Cuando mi hermano trajo por primera vez a su novia a casa
para presentarla a la familia, yo acaba de romper con mi novio poco tiempo
atrás. Lidia era un encanto de chica; dulce, reservada, con unos ojos oscuros
enormes y una boca sumamente atractiva. No era muy alta, y tenía un cuerpo de
líneas suaves y muy bien proporcionado. Las novias que había tenido mi hermano
hasta el momento habían sido muy guapas, pero ninguna igualaba el encanto de
Lidia. Congeniamos desde el principio. Nos hicimos muy buenas amigas, cosa que
agradó mucho a mi hermano. Al poco tiempo de la relación, Lidia comenzó a
quedarse a dormir en casa los fines de semana, después de salir con mi hermano,
pero lo hacía en mi habitación, por respeto a mis padres.
Una noche escuché como llegaron de madrugada. Me desvelé y
escuché como discutieron. Lidia quería que la llevara a su casa, pero mi hermano
le dijo que ya era muy tarde. Al parecer habían discutido (por lo que llegué a
saber más tarde) por un tema de celos, nada importante, pero Lidia entró a mi
habitación llorando. Yo me hice la dormida, y cuando se hubo cambiado y metido
en la cama, hice ver que sus leves sollozos me habían despertado.
-¿Qué te ocurre Lidia?.
-Nada, tu hermano es un burro.
-Ay cariño, no has tardado mucho en darte cuenta.
Me levanté y me senté en la cama de al lado, donde estaba
acostada Lidia. Le acaricié su sedoso pelo para consolarla.
-Estas peleas son algo normal, tu no te preocupes, mañana ya
estaréis bien- le dije.
Lidia se encogió para abrazar la almohada. El instinto
protector me llevó a tumbarme a su lado y abrazarla. Ella seguía llorando, pero
poco a poco se fue tranquilizando. En un momento abandonó la almohada y me
abrazo. Noté sus ojos húmedos por las lagrimas en mis pómulos. Yo le besé la
mejilla.
-Ya esta, tranquila... tranquila...
Mientras le decía esto, noté como su cara se deslizaba por la
mía. Al poco noté sus labios al borde de los míos. Un enorme escalofrio recorrió
mi cuerpo. Yo continuaba acariciándole el pelo. Lidia me dio un beso cerca de la
comisura de mis labios. Yo le respondí con otro, pero ella acercó más aún sus
labios a los míos, hasta ponerlos a la misma altura, y volvió a besarme. En esa
ocasión yo me quedé paralizada. El escalofrio que había sentido hacia unos
segundos se intensificó, y un fuerte calambre se instaló en mi barriga y en mi
sexo. Estaba excitada. Lidia volvió a besarme suavemente, y otra vez, y otra
vez, hasta que al final reaccioné y le correspondí de igual manera. Después sus
labios se engancharon con los míos, y poco después sentí su lengua resbaladiza
hacerse hueco entre mis labios.
Abrí la boca y le facilité la entrada. Estaba muy excitada.
Moví mis piernas y sentí la humedad en mi ropa interior. Introduje mi brazo por
debajo de la camiseta que usaba para dormir y le desabroché el sujetador.
Levanté su camiseta y comencé a acariciar sus pechos y pezones con suavidad.
Ella hizo lo mismo conmigo. Sus besos se fueron deslizando hacía abajo hasta
situar su lengua sobre mis pezones. Los beso y los chupó entre jadeos
contenidos. Yo guié su cabeza de un pecho a otro, y ella chupo cuanto rato yo
quise. Después le correspondí yo de la misma manera. Las dos estábamos
increíblemente excitadas, y al mismo tiempo nos deshicimos de toda prenda que
llevábamos puesta, a excepción de las bragas.
Ella se quitó la ropa estando tumbada, y yo de rodillas sobre
ella. Me cogió la cabeza y me la llevó nuevamente a sus preciosos pechos. Yo
lamí al tiempo que mi ropa interior se iba humedeciendo más. Noté que Lidia
empujaba mi cabeza hacia abajo. Yo sabia lo que quería, así que fui deslizando
mi lengua por su vientre, bajando hasta la ingle, recorriéndola con mi lengua y
deslizándola por su pierna. Ella dobló su rodilla, y yo seguí lamiendo hasta
llegar a los dedos de su pie. Agarré con ambas manos el diminuto pie de Lidia y
me lo introduje en la boca. Jugué con mi lengua haciéndola pasar por sus dedos,
y eso debió excitarla mucho, porque los gemidos se intensificaron. Eso me hizo
dejar el pie. No quería que nos oyeran. Volví a recorrer su pierna con mi
lengua, esta vez me detuve en la ingle, y apartando con el dedo la goma de sus
bragas, fui lamiendo hasta encontrarme por primera vez con un sexo como el mío.
Su tacto me pareció suave y resbaladizo, se me hizo extraño lamer algo con lo
que había fantaseado tanta veces. Rodeé el sexo con mi lengua y después me
detuve largo rato sobre el clítoris.
Mi lengua recorrió, lamió, chupó y succionó durante un tiempo
indeterminado el clítoris de Lidia, mientras esta se desvanecía de placer.
Después me fui un poco más abajo y separando con mis dedos sus labios, introduje
mi lengua. Con la otra mano estimulaba el clítoris humedecido. Metí y saqué mi
lengua de entre sus pliegues buscando su orgasmo. Finalmente llegó. Después
intercambiamos posturas, y fue ella quien me brindó ese placer.
Al día siguiente mi hermano y Lidia se pelearon, por lo que
no la volvía a ver más, auque mis deseos de tener experiencias con otras mujeres
aumentó notablemente.