En casa de Eva
Recuerdo la época de la universidad. Y recuerdo a mi querida
compañera Eva, de la facultad de medicina. Las dos éramos inseparables y ella me
gustaba, pero cuando me declaré me rechazó porque no le iba el rollo lésbico.
En todo caso no me apartó como amiga y compañera, tan sólo me
dijo que de relación sentimental nada.
La cosa siguió como siempre. Un día quedé con ella en su casa
para estudiar, como me adelanté a la hora de la cita Eva no estaba pues había
salido. Su madre, esa mujer tan parecida a Eva, me invitó a pasar y a sentarme.
Ya nos conocíamos pero no había suficiente confianza entre nosotras. El caso es
que cuando empezó a mostrarse cordial me dijo:
-¿Prefieres un café o una tijera?
La pregunta fue extraña. En el argot la tijera es lo de dos
mujeres cruzándose entre ambas de piernas para frotarse el coño. Fui audaz y le
dije que una tijera. De modo que acabamos revolcándonos en su cama. Eva tardó
mucho en llegar. Mejor.
Sospecho que mi amiga contó a su madre algo acerca de mis
tendencias; lo que Eva no sabía es que su mamá las compartía conmigo.
