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Fecha: 21-Abr-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Haciéndole Compañía a mi Nuera

Garganta de Cuero
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Aquella noche solo le estaba haciendo compañía a mi nuera Laurita, se los juro. Nunca me imaginé que ella se me entregaría de esa forma. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Haciéndole Compañía a mi Nuera

Hola otra vez, nuevamente es Tito quien le habla. Les quiero agradecer los comentarios que me han enviado así como sus opiniones, aunque quisiera pedirles un favor. He recibido algunos mensajes más que abusivos de algunas personas a quienes no les agradan mis relatos, lo cual es totalmente válido. Pero si no les gustan, pues la inteligencia mínima dicta dejar de leerlos, y no leerlos y sentirse indignado después. A esas personas les dejo esto a modo de reflexión, si es que pueden reflexionar al respecto… hay gente que de verdad no puede.

Hoy les voy a seguir contando acerca de lo que fue mi vida al lado de mi propio hijo como mi mujer. Como ya sabrán, Kike se convertía en Kika y se iba a vivir a mi lado por lo menos una semana cada mes. Otra semana la pasaba al lado de Javier y las 2 restantes junto a Laura, su esposa.

Con Laura buscó la manera de compensarla durante las 2 semanas mensuales que pasaba a su lado. Por eso le alquiló la mitad de su finca a Javier y le dio parte de su ganado para que lo cuidara, mientras la otra mitad me la dio a mi para que el la administrara, labor para la cual soy muy bueno. Así, Kike y Lala terminaron viviendo de sus rentas, no teniendo nada más que hacer que ir a cobrar y pasar el tiempo que tenían juntos.

Pero aun así Laurita se resentía, y creo que tenía toda la razón. Su marido nunca estaba solo, pues si no estaba con ella estaba conmigo o con Javier, pero ella si se quedaba sola durante 2 semanas enteras. Admito que me sentía culpable y que tenía un gran cargo de conciencia dentro de mí. Por esa razón, cuando Kike la dejaba sola en su casa de Zacapa, yo hacía todo lo posible por irla a acompañar.

Cierto día la invité a irse a quedar a mi casa con sus nenes, ella aceptó encantada. A mis hijas les dijimos que Kike andaba de viaje, así que Laurita se quedaría conmigo, no vieron nada raro en ello. Fue un fin de semana, el sábado por la mañana saqué a mis nietos a montar a caballo y luego pasaron toda la tarde en la piscina. Laurita se hacía cargo de la comida y de otras cosas. Luego, al caer la noche, los fue a acostar, ella y yo aun nos quedamos un momento despiertos.

Gracias por todo Tito.

De nada Laurita, de nada.

Si no fuera por usted pasaría muy aburrida toda la semana… y sola…

De nada, de nada… pero igual, Kike ya no tarda en regresar de la casa de Javier.

Si… ¡cabrón, se lo ha de estar cogiendo bien rico y duro y yo aquí sola… y necesitada! – me dijo, riéndose como una loca luego, lanzándome una miradita misteriosa – Bueno… me voy a arreglar para dormir Tito, buenas noches.

Pasá adelante Laurita, la casa es tuya… y buenas noches a ti también.

Yo aun fui a la cocina a tomar agua, luego salía a cerrar con llave las entradas y, al final, me dirigí a mi habitación. Allí me llevé una sorpresa mayúscula, Laurita, mi nuera, estaba acostada de forma sexy en la cama, vestida apenas con un transparente camisón blanco, con interiores encaje bellísimos.

¡Laura, ¿qué estás haciendo?!

Bueno… si Kika se está divirtiendo como una loca, ¿yo por qué no?

¡Pero es que soy tu suegro!

Eso no evita que Kika sea su mujer Tito… – no tenía argumentos contra eso.

Laura se puso de pié, empezó a menear las caderas despacio, con cadencia, al tiempo que pasaba sus manos por todo su cuerpo, acariciándose sin pudor alguno, con los ojos brillando de excitación y una media sonrisa en los labios. Logró ponerme caliente, la verdad es que no le costó mucho, esa mujer es bellísima. Mide 1.62, es morena, de cabello negro ondulado hasta media espalda, ojos cafés y facciones de muñeca en su rostro.

Despacio, el camisón iba saliendo de su cuerpo, se quedó solo con un conjunto de lencería verde botella, de encajes y muy pequeñita. Sus senos se veían atrapados y comprimidos bajo el delgado brasier, sus nalgas, redondas y hermosas, estaban bellamente enmarcadas en esa tanguita que se le metía por en medio de ellas.

El sostén cayó, Laura me mostró unos senos grandes, redondos, firmes, con una pequeña desviación hacia los lados, pezones oscuros y erectos. Como estaba amamantando aun a mi nieta más pequeña, sus mamas tenían un tamaño mayor al habitual y dibujaban venas violetas recorriendo su superficie.

Dándome la espalda se fue bajando la tanga, meneando las caderas y mostrándome uno de los traseros más perfectos que recuerdo haber visto, grande, muy grande, firme y redondo. Cada una de esas nalgas eran como un diploma a la ingeniería genética de Dios. Y en medio de esos 2 cachetes, un ano, redondo, oscuro y cerradito. Por el frente, una bien recortada mata de vellos púbicos negros cubría su sexo, carnoso y cada vez más inflamado, es increíble lo rápido que Lalita se calienta.

No tengo que especificar que me encontraba más caliente que un motor viejo y sin aceite. ¿De qué me servía decirle que no, si lo deseaba tanto como ella? Además, el trato entre ella y Kike era de que ambos podrían tener amantes, no se podía molestar porque ella cogiera con su padre.

Me acerqué a ella de inmediato, mis manos recorrieron sui cuerpo, enfundádolo con mil caricias. Tomándola de la cintura la apreté contra mí, besándola y haciéndola sentir una niña envolviéndola con mis brazos. El contraste era notorio, ella tan pequeñita, tan delicada y fina, y yo tan alto (casi más de 2 metros) y tan fuerte. Me despojó de la camisa para poder sentir mi gruesa pelambrera rozar sus pechos inflamados y muy sensibles. Parecía absorta mirando y sintiendo mis pectorales amplios, mis duros y marcados abdominales, en fin, toda mi musculatura.

Me incliné un poco y capturé su hermosa cola, la empecé a acariciar y a apretar con mis manos, al tiempo que ella permanecía aferrada a mis labios sintiendo el prominente bulto en medio de mis piernas apretarse contra su vientre.

La levanté en mis brazos y la deposité suavemente sobre mi cama. Me puse de pié y fui a cerrar con llave la puerta. Luego, tras quitarme el pantalón, volví a su lado para continuar con ese enloquecedor festival de besos y caricias.

Ansiosa por tenerla entre sus manos, Laura me sacó el calzoncillo y tomó mi enorme y dura verga. Comenzó frotándola y acariciándola despacio, con suavidad, y no tardó en comenzar a besarla y lamerla, hasta que por fin devoró el glande. Por más que trababa lograba metérsela entera dentro de su boca, era demasiado larga y gruesa (30 x 6 cm.) así que se tuvo que conformar con frotarla por todo lo largo, ensalivándola y sintiendo su suavidad y las venas que hinchadas que la surcaban.

Me puse boca arriba y ella se montó en mí, formando un 69 delicioso en que mi lengua golosa horadaba su vulva y ano, abriéndolos cada vez más. Me bebía sus jugos, sentirla estremecerse de placer me calentaba más. Quedé muy impresionado cuando, apenas con este estímulo, estalló en un fuerte orgasmo que me bebí completo.

¡¡¡MMMMMM!!! ¡¡¡MMMMM!!! ¡¡¡¡MMMMMMMMGGGGGGGGFFFFFFFFFFFF!!!! – mi vergota dentro de su boca no la dejaba gemir con libertad, por lo que se la sacó – ¡¡¡¡TITOOOO!!!! ¡¡¡¡QUE LENGUATIIIIIIITOOOOOOOOOGGGGGGHHHHHHHHH!!!! ¡¡¡¡AAAAAHHHHHH!!!!

Quedó rendida sobre mi cuerpo, con su carita descansando sobre mi estómago y con mi verga enfrente. Kika ya me había comentado sobre lo ardiente que era Laura, que se excitaba y mojaba con mucha facilidad y que era totalmente multiorgásmica, le costaba nada estallar en intensos clímax, eso lo acababa de comprobar.

Sin perder tiempo la empujé suavemente y la hice roda a mi lado dejándola boca arriba. Me di vuelta y me coloqué en medio de sus piernas, la mujer se dejaba como una muñeca de trapo, estaba cansada y aun su mente volaba entre los estertores del placer. Puse mi pene sobre su entrada y empecé a presionar despacio, suave, delicadamente. Poco a poco mi mástil de carne se fue deslizando en su interior, aprovechando la abundante lubricación con la que se quedó luego de su orgasmo. Laura abrió los ojos y luego los cerró y los apretó, gimiendo calladamente y dejándose hacer.

Una vez totalmente empalada la jalé de los brazos y me dejé caer hacia atrás, dejándola a ella arriba de mío, montada sobre mi pija. Empezó con los movimientos de embolo, esa sensual danza del amor, en que se metía y sacaba mi verga de sus entrañas, apretándola con su vagina y gimiendo cada vez más duro. Se fue recostando sobre mi velludo pecho, besándome apasionadamente, su vagina estaba ya acostumbrada al enorme visitante, moviéndola ya con total libertad, en redondo, de arriba abajo, tragándose todo lo que podía aguantar adentro.

¡¡¡TITOOO!!! ¡¡Ahora ya sé porqué a mi esposo le encanta tanto coger con usted!! ¡¡¡QUÉ VERGOOOOOTTAAAAAAAGGGGHHHHHH!!!

El placer que mi nuera me daba indescriptible, no podía creer como movía los músculos de su vagina, parecía como si alguien me estuviera chupando la pija, se los juro. Sus caderas subían y bajaban sobre mi lubricado tronco, sus labios iban de los míos a mi pecho, ensañándose con mis pezones, lamiéndolos, chupándolos y mordiéndolos, Laura se había convertido en una hembra salvaje, una perra caliente y agresiva.

La empujé con fuerza y la tiré de espaldas sobre la cama sin sacarle la verga, me puse encima y me dejé caer sobre su cuerpo, sentía como sus senos quedaban comprimidos contra mi piel y como su respiración agitada calentaba mi cuello y pecho. No se podía mover, lo cual la excitó más, pues había resultado ser igual a mi hijo, le gustaba ser dominada y usada al antojo de su amante.

Sus piernas envolvieron mi cintura y me incitaba con ella a embestirla con fuerza. Mi ciclópea verga entraba y salía cada vez más rápido y duro de sus entrañas, haciéndola estremecerse cada vez. Poco a poco, la fuerza de mis acometidas la fue empujando a la orilla del colchón hasta que quedó con la cabeza colgando. Entonces me enderecé un poco y la tomé de los tobillos, elevándolos en el aire y poniéndome sus piernas sobre los hombros, la dejé prácticamente colgando. Así, mi cogida se hizo más dura e inmisericorde… pero ella seguía pidiéndome más.

¡¡¡¡TIIITOOOOO!!!! ¡¡¡¡MÁS DUROOO!!!! ¡¡¡¡¡MÁS DUROOOOOOOUUUUUGGGGGHHH!!!!! – Laura estalló en un segundo y poderosos orgasmo en cuestión de minutos, los ojos casi se le desorbitaban, movía la cabeza enloquecidamente de un lado a otro y se aferraba con fuerza de las sábanas… ¡qué mujer!

Después de eso, Laura dejó de ser dueña de su voluntad, ya solo podía emitir gemidos y alaridos de placer y obedecer sumisamente a todos mis requerimientos. El placer la había sumido en una especie de trance.

Se la saqué y la tomé de una pierna, le di la vuelta, dejándola de costado y con la pierna derecha en el aire. Se la volví a meter de un solo golpe, hasta el fondo, nuevamente las fuerzas de mis imbates y las dimensiones de mi formidable verga perforándole y enterrándose en sus entrañas la hicieron olvidarse de todo.

En cuanto vi que se recuperaba un poco, se la saqué nuevamente y la puse en 4 en el borde de la cama. Inmediatamente ella me paró su culito precioso y yo no esperé más para penetrarla, reinicié un mete y saca enloquecedor a un ritmo infernal. Le propinaba fuertes palmadas en su trasero, diciéndole al mismo tiempo "arre, yegua, arre", lo que parecía calentarla más todavía.

¡¡¡MÁS TITO, MAAAAAASSSS!!!… ¡¡¡MALTRATAMEEEEE, GOLPEAME DUROOOOGGGHHH!!! ¡¡¡¡¡QUIERO SENTIRME COMO UNA PERRA, COMO UNA PERRRRRRAAAAAAGGGGHHHH!!!!!

Sus deseos eran órdenes, aceleré las embestidas y, mientras me la cogía de esta bestial manera, no dejaba de besarla apasionadamente, atrayendo su cabeza a la mía jalándola con violencia del cabello. Sometía sus pezones a largos y fuertes pellizcos, los jaloneaba y estiraba, mirando desde mi posición como salían de ellos largos chorritos de leche materna. Tal y como ella me pedía, la estaba destrozando sin piedad.

De su vagina no dejaban de caer gruesas gotas de fluidos lubricantes, gozaba con cada centímetro de carne que entraba en su ser y a pesar de los estremecimientos de su tercer orgasmo de la noche, que le estaba llegando, seguía pidiendo más y más. Pero no soy de acero, mis arremetidas eran cada vez más fuertes y entre mis gritos y sus gemidos, terminé y le fui llenando el sexo de leche.

¡¡¡¡¡¡AAAAGGHHH, AAAGGHHH, AAAAAARRRRRRGGGGGGGHHHHHH!!!!!! – berreó ella, loca, demente de placer.

¡¡¡¡¡¡UUUUUMMMMMMMMGGGGGHHHHHHHH!!!!!! – rugí, sintiendo como desde el fondo de mi próstata salían abundantes chorros de blanca y espesa esperma que inundaban sus entrañas y le llegaban hasta la matriz – ¡¡¡¡¡¡LAAAUUUURAAAAAAGGGGHHHHH!!!!!!

Saqué mi palpitante paloma de su vagina y disparó los últimos lechazos sobre su grupa mientras la aferraba de las caderas con tanta fuerza que hasta le dejé marcados mis dedos sobre sus carnes. Laura se derrumbó y cayó al suelo, exhausta. Yo, no sé como, logré permanecer de pié, esperando a que mi corazón se me bajase de la garganta y que la vista dejara de estar nublada, aquello fue increíble.

Luego la levanté del suelo y la tendí sobre la cama, me acosté a su lado y me dormí profundamente hasta el día siguiente. Desperté a las 6, como acostumbro, ella aun estaba agrazada a mi. Cuando abrió los ojos me besó con ternura.

¡Qué rico Tito!

¿Te gustó Laurita?

Me gustó mucho… me encantó… espero que en el futuro hayan muchas más cogidas así.

Por supuesto que si Laurita… pero la próxima usamos condón.

No ando en mis días fértiles Tito… además, no me importa que no use condón. Usted puede acabar en cualquier parte de mi cuerpo, la que quiera…

¿Cómo que no?, claro que importa ¿Y si te quedás esperando en una de esas?

No me importa, de verdad… de hecho puede hacerme lo que se le de la gana… – me dijo poniéndose melosa y agrazándome y comenzando a acariciarme sensualmente.

Me imaginé que me dijo aquello aun la emoción del momento, pues luego de ser tomada de esa forma por más de una hora durante la noche, pues… no sé, quizá no quedó igual. La verdad es que Lalita me dio muchas sorpresas después, nunca pensé que fuera tan sumisa, que tuviera instintos de sumisión incluso mayores que los de Kike. El futuro me revelaría que ella era una mujer bastante inestable desde un punto de vista sexual y bastante imprudente.

¡Que suerte que ella no estaba en sus días fértiles!, pues con la tremenda cantidad de semen que eyaculé era seguro que quedaba preñada… ¡era tanto semen reseco el que tenía entre sus piernas y las tenía pegadas y le costó mucho limpiarse en la ducha!

Tito (Garganta de Cuero).

Pueden enviarme sus comentarios y sugerencias a mi correo electrónico, besos y abrazos.



© Garganta de Cuero

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