Primera vez: Tenía entonces 15 años cuando conocí a Juan
Carlos el que posteriormente sería marido, él tenía 25 años y estaba por salir
de la Universidad. Me deslumbro por su porte, mide un metro noventa y tres, y
pos su físico, en ese tiempo jugaba rugby por la Universidad, pero sobretodo por
lo gentil y cariñoso que era conmigo. Yo me había educado en un tradicional
colegio de monjas, por lo que respecto al sexo no sabia casi nada y además tenía
bastante restricciones al respecto, en ese tiempo tenía un cuerpo delgadito,
casi sin caderas y senos. Soy bastante pequeña, mido un metro cincuenta y tres,
la verdad es que no sé que él vio en mí, pero nos gustamos apenas nos conocimos
y comenzamos a pololear, como le dicen aquí en Chile. Por supuesto gran
escándalo por parte de mis padres, no podía estar a solas con él en ninguna
parte, si quería ir al cine debería ir con una amiga, ni pensar en ir a fiestas
o algo así, por ningún motivo nos podíamos quedar solos en el departamento, no
permiso para ir a la playa. etc. etc.
Bueno llevamos ya seis meses saliendo, en ese tiempo sólo
habíamos tenido unas apasionadas sesiones de besos que me dejaban súper
calientes y húmeda, aunque tampoco al principio entendía mucho porque me pasaba
eso, lo más atrevido que había echo Juan Carlos era acariciar mis senos por
encima de la blusa o dejarme sentir su grueso paquete en mi culito cuando me
abrazaba desde atrás.
El caso en que mi abuelita me invitó a pasar el verano a Viña
del Mar y mis padres pensando en alejarme de Juan Carlos que ya estaba
trabajando me dejaron partir, obviamente me lleve conmigo un sinnúmero de
recomendaciones. En Viña todo normal hasta que un sábado en la mañana me llama
Juan Carlos por teléfono, se había arrancado el fin de semana para verme y
quería que nos juntáramos en la playa. Me puse mi traje de baño azul de una
pieza por supuesto, tipo tubo, casi nada de rebajado en las piernas, la única
coquetería que tenía era que terminaba recto encima, sin escote, sólo una línea
recta de una axila a la otra. Sobre el traje de baño mi polera y jeans.
Nos juntamos cerca de mi casa, él andaba en el auto de su
hermano, por supuesto me dio un tremendo y apasionado beso cuando nos
encontramos, como era temprano me dijo que nos íbamos a quemar mucho en la
playa, que mejor comíamos algo en el departamento de su hermano y así
aprovechaba de conocerlo. Su hermano me recibió muy cariñosamente pero se
despidió casi de inmediato, dejándonos por primera vez solos en todo el tiempo
que llevábamos pololeando. La sensación fue extraña, sentía la voz de mi padre y
su mirada inquisidora sobre mi, tratamos de portarnos bien, les juro que
tratamos de no hacer nada malo pero después de unos cuantos apasionados besos él
me condujo a una habitación, siempre besándome me sacó la polera y el pantalón y
me recostó en la cama, el se sacó su polera y sólo se quedó en traje de baño.
Continuamos besándonos, yo disfrutaba acariciar su cuerpo casi desnudo, él sólo
me besaba.
Casi sin darme cuenta me soltó los tirantes del traje de baño
y lentamente me lo fue bajando hasta la cintura. Me dio mucha vergüenza cuando
mis pequeños senos quedaron expuestos, él por supuesto los encontró precisos y
después de una rato ya me los estaba lamiendo, mis pezones me dolían de tan
duros que estaban, de vez en cuando sentía el tremendo bulto en su entrepierna
rozar mis piernas. Tenia mucho susto, tanto por mis padres como por que me
doliera, Juan Carlos era bastante alto y fornido, con unas tremendas manos,
obviamente yo me imaginaba que el resto sería proporcional a su cuerpo y ese
bulto que notaba en su traje de baño me confirmaba mis sospechas. Traté de
frenar la situación pero sus besos me volvían loca, en algún momento él se paró
al lado de la cama y me dijo sonriendo, "vamos a tener que lavar tu traje de
baño", me mire la entrepierna y tenía una inmensa mancha de humedad, sus
caricias me habían encendido de tal manera que me había mojado muchísimo, bueno
hasta el día de hoy me mojo bastante. El caso es que no había forma de ocultar
mi excitación, la mancha marcaba claramente mi entrepierna haciéndola destacar
aún más, me sonroje, él me sonrió y me dijo no te preocupes la lavamos y nadie
sabrá nada, me tomó de la caderas enrollando el traje de baño hasta sacármelo
completamente, quede así completamente desnuda ante él y en una posición que
dejaba todo mis mojado sexo a su vista, tenía unos pocos vellos cortos y
ensortijados en el pubis, se destacaban indecorosamente mis labios menores muy
asomados y bastantes más obscuros que mi cuerpo, un hilito de mi secreción
vaginal salía de entre ellos y bajando por el canal que hay entre las piernas,
se deslizaba hasta mi ano. No tengas vergüenza dijo él, eres hermosa y esa
humedad es un regalo precioso para mi.
Se desnudó, no me equivocaba, su pene estaba muy tieso y se
veía bastante grande para mi gusto. No tengas miedo me dijo, y se echó sobre mi
besándome, casi de inmediato sentí su pene peligrosamente cerca de mi vagina. Me
tomó la mano y la dirigió hacia su pene, lo tome con un poco de temor pero como
si fuera lo más natural del mundo lo dirigí hacia mi rajita encajando la cabeza
entre mis labios menores. Empujó lentamente hasta sentir la resistencia de mi
himen, me beso mientras lo rompía, me dolió un poco, no sangré ni nada parecido,
sólo sentía esa cosa extraña dentro mío, muy dentro mío y provocándome una
deliciosa sensación. Se quedó quieto un rato para asegurarse que no me doliera,
lentamente comenzó a meterlo y sacarlo, cada vez más rápido y con más fuerza,
sólo paró cuando cuatro hermosos chorros de su leche llenaron mi conchita.
A los dos nos dio mucho miedo después, nos vestimos
rápidamente, yo sin traje de baño ni ropa interior, sólo me puse los jeans y un
poco de papel absorbente en mi conchita para que su leche no me mojara los
jeans. Él sólo se puso traje de baño y polera.
Nos fuimos a pasear a la Quinta Vergara, ambos estábamos muy
felices y creo se nos notaba de lejos, nos besábamos y acariciábamos en cada
esquina, nos mirábamos con esa mirada cómplice de los amantes. Caminamos sin
rumbo fijo dentro de la Quinta, cuando nos dimos cuenta estábamos en un pequeño
bosque, completamente solos, Juan Carlos se sentó a horcajadas en un tronco
caído, yo me senté sobre él como a caballito, sentí nuevamente su bulto en la
entrepierna, nos besamos y acariciamos, nuestra ropa sobraba, él me sacó la
polera dejando mis senos a su alcance y yo me saqué los jeans quedando
completamente desnuda, salvo por las zapatillas, me debo haber visto de lo más
graciosas desnuda pero con calcetines blancos y zapatillas. Se sacó el traje de
baño y se volvió a sentar en el tronco, yo me senté sobre él, acaricié sus bolas
con mi mano y dirigí su verga hasta mi cuevita, lo esperaba ansiosa, lentamente
fui bajando hasta sentir toda su verga dentro mío. No te muevas le dije, déjame
a mí, comencé a cabalgarlo abrazada de su cuello, me sentía inmensamente feliz,
grande, poderosa, sentía como el placer se acumulaba en mi entrepierna, ambos
sudábamos más que transpirar, mi corazón latía muy fuerte pero no podía parar,
nuevamente sentí sus chorros de semen dentro mío y como su pene comenzaba a
aflojarse, no me importó, continué moviendo mis caderas, exponiendo mi vagina y
clítoris al roce de su pene. Creo que grite de gusto, no me importó, seguí y
seguí cabalgándolo hasta que mi vagina se deshizo en mi primer orgasmo. Tenía 16
años recién cumplidos, y era al fin, su mujer.
SoloMarcia
marperu@yahoo.com