Desde pequeño, siempre me gustaron los dulces y caramelos,
siempre he vivido alrededor de ellos ya que mis padres tienen una pastelería,
donde hoy día trabajo. Estudie hostelería en unos cursos de León donde comprobé
que no solo sabia degustar tales delicias sino que sabia crearlas. Cuando empecé
a colaborar en la pastelería de mis padres tenia 20 años, y estaba en la parte
de atrás, ayudando a mi padre con los moldes y realizando grandes porciones de
nata, chocolate, merengues, caramelos y largos etc. Mi madre y una muy buena
amiga de ella atendían a los clientes. Un día la amiga de mi madre tubo que ir a
casa de su padre que andaba algo fastidiado de una neumonía que no lograba
recuperarse, y mi madre hablo con mi padre para que la ayudase en la tienda
ordenando cosas y atendiendo a la gente, ya que mucha gente pasaba por ahí a
recoger pedidos para tartas y cosas así.
Un día, mientras sacábamos la segunda horneada de pan, la
puerta se abrió y levante la cabeza para ver quien era. Era un chico de por
allí, no es que lo conociese pero más de una vez si lo había captado, ya que un
chico así no se me escapa de la vista. Un chico de gran altura y fortachón con
amplios brazos y una curva de la felicidad agradable de ver. Su mirada era
bastante seria siempre pero sus mofletes y unas mechas de color platino lo
hacían, para mi un hombre adorable y tierno. No sé porque rápidamente me di la
vuelta y me agache debajo de uno de los mostradores como buscando algo que en
realidad ni yo sabia quería encontrar. Mi madre rápidamente salió a atenderle.
Hola ¿qué desea? – dijo como siempre con una grata
sonrisa.
Buenas, eh... – parecía pensativo, yo lo observaba detrás
del mostrador cubierto de unas vidrieras – Póngame una barra de pan, y
también me gustaría probar dos de estos – señalando a dos de los pasteles de
chocolate que había preparado junto a mi padre esa mañana – Eso creo es todo
-.
Mi madre como una gran experta lo despacho con mucho arte
envolviendo esos pastelillos en una bandeja. Yo aun estaba de cuclillas detrás
del mostrador moviendo de un lado a otras cosas para hacer creer que buscaba
"algo". Cuando aquel chico se giro para cerrar la puerta tras de sí, miro hacia
mí con una mirada penetrante que me dejo colorado, después siguió cerrando la
puerta esta vez con una sonrisa que hacia de su cara un solete. ¡Dios que
imagen! Era increíble en ese momento, como me sentía por dentro ¡Y POR FUERA!
Estaba totalmente rojo y mi madre me miró con una risotada mientras me dijo que
iría a la trastienda a por unas cosas.
Los siguientes días, aquel chico seguía viniendo, a por su
pan y alguno de los dulces que vendíamos. Siempre estaba esperándolo con ganas
de atenderlo yo pero o me entraba un pánico horrible o estaba con otra persona
(cosa en parte que agradecía. Siempre lo miraba de reojo para verlo: me gustaba
verle sonreír, su pelo negro adornado con mechas platino, su mirada brillante y
esa voz ¡MADRE MIA QUE VOZ! Cada noche antes de dormir siempre pensaba en él, y
me masturbaba imaginando su piel contra la mía ese gran hombre cerca de mí, su
boca deslizándose por mis labios metiéndome la lengua, humedeciéndola para lamer
mis pezones y agarrarme de las caderas mientras me hacia una gran mamada.
Siempre acababa corriéndome pensando en esa voz que havia ecos dentro de mi
cabeza.
Aquel día, desde que me desperté sentí que algo no ocurría
con normalidad. Mis padres tenían que ir a Pontevedra a hacer unas cosas que muy
bien no me entere de que iba eso. El caso es que me dijeron que ese día no
abrirían la pastelería y que lo tendría libre. Así que tranquilamente me desnude
me duche, y como estaba solo, ni me vestí para desayunar. Me encantaba quedarme
de vez en cuando solo en casa, nada ni nadie me impedía hacer algo. Decidí salir
al de una hora para despejarme del silencio de mi casa. Esta vez si me vestí con
unos vaqueros y un a camiseta bastante ajustada, ya que al ser nueva se había
encogido al lavarla, pero bueno me quedaba bastante bien. Salí a la calle y
decidí ir al bar de enfrente de mi pastelería donde trabajaba un amigo mío.
Mientras tomaba un refresco, mire a mi querida pastelería. Y sorpresa sorpresa,
allí estaba de nuevo mi amor platónico frente a la puerta con el papel
indicatorio donde mis padres habían escrito "CERRADO", con unas grandes letras
negras escritas en uno de mis folios de mi impresora. El chico miraba como
apenado hacia dentro y cuando se dispuso a irse se paro en seco y paso de acera
para en una santiamén entrar en el bar. Se dirigió a la barra donde pidió una
coca-cola "fresquita". Se acomodo en uno de los taburetes. Lo mire con bastante
descaro, como si solamente estuviéramos él y yo en el bar. Se percato de que
alguien lo miraba y giro su cuerpo y mirada hacia el acechador. Y ahí en medio
del cruce de miradas, se levanto cogiendo su coca-cola y se acerco a uno de los
taburetes que tenia al lado.
Hola ¿qué tal? – dijo con bastante normalidad, como si me
conociera de siempre.
Bien gracias – le respondí echando una sonrisa sincera –
aquí tomando algo -.
Ya veo, ¿y hoy no abrís? – me pregunto con ojos curiosos.
Hoy no... mis padres andan algo ocupados y yo todavía no
me atrevo a estar al cargo solo -.
Ya... te entiendo – y pego un largo trago a su vaso,
mientras yo lo miraba con ganas de besar aquel cuello ancho y fuerte.
Empezamos una curiosa conversación, y acabamos dando una
vuelta por la calle, llegando cerca de unos comercios, donde miramos cosas y me
hacia el interesado en cosas a las que a él parecía gustarle. La verdad que
nunca me había enamorado, pero esa vez las horas se pasaban como el agua de un
torrente cuando pasa corriendo por la montaña. No quería que esos momentos
acabasen así que quede mas veces. Dormía poco pensando en él. Aquellos
veinticinco años esbeltos en un cuerpo de hombre tranquilo y maduro me quitaban
el sueño e incluso a veces el hambre. Me gustaba hablar con él cada vez que
salíamos, me tranquilizaba sentir su mirada sobre mí. Cada día que pasaba sobre
las once, pasaba por el pan y algún pastel, que comencé a hacer el mejor y
guardárselo para él e incluso a veces se lo regalaba.
Cuando paso dos semanas, y ya teníamos mucha confianza empecé
a darle indirectas para ser algo más que "amigos" y pasar a otra clase de nivel.
Cuando estábamos en algún bar me sentaba muy cerca y dejaba un largo rato mi
mano cerca de su paquete y a veces incluso se lo tocaba. Él claro esta no es de
piedra y quedábamos en mi casa o en la suya para ver una buena película, aunque
finalmente nunca la veíamos. Acabábamos tirados en el sofá él debajo de mi y yo
besándolo dejándome tocar con sus manos, que se deslizaban por mi pantalón
entrando debajo de mis slips dándome cachetes en los glúteos. Me encantaba esa
sensación. Pero quería más y aunque era virgen estaba deseoso de tener sexo
bestial con él.
Rubén, este fin de semana mis padres se van a Tenerife a
celebrar sus bodas de plata y me quedaré tan solo y aburrido... – y me lo
quede mirando pícaramente.
Pues ya sabes... enciérrate con la consola en tu cuarto y
no salgas – y una gran risotada sonó frente a mí.
Ja ja, pues podríamos estar en mi casa y eso... – le mire
esta vez con la cara totalmente caliente de la vergüenza que me producía
comentar algo de sexo con alguien. – Vamos ir y... -.
¿Follar? – dijo quitando de golpe la sonrisa.
Aha, eso es – dije recostado sobre él.
¡Genial! – exclamo dándome un beso que me dejo medio
seco.
Aquella semana se paso tan lenta que parecía no acabar nunca.
Llego por fin el puñetero viernes y mis padres me aconsejaron de no dar la nota
y no hacer gamberradas en su ausencia, y me dieron varios teléfonos de personas
que ni conocía o de los bomberos o de la policía municipal.
Ummm ¿esto es para hacer una orgía? – dije echándome una
risotada como si hubiera contado un gran chiste.
¡Dios que descarado eres niño! – dijo mi madre mientras
salía por la puerta.
Ay hijo, ten cuidado y mira toma esto – mientras metía la
mano en uno de los bolsillos de su abrigo – Úsalos si por si acaso tienes
compañía – y dejando sobre mi mano y guiñándome un ojo me fije en una caja
de condones – Úsalos que no quiero nietos - ¡Pobre, aún no sabía que su hijo
había salido maricón jajaja.
Les vi montarse en el taxi que habían pedido, y aún eran las
cinco de la mañana por lo que decidí irme rápidamente a la cama a dormir un
poquito más. Me acomode en mi camita y empecé rápidamente a soñar con pollas
como siempre. Me despertó un timbre que sonaba como loco, quitándome aquel
maravilloso sueño donde me lo montaba con Tom Welling y Jack Black. Mientras iba
hacia la puerta pensaba que en que poco se parecen esos actores pero ambos como
me calientan. Cuando abrí la puerta ahí estaba Rubén de pie con unas películas y
unas bolsas.
¡Guau eso si que es un buen recibimiento! – dijo casi
gritando mientras miraba fijamente mi tremenda erección que no se ocultaba
tras un pantalón de tela fina de mi pijama.
Bueno es que mi hermanito es muy majo, se despierta antes
que yo siempre – y agarrando a Rubén de la camiseta lo lleve dentro donde lo
bese.
Nos sentamos en el sofá del salón, y estuvimos un gran rato
hablando y bueno también metiéndonos mano. Me encantaba sentir esas manos suaves
y grandes por mi cuerpo, por mi paquete, por mis piernas... Lo besaba por el
cuello, los labios, le quite la camiseta y bese sus pezones y volví a besarle en
los labios. Mi polla cada vez se ponía mas dura, y empujaba con fuerza mi
paquete contra el de Rubén, y él me agarró del culo subiéndome encima de él
dejándome como si fuese a cabalgar sobre un caballo pura sangre. Mis finos
pantalones me permitían notar su bulto duro que movía debajo de mí. Rápidamente
me levante y me desnude y volví a esa postura, para sentir de nuevo ese calor
entre mis piernas. Rubén empezó a magrear mis glúteos y de vez en cuando daba
una leve palmada que resonaba en la habitación ocupada ya de nuestros gemidos.
Rubén me dejo en el sofá tumbado boca arriba y se levanto quitándose los
pantalones y sus calzoncillos dejando a la vista lo que tan ardientemente me
había puesto en esos momentos. No era de un tamaño descomunal si algo gruesa,
pero quería sentir su roce frente a la mía tampoco descomunal. En las películas
porno siempre me había fijado en que jamás había un vergón normal y bueno a
veces me sentía incomodo porque pensaba que mi polla era pequeña fuera de lo
normal, aparte que los pasivos de esas películas ponían cara de pasarlo
realmente mal o en otras de ¿has acabado?. Rubén se había acostado encima de mí
mientras que sentía todo su cuerpo encima, me ponía cada vez mas excitado. Nos
besábamos, nos mirábamos, nos tocábamos la polla del otro... realmente no pensé
que el follar seria así. Después de un largo rato de estar así me puse de nuevo
encima esta vez al revés para practicar un famoso 69. Frente a mi se encontraba
una polla, para mi enorme y única, era fantástica y hermosa. Lamí su capullo con
timidez. Rubén tenia la mía dentro de su boca dándome uno de los escalofríos más
increíbles de mi vida. Comencé no sé porque, supongo que por instinto a mover
mis caderas hacia su boca retrocediendo y avanzando con tranquilidad pero sin
pausa. Del calentón me metí la verga de Rubén en la boca y sentí un gran calor
en mi garganta. Seguí despacio moviendo mi cabeza de arriba abajo igualmente que
mi cadera, sintiendo ese polo de carne dentro. Sentí como Rubén también comenzó
a dar movimiento a sus caderas y acercándome mas su tranca. Metí mis brazos por
debajo de sus piernas y se las abrí para jugar con todo lo que allí había. Sus
pelotas eran grandes y las bese con ansia. Lamía todo con gran pasión. Era como
estar en un sueño, mientras que yo lamía y chupaba lo que más me gustaba, Rubén
me daba un placer extraño que comenzaba, a descubrir. Me pasaba las manos por
los glúteos separándolos poco a poco y los daba leves masajes. Cada vez estaba
más cachondo. Ambos comenzamos a echar líquidos preseminales que esparcíamos por
nuestras caras. Después de unos minutos arduos, Rubén empezó a dar embestidas en
mi boca y se corrió dejando en mi cara, pero gran parte en mi pelo, un gran
chorro de leche blanca. Acto seguido me corrí yo dejando su pecho blanco por mi
corrida.
¿Y si nos duchamos? – pregunte con una cara de chiste.
Muy bien – contesto mientras me dio un beso.
Los dos nos metimos en la ducha y ambos nos enjabonamos
mutuamente, dándonos friegas suaves con las manos en la bañera. Después le
preste ropa de mi padre a Rubén, y desde luego la ropa de mi padre jamás me
llamaba la atención, pero ahora encima de este chico, me atraía como la miel a
los osos. Hice una tortilla de patata para comer, no podía creer que hubieses
estado tanto tiempo en aquel maravilloso sofá. Pensé en no comer mucho para que
no nos diera pereza después, seguir...
¿No me vas a dar algo dulce? – dijo Rubén con cara
divertida.
Ja ja ja, bueno yo soy todo dulce – reí dándole la
espalda.
Ya bueno eso es verdad – se colocó detrás y me susurro al
oído - ¿me enseñas como lo haces? -.
Después de convencerme de que haría un pastel para el postre,
comencé a sacar todo lo que necesitaba. Le pedí que me ayudase y rápidamente se
puso a mi lado remangándose las mangas. Mientras estaba preparando la masa del
bizcocho le pedí la harina que estaba en su lado. No sé si lo hizo queriendo o
sin querer pero esa harina cayo sobre mí dejándome echo un cristo. Empezó a
reírse de tal manera que le tire los huevos batidos sobre la cabeza. La nata
caía por mis labios y la miel sobre su espalda, estábamos frente a frente,
bastante pegajosos, y de nuevo empezamos a besarnos muy "dulcemente". Me levanto
y me enrosque con mis piernas alrededor de él. Me sujetaba con sus grandes y
poderosos brazos. Nos lamíamos restos de una mezcla que en ese momento no sé que
era pero estaba sabrosa. Mis papilas gustativas estaban realmente definidas y
quería mas así que lo empecé a lamer como si seria la cría de una gata. Se sentó
en una silla y est6ando encima seguí besándolo y quitándole la ropa. Me quito la
camiseta y empezó a besarme los pezones, pasaba sus manos por mi trasero.
Minutos después nos levantábamos para ir directamente a mi
cuarto, donde pedí que se tumbase. Le arranque con furia los pantalones y me
tumbe boca abajo a la altura de su polla, mientras él estaba sentado a la altura
de la cabecera. De nuevo metí mis brazos por debajo de sus piernas. Me gustaba
sentir esas potentes piernas cerca de mí. Empecé a despertar su nabo con
lametones, y cuando se mantenía tieso me lo trague, igual que el mar traga a sus
victimas. Solo se oían mis fuertes aspiraciones y los gemidos de Rubén. Después
de un gran rato, fue corriendo a la sala y trajo consigo la bolsa que vi al
entrar. De ella saco una caja de condones y un lubricante que rápidamente abrió
para aplicar en mi culete. Le dije que no me haría mucho daño que eso me daba
bastante yuyu. Él me tranquilizó diciendo que lo haría muy suave y que apenas me
dolería. Así fue.
Tumbándose sobre mí con mi ano recubierto de lubricante y su
condón colocado, metió uno de sus dedos, muy suavemente, haciendo círculos, cada
vez más grandes. Sentía que me partía en dos, solo en un principio. Después me
comencé a calmar y muy delicadamente Rubén se aventuro desde su posición a meter
otro dedo. Me ponía muy caliente pensando en que él estaba allí detrás de mí con
mi culo abierto y su polla dura como una roca. Después de dilatarlo, comenzó muy
tranquilamente a perforar mi agujero deseoso de ser penetrado. Su capullo
bastante gordo, entro complicado. El resto entro muy fácilmente y con bastante
rapidez. Se tumbo encima de mí tocando mi espalda con su estomago y sintiendo
sus embestidas. Me gustaba oír su respiración cerca de mi oreja, me tumbe
completamente y me deje llevar por la lujuria un instante. Levantaba el culo
como queriendo dar un golpe seco en los huevos de Rubén pero lo que hacia era
enterrar mas su polla. Desde luego era muy placentero, pero quería probar algo
mas antes de corrernos. Así que cambiamos de postura nuevamente esta vez
poniéndome encima de su cuerpo tumbado boca arriba, dándole la espalda, con los
pies mirándole a él, y puesto que soy muy elástico, me tumbe sobre él, y
agárrandome por el abdomen comenzó a embestirme como el gran hombre que es.
Sentía un gran placer, y me masturbaba mientras él me follaba con ganas. Movía
mi cadera dándole un gran placer en su verga. Sentí como el chorro de leche
avanzaba dentro de mi culo retenido por el condón y como Rubén quedaba
extasiado, con una gran respiración. Aún con su tranca dura dentro note como mi
lefa salía a chorretones, depositándose de una libre forma sobre mí estomago
sudado. Me quite de encima y Rubén ya se quitó el condón, y nos echamos una
siesta abrazados.
Ese fin de semana, fue el mejor de mi vida. Eso si tuve que
limpiar como un loco el piso con ayuda de Rubén, antes de que mis padres
volviesen. En el único lugar que no follamos fue en el cuarto de mis padres por
respeto, pero el resto... rompimos mi colchón (que ya estaba viejito) y me
compre otro de estos nuevos de látex. Mis padres se presentaron el domingo tal y
como dijeron y el lunes Rubén seguía yendo a por su pan y su "dulce favorito".