Muchas mujeres como yo (de cuarenta) tiene su vida armada y
no creen que pudiera pasarle algo que cambie su rutina de forma radical. Puede
venir un tipo y hacerte dejar a tu esposo, es cierto, pero, mal que mal todo
sigue igual vida en pareja, con uno o con el otro, Que tu marido se vaya con una
diez años más joven y vos te quedes sola en tu casa rehaciendo tu vida como
puedas… y en ese caso, si te cambia la vida… Quizás, tengas razón.
Lo que pasa es que a mí me ocurrió algo que da vértigo, donde
yo que nunca pensé tener una experiencia así, me cambió la vida, la cabeza y
toda la actitud frente a la vida: Me enteré que mi hija es lesbiana.
Mi marido no lo sabe, pero hace un mes me enteré, que cuando
se fue a vivir con su amiga Valeria, se fue porque ella era su pareja y no para
compartir el alquiler como nos dijo.
Cuando me enteré, lo tomé bien, pero de apoco empecé a
cuestionar todo lo que fue su crianza y su enseñanza. Busqué en mi memoria, ¿Qué
fue lo que signó su vida para que haga tal elección en su vida? En mi cabeza se
apilaban miles de pregunta para hacerle, pero no me animaba a hablar de esto con
ella. Me sentía culpable, me sentía incapaz de hablar con ella con la cabeza
abierta, como para escuchar sus argumentaciones. Pensé en hablar con Valeria
para poder tener un acercamiento, a Karina, un poco más preparada, así que una
tarde, la llamé por teléfono y arreglé para encontrarnos y charlar un poco.
- Encontrémonos, si quieres podés venir a casa… Pero se lo
voy a decir a Karina. - Me advirtió. Y la verdad es que no sabía si quería que
ella se enterara, ya que me diría que me estoy metiendo en su vida, quizás se
enoje conmigo y ese no era el objetivo de mi visita a Valeria, sino poder
encontrar una vía de comunicación para poder comprender que era lo que ella
necesitaba de su madre.
Karina tiene veinte años y a esa edad uno tiene pocas pulgas.
Cualquier cosa fuera de sus reglas puede parecer un pecado mortal y lo único que
yo deseaba era estar a su lado y no entrometerme.
- ¿A vos te parece? No sé si fuera prudente que se lo digas.
- ¿Porqué?
- Va a pensar que me estoy metiendo en su vida y que…
- ¿Acaso no es así?
- Mirá, Valeria, No es mi intención, la verdad es que quiero
hablar con vos para que me ayudes, a encontrar algunas respuesta en mi cabeza,
para poder ayudarla.
- ¿Ayudarla? ¿Ayudarla a qué?
- No sé. Es por eso que te pido esta charla. Quiero tener
clara algunas cosas, para poder entender y poder tener una comunicación directa
con ella.
- Ella tiene buena comunicación con vos… Me parece que lo que
vos querés es ayuda para vos… Bueno no le voy a decir nada, venite mañana a casa
, tomamos un café y charlamos. ¿Te parece?
- Gracias, la verdad que es lo que necesitaba…
Así quedamos y al otro día me fui a su casa, que era también,
la casa de mi hija. Vivía relativamente cerca, así que caminé hasta allá.
Cuando entré sentí que Valeria, estaba contenta de recibirme.
Se notaba que se había preparado para este momento. Yo había ido varias veces a
la casa, hasta era garante del alquiler, pero esa tarde estaba mas arreglada que
siempre… Ahora que soy su suegra, me tiene más cuidad, pensé… como un chiste de
la vida.
Charlamos de cosas intrascendentes y luego entramos
concretamente en el tema.
- No es una enfermedad, es tan solo una inclinación sexual.
Desdramaticémoslo. Hay gente que es vegetariana, otras que son católicas, otras
que solo viven para el trabajo y otras que le gustan las personas de su mismo
sexo. Algunos eligen y a otros les pasa. Hay gente que elige de quien enamorarse
y otros se enamoran si una razón.
Sé perfectamente que me enamoró de tu hija. No podría decir
que vio ella en mí. Sé que la amo y que no me arrepiento de eso.
Todo eso me hizo bien, ya que ella estaba dispuesta a
defender a mi hija, hasta de mí. Valeria era una de esas chicas, muy femeninas,
chiquita, suave, dulce y a la vez es muy fuerte y clara en sus pensamientos y en
su forma de ser. Seguramente, eso era lo que le atraía a Karina de ella. Me
quedé pensando mientras ella no paraba de hablar y lo que decía era coherente y
lleno de sentido común, la verdad es que me tranquilizaba y a la vez sentía que
había hecho bien en hablar con ella primero… Cuando pasó algo inesperado.
- Las caricias no son de hombre ni de mujer, un beso es un
beso entre dos personas. Es habitual ver a una madre besando a su hija en los
labios, cuando es chica.
- Yo lo hacía
- Pero eso no la hizo que le gusten las mujeres. Vení – me
dijo – Sentate aquí. Fui hasta donde ella me indicaba y me senté en un almohadón
muy mullido que ellas tenían en un rincón del living. – Ahora cerrá los ojos y
pensá en el hombre que mas te despierta… que más te calienta.
Un montón de imágenes de machos, de hombres, de actores,
revoloteaban en mi mente. En eso siento que su mano acaricia mi cuello. Mi
cuerpo tomó temperatura, era algo increíble, nunca había estado así.
- Deja tus ojos cerrados. – y sus labio rozaron apenas los
míos. Fue un golpe directo a mi alma. Mi bombacha se había empapado. Estaba tan
perturbada que cuando abrí los ojos no sabía donde estaba. Valeria estaba
sentada en el mismo lugar en que se encontraba mientras tomábamos el café, como
ni se hubiera movido y todo lo que yo había sentido fuera parte de mi
imaginación.
Ella estaba esplendida, como lo había estado toda la tarde y
yo me sentía como si hubiera tenido un orgasmo. ¿Me habrá acariciado el cuello?
¿Me habrá besado?
- Creo que ya entendiste todo lo que querías saber. - Me dijo
en tono irónico.
- Creo que sí. - Le dije, luego me fui al baño, para
arreglarme un poco. Antes de despedirme me pidió que no le cuente de este
encuentro a Karina, le juré que nunca le iba a decir nada sobre este momento,
nos dimos un beso en la mejilla, (aclaro), Y me volví a casa.
Creí que estaba preparada para enfrentarla y decirle algunas
cosas que pensaba, a apoyarla en otras y cuestionarla, eso siempre existe entre
madres e hijas. Para hablar con su padre iba ser algo mas cuidadoso, pero con
ella me podía entender bien no sería tan penoso para él.
Así que junté fuerzas y la llamé. Quedamos que el sábado
almorzábamos juntas acá, aprovechando que mi marido no iba a estar.
Llegó y se metió en su cuarto, como si todavía viviera
conmigo, parecía que había vuelto de la facultad y tenía que esperar a que yo la
interrumpiera con el llamado a comer. Me dio un poco de bronca, porque yo quería
tratarla como a una mujer y ella venía de chiquilla mal criada. Pero no la
importuné, ya que quería que ella tuviera una buena onda conmigo y no empezar el
encuentro con un reto. Así que cuando entré a llamarla, fui con una sonrisa en
la cara y bien tranquila.
- Kary, ¿Vamos a comer?
Ella, para mi sorpresa estaba ordenando algunas cosas de lo
que había sido su cuarto y estaba muy animada.
Nos sentamos a la mesa y comimos, comentando una película que
vimos las dos por separado, Yo había ido con mi marido y ella con Valeria.
- A ella tampoco le gustó. – Me dijo y eso me dio pie para
llevar la conversación para ese lado.
- ¿Estás bien con ella? Digo por lo de la convivencia y todo
eso… - Dije como disculpándome.
- Bien. - Dijo sin querer entrar en detalles.
- Te lo pregunto porque me interesa, quiero saber como estás
y como te llevas con ella. No es para contrariarte, ni espiarte.
- Es porque no te parece bien y estás buscando alguna cuña
para separme de ella.
- No para nada.
- Vamos mami, lo hiciste con Gonzalo…
- Lo hice porque él estaba enfermo… se drogaba… Valeria no
está enferma.
- Claro que no.
- Solo le gustás vos y vos a ella…
- ¡Qué moderna! – Fui hasta donde ella estaba y la abracé.
Puse mi mano en su sobre su pelo y la acaricie como lo hacía cuando era chica,
Su cabeza descansaba en mi pecho y recién ahí, me abrazó ella.
- ¿Qué te pasa? - Le pregunté
- Es que siempre quise estar así.
- ¿Así cómo?
- Feliz – El abrazo se hizo mas fuerte.
- eso es lo que a mí me pone feliz… verte feliz. – ella
apartó la cabeza y me miró a los ojos, con una sonrisa enorme y quise compartir
esa sonrisa así que yo también me reí hasta que nuestros labios se juntaron en
el aire. Le di muchos besitos, nos dimos muchos besitos en la boca hasta que
sentí la necesidad, urgente de sentir su lengua y mi lengua fue en busca de la
suya. El beso se convirtió en un largo y profundo beso de amor.
Np había porque pensar, eran todas sensaciones nuevas para
mí. Entonces no pude decidir mas nada, creo que a ella le estaba pasando lo
mismo.
Nos besábamos y nuestras manos recorrían el cuerpo de la
otra, como reconociendo cada centímetro de piel, por debajo de nuestras blusas.
La ayudé a sacármela y luego ella hizo lo mismo con su
remera. Nuestros pezones estaba firmes, rectos y al rozarse, los míos con los de
ellas, sentí la electricidad del mundo pasar por mi cuerpo. Lo que me había
pasado con Valeria, parecía un rasguño comparado con la fuerza con que me pegaba
estar abrazada a mi hija, besándonos y descubriendo nuestros cuerpos. Como tenía
mas experiencia ella me tomo de la mano y me llevó a su pieza. Yo iba como si
fuera una autómata, solo quería seguir acariciándola y dejándome acariciar hasta
que me desmaye de placer y lujuria.
Me acostó en su cama y jaló mis zapatos, luego me sacó la
falda y después la bombacha… yo temblaba de miedo de placer, de frío. Ella se
desnudó también, estaba parada frente a mí y así la vi, tan chiquita, tan
sensualmente atractiva y deseable, Se acostó sobre mí y nos volvimos a besar.
Ella se frotaba sobre mi y eso era el paraíso, Se fue incorporando, abrió mis
piernas y se quedó mirando mi conchita… me dio vergüenza, pero ella se sumergió
en ella y su lengua encontró mi clítoris como si siempre hubiera sabido donde
estaba. Por el pequeño espacio que quedaba busco mis ojos con los suyos, se la
notaba sedienta y bebía de mí, con habilidad y deseo. Su cola estaba iluminada
por el sol que se colaba por la ventana del cuarto. Tuve la necesidad de probar
yo también su elixir y me acomode entre sus piernas, yo conocía su mas secreto
sabor y ella siguió dándome lamidas en mis labios vaginales. Era un sesenta y
nueve perfecto de placer. Su conchita sabía bien y los líquidos de su interior,
pronto llegaron a mi paladar… acabamos entonces ella juntó mi concha con la suya
y sentimos nuestros palpitares. Cada rose de mi clítoris con el suyo se
proyectaban en uno y mil orgasmos mas… Nunca había sentido esa dulzura, esa
sensibilidad, para encontrar y dar placer.
Las dos estábamos extasiadas, sudadas y calmas. Aunque mi
corazón latía fuerte.
La besé y sentí mi sabor en su boca… luego, nos quedamos así
abrazadas y riendo por media hora… luego fuimos al baño y nos dimos una ducha,
nos vestimos y como si fuera mi amante, me dio un beso, me dijo que me llamaría
y se fue como vino, como una tormenta de verano, como el amor, se fue.