UNA SORPRESA ¿DESAGRADABLE?
Por: Georgina Machorro
Esa tarde tuve que cerrar el negocio de lencería más temprano
que de costumbre y como estaba algo cansada, me dirigí directamente a mi
departamento, donde sabía que me esperaba Sofía, mi fiel sirvienta, quien al
igual que yo, es una travestí homosexual.
Iba regocijándome por anticipado al pensar en las suaves
caricias de Sofía y el deleite del jacuzzi tibio y burbujeante. La hermosa verga
de Sofía sentirla acariciándome mi cara y mi cuerpo, la suavidad de su glande en
mi golosa boca, la dureza de sus testículos al chupárselos. Y luego, la rica
sensación de la penetración en mi lascivo culo. En fin, que ya estaba a mil al
llegar al departamento.
Frente a la puerta me detuve un poco pues me pareció escuchar
algunos ruidos ó más bien, quejidos que provenían del interior. Abrí la puerta
suavemente para no hacer ruido y ver que era lo que provocaba esos sonidos.
Me dirigí a la fuente de esos sonidos y no sé porqué me dio
mala espina que estos vinieran de la cocina. Asustada, pues temía encontrar lo
peor (ya saben: encontrar a Sofía atada y alguien hiriéndola, o ya herida,
debatiéndose entre la vida y la muerte, etc.), me asomé cuidadosamente y
entonces vi algo que si bien, no me llenó de espanto, si me hizo retroceder por
lo inesperado.
Sobre la mesa de cocina, Sofía tendida a medias sobre ella,
recibía los embates de un hombre, desconocido para mí.

Los quejidos que había escuchado desde la entrada, se
mezclaban con gemidos de placer de Sofía, quien estaba disfrutando de una
tremenda cogida.
El hombre que se la estaba cogiendo estaba de muy buen ver,
pues aunque tenía la camisa puesta, se adivinaban sus músculos potentes. Su cara
en ese momento, reflejaba el intenso placer que le producía el culo de mi
sirvienta.
La tenía cogida de las nalgas y se las amasaba con verdadero
gusto, yendo a veces hasta sus grandes y voluptuosos senos.
Moreno, alto y con ojos verdes, este ejemplar estaba de
antojo; tanto así que pensé interrumpir la sesión y quitárselo a Sofía, pero lo
pensé mejor y me puse a observar como terminaba este tremendo coito.
En un momento dado, el moreno se separó de Sofía y pude ver
su verga. ¡Que barbaridad!, un tremendo instrumento casi negro, de dimensiones
bastante más que regulares. Su cabeza roja brillaba por los jugos seminales y
por el roce con el culo de Sofía. Cuando salió de su cálido estuche, dejo un
hilo de liquido pre-eyaculatorio, señal de su goce.
Mi sirvienta, como la perra puta que es, se bajó de la mesa y
arrodillándose ante el hombre, metió en su ávida y sensual boca la gorda verga
que se le puso enfrente.

¡Que manera de mamar!. Espectacularmente se metió
completamente la verga en la boca, algo que no pensé que fuera capaz, pues el
diámetro y el largo realmente eran increíbles.
Con su maestría característica, la mamaba, la chupaba, la
lamía. Parecía que eran varias bocas las que realizaban ese "blow job" y el goce
que le ocasionaba al semental era patente, pues sus gemidos de placer anunciaban
un orgasmo de proporciones épicas.
Este no tardó en llegar, y veía como la puta de Sofía apenas
podía tragar la cantidad de mecos que le estaban proporcionando. Era tal, que
gruesos hilos escurrían por sus labios. Parecía que la eyaculación no tenía fin,
pues Sofía seguía chupando con verdadera fruición la hermosa verga, y se veía
que seguía saliendo semen.
El moreno sacó su instrumento de la sensual boca y embarró la
cara de Sofía con los mecos que aun seguían fluyendo. La puta de mi sirvienta
quiso seguir mamando la rica verga pero el semental no se lo permitió y la
acomodó de nuevo en la mesa y sin más ni más, le retacó la verga en el culo.
Sofía gritó de dolor y quería separarse, pero el moreno no se
lo permitía. Yo viendo como estaba sufriendo, me metí a la cocina y jalando al
moreno lo separé de ella.
Él se quedó un poco sorprendido pero no tardó en reponerse y
tomándome de la cabeza me obligó agacharme y me hizo tragar la ardiente y gruesa
barra.
Fue tan súbito esto, que me hizo toser y casi vomitar, pero
recuperándome se la comencé a mamar.
Una vez que el moreno se dio cuenta de que yo también soy una
mamadora experta, se soltó de mi cabeza y me dejó hacer a mí lo mío.
Aun con restos de semen, me apliqué a saborear y a mamar esa
extraordinaria verga, que aunque recién había eyaculado, su tamaño y dureza no
disminuía.
Para esto, la puta de Sofía se acercó a mis nalgas y
aplicándome jalea lubricante en el culo, me metió su hermosa verga.
Al sentir este estímulo, arrecié mis mamadas en la verga del
moreno y estaba a punto de volver a eyacular, pero hábilmente le rodeé los
huevos con mis dedos y evité la venida.
Así de rodillas, como estaba, le pedí que me cogiera y le
dije a Sofía que me preparara.
Ella sacó su verga y metió sus dedos para limpiarme por
dentro, después de eso me aplicó otra vez lubricante y entonces me acomodé en la
mesa como estaba antes Sofía.
Abriendo todo lo que pude las piernas, esperé la embestida
del moreno, al que Sofía le estaba masajeando la verga para que se endureciera
más.
La colocó a la entrada de mi culo y abriéndome las nalgas con
las manos, le dijo al moreno: ¡Ahora!.

La metida fue salvaje: sin detenerse me metió toda su verga
hasta el tope.
Sentí como sus pelos rozaban mis nalgas y cómo sus huevos
chocaban con los míos. Sentí un tremendo dolor que me hizo gritar y llorar.
Quise separarme pero me tenía bien sujeta de las nalgas, a la vez que Sofía
también impedía que me separara.
Después de unos segundos de esta tortura, empecé a sentir
placer. Sentía la forma de la verga, los resaltes de sus venas, el borde de su
prepucio, el rico roce de sus vellos en mis nalgas.
Con sus manos, el moreno me empezó a mover y él también.
Retiraba un poco su verga y la volvía a meter, muy lenta y suavemente.
Pero esto duró poco. Pronto, sus movimientos de mete y saca
se hicieron más rápidos, más profundos. Sentía mi culo que ardía y por más que
quería apretar mi esfínter, el mismo grosor de la verga no lo permitía.
Estaba llena, total y completamente llena de verga, pues
Sofía ya se había colocado frente a mí y le mamaba su sabrosa verga.
El moreno empezó a convulsionar y sus movimientos ya eran
totalmente descompasados. Gruñía y gemía como una bestia y sus manos maceraban
mis nalgas cual si fueran de trapo.
Entonces sentí. Sentí como torrentes de semen inundaban mis
entrañas y me proporcionaban un alivio. Tibios, espesos y abundantes, sus mecos
llenaban mi recto, mi culo, mis intestinos.
Casi al mismo tiempo Sofía me llenaba la boca con sus ricos
fluidos. Yo estaba sudando a chorros y el moreno, aun asido a mis nalgas,
empujaba y arrojaba los últimos chorros de semen.
Su verga, sin disminuir de tamaño, solo un poco menos dura,
seguía moviéndose en mi interior.
Yo ya no sabía que estaba pasando. Solo experimentaba un
cansancio y una satisfacción como pocas veces lo había sentido.
Al fin, el moreno se desprendió de mí y sentí como sus mecos
me escurrían por las piernas, manchando mis medias y mis zapatos.
Sofía corrió por unas toallas y mojándolas en agua tibia, me
limpió lo mejor que pudo. Se respiraba un aroma de sexo muy pronunciado y mi
boca sabía un poco a mierda de Sofía, además del rico sabor del semen del moreno
y de la puta de mi sirvienta.
Ya calmados todos, pregunté quien era ese hombre y supe que
era el señor que había ido a arreglar el interfono que estaba descompuesto, y
que Sofía no había aguantado las ganas de seducirlo.
- Bueno, dije, pues va a tener que venir a revisar más
seguido el "interfono", pues falla con frecuencia.
El hombre se sonrió y solo dijo:
Vendré cuantas veces sea necesario, pero quisiera que
estuvieran las dos para hacer las revisiones más completa.
No vimos Sofía y yo y dijimos al unísono:
¡Ahorita hay que hacerle otra revisión!.
El moreno se quedó sin hablar, pero vi como su pantalón ya
estaba levantando una vez más un agradable bulto.
Y agradable fue la tarde / noche que pasamos, pues este
morenazo demostró ser un verdadero semental.
Hasta la próxima.
Gina.