Don Martín Irisar Parte 8
Al sentirla en la entrada, Mariana abrió los ojos para no
perderse detalles de cómo iba a ser perforada por primera ves en su vida.
Ana, se metió el dedo índice, bien adentro de su concha,
sacándolo mojado de sus jugos y se lo coloco en la boca a su hermana para que
esta lo chupara, cosa que Mariana hizo, con tanta fuerza que el dedo de hundió
hasta el nudillo.
En ese momento el glande de mi pene ya estaba metido un poco
en la vulva de Mariana que se abrió para recibirlo, al sentir el gemido de la
pequeña niña, la tome firmemente de la cintura y de un solo golpe le metí la
verga hasta la mitad, sintiendo ahí la resistencia de su himen.
El grito de Mariana fue ahogado por el dedo de su hermana,
pero gotas de sudor corrieron por su rostro al sentir como se le habría la
vulva, sin embargo, a pesar del intenso dolor que sintió, sus ojos me decían que
no parara, solo espere un poco para que su abertura se acostumbrara al intruso
que la estaba perforando.
Estos segundos de espera, fue aprovechado por Ana que
sacándole el dedo de la boca, se inclino y la beso tan apasionadamente, que
Mariana se desentendió de mí y la tomo por el cuello, apretándola y fundiéndose
las dos en un beso largo y sensual.
Todo lo que me rodeaba en ese momento, eran cuerpos desnudos
y de todas las edades, que se unían y desunían, el olor a semen, a concha y a
sudor lo impregnaba todo de tal modo que ningún otro olor era perceptible,
gritos y suspiros de placer, tapaban todo otros ruidos, incluso la música del
viejo pasadisco era tapada por los gritos de hombres y mujeres entregados ya a
una frenética orgía.
Ana se separo lentamente de su hermana, por un instante,
quedaron unidas por un fino hilo de saliva, prueba tangible del apasionado beso
y también del intercambio de secreción entre las dos ardientes hermanitas.
En toda mi vida no había conocido a dos hermanas tan
calientes como estas, debido posiblemente, en partes, a los relatos que su
abuela, Adela les había hecho sobre el rancho de Tata y de tener tan cerca de un
hermano poseedor de una verga que era el comentario de todas las mujeres del
pueblo y sus alrededores y en parte, también, al temperamento fogosos de las dos
muchachitas.
Nuevamente la mirada de Mariana se poso entre los puntos de
unión de ella y mío, veía sin ninguna duda como de su entreabierta raja salía lo
que quedaba de mi verga, sus ojos brillaban de excitación y placer al contemplar
lo que pronto estaría totalmente dentro de ella.
Mi miembro, estaba hundida ya hasta la mitad en la tierna
raja de Mariana, solo faltaba un pequeño esfuerzo para destrozar el himen; sin
embargo la presión que yo sentía de su apretada vulva, en mi verga, era tal que
trate de saborear lo más que pudiera ese placer.
Sin hacer caso de la mirada suplicante de Mariana, para que
hundiera en ella finalmente mí dura y larga verga, para arrebatarle para siempre
su virginidad, me contente con dejársela y hundir unos de mis dedos en su
redondo y apretado agujero trasero.
Mariana dio un respingo de sorpresa al ser invadido su culito
por mi dedo, sorpresa que en instante se convirtió en suspiros de placer al
sentir que sus dos pequeñas hendiduras estaba siendo ocupadas, una por mi índice
y la otra por mi verga.
Hundí con fuerza mi dedo, dilatando el apretado esfínter, y
comencé entonces un lento mete y saca, mientras que parte de mi verga se
mantenía prácticamente inmóvil dentro de la vulva suave y caliente de Mariana.
Ana nos miraba expectante, aguardando con ansia su turno,
mientras sus manos pasaban de una de su teta a la otra, estrujándose lentamente
los erguidos pezones, su pequeña y rosada lengua humedecía sus labios.
Sentí un leve roce en mi brazo, al voltearme a ver quien era,
vi a Magdalena, de rodillas y junto a mi, pero en sentido contrario, chupándole
la verga a mi querido tío; este parado, le acariciaba la cabeza a la pequeña
niña, detrás de el y también agachada se encontraba mi hija menor, Miriam,
lamiéndole el peludo culo a Tata, mientras sus manos desde debajo de el, le
acariciaba los huevos, apretándoles suavemente y sopesándolos, de ves en cuando
su mano lo rodeaban, el nacimiento de la verga, y cuando la cabeza de Magdalena
iba hacia atrás lo tomaba del tronco y apretándolo, tiraba la piel ya retraída,
hacia atrás; estos movimientos unido a la succión de Magdalena, hacia que el
anciano rugiera de placer.
Al tener a la hermanita de Diego tan cerca, no pude resistir
a la tentación y sacando mi mano del culo de Mariana, le acaricie a Magda las
grandes y duras tetas, que por los movimientos de la pequeña, se movían de tal
modo que parecía una invitación a tocarlas.
Magdalena, sin dejar de chupar el miembro de mi tío, esbozo
una sonrisa a ver que yo, le acariciaba las tetas, retorciéndoles los pezones.
Nuevamente le di toda mi atención a Mariana (hay que tener en
cuenta que todo esto se tarda mas en contarlo, que el tiempo que transcurre en
realidad) la tome nuevamente por la cintura, apretándola firmemente y dando un
fuerte golpe con la pelvis, atrayéndola hacia mi por su cintura, sentí como su
himen cedía y mi verga entraba, triunfante, hasta el fondo de su vulva.
El grito de Mariana fue mas de sorpresa que de dolor, ya que
no se esperaba que mi verga le entrase tan rápido, sus manitos se tocaron ahí
donde estábamos unidos para comprobar que nada quedaba afuera, al verificarlo,
una amplia sonrisa se formo en sus labios y un suspiro de satisfacción salio de
su pecho, suspiro que se fue transformando en gemidos cuando yo comencé el
balanceo de meterla y sacarla.
Me concentre en darme y darle placer a la pequeña Mariana,
mis manos fueron a sus pequeños, pero duros senos, sus piernas se cruzaron por
mi cintura, apretándome y haciendo que mi verga entrara en todo su largor,
sentía como mis huevos chocaban contra el culo de Mariana; me incline hacia ella
alcanzando su boca con la mía, la niña abrió su boca para que mi lengua entrara
en contacto con la de ella, comprobé que su lengua era dulce al igual que su
saliva.
Las uñas de sus dedos se clavaron en mi espalda, sus ojos se
cerraron fuertemente y sus gemidos de placer se convirtieron en gritos
enloquecidos, anunciando su próximo orgasmo.
Acelere mis embestidas, palabras como: - Estoy acabando, más
fuerte, más fuerte. No deje de metérmela así, don Martín. Como me gusta esta
verga tan dura. SI, si más, más adentro, más adentro, destrózame la concha, don
Martín – se mezclaban con sus gritos y gemidos.
Era terriblemente excitante escuchar esas palabras, esa vos
ronca por la pasión, en una niña de solo 14 años.
Sus piernas cruzadas en mi cintura se retorcieron, se apretó
mucho más a mí, y gritando en forma enloquecida, mientras los espasmos y
contracciones, subían como oleadas por su cuerpo, tuvo su primer orgasmo con una
verga enterrada en lo más profundo de si.
Se la metí lo mas profundo que pude, mientras su cuerpo se
retorcía y lentamente se tranquilizaba hasta quedar laxa a mi lado,
sosteniéndole de la cintura, mientras sus pierna caían a mi costado, empuje aun
mas y comencé a largar un torrente de leche en el interior de la recién
desvirgada concha de Mariana.
Ella sintió el semen tibio y espeso que entraba en su concha
y suspiró de goce; mis rodillas ya no me sostenían y caí sobre ella quien
abrazándome solo murmuraba palabras de agradecimiento en mis oídos; mi verga,
flácida ya, se había salido y escurría aun gotas de semen que se depositaban
sobre los pelitos del bajo vientre de la niña.
Me fije cuanto daño le había producido, quedándome tranquilo
cuando al inspeccionar la concha de Mariana, solo vi, entre la leche que le
salía, algunas gotas muy pequeñas de sangre, si estaba muy irritada en su
interior, tanto así que no permitió que metiera ninguno de mis dedos, que quise
introducir, para constatar el daño; sonriendo me pidió que la dejara descansar
unos instantes, a lo que accedí inmediatamente, dejándola acostada, desnuda,
sobre el piso; inmediatamente se le acerco su hermana quien besándola en la boca
le pregunto como se sentía.
Ana quiso acariciarle los aun muy erectos pezones, pero ella
le saco la mano, solo quería descansar unos minutos; tenia las piernas ahora muy
apretadas, los ojos brillantes y una sonrisa de placer se dibujaba en su rostro.
- Es increíble lo que se siente Ana – le dijo a su hermana –
Tienes que probarlo enseguida, espera a que se le pare nuevamente a don Martín y
veras lo rico que es tenerla adentro - .
Ana, le beso apasionadamente en la boca, pero esta ves,
Mariana no le correspondió con igual ardor, señal inequívoca de lo cansada que
aun se sentía.
Me tumbe de espalda, agotado, la verga me colgaba flácida
entre mis huevos; gire mi cabeza y mire a mi tío, esperando ver a las dos
pequeñas; Miriam no se encontraba allí, solo Magdalena quien en cuclillas aun
continuaba mamándole la verga a Tata, observe que gruesas gotas de sangre,
debido a que estaba menstruando aun y como sabemos el tampón, Tata se lo había
sacado, salían de su entreabierta vagina y caían al suelo; por supuesto no
parecía importarle a ninguno de los dos.
Se acerco en ese momento su madre, Maria, al ver lo que le
sucedía a su hija exclamo:
- ¡Cochina, vaya inmediatamente a higienizarse! -
A regañadientes Miriam se saco la verga de la boca, momento
que mi tío aprovechó y antes que Magdalena se retirase, se arrodillo y
metiéndole, profundamente el dedo medio en la concha lo dejo unos segundos,
sacándolo luego tinto en sangre, inmediatamente se lo llevo a la boca y chupo
hasta dejarlo limpio, al tiempo que exclamaba:
- No hay como el sabor de la regla de una preadolescente –
Magdalena riendo, se dirigió a unos de los baños de la casa, mientras su sangre
corría por una de sus piernas, esta visión mas, ver que sus grandes senos se
balanceaban de una forma increíble, hizo que mi verga comenzara a cabecear, a
pesar que hacia muy pocos minutos había eyaculado en el interior de Mariana
- No se preocupe Tata – le dijo Maria – Sigo yo, así no nota
la diferencia - y colocándose de rodillas, tomo la erecta verga de mi tío y
comenzó a mamársela con todo entusiasmo mientras Tata lanzaba unas de sus
estruendosas carcajadas.
Ana me tendió la mano ayudándome a levantarme, a pesar de que
mi miembro estaba reaccionando y de a poco comenzaba a endurecerse, no era aun
momento para tratar de montarme a Ana.
Así que me levante y contemple el increíble espectáculo que
se desarrollaba a mí alrededor.
Trátense ustedes de imaginarse, una cantidad aproximadamente
de 40 personas, hombres y mujeres de edades que oscilaban entre los 12 años y
mas de 60 años, desnudos o semi desnudos, teniendo sexo en las mas variadas
posiciones; penes siendo mamados o entrando en las conchas de las mujeres, semen
mojando tetas y rostros, el olor a sudor y esperma, gritos de placer, tanto de
hombres como de mujeres y tendrán una pequeña idea de lo que se había convertido
una simple boda.
En ese momento llegaron a despedirse los recién casados, Hebe
y mi hijo Carlos, ya vestidos, que se dirigían a la estación de trenes para
trasladarse a una ciudad a unos cuantos cientos de kilómetros, que se encontraba
a la orilla del mar.
Tata no tuvo mas remedio, que alejarse de Maria, vestirse y
llevarlo a la estación, al salir el pequeño camión con los novios, un
ensordecedor aplauso retumbo por todo el patio a modo de saludo y de despedida.
Aprovechando la partida de los novios, todos los integrantes
de la fiesta, nos tomamos un pequeño respiro, y nos fuimos ubicando, desnudos y
cansados en las sillas, que rodeaban aun las mesas con los restos de la
abundante comida.
Continua