Faltaban unos minutos para las once de la mañana y estaba delante del portal
que correspondía con el número de la calle que me había indicado Pedro. Había
insistido mucho en pedirme que tuviera discreción. Evidentemente es una de mis
cualidades, me interesa a mi también. Él me había dicho que esa mañana se
escaparía de su trabajo a la hora de desayunar, aprovechando que tenía que hacer
unos recados y que me esperaría en su casa. Miro la hora en mi móvil y me doy
cuenta de que sólo faltan segundos para la hora convenida, así que busco en la
botonera del portero automático y localizo el pulsador del piso y puerta que me
había dicho Pedro. Llamo.
- ¿Diga?
- Recogida a domicilio - era la clave convenida
- Sube...
Siempre tengo un poco de nervios la primera vez que voy a hacer un servicio a
alguien nuevo. Mis manos, siempre calientes, están algo frías y un hormigueo
sube por mis piernas situándose en mi vientre. Al abrir el ascensor puedo ver
una puerta entreabierta. Constato que es la que corresponde a la vivienda de
Pedro y me dirijo a ella, pero antes que pueda alcanzarla, se abre y la figura
de un hombre me invita a pasar.
- Pasa, pasa...
- Hola - saludo mientras cruzo el umbral - tú debes de ser Pedro, ¿no?
- Sí... sí... tú...
- Yo soy quien tú esperabas. Puntual, ¿no?
Observo a Pedro, con una rápida ojeada, no quiero parecer la inquisición. La
verdad es que el físico no me importa mucho. Pedro es un hombre de unos 50 años,
de rostro agradable, con abundante pelo gris, corto y bien peinado. Solamente un
poco de barriga cervecera alteran su elegante figura dentro de un traje clásico,
con corbata incluida. Él también me observa, nervioso.
- La verdad es que no sé que hacer ahora...
- Tranquilo, relájate, que te veo muy nervioso. No es nada tan grave.
- Ya te dije que mi mujer nunca ha querido... bueno, que no le gusta el sexo
oral y...
- Sí, es bastante común, más de lo que pensamos. No te preocupes, de verdad.
- Pero no sé si podré... además...
- Mira, lo mejor es que hagamos una cosa. Supongo que tendrás algun fetiche que
te excite, no sé, revistas, una peli porno, relatos...
- Bueno, muchas veces me masturbo leyendo relatos eróticos en Internet.
- Perfecto entonces. Tú te sientas tranquilamente en el ordenador y te la chupo.
Tú limítate a relajarte y disfrutar.
Es una buena opción, lo hacen muchos hombres para disfrutar más de la felación.
Si la persona que les está haciendo el trabajito, por la circunstancia que sea,
no les levanta suficiente la lívido, una buena peli porno o cualquier otra cosa,
es mano de santo.
A todo esto no me he presentado. Se me conoce como David, aunque este no es mi
nombre real. Soy un chico de 35 años, moreno, de complexión normal. Dicen que
estoy bien, aunque yo me considero del montón. Estoy casado y las relaciones
sexuales con mi mujer son fantásticas, pero tengo una pequeña afición oculta: me
gusta hacer mamadas. Me gusta practicar el sexo oral, tanto con mujeres como con
hombres. El tema mujeres lo tengo solucionado en casa, pero el tema hombres no.
De esta forma me he hecho un experto en dar placer con la boca a aquellos
hombres que lo necesitan.
Este es el caso de Pedro. Contactamos en un chat. Su mujer es muy conservadora
en la cama y él tenía ganas de probar algo nuevo. No se atrevía a ir de putas ni
a buscarse una amante, así que supongo que mi condición de hombre casado le dio
la seguridad que necesitaba. Y ahí estábamos, un miércoles por la mañana, en el
recibidor de su casa.
Es muy habitual que la primera vez, incluso las primeras veces, el receptor de
la felación esté bastante nervioso, en este caso por el doble motivo de la
infidelidad que comete y por hacerlo con un hombre. Hay muchos hombres que
tienen miedo de "volverse homosexuales" por gozar con otro hombre. Si se es
homosexual, tarde o temprano sale a la luz, aunque lo intentes evitar. Y si no
se es, por mucho placer que te dé un hombre, tu sexualidad no variará. Otra cosa
es que se sea bisexual. Aunque parezca lo contrario, yo no me considero
bisexual, ni homosexual; simplemente me gusta chupar pollas, sin que ello
signifique que me sienta atraído por los poseedores de dichos órganos.
- Bueno, Pedro, no te quedes ahí parado, vamos antes de que nos den las doce.
- Sí, sí... - contestó titubeante mientras se dirigía a poner en marcha el
ordenador.
Mientras esperaba paciente a que el ordenador se conectara a la red y él buscara
esas páginas de relatos, yo intentaba calentarme las manos. No quería darle un
sobresalto con unos dedos fríos como témpanos.
- Es Todorelatos. ¿La conocías?
- Quizás la había visto alguna vez, sí... siéntate de lado mejor, debajo de la
mesa estaría un poco incómodo.
- Espera que busco algún relato... ayer encontré un par que no me dio tiempo a
leer y creo que son buenos.
- Uno que sea muy caliente- bromeé
Ya tenía en la pantalla su relato, sentado de lado en la silla, con las piernas
estiradas, dejé que empezara a leer las primeras líneas mientras me arrodillaba.
Aparté su corbata y empecé a acariciar por encima de los pantalones su paquete.
Ya la tenía morcillona, buena señal. Desabroché su cinturón y el botón del
pantalón gris del traje. Bajé la cremallera y deslicé un poco la prenda hacia
abajo, lo suficiente para darme espacio a maniobrar. Pedro es de esos sujetos
discretos, que prefieren ser servidos con la ropa puesta. Aparté la camisa,
soltando los botones inferiores y enrollé la camiseta interior hacia arriba. Ahí
quedaba un bulto envuelto en unos calzoncillos de algodón blancos, clásicos.
Empecé a dar besos sobre la tela que me separaba de ese pene que se iba
hinchando, asegurando que notaba la presión de mis labios. Un leve suspiro me
indicó que Pedro se estaba relajando. Mi mano se deslizó dentro del calzoncillo
y extrajo parte del semierecto miembro. Era una polla sin circuncidar, de piel
clara y lisa. Los nabos sin circuncidar son más agradecidos de mamar, aunque a
veces sus dueños los presenten con problemas de higiene, cosa que no me gusta
nada. Por suerte, este no era el caso. Acerqué mi lengua a la punta y empecé a
dibujar con ella círculos alrededor del glande y sobre el frenillo.
Un suave "sí" me indicó que todo seguía su curso natural, así que metiendo el
capullo entre mis labios y succionando para que no escapara, con las dos manos
bajé un poco los calzoncillos, lo suficiente para dejar a la vista el miembro de
Pedro desde la misma base. Coloqué mi mano izquierda bajo sus huevos y con el
índice y el pulgar de la derecha hice un anillo que le estrangulaba la raíz del
miembro, para llenarlo al máximo de sangre. Aparté un poco mi cabeza y pude
admirar ese rabo. Era de tamaño medio, no muy largo, algo grueso, curvado
ligeramente a su izquierda.
Descendí nuevamente mi cabeza y volví a pasar mi lengua por su glande,
ensalivándolo bien, pero esta vez extendiéndome también a lo largo de todo el
fuste de la polla. La boca de Pedro volvió a emitir otro ligero murmullo, algo
como "así, sí", lo que me indicó que era el momento de que sintiera la calidez
de mi boca, de forma que me introduje toda la longitud de ese miembro ya
completamente duro hasta la garganta. Con mi mano derecha retiré totalmente la
piel hacia abajo y acompañé a mi cabeza que subía y bajaba, mientras mi lengua
acariciaba el frenillo rítmicamente.
- ¡Oooohhh!!!! ¡Síiiiii!!! ¡Si no paras me voy a correr ya!
Realmente Pedro necesitaba una buena felación, en menos que canta un gallo su
pene había adquirido una rigidez y consistencia que indicaba que estaba en el
punto culminante. Y la verdad es que no acostumbro a cortar un orgasmo
inminente. Mi misión es conseguir una placentera corrida a través de la
felación, no un fuerte dolor de huevos. Así que, pese a su advertencia, aumenté
el ritmo, a tiempo para sentir que, acompañada por su gemidos y suspiros, la
eyaculación de Pedro se hacía presente en el fondo de mi garganta.
Si considero que el receptor de la mamada merece suficiente confianza,
acostumbro a tragarme el semen. Lo prefiero a situaciones cómicas, yendo
corriendo al lavabo con la boca llena o escupiendo en un pañuelo de papel.
Aunque a veces hay personas morbosas que me piden que una vez acabada la
felación, lo deje escurrir de mi boca sobre su miembro. Hay gustos para todas
las personas. En el caso de Pedro, viendo su pulcritud y adivinando su actitud
después del orgasmo, preferí engullir sus emisiones tal como iban entrando en mi
boca.
El semen no tiene un sabor muy agradable, pero si lo tragas enseguida, pasa bien
y casi no se nota. Fue una suerte, por que después percibí que el de Pedro,
quizás por que llevaba mucho tiempo en reserva, tenía un gusto algo fuerte.
Esperé con el pene dentro de la boca mientras se iba deshinchando. Cuando había
perdido su rigidez lo fui sacando de la boca, cuidando de secarlo bien con mis
labios. Sin mirarle aun a la cara, le subí los calzoncillos un poco para tapar
sus genitales y bajé su camiseta y camisa.
Me levanté mientras con la lengua relamía mis labios para intentar quitar
cualquier señal de lo que acababa de hacer. Miré a Pedro y sonreí, pero él me
apartó la mirada.
- Por favor, vete.
- Oye, que no pasa nada, no has hecho nada malo...
- ¡Vete, por favor! Lo siento...
Sin decir nada más, me dirigí a la puerta del piso y me marche. No me supo mal
en absoluto, es una reacción normal en su caso. Pedro es una persona con una
moral clásica y unos principios grabados a fuego por la educación que recibió y
el mundo que ha vivido. Preso por un matrimonio en el que el sexo es una cosa
secundaria, ahora sentía, después del orgasmo, el peso en la consciencia de que
había hecho una cosa terrible. Pasa las primeras veces. Pedro ahora iba a
desaparecer del mapa o bien me escribiría un correo al cabo de unos días
pidiéndome disculpas y, quizás, al cabo de unas semanas querría volver a quedar
para repetir la experiencia.
Pero yo me fui con la satisfacción del deber cumplido y con una polla más que
había conseguido hacer feliz en mi boca.
¡Ah! El episodio de Pedro me sirvió para que conociera esta interesante página
de relatos, y al final he decidido compartir con vosotros mis experiencias y,
por supuesto, ofrecerme si alguien necesita "relajarse" un rato. Para cualquier
comentario, sugerencia, queja o petición, curiositats@gmail.com es mi correo.