"MI MUJER, YO Y…."
Lo que les voy a contar es algo que me ha ocurrido hace muy
poco. Jamás pensé que al leer aquel correo todo pudiera desembocar en algo tan
excitante. Empezaré por el principio, como debe ser. Hace unas tres semanas
recibí un e-mail de una chica de mi país diciéndome lo mucho que le había
gustado mi relato publicado en TR. Me sentí halagado por el hecho de que fuera
una chica la que me lo dijera y aún más cuando quiso saber más de mi persona.
Como es costumbre en mí, no dudé en contestarle agradeciéndole su interés por mi
historia y la invité a que leyera alguna otra de mi cosecha. A todo ello añadí
lo que me pedía, es decir, describí a groso modo mi vida personal y profesional.
Al día siguiente volví a tener un nuevo correo de la chica aún más sorprendente.
Me decía que se había puesto muy cachonda al leer otros relatos míos y que en
palabras textuales se "había hecho unos dedos" mientras disfrutaba la lectura.
Como ustedes podrán imaginar aquello a la vez que peculiar me puso muy excitado
y no dudé en contestarle. El caso es que casi sin darme cuenta me estaba
escribiendo con una chica de 28 años que mostraba un enorme interés hacia mi
persona. Supe que tenía novio, que eran una pareja muy liberal y que le
encantaba el sexo.
Ella por su parte descubrió que estaba casado (jamás se lo
oculté), que mi vida era hasta cierto punto trivial y monótona como la de tantas
parejas y que tenía una enorme afición a la escritura. A los pocos correos me
pidió alguna foto a lo que yo accedí sin problemas. A su vez ella me mandó una
en la que se le veía la cara tapada y aparecía con el torso desnudo. Yo no pedí
una foto así pero reconozco que al verla quedé sorprendido de su belleza. Era de
complexión normal, piernas bien formadas y unas tetas pequeñas pero de formas
redondeadas. Me pedía insistentemente que le contara algo íntimo de mi relación
de pareja y ella cada vez que me escribía me contaba más y más de sus gustos y
lo excitada que se ponía cuando le hablaba del sexo que yo hacía con mi mujer.
Poco a poco me fue enviando más fotos, algunas muy morbosas y sorprendentes y
caí rendido a sus pies. Estaba claro que la chica estaba para comérsela y de
hecho me veía a mi mismo abriendo una y otra vez las fotos que me mandaba para
masturbarme pensando en ella. Evidentemente mi mujer no sabía nada de María, que
así se llamaba. Al final ocurrió algo que me dejó entrever días antes. María me
pidió fotos nuestras y tras gustarle mucho se ofreció a hacer un trío con
nosotros. Al leer aquellas líneas sentí una mezcla de miedo y excitación. Sólo
el pensar en tenerla en mi cama con mi mujer me ponía cardiaco pero por otro
lado, el simple hecho de planteárselo a mi mujer suponía que me llevara una
buena hostia con seguridad.
Traté el tema con sumo cuidado y cuando mi mujer y yo veíamos
películas porno le decía medio en broma lo divertido que sería el meter a
alguien allí con nosotros. No tardaba en decirme que estaba loco y que con dos
ya éramos suficientes. Nuestra vida sexual era placentera pero como tantos otros
matrimonios, los años habían hecho que la pasión del comienzo decayera y que la
monotonía se apoderara de nuestras relaciones. Ella lo sabía pero no quería
darle mayor importancia. De hecho sabía que jamás la engañaría con otra persona.
Habíamos probado muchas cosas para "despertar" nuestra pasión pero no daban el
resultado esperado. El caso es que un día le conté que una chica me estaba
escribiendo en relación a mis historias y que me había propuesto algo curioso.
Le enseñé fotos riéndome de la ocurrencia para crear un clima calmado y ella
reaccionó bien, con normalidad pero dejando claro que jamás se había planteado
hacer sexo con otra mujer. Pasaron los dias y en una cena romántica abordé
nuevamente el tema. Le dejé claro mis sentimientos hacia ella pero le propuse
conocer a la chica sin compromiso alguno. Más que nada lo achaqué a la
curiosidad del momento y que como era muy agradable y divertida entendería
nuestra postura. Ella se negó en rotundo pero tras unas copas terminé
convenciéndola.
María era de otra provincia y decidió venirse a pasar unos
días en la ciudad. Tenía contratado un hotel y nada más llegar, nos citamos en
el restaurante del mismo.
Mi mujer estaba muy nerviosa, casi ni habló en el coche y yo
estaba aún peor.
Dejamos pactado que la conoceríamos, nos contaría sus
experiencias como personas civilizadas, nos divertiríamos con unas copas y….
cada uno para "su casa".
María estaba esa noche espectacular. Nada más verla me
temblaron las piernas y mi mujer me echó una mirada furtiva como contemplando
mis reacciones ante aquella chica de provocativo vestido. Llevaba una blusa roja
de pequeños tirantes y una falda corta del mismo color. Sus pies mostraban unas
sandalias de tacón y unas uñas perfectamente pintadas de color sangre. Llevaba
el pelo semilargo, ojos oscuros como en las fotos y rostro sereno. El escote era
pronunciado y mostraba unos pechos emergentes del tamaño justo para ser
masajeados por manos expertas. Venía mostrando una sonrisa de oreja a oreja y
comenzó a hablar sin el menor síntoma de nerviosismo. Manejaba la situación
desde el primer momento a pesar de ser algo más joven que nosotros. Tras unos
minutos de cierta tensión por nuestra parte, la conversación intranscendente dio
paso a un clima agradable en el que terminamos riendo y contando mil y una
historias. La copas iban de ronda en ronda y terminamos cenando en un
restaurante del centro de la ciudad donde María nos contó la peculiar relación
que tenía con su novio. Cada uno podía hacer lo que quisiera pues ambos estaban
seguros de que con quien mejor podían estar era el uno con el otro, aunque
disfrutaran del sexo con otras personas. Nos reconoció abiertamente que le
encantábamos, que éramos una pareja ideal y que se nos veía felices. Terminamos
bebiendo mucho más en una discoteca donde ella mostró en ciertos momentos más
atención a la "presa" difícil, es decir, a mi mujer. Hubo un momento en el que
fueron juntas al baño y tardaron unos minutos. No sé que hablaron allí pero la
curiosidad me mataba. Al verlas salir y dirigirse a mí, me dijeron con total
normalidad que nos fuéramos a casa a tomar la última copa.
Durante la cena, mi mujer le había reconocido que las chicas
no le atraían y que le sería muy difícil practicar sexo con alguna. María
respondió que eso le pasó a ella hasta que lo probó pero que si accedía a un
encuentro íntimo con ella, se convertiría en un "hombre" para mi esposa y así
hacerlo más fácil. Aquello provocó las risas de todos pero me dejó tan intrigado
creo que como a mi querida mujercita.
Al llegar a casa, nos sentamos y bebimos algo más. Mi mujer
no es muy dada a la bebida y era evidente que ya no estaba muy "católica". No
paraba de reir y llegó incluso a cierta complicidad con María. Todo ocurrió muy
deprisa.
María puso su mano en mi pierna y ante mi mirada de asombro
me dio un apasionado beso. Mi mujer miró entre asombrada y complacida. Digo eso
porque no reaccionó como yo hubiera pensado. Se limitó a ver la escena tal y
como discurría. María metió su lengua hasta mi garganta y no dudó en poner su
mano en mi paquete. Yo miraba de reojo a mi mujer y ella con rostro serio seguía
dando sorbos a su vodka. María abrió la cremallera del pantalón y
inevitablemente mi polla salió disparada como un resorte. Estaba más empalmado
que la bandera del Estado Mayor y María empezó a chuparla sin dejar de mirar
fijamente a Sandra.
Sandra no dejaba de mirar la mamada y yo, casi sin atreverme
a encontrarme con sus ojos, cerré los míos.
Cuando estaba en el momento más excitado ella paró. Se sentó
al otro lado del sofá y se inclinó hacia Sandra. La besó dulcemente y ella se
dejó hacer. Cerró sus ojos al igual que yo y se entregó por completo a la
"experta". La cogió de la mano y se levantaron con tranquilidad. Al llegar a la
entrada del dormitorio María se dirigió a mí.
¿No vienes?
Si, siiiii …por supuesto….
La tumbó en la cama y con mucha parsimonia la desvistió. Yo
me recosté a su lado y empecé a chupar los pezones de mi mujer. Tanto María como
yo nos habíamos aliado en un pacto silencioso en dar placer eterno a Sandra. Las
tetas de mi mujer eran mucho más grandes que las de María y pronto sus pezones
se pusieron duros como piedras mientras ella jadeaba con cierta evidencia. María
la besaba y le acariciaba el pelo con ternura y dirigía las operaciones con
autoridad.
Héctor, métele la polla en la boca.
Siiiii…… así,….. cometela nena….. así……
Sandra engullía con lujuria mi tremendo pene mientras María
se situaba justo al lado y me ofrecía su culito redondeado. Se disponía a
comerle el coño a mi esposa mientras me ofrecía su trasero. Mis manos no
tardaron en recorrer aquel trasero y a acariciar su coño poco velludo. Estaba
húmedo, lo cual indicaba que tal y como me había dicho en sus correos, aquella
situación la volvía una ninfómana total. Le froté con fuerza su clítoris
mientras mi polla entraba y salía de la boca de Sandra. Pude ver como mi mujer
se abría por entero e piernas para sentir la lengua de otra mujer chupar su
"intimidad".
¡Qué coñito tienes Sandra! Ummmmm…… que bien te
sabe…ummmm
Dios…… sigue amor…….. ahhhhhh……
Sandra gemía sin contemplaciones llegando a olvidar por
completo mi polla pero eso no me hizo sino excitarme aún más. La imagen de mi
mujer abierta, masajeándose sus propias tetonas mientras otra chica le comía el
coño era impactante. Era toda una fantasía hecha realidad. Yo cambié de posición
y me puse justo detrás de María. Estaba a cuatro patas u su culo mostraba haber
sido jodido muchas veces por detrás ya que sin haber dilatado en ningun momento,
su agujerito no estaba prieto del todo como suele ser normal. Presentaba un
ligero orificio que me invitaba a entrar para disfrutar de su calidez. Tal y
como hablamos en tantas ocasiones, el sexo anal la hacía disfrutar en gran
medida así que me dispuse a comerle a ella el coño y a penetrar su pequeño ano.
Era todo un manjar y pronto su vagina desprendió cantidad de
lubricación. Era curioso disfrutar del aroma de otro coño distinto al de Sandra.
Cada una olía de forma distinta. Sandra no tardó en correrse abundantemente y se
desmadejó mientras veía como mi lengua entraba y salía del chocho de María.
Pronto me dediqué a su culito y mi músculo bocal entró sin dificultad en su ano.
Ahora era María la que gemía y movía el culo en pequeños círculos. Justo debajo
estaba la cara de Sandra que vio como mi pene se disponía a violar aquellos dos
agujeros provocadores. Primero se la metí en el coño y la envestí con suavidad.
Tras varias envestidas noté la mano de Sandra como me agarraba la polla y la
sacaba para chupármela sin compasión. Al instante volvía a meterla de donde la
había sacado. Yo estaba como loco…..
¡Fóllame el culo ya, cabrón….. no puedo más….
Fóllamelo….ahhhh…..
ummmm, métesela cariño….. quiero verlo…… ayyyyy….. métela
dentro…
Fue ella mismo quien dirigió con su mano mi polla y la
entrada fue más facil de lo esperado. El placer era inmenso y noté como una boca
trabajaba cerca de mi polla palpitante. Era Sandra que estaba chupandole el coño
a María mientras yo la envestía fuerte por el culo. Pronto tuvo que dejarlo
porque me aferré a su cadera y mis movimientos eran bruscos y decididos. Se
retiró a un lado y contempló la escena con ojos vidriosos. Como un poseso dirigí
mi mirada a sus tetas y le agarré con mi mano mientras con la otra me apoyaba en
el trasero de María. No pude más e iba a correrme…
Joder….. me voy a correr….. ahhhhh…..
Córrete en mi boca, por favor, dame tu leche…..
La saqué con rapidez y dirigí mi polla a su boca. Al instante
Sandra se puso junto a ella esperando también su ración. Me masturbé unos
segundos pero no hizo falta más. Era demasiado para mí ya l igual que en las
películas porno las rocié de esperma por toda su cara. Fue increíble.
Nos quedamos tumbados unos minutos pero pronto la "experta"
se incorporó y cogió algo de su bolso. Sandra la miraba ansiosa y yo recuperaba
el aliento sin perderla de vista. Sacó un pene de plástico colocado en un arnés
y se lo colocó. Al momento me acordé de sus palabras durante la cena y en pocos
segundos era un "hombre" para Sandra.
La besó y sin preguntar le metió la polla de goma en su boca.
Cómetela guarra…. Vas a saber lo que es un hombre de
verdad….. ahhhhh….así entera…… vamos……
Glup…… dámela……glup…….
Se habían puesto en acción sin darse un respiro y yo tumbado
presenciaba aquella extraña escena. Era como si la mujer que estaba allí
comiendose aquella polla naranja no fuera la misma que hacía 8 años se había
casado conmigo.
Ábrete de piernas zorrita mía…..quiero metértela hasta
las entrañas, venga…
Sandra levantó sus cortas piernas y mostró su sabroso coño a
María. Ésta dirigió su artificial órgano hasta su cavidad y la penetró. Ví como
movía hábilmente sus caderas y le frotaba sus tetas con brusquedad. A los pocos
minutos le dio la vuelta groseramente y la puso a cuatro patas. Yo volvía a
estar empalmado y ella se la metió de un tirón sin delicadeza alguna. Sandra
soltó un chillido seguido de gemidos varios. Por primera vez veía a mi mujer
follada por otra persona. Sus tetas se movían alocadas en cada empujón que le
daba María y ésta le daba cachetazos en su culo gordito.
¿Quieres tú también jugar verdad? Vamos hombre anímate a
follarte a esta guarrilla.
Si por favor, ahhhhhh …… follarme ya….. vamos… quiero…..
Pero mueve el culo zorra….. no dejes de darme placer en
mi polla…. Así.
Era alucinante la transformación mostrada en mi mujer y yo
estaba tan cachondo como ellas dos. María se situó debajo y le metió la polla de
nuevo. Sandra le dejó sus tetas en la cara para que ésta disfrutara de su sabor.
Yo me situé detrás y tras lubricarla con ayuda de mis dedos la penetré por
detrás. Ella se tensó por un momento al sentir que yo quería entrar.
Con cuidado por favor….. con cuidado.
Calla mujer…. Y mueve tu culo sobre mi "compañero" solté
casi en una voz que no sentía mía.
Estaba tan metido en la nueva situación que me excitaba
pensar en que estaba dominada por dos personas. Al final logré introducirle mi
polla en el interior de su agujero y noté como la "otra" rozaba casi la mía. Una
ligera pared de piel separaba ambas pollas dando una sensibilidad inimaginable.
Debía ser así también para ambas porque no paraban de emitir ruidos. Sandra
jadeaba y se dejó caer sobre las tetas de María. De hecho creí llegar a ver como
le chupaba sus pequeños y puntiagudos pezones. ¡Mi mujer comiéndole las tetas a
otra!
Mis empujones eran cada vez más fuertes pero no quería que el
momento acabara, así que me salí y ví como su culo había dilatado
ostensiblemente.
Vamos poneros las dos a cuatro patas, quiero follaros
juntas.
Mi voz decidida debió dar resultado y ambas me agasajaron con
sus culos uno al lado del otro. Era una imagen curiosa. El culo de mi mujer era
algo más grueso y por el contrario el de María presentaba un pene colgando hacia
abajo.
Aquello no hizo más que ponerme aún más cachondo y empecé a
metérsela a la una y la otra. María disfrutaba enormemente y su culo era una
delicia ya que cada vez que se la sacaba se veía una enorme cavidad abierta.
Terminé corriéndome en Sandra y caí rendido nuevamente. Ellas me ignoraron y
seguidamente se hicieron un 69 sin timidez alguna. Terminaron llegando al
orgasmo casi al mismo tiempo.
La noche había sido larga y terminamos durmiéndonos abrazados
los tres. A la mañana siguiente todo volvió a empezar irremediablemente.
Estábamos ansiosos unos de otros. Pero eso ya lo contaré otro día.
Espero vuestros comentarios, buenos y malos como siempre pero
útiles para todo el que se esfuerza en mejorar. Un saludo para todos y como
siempre invito a que me escribais para darme vuestra opinión a
karlosmm@wanadoo.es. Hasta pronto.