Ella llegó a la parada del camión. Ya eran las once de la
noche y todo estaba oscuro, todo menos la mitad de aquella sucia parada. Yo me
encontraba unos metros atrás, escondido por las penumbras de la noche, yo podía
verla, pero ella a mi no. Pude ver lo guapa que era, de tez clara y pelo rubio
esta alta muchachita, que debería tener unos dieciocho años, era, sin duda,
alguna de esas edecanes que abundan en los eventos. Sus nalgas eran hermosas,
grandes y bien paraditas, en cambio sus tetas no eran nada del otro mundo. Yo la
observaba cómo miraba hacia todos lados, nerviosa, esperando que llegara pronto
el camión. Impaciente miraba su reloj, después a la calle, comprobando que del
camión ni sus luces, y nuevamente su reloj. Estaba nerviosa y asustada.
Ciertamente estos rumbos de la ciudad no eran los que los turistas suelen
visitar. Lo bueno para mi era que mientras el camión no llegara, yo podría
recrearme la vista, lo malo para ella era que el camión tardaría veinte minutos
en llegar.
Vi como un hombre se le aproximó por atrás, y poniéndole un
cuchillo en la garganta la amenazó.
-Quieta preciosa, o te corto ese hermoso cuello que tienes –
le dijo
-No me haga daño – respondió con voz temblorosa- mire, no
tengo mucho dinero, pero le doy todo lo que tengo, mis aretes, mi reloj
-Uy, princesa, me ofendes, yo no soy un vulgar ladrón-
respondió el muy cínico- yo sólo quiero que pasemos un rato muy agradable
Su mano le fue recorriendo la espalda, hasta llegar a sus
nalgas, se las sobó y se las apretó
-Qué buena estás, mamacita – le dijo el tipo
Ella empezó a sollozar. Su cuerpo temblaba, no sé si de rabia
o de miedo, pero sufría por la humillación que estaba experimentando. El tipo
siguió recorriendo el cuerpo de la chica con su única mano libre. Le pasó la
mano por sus pechos, después, con su cuchillo, fue cortando la tela que unía los
botones con el ojal, dejando al descubierto un coqueto brasiere, mismo que
también cortó con facilidad, dejándole las tetas al aire. El tipo siguió dándose
gusto, le masajeaba una y luego otra. Ella ya estaba gimiendo, pero no de
placer.
El tipo le pegó el paquete contra sus nalgas, se le acercó al
oido, y mientras le daba mordidas a su oreja, y sin dejar de sobarle las tetas,
le dijo
-Siente mamita lo que te vas a comer, y va a ser para ti
solita.
El le alzó la faldita y le bajó las bragas, dejando al
descubierto sus nalgas.
-Quítatelas, si no quieres que las corte también- dijo
bruscamente.
-No, por favor ...déjeme ir- gimoteó ella, adivinando,
seguramente, lo que vendría. Al ver que el tipo acercaba el cuchillo a su ropa,
ella decidió bajárselas, poco a poco, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Cuando ya los llevaba a la altura de la rodilla, él subió su pie, y los bajó de
golpe.
El sujeto metió la mano entre las piernas de ella y empezó a
tocar la rajita de la chica.
-Estás muy seca – dijo- tendrás que excitarte un poco para
que te lubriques
-Ni lo pienses, bastardo – dijo ella con desprecio
-Como quieras, pero así, seca, te va a doler
El se guardó el cuchillo en la bolsa de atrás de su pantalón
para agarrarle las tetas con esa mano, mientras su otra mano seguía luchando por
introducir un dedo en la cuevita de la chica, y aunado a esto, estaba su lengua
que se metía en la oreja de ella, mientras le susurraba
-Mira, desde que te vi supe que te iba a coger, estás muy
sabrosa, así que si tú cooperas la vamos a pasar muy bien los dos, de lo
contrario seré yo el que lo disfrute.
Ella no respondía nada. Sus lágrimas inundaban sus ojos y se
escurrían por sus mejillas. Pero el toqueteo y la acción estaban dando
resultados, ya que vi cómo el dedo del sujeto desapareció dentro de su conchita.
Después de meterlo y sacarlo un par de veces se desabrochó el pantalón y lo dejó
caer junto con sus calzoncillos, no sin antes agarrar el cuchillo.
-Ya sabía que ibas a responder, si a leguas se ve que eres
una zorrita – le dijo riéndose
Sacó su dedo de la conchita, la volteó y la hizo hincarse.
-Ahora me lo vas a mamar, con esa boquita de viciosa que
tienes, y más te vale que lo hagas bien, sin morderme, o de lo contrario te mato
– le dijo acercándole el cuchillo.
Ella lo miró asustada, y como el tipo no alejaba el cuchillo,
abrió la boca y se introdujo el glande, lamiéndoselo con la punta de la lengua.
El tipo alejó el arma y se dispuso a disfrutar la mamada, pero al ver que la
chica no tenía intenciones de chupar más a fondo la agarró del pelo y de un
golpe se la metió toda
-Así puta, métetela toda – le gritó mientras su mano hacía
para adelante y para atrás la cabeza de ella.
Con el primer impacto sintió ganas de vomitar, pero se cuidó
de hacerlo, yo creo que por miedo. Después apretó los labios, para evitar
morderle, y sintió cómo aquél pedazo de carne le violaba la boca. Una y otra vez
entró, hasta que el tipo la levantó, jalándola del pelo. Después la empujó
contra el lateral de la parada y se le pegó por atrás.
-Ahora sí, putita, te voy a dar lo que tanto deseabas – le
dijo acercándole su verga a la entrada de la cuevita.
-No, por favor – suplicó ella
Pero él no le hizo caso. De un golpe se la metió toda, sin
miramientos. Ella ahogó un grito, por lo que sólo exhaló un pequeño gemido, lo
que excitó al fulano.
-Ya veo que te gusta – le dijo
Ella no hablaba, ni gemía ni nada. De hecho no se movía, sólo
se dejaba hacer. El tipo era la que arremetía en contra de ella, metiendo y
sacando su verga. Su cuerpo chocaba contra el de ella y con cada embestida él le
bufaba en la oreja. Sus movimientos se empezaron a acelerar, se veía que estaba
a punto de correrse.
-Por favor, no te corras dentro de mi – suplicó ella muerta
de miedo
-¿por qué..noo? Te voy..a dejar..un bonito..recuerdo – dijo
el tipo entre resoplidos- aahhh
-Nooo- lloró ella.
El tipo se estaba viniendo dentro de ella. Todavía dio unos
cuantos empujones más, hasta que se vació por completo. Después sacó su verga,
se puso su ropa y guardó el cuchillo. Ella se había quedado recargada contra la
estructura de la parada, llorando y con las bragas en los tobillos. El semen le
empezaba a escurrir por las piernas. El se acercó a ella.
-Será mejor que te apures a vestirte, el camión ya no debe
tardar. Cuídate, no te vaya a pasar algo malo – dijo riéndose el muy cínico
antes de irse.
Ella, como autómata, se subió sus bragas y se acomodó la
falda. No dejaba de llorar. Se cerró la blusa, cruzando los brazos para que no
se abriera. De su bolsa sacó un pañuelo desechable y se secó las lágrimas. Unas
luces iluminaron la parada y el camión abrió sus puertas. Ella subió y se fue.