducir mi huevo en su culo,
pero esta vez le fui taladrando lentamente. Unos veinte minutos de bombeo
intenso después llego mi segundo clímax. Entonces retiré el pene de su ano y me
quedé observándolo mientras eyaculaba. Su culito había quedado un poco
prolapsado y al triple de su apertura original. El chiquito estaba rojito, y se
tardó casi un minuto en cerrarse completamente. A todas estas Doris no sintió
nada ni se movió.
Apagué la cámara y limpié toda la leche derramada sobre las
nalgas de Doris. Tuve que usar dos toallas. Le di un besito sobre su cachete
izquierdo y después coloqué a Doris exactamente en su posición original. A los
pocos minutos después que terminé de vestirme, cuando llegaron mi esposa y mi
suegra, yo las estaba esperando en la puerta del apartamento, con tremenda cara
de preocupación, y lo primero que les dije fue "Está durmiendo, pero parece que
está mas tranquila."
Doris despertó a las dos de la tarde del día siguiente con un
gigantesco dolor de cabeza. No recordaba nada de lo acontecido la noche
anterior… y yo soy un vil oportunista.