Había sido un día genial, tenía en mis manos mi trofeo, su
calzoncito rosado dejado quizás intencionalmente por Solange, quién a sus quince
añitos había gozado siendo desvirgada por mi agradecido pene.
No pude dormir esa noche, pensando si la situación había sido planeada
exprofesamente por ella o había sido simplemente una formidable coincidencia.
Pensando en sus preciosas curvas, ese cuerpo rosado, esas piernas largas, firmes
y contorneadas, ni muy gruesas ni muy delgadas; pensando en sus senos redondos,
con sus pezones apuntándome al sentir mis caricias, esa cintura moldeada por los
ejercicios y la floreciente edad, esa carita que vislumbraba unos ojos celestes
abiertos de par en par al sentirse desvirgada... en fin, toda ella estaba en mi
mente como fotografía a todo color.
Al día siguiente, continúe la jornada laboral común, entre papeles en la
oficina, trámites en los distintos bancos y todas esas marañas burocráticas que
envuelven a uno en el cotidiano quehacer diario.
Al caer la tarde, regresando de la oficina, nuevamente los pensamientos se
centraron en Solange, y nuevamente la duda emergió: ¿Fué intencional su
dolor de tobillo la tarde anterior, o solo fue una coincidencia?
Recordé que Solange me había dicho que al día siguiente me tocaba visitarla, lo
que me hizo pensar que quizás sí había sido premeditado el primer encuentro por
la pequeña.
Alrededor de las seis de la tarde, luego de un relajante baño, opté por
descansar en la sala del departamento, dejando la puerta abierta por el calor
imperante en la zona.
Al rato, escuché salir a los padres de Solange.
- Nos vemos después hijita, vamos a la reunión de tu colegio y luego nos pasamos
directo a una fiesta - dijo su padre. No nos esperes despierta, llegaremos casi
al amanecer.
- No se preocupen por mi, vayan no más, suerte y que se diviertan, señalaba
Solange con voz alta quizás presumiendo que al tener mi puerta abierta, yo
estaba escuchando la conversación.
luego de varios minutos, quedó en calma nuevamente el edificio.
En mi mente retumbaba lo dicho por Solange el día anterior: "Mañana te toca
visitarme".
Había que tomar una decisión, en mi mente transitaba su dicho y me detenía la
cercanía de la situación anterior.
Hasta que decidí tocar, con el nerviosismo que me caracteriza aumentado en mil.
- Hola!!!! señaló Solange al verme. Te esperaba, pasa y ponte cómodo.
¿¿¿Te esperaba????, me pregunté internamente. Yo nervioso y esta nena totalmente
suelta me dice eso.
Ese pensamiento fue interrumpido por el cálido beso que me estampó Solange.
No había tiempo para pensarlo, la nena estaba en bandeja, y de paso no había
mucha vestimenta que extraerle. llevaba puesta una bata blanca de ositos
estampados, que le llegaba muy por encima de las rodillas.
Y no me aguanté, ahora debía ser yo quién dominara la situación, era una nena de
quince años que estaba para darle trámite sin pensarlo mucho.
Fue así que respondí a su besos con un beso más profundo, saludándose nuevamente
nuestras lenguas, saboreándonos plenamente como esa primera vez.
- Quiero hacerte mía nuevamente, le dije sin pensarlo mucho.
- Me miró dulcemente, respondiéndome con voz temblorosa: Te comento que me duele
un poquito mi vagina, parece que fuimos un poquito exagerados anoche.
- No te preocupes, le dije, eso pasa siempre, vas a ver que mañana no te dolerá
nada.
- Sí, pero igual, quería repetirlo hoy, pero creo que no será posible.
¿¿¿QUÉ????, dije entre mí, ¿he estado esperando todo el día para que me salga
con esto? Algo hay que hacer.
- Ven mi amor, ven conmigo a tu habitación para ver que se puede hacer para
calmar tu dolor.
Solange solamente me miró, abriendo nuevamente esos ojitos celestes que me
derretían cada vez que se estampaban en mí.
- Ok, sígueme, me dijo dirigiéndome a su habitación.
Al entrar a su habitación, me quedé impresionado por la cantidad de juguetes que
habían, osos, muñecas, peluches. Un cuarto grande de paredes rosadas, que hacía
pensar a cualquiera que esa dulce niña no sabía nada de sexo.
- A ver mi dulce niña, donde le duele.
- Aquí, me señaló pícaramente levantándose su diminuta bata y dejando ver su
pequeño coño de escasos vellitos, rosadito, bonito, excitante. (¿pero que
esta niña anda sin calzón en su casa? o es que estaba preparada para la ocasión?
pensé).
- Vamos a ver como lo solucionamos, recuestate mi reyna. A lo que obedeció sin
decir una sola palabra, quizás presagiando lo que le venía encima.
lentamente empecé a lamer su coñito, separando sus labios rosaditos que el día
anterior habían acogido a mi pene sin mayor dificultad.
la nena comenzaba a contornearse, agarrada de su oso, como gozando y coqueteando
a la vez. Y yo seguía lamiéndole ese coñito rico con paciencia, sin
desesperarme.
- Ahhhhhh, ahhhh, ahhhh, gritaba cada vez más fuerte. Más, más, másssssss, gritó
después de varios minutos anunciando el primer orgasmo del día.
Tendida en la cama, me suplicó un abrazo.
- Quisiera entregarme a ti nuevamente, pero siento que mi vaginita ni va a
aguantar.
No sabía que hacer, a pesar de haberle provocado un orgasmo a mi muñequita, la
nena no quería arriesgarse.
Empecé a acariciarla lentamente por entre sus piernas, hasta que mis dedos
llegaron al límite que separa sus dos preciosas nalgas. Eso me dio una muy buena
idea....
_ Date vuelta mi amor. le dije arriesgándome.
- ¿QUé vas a hacer?, me preguntó intrigada.
- No te preocupes, déjate llevar.
Al tenerla boca abajo, me levanté un poquito para apreciarla en todo su
esplendor. Qué belleza, unas nalguitas levantaditas y respingonas, esa espaldita
finita y rosadita, que hacia arriba finalizaba en un precioso y resplandeciente
cabello rubio.
Bueno, no había que mirar mucho sino actuar, y actuar rápido antes que se
desanime, así que empecé a acariciarla lentamente, con la yema de mis dedos
recorriendo toda su espalda, por la columna vertebral, lo que hizo que de
inmediato su piel se erice totalmente, lanzando un suspiro que me indicó
que debía dar un paso más.
Así, con la yema de mi dedo bajando por su columna, llegué a sus nalguitas,
ingresé lentamente mi dedo a ese oscuro canal, con miedo que se aparte ante el
intruso.
Pero no encontraba reacción, la nena se estaba dejando llevar, así que separé
con mis manos sus nalguitas y por fin pude apreciar su precioso anito, ese
agujerito oscurito y delicado que se avisora al final del camino. Sin dar tiempo
a reacción, metí mi lengua raudamente entre sus nalgas, haciendo que Solange dé
un respingo.
Pensé entre mí que se apartaría, pero lejos de eso lanzó otro gemido, y sus
nalguitas que se apretaron apenas metí mi lengua, nuevamente se destensionaron
dejándome ingresar más aún.
Pasé mi lengua desde arriba hasta abajo, mientras con mi dedo acariciaba lo poco
que podía alcanzar de su coñito.
- Ahhhh, ahhhh, noo, mmmmmm, gemía nuevamente, mientras sus piernecitas
revoloteaban como queriendo patear algo.
Yo seguía lamiendo su anito y metiendo mi dedo por su coñito, el cual ya estaba
empapado de sus jugos vaginales.
Al verla ya casi descontrolada, cogí su crema de manos, que estaba a mi alcance
en su mesita de noche, untando mi dedo rápidamente y disponiéndome a iniciar la
acción.
Mi dedo, que parecía tener vida propia fue deslizándose por su anito lentamente,
haciendo círculos minusiosamente sobre su anito. Solange solamente gemía y se
retorcía de placer.
- Ahhhhh, sigue, no pares mi amor, ahhhh....
Qué nena, no hacía atisbos de dolor alguno, solamente se oían gemidos y más
gemidos, lo que me indicó que debía introducir un segundo dedo, el cual entró
con menos facilidad, pero igualmente, Solange solo gemía sin protestar.
- Recuestate sobre estas almohadas mi nenita, le dije con seguridad, a lo que
accedió sin decir palabra.
Al verla así, en posición de "semicuatro", decidí que era hora de transitar por
el canal más estrecho, y sin más ni más, cogí mi empalmado pene, el que
previamente unté con su crema de manos, y me dispuse a desvirgar ese nuevo
agujerito.
lentamente, pero sin vacilar, mi firme pene avanzaba hacia su destino final. -
Ahhhh, con cuidado mi amor, con cuidado, decía Solange entre gemidos, me duele
un poco.
Y yo empujaba poco a poco ese duro mástil que se abría paso por aquél caminito
oscuro y estrecho. De verdad que es genial sentir como el esfínter de una
muñequita de quince añitos apreta mi pene cada vez que intentaba dar un paso
más, y a la vez inmediatamente se dilataba dejándolo pasar más y más. En ese
apretar y dejar pasar, mi pene se ubicó totalmente en su estrecho anillo, con
mis bolas rozando sus rosadas nalgitas.
Era hora de cabalgar, la nena gemía mirándome y mordiéndose el labio inferior,
lo que me excitaba de sobremanera, así que le entregué mi dedo, el cual
inmediatamente se lo introdujo en la boca chupándolo como si fuera el pene que
la tarde anterior con genialidad mamó.
En ese plan, puse ambas manos en los extremos de sus nalgas, apretándolas hacia
mi pene, como para sentir más su prieto esfínter rodeándomelo, y empecé a
bombear. la nena de vez en cuando sacaba mi dedo de su boca y gritaba como
poseída, yo, simplemente no podía creer lo que estaba sucediendo: estaba
follándome por el culo a una francesita de quince años, de espectacular
cuerpo, en su propio cuarto, lo cual me hacía empalmarme más cada vez.
Mi otro dedo no había dejado de ingresar y salir de su coñito y, por los gemidos
oídos de Solange, me hacía presagiar que su dolor había desaparecido.
Yo seguía en mi bombeo, cada vez más lento, Solange se contorneaba en su segundo
orgasmo del día, hasta que no pude aguantar más por lo apretado de su culo, lo
que me hizo explotar en su interior, llenándola con mi semen caliente que salía
a borbotones.
Caímos extenuados en su camita de sábanas rosadas, al lado de sus peluches que
devolvían la imagen de angelical niña a Solange. Como agradeciendo la genial
sesión, Solange se abalanzó sobre mi pene que apenas había dejado el agujero
negro que lo había acogido, y se lo metío en la boquita como si fuera el último
helado que probaría en su vida. Ello provocó que nuevamente mi pene recobre
fuerzas, lo que aprovecho mi francesita para subirse encima mío y, olvidándose
de su dolor vaginal, introducirse de un solo golpe mi pene en su coñito,
empezando a brincar con una pasión endemoniada, pelliscándose los pezones y
mordiéndose ese labio inferior como sabiendo que me fascinaba ello.
- Mmmmmmm, ahhh, ahhh, gritaba Solange sin reparo alguno. la tomé de las nalgas
y empecé a hacer presión, la cabalgata era genial, sus presiosos cabellos rubios
rizados moviéndose al compás de su sube y baja, hasta que en un momento se quedó
totalmente quieta, habriendo su boquita como queriendo gritar. Pero su grito fue
interior, en silencio, con la boca abierta pero su exclamar nada, solo mirándome
con cara de satisfacción.
Cayó hacia mi y, abrazados, nos quedamos dormidos, entrelazando nuestros cuerpos
luego de una batalla campal llevada a cabo en su propio cuarto, yo volteo la
mirada a su mesa de noche, encontrándome con una foto de Solange y su madre, en
traje de baño. Pero qué hermosura de madre que tenía esta nena, pensé...