Esto que les voy a contar, me pasó hace unas semanas atrás y
todavía estoy sorprendida. Sacó un lado oculto de mis deseos.
Me bajo del tren. Hacía mucho calor y to estaba vestida con
un pantalón blanco de tela muy finita, y bien ajustado, de tiro corto. Con
tanguita negra que se dejaba ver. Una blusa de algodón, también blanca, que
apenas tapaba mi ombligo, sin corpiño, o sea que se transparentaban mis pezones
Sandalias de taco alto, negras. En síntesis, una perra.
En el andén, siempre miraba a un muchacho que llevaba un
bolso negro, que me miraba siempre, aunque no esté vestida de guerra, pero nunca
pasaba de eso... Se nota que esa tarde se animó y después de una sonrisa, me
dijo.
- Me paro todas las tardes para verte pasar. – Y yo le
contesté sin pensar. – Gracias
- ¿Querés tomar un café? – No lo pensé, aunque me tomé mi
tiempo para no parecer una regalada, y acepte.
Su aspecto, su galantería y su charla, no desentonaban, más
bien se potenciaban. Estuve de lo más recatada y él un caballero. Luego de una
hora de agradable charla, me retiré sin que el me propusiera nada, no me pidiera
el teléfono ni me acompañara hasta mi casa. No desafinó queriendo forzar una
situación.
Al otro día estaba como siempre, él estaba allí esperándome.
Me saludó con un beso en la mejilla y caminamos juntos hasta mi hogar, charlando
y riéndonos mucho. La verdad es que a esta altura, él me gustaba y en la puerta
de mi casa nos despedimos con un piquito. Ya estaba en las nubes y no podía
esperar a mañana para volverlo a ver. Un tipo delicado y que sabía tratar a una
mujer, que me hacía reír y como si fuera poco estaba fuerte.
Toda la semana, nos encontramos, caminamos, reímos. La
relación iba creciendo, pese a que no había pasado de un beso, tierno en los
labios. Hasta que el viernes, pensaba darle permiso para que me haga feliz.
Como los días anteriores, me esperó en el andén, me acompañó
hasta mi casa, charlamos, nos reímos, pero esta vez, el beso fue intenso y con
toda mi pasión. No le di posibilidades y lo entré a casa. Nos seguimos besando,
apenas pude dejar la cartera en la mesa, él dejó su bolso en el piso.
Sus manos recorrían, sabiamente, mi espalda del cuello hasta
mi cola, Desabrochó mi camisa, con habilidad y mis tetas estaban atentas. Las
acariciaba con maestría, justo en el lugar que yo deseaba, en el momento justo…
Llegó a los pezones cuando debías llegar y eso me hacía muy bien. En mí crecía
la necesidad de tener su verga en mi boca, por eso llevé mi mano a la zona, como
para liberar al monstruo. Lo sobé por encima de su pantalón y lo sentí que
inquietaba. Me separó unos centímetros y todo se congeló.
- Tengo que ir al baño. – Me dijo, pensé que algo raro
pasaba, pero después me dije que iría a hacer pis y así no le di importancia.
Tomó el bolso, le indiqué la puerta y entró. Tardó bastante y yo ya estaba fría,
pero cuando volvió empezó a acariciarme y a besarme poniéndome a temperatura
exacta, más caliente que antes de ir al baño. Eso hizo que nuevamente volvieran
las ganas de sopesar esa pija. Mi mano desabrochó el cinturón, se aflojo el
pantalón y se la escurrí para sentir bien el grosor de su pedazo. Sus besos y
sus caricias hacían delicias en mi cuerpo. Cuando siento el calor entre su entre
pierna e intento tocarla entre el pantalón y su calzoncillo. La verga era buena,
no muy grande, más bien normal, de esas que bien usadas daban mucho placer, pero
lo llamativo era la tela de su calzón. Me dio mucha impresión, hasta creí que
eso había terminado en ese instante, pero mi morbo pudo más. Así que desabroché
bien su pantalón, la cremallera y lo vi. Tenía puesto una bombacha semi
transparente. ¡Que hago! Estuve a punto de echarlo de casa, pero él se sacó el
pantalón y la bombacha era una tanga, hilo dental que le hacía el mejor culo que
haya visto. Tenía mejor cola que yo. Se lo toqué, duro, firme, pero su piel era
tan agradable, que no pude dejar de acariciarlo y besarlo. Nunca había tenido
esa reacción con una cola. Estaba realmente hipnotizada. Mi cabeza daba vueltas
y mis sentimientos eran contradictorios. Por un lado, me daba cosa eso de estar
con un hombre en tanga y por el otro, me encantaba verlo así.
Él no dejaba que yo piense porque tenía un dedo agitando mi
clítoris, de mejor forma que lo haría yo misma. Así que me puse a jugar con su
cola y su tanga, al verme tan entusiasmada, se sacó la remera y un sujetador,
que hacía juego con la parte de abajo, apareció puesto en su pecho. Dos
tetillas, bien grandes y coloradas explotaban tras la delgada tela de su
corpiño. No sabía que pensar, que hacer… estaba con un hombre en ropa interior
de mujer… mi morbo explotó, haciéndome acabar en un grito seco, ¿por culpa de su
dedo? ¿Por culpa de la situación? No lo sé.
Él sabía tocarme como nadie lo había hecho, conocía todos mis
puntos de excitación y los usaba, como yo conozco las teclas de mi computadora.
Y cada vez que apretaba el "enter" mi rayita se chorreaba como nunca. Soy
sincera, no sé si lo deje quedarse por eso o por estar con un hombre en tanga y
sujetador con una cola estupenda.
Ahora me estaba limpiando la pierna que estaban mojadas de
mis propios jugos y luego me beso los labios vaginales. Yo le corrí la tanga y
su pene erecto saltó, lo acomodé y se la empecé a chupar. Yo a él, él a mí y
nuestras manos pellizcaban nuestros pezones. Él a mí, yo a él y mi lengua
recorrió su ano. Yo a él, él a mí y su dedo se perdió dentro de mí. Él a mí, yo
a él y mi boca se llenó de su leche.
¿Y ahora?, Yo tenia ganas de una polla dentro y me parecía
que él también. ¿En qué estaba pensando, cuando dejé que este juego continuara?
Pero este "muchacho" me daba respuestas al toque.
La situación era la siguiente: Yo tenía su dedo en mi culo y
él, el mío. Su verga se había consumido por el esfuerzo y salía de mi boca, y mi
conchita, todavía latía de placer… Quizás era hora de ofrecerle un break, para
retomar fuerzas, para hacer después lo que tenía ganas de hacer ahora. Quizás
deberíamos hablar un poco, para entender un poco de que iba esto de su ropa
interior. Así que con un pequeño movimiento, saqué mi dedo de su culo y él hizo
lo mismo, me recompuse.
- ¿Tomamos algo? ¿Coca, cerveza, café?
- ¿Vos que vas a tomar?
- Cerveza
- Yo también… - me dijo. Fui hasta la cocina revoleé mis
caderas, sugerentemente con mi bombachita puesta y saqué una cerveza bien fría,
tomé dos vasos y llevé la botella a la sala… Era muy raro ver un hombre así, me
daba una sensación muy extraña, ¿Me gustaba? Si y me daba miedo. ¿Me excitaba?
Si y me daban ganas de penetrarlo casi tanto, como que me penetre. La verdad es
que es un jugado, ya que lo podía haber sacado de patadas y se la jugó y eso
también me gustaba.
Sirvió los dos vasos, sin espuma, como me gusta a mí y un
silencio molesto, se instaló entre nosotros. Hasta aquí, no hicieron falta las
palabras pero ahora me parece que alguno de los dos debía romper el hielo.
- ¿Por qué usas ropa interior de mujer?
- Me excita
- ¿Lo necesitas por qué las mujeres no llega a excitarte
tanto?
- Lo hago porque fue una fantasía, porque me gusta al tacto,
porque es mi lado femenino… ¿Vos no tenés tu parte masculina?
- Si, no sé.
- ¿Qué te despierta tener un hombre vestido así?
- Algo de morbo, ¿querés que te penetre?
- ¿Querés penetrarme?
- Yo pregunte primero.
- Yo te pregunto, qué te despierta y vos me preguntas si
quiero que me penetres… - Dejo unos segundos pasar para ver mi cara y yo sonreí,
pícara y el entendió.
- Me gustaría que me penetres, si eso es lo que te despierta.
– Me tomo de la barbilla y me besó. Un poco de cerveza cayó sobre mis tetas y me
lamió, como para secarla. Entonces dejé caer un poco en su pecho e hice lo
propio. Con la habilidad de una, desabroché su corpiño y mojé la yema de mis
dedos en mi vaso y se lo unté en sus tetillas y volví a lamerlos, morderlos,
chuparlos, haciendo succión, como a mí me gusta que me hagan. Él me sacó la
bombacha y de la botella, dejó caer un chorro en mi pubis y abrió los labios y
sentí como el frío líquido entraba en mi interior. Eso me dio placer e ideas, lo
dejé lamer un poco y luego fui yo quién vertió, la cerveza por su espalda. Como
un río fue bajando hasta sus nalgas, mojando su ano. Mi lengua navegó ese río
hasta el final. Lamí ese ano y sentía como se excitaba y gemía. Me acosté sobre
él y usé mis dedos como un falo. Era obvio que ese culo necesitaba más que mis
pequeños dedos… Igualmente me gustaba sentir el roce de mi monte de Venus,
eludo, sobre su cola, mis tetas en su espalda y mi boca en su cuello. Tomó mi
cintura y me depositó a su lado,
- Ya tendremos tiempo para eso.
- ¿Te parece? - Tapó mi boca con su lengua y su pija se fue
acomodando dentro de mí. ¡Guau! Parecía un cirujano Abriéndose surco entre mis
carnes. Me cabalgó, lo cabalgué y me hizo acabar como nunca antes, él me acabó
entre mi ombligo y mi cuello. Limpie su verga, mientras él me limpiaba el
cuerpo. Besos y muchos besos, caricias y mil caricias, hasta que nos picó el
hambre… Saqué del freezer, unos ravioles y una salsa y comimos.
- ¿Tenés más sorpresas para esta noche?
- Y… puede ser, depende de vos…
- ¿De mí? ¿Por qué?
- Tengo muchas cosas en mi bolso… - Y si las tenía pero te lo
cuento otro día, ahora me voy a hacer una pajita, porque contarte todas estas
cosas me puso cachonda… Un beso.