Mi esposa observaba la gigantesca verga negra de reojo, e
intentaba decidir si le permitiría al negro Esteban que le empujara su
gigantesco bastón de ébano dentro de su pequeño culo. Mientras tanto succionaba
las últimas gotas del pene de Charlie, que había eyaculado un montón, y a la vez
acariciaba con su mano libre las bolas de Andrés. Mi compañeros del equipo de
béisbol estaban haciendo desastres con mi mujer, y yo estaba ahí parado
observando incrédulo, boquiabierto, como un niño sin reaccionar.
¿Cómo llegamos hasta este punto? Ah bueno, les cuento… Mi
esposa Margarita y yo somos bastante fanáticos del baseball. Yo pertenezco a un
equipo que juega los domingos en una liga amateur. Margarita me acompaña a casi
todos los juegos, y por lo general somos una pareja bastante normal. Ni mi
esposa ni yo somos nada extraordinario, físicamente hablando. Ella no es ninguna
rubia de 1.90 con gigantescas tetas, ni modelo, ni nada por el estilo y yo no
soy ningún adonis tampoco. Margarita es muy pequeña, morena, mide 1.51 cms. y
pesa 48. Aunque tiene 26 años su cuerpo parece el de una gimnasta, con piernas y
brazos fuertes, pero no tan musculosos. Yo diría que su característica más
atrayente son sus nalgas. Son muy firmes y redondas. Cuando se pone falda los
hombres le miran bastante sus piernas y su rabo. Yo tengo 28 años y brazos
fuertes, que por cierto, de nada me sirvieron cuando todo mi equipo de baseball
decidió coger a mi mujer.
El domingo pasado nos tocó jugar con el equipo de la
universidad. Ganamos en el último inning 6 a 5 pero el partido fue muy reñido.
Margarita estaba emocionada y contenta, a diferencia de las otras 3 ó 4 esposas
de mis compañeros que a veces nos acompañan. Ese domingo el juego acabó a
mediodía, así que decidimos reunirnos en mi casa a beber cerveza y ver más
partidos por la tele. Ante la perspectiva de mas baseball, las otras esposas se
fueron de "shopping", pero Margarita no.
Así pues, llegamos los nueve hombres y mi mujer a mi casa,
preparamos una pasta, y luego nos sentamos a tragar cerveza como cosacos y a ver
el baseball. Yo me acomodé en mi sillón preferido, y Margarita se sentó entre
Esteban y Jairo, nuestro catcher y nuestro tercera base. Se veía muy cómica
sentada ahí entre estos dos sujetos, porque Esteban es un Negro gigantesco de
cien y tantos kilos, profesor de físico culturismo además, y Jairo es un rubio
flaco altísimo también. Ella parecía una muñequita, sobre todo cuando se quito
los zapatos.
Entonces… tragedia… ¡se acabó la cerveza! Yo como buen
anfitrión me ofrecí para bajar a la tienda para traer más cerveza. Salí de la
casa y me demoré, no sé, ¿quince minutos tal vez? No me explico que eventos
sucedieron para precipitar lo que aconteció ese día en mi casa. No sé quien le
habrá dicho que cosa a quien otro ni cómo pasó. Pero cuando regresé a mi casa y
abrí la puerta, me encontré con una escena que nunca voy a poder olvidar.
Cuatro de mis compañeros en pelotas sobándose las vergas para
ponerlas tiesas, y tres mas afanados en proceso. Mi esposa en cuatro patas sobre
el sofá, con Jairo penetrándola por detrás como a una perra, mientras que dos
más le piden su turno al bate. Margarita, que se encuentra con una gigante verga
en la boca, moviendo las caderas para obtener mayor penetración, voltea los ojos
hacia mí y hacemos contacto visual. Después, me ignora, y sigue con su faena. Yo
ahí parado, estupefacto, congelado. ¡No alcanzaba moverme ni para cerrar la
puerta del apartamento!
Me quedo ahí mirando como, uno tras otro, follan con mucha
fuerza a mi mujer, o le colocan sus penes en la boca para que les de una mamada.
Al momento de casi acabar Pedro, Margarita retira el pene ligeramente de su boca
y lo aprieta con la mano, para que yo pueda observar cómo el hombre expulsa toda
su leche dentro de su boca. Acto seguido, Margarita gime, y Pedro dispara toda
su carga. Margarita la traga toda sin complejos. Enrique, que está al lado,
observa todo esto en primer plano, y se excita tanto que también se corre con un
espasmo, pero no le atina a la boca de Margarita y le da cerca del ojo.
Margarita se sonríe. Siempre se sonríe cuando tiene un orgasmo.
Así pues, mi equipo le hace un tren a mi esposa. La voltean,
le dan vueltas, la ponen en todas las posiciones, la penetran todos
repetídamente, y acaban ensuciándola por todas partes con su leche. Ella recibe
todo como una autentica campeona. Margarita se sonríe unas cinco o seis veces
más. Luego, le toca el turno a Esteban, el negro imponente.
Esteban se acerca y empuja a nuestro short stop hacia un
lado, y luego levanta a Margarita por las caderas como a una niña pequeña. Le
dice "Ven, perrita ven, yo te enseño como se hace en las grandes ligas." Los
demás se sientan para ver el espectáculo, y comienzan a acariciar sus vergas
para revivirlas. Al fìn y al cabo, no es todos los días que uno puede ver un
órgano de esa dimensión en acción. El negro se sienta en el sofá, y con
facilidad coloca a mi esposa encima de su monumental pene. Afortunadamente para
Margarita estaba bien húmeda y lubricada con toda la leche que le habían
eyaculado adentro, así que el coloso se desliza fácilmente hasta que sus bolas
tocan con las labias de sa vagina. Margarita voltea una vez para ver mi
expresión.
El hijo de puta de Jairo, ya erecto y potente otra vez,
decide que es una buena idea darle a Margarita por el culo también, en doble
penetración. Los otros por supuesto, están de acuerdo. (Un día voy a matar a
Jairo). Entonces Jairo se acerca por detrás y le hace gestos a Esteban para que
deje de zarandear tanto a Margarita, para poder penetrarla por detrás. Intenta
clavarle la verga pero esta entra solamente hasta la mitad, cuando Margarita
hace un gesto de dolor. Jairo se retrae y va para la cocina. No me explico cómo
supo donde estaba el aceite de maíz pero regresa con un litro. Lo vierte sobre
la espalda de mi esposa, sobre su culo, y sobre su propio pene. Ahora sí. Ya
mejor lubricada mi esposa admite a todos los interesados a follar su pequeño
ano. Con la sonrisa de oreja a oreja, levanta su rabito para que, uno tras otro,
los siete hombres la follen ferozmente y terminen dentro su recto. ¡Charlie
hasta repite! Y mientras tanto el negro debajo mueve las caderas de Margarita en
círculos para obtener el máximo placer.
¿Creen que eso fue todo? Pues no. Falta el gran final. Jairo
le sugiere a Esteban "Oye Negro tienes que probar este culito" y acto seguido le
coloca el pene en la boca a Margarita para que se lo "limpie". (De verdad que
debo acordarme de matar a Jairo). El negro acepta la sugerencia. Saca su pene
reluciente y mojado por los múltiples orgasmos de la cuca de Margarita y esta
mira el brillante falo negro. Esteban se coloca atrás y susurrándole algunas
palabras al oído le presenta el pene en el hueco del ano. Margarita mira hacia
atrás, sobre su hombro, todavía desconfiada porque piensa que le va a doler
mucho. Pero ya su culo había sido bien preparado por muchas penetraciones esa
noche. El negro clava lentamente cada centímetro de verga, hasta la empuñadura.
Hasta ahí llegue yo. Tome mi billetera y me largue de la
casa. La ultima cosa que vi fue al negro empujando salvajemente su monstruosa
verga dentro del culo de mi esposa mientras que mis compañeros lo ahupaban en
coro diciéndole "¡Mas duro negro! ¡Mas duro!" y le gritaban groserías a mi
mujer. Esta gemía y tenía una pequeña lágrima bajaba por su mejilla, pero
sonreía como nunca la he visto sonreír. No pude más y me fui.
Esto sucedió hace dos semanas. Desde entonces me he sentido
demasiado humillado para hablar con mi esposa. No sé qué le pasó a Margarita.
Hasta cierto punto el encuentro fué algo excitante, pero me tomó por sorpresa y
yo soy chapado a la antigua. No sé si puedo seguir con ella. En fin, ya les
contaré cómo me va.