N O C H E D E P U T A S
(A n é c d o t a s I)
No estaba muy segura de escribir esto y menos todavía de
publicarlo, porque como quiera que sea una siempre se guarda algunos recuerdos
íntimos para si (o por lo menos yo lo hago), pero como en contadas ocasiones he
publicado otros episodios de mi vida privada pensé que con este no habría
diferencia.
Fue hace algunos años, cuatro o cinco más o menos, así que
voy a tratar de acordarme de cuanto pueda sobre esa noche.
Creo que cerca del año 2000 o 2001 fue que vine a vivir al
barrio de Flores donde todavía sigo alquilando el departamento que mencioné en
otros relatos, sólo que en ese momento tenía veinticuatro años y no contaba con
mi actual trabajo, y el que tenía casi no me alcanzaba para llegar a terminar el
mes; apenas si podía pagarme el alquiler y los estudios, además de vivir muy
ajustadamente.
De vez en cuando podía ahorrar algo con un poco de ayuda de
mis padres, pero no era muy seguido, por lo que todo el esfuerzo era solo mío.
Esta situación me hizo pensar en la posibilidad de tomar un segundo empleo en lo
que me quedara de tiempo, o sea a la noche, pero no pude conseguir nada en
ningún lado.
Un día, mientras volvía a casa ya bien entrada la noche vi
varias prostitutas a lo largo de las cuadras cerca de la estación de tren y
entre la falta de oportunidades de un trabajo regular y lo tentada que estaba de
probar como era esa vida me la pasé pensando si estaría dispuesta a hacerlo, y
de ser así cómo.
Sabiendo lo ardiente que soy para el sexo y la manera grosera
en que me regalo a los hombres no veía problemas en intentarlo, por lo que con
un poco de plata ahorrada y otra prestada a una amiga de confianza fui a una
lencería y me compré mi primer body, negro y con encajes, una medibacha de lycra
color piel como siempre y también mis primeros tacos aguja con lo que saldría a
la calle esa misma noche. Corpiño no hacía falta y bombachas negras ya tenía,
así al volver a casa decidí no buscar trabajo por esa vez, me vestí de manera
informal y me senté en la cama muerta de nervios a que cayera la noche.
Esperé a que se hiciera la medianoche más o menos, agarré un
bolsito de mano y bajé a la calle buscando alguna cuadra un poco oscura por
donde caminar o una esquina donde pararme a esperar clientes. Hacía todo esto
luego de haber observado a las chicas que están todas las noches por la calle
Yerbal y los alrededores. Al final empecé a caminar hasta una esquina no muy
iluminada cerca de casa, despacio como hacen todas, parando en las entradas de
las casas con pasillo un rato ante la mirada de los tipos que pasan en auto o de
vez en cuando a pie. No pasaban de una mirada general y luego volvían la vista
al frente. Y otros, directamente me echaban un ojo como para confirma que ahí
había parada una prostituta (cosa normal por aquellos lados) y seguían adelante
sin más.
No entendía que estaba mal conmigo o por que nadie se me
acercaba; como todos saben tengo un enorme (y digo realmente enorme) par de
tetas, motivo suficiente para calentar a cualquier hombre, y aunque un poco
rellenita me han dicho cosas positivas sobre mi figura. Esperé un poco más
buscándole la solución hasta que pensé en hacerlo todavía más ostentoso. Volví a
casa y me saqué la ropa, dejándome sólo el body y las medias. Se me hacía un
nudo en la garganta sólo de pensar en salir así, pero estaba decidida a probar
la prostitución aunque fuera una vez y juntando coraje salí de casa en ropa
interior. El cambio fue tan inmediato que no llegué a caminar una cuadra. El
body era divino; me levantaba las tetas y las sostenía juntas dejando una buena
parte a la vista y con las medias debajo de él (para que no se me caigan de
tanto caminar) y las sandalias el efecto fue muy distinto.
01:20 de la madrugada
Antes de llegar a la estación me agarró un tipo que me
preguntó cuánto le cobraba por chuparle la pija porque no tenía plata. Sin darme
tiempo a contestarle me llevó del brazo al descampado que bordea la vía del tren
y cuando estuvimos lejos de la calle se empezó a bajar el cierre con
desesperación hasta que al fin metió la mano dentro y saco el pito. Sin mediar
palabra me agaché y se la empecé a chupar despacio, sintiendo cómo se le iba
poniendo dura en mi boca. Se la chupé con ganas pero también con cierto temor.
El tipo fue aflojando los nervios y empezó a disfrutar de la mamada. Minutos
después me había sacado las tetas de debajo del body a las tocaba y apretaba
lleno de gusto. Ya tenía la verga a punto de explotar y me agarraba de la cabeza
para hacérmela comer todavía más, chupando sin parar hasta que no pudo ocultar
su placer y cuando le pasaba la lengua por la cabeza hinchada de la pija acabó
en mis labios, dejándome la boca y la barbilla chorreando leche.
Acabó bien y yo tuve mis primeras gotas de esperma en la
calle. Cuando al fin terminó bajó la vista y se sonrió al ver que yo lo miraba a
los ojos mientras me esparcía su semen por los labios y le chupaba la cabeza.
Le saqué con la lengua las últimas gotas de leche que le
quedaban y cuando ya lo vi satisfecho, sin levantarme lo miré sin decirle nada.
Volvió a meter el pito bajo el pantalón y luego de subirse el cierre buscó algo
en los bolsillos. Al final me puso un billete de cinco pesos enrollado entre las
tetas. Sin más despedida que esa salió caminando por donde habíamos entrado y se
alejó en la otra dirección. Yo me paré, guardé la poca plata que había
conseguido y caminando como pude volví a la calle a seguir trabajando.
Seguí caminando en dirección a la esquina que había elegido y
ahí me quedé parada, ante la mirada desorbitada de los que pasaban y los
silbidos y obscenidades que me gritaban. Pasaba ante la mirada de los que iban
en auto y los colectiveros y taxistas que pasaban o doblaban por ahí esperando
que tal vez alguno se pare.
02:40
Al cabo de un rato al fin paró un taxi y el taxista bajó la
ventanilla mientras yo me acercaba caminando de la manera más sensual que podía
pero sin hacer notar que era la primera vez que lo hacía. Me agaché para mostrar
el culo bien llamativamente al que me pasara por detrás y dejar caer mis tetas
casi delante de la cara del tipo, que no les sacaba los ojos de encima hasta que
sin vueltas lo encaré.
Era un tipo de mediana edad, morocho y de cara común pero con
un cierto atractivo. Sin rodeos me preguntó cuanto cobraba y por cuanto le daba
la cola. Me agarró desprevenida por que no sabía que decirle, y lo único que me
salió fue que cobraba ‘lo usual’. Eso me había salvado de momento (creía yo),
pero también me obligaba a agarrar sin chistar lo que me diera como pago. Me
miró fijo y tras pensarlo me abrió la puerta del acompañante para subir. Habrá
manejado algunas cuadras antes de llegar a otra calle mal iluminada donde
estacionó y tras apagar el motor se reclinó en el asiento, esperando que yo
empezara con mi servicio. Nuevamente, sin decir nada le bajé el cierre y
revolviendo dentro del pantalón conseguir sacar sin dificultad una linda verga,
normal de larga pero un poco gruesa para luego sacar con más suavidad los huevos
que de su base colgaban. Era un órgano normal, ni grande ni chico pero muy
apetecible, y no tardo nada empezar a excitarse al contacto con mis manos. Me
aparté el pelo de la cara y enseguida me incliné a chupar mi segunda pija de la
noche. Ahora que había probado el sexo por dinero (al menos como una mamada)
chupaba la del taxista vorazmente y sin pausa, haciéndolo gemir de gusto. Me la
tragaba toda de la cabeza a la base hasta pegarle los labios a los huevos, de
ida y de vuelta sin parar. Lo lamía como a una paleta y no podía parar de
chuparlo, me sentía como enviciada con ese pito y mi cliente disfrutaba como
loco.
Paramos un poco y cuando me incorporé se me abalanzó encima a
sacarme los pechos fuera del body, y tras mirar esas grandes masas de carne que
tengo por tetas las apretó con fuerza y acerco la boca a mis pezones para
chuparlos y morderlos.
Y mientras yo lo masturbaba lo animaba a que siguiera así,
mamando de mis senos y mordiendo el pezón a su gusto.
La sensación de que un extraño me babeara y mordiera las
tetas de semejante forma me excitó de tal modo que me obligó a sostenerle la
cabeza con una mano y levantar y apretar el pecho al que estaba prendido con la
otra, al tiempo que veía y sentía como mi pezón era succionado por sus voraces
labios y desaparecía estirado dentro de su boca, en una escena de amamantamiento
brutal. A esas alturas ya me sentía en cuerpo y alma como la puta reventada que
soy y el comienzo de mi sueño hecho realidad se consumaba con cada sorbo de
lujuria que el taxista bebía de mis senos y que alimentaba el fuego con el que
pronto me quemaría. Y no contentos con eso le corrí la cara para que saciara su
deseo de carne en mi otro pecho, que chupó con el mismo ensañamiento que al
primero.
Lo amamanté un buen rato hasta que me dolieron las tetas y al
él le quedó el pito hecho un fierro de lo duro, entonces le aparté la cara de
mis senos y reclinó mi asiento del todo.
Sabía que me iba a coger, pero como no me dijo nada reaccioné
como siempre y me di vuelta para entregarle sumisamente la cola, ya próxima a
ser sodomizada. No alcancé a verlo bien, pero me pareció que me miraba extrañado
por eso. De todas maneras yo estaba desesperadísima y no podía aguantarme ni un
segundo más; ahora si estaba por probar lo que realmente era coger por plata.
Mientras me daba vuelta me desabroché el body por abajo y me bajé la medibacha
hasta las caderas, me acosté boca abajo sobre el respaldo del asiento reclinado,
y con un poco de incomodidad, pude separar un poco las piernas y llevar los
brazos al lado del cuerpo para abrirme completamente de nalgas y servirle mi ano
indefenso.
Sabía que él estaba ardiendo de ganas por cogerme, y verme
entregarle mi cola de esa manera lo puso como loco, por lo que se me subió
encima y sin perder tiempo apuntó la gorda cabeza a mi esfínter y la apoyó sobre
él presionando al mismo por entrar. Chillaba por la penetración pero por otro
lado lo deseaba como nunca, deseaba que me atravesara y me enterrara su estaca
en lo más profundo, y así lo hizo. Siguió empujando hasta que entre puntadas y
estiramientos mi esfínter cedió y su verga entró en mi culo de un tirón,
terminando de metérmela del todo con sucesivos empujones hasta que sus huevos
tocaron mi vagina. En ese momento me sacó las manos de las nalgas y con las
suyas las juntó, haciéndonos sentir su tranca muy adentro en mi culo y su pelvis
apoyada en mis caderas. Largué un suspiro de placer y él se recostó sobre mi
como pudo para empezar el bombeo. Nos agarramos de los lados del asiento e
inmediatamente empezó a cogerme, despacio pero profundo y con placer, haciéndome
notar su pito en cada entrada. Me hacia sentir como nunca a medida que el bombeo
aumentaba en ritmo y profundidad al tiempo que gemíamos y yo le suplicaba por
más. Me estuvo culeando así como veinte minutos en los que a veces sacaba el
pito lo volvía a meter disfrutando de la sensación de vencer mi esfínter para
luego dejarla adentro y seguir dándomela sin piedad. Su gozo fue en aumento y le
hizo bombearme cortito y muy adentro, hasta que al fin acabó dentro de mi culo,
conteniendo apenas un grito junto con el que me inyectó un gran chorro de semen
caliente. Seguía gimiendo mientras seguía dándome su leche a través de pequeños
empujoncitos que su pito me daba dentro del culo para inocularme la leche.
Me acabó como nunca hasta esa noche, dejándome una buena
cantidad de esperma en el culo que, al sacarme la pija de adentro y recostarse
en su asiento, no tardó en brotar para afuera en blancos y espesos hilitos.
Yo me había quedado en la misma posición, y al ver como su
leche salía por mi ano me metió dos dedos en el culo y empezó hurgar en él,
sacándolos llenos de esperma que me daba a chupar. Volvió a meterme los dedos en
el culo algunas veces más para que siguiera tragando su leche, hasta que al
final se subió los pantalones y yo me subí la medibacha y me abroché el body.
Terminé de acomodarme las tetas en el body mientras él ponía el taxi en marcha y
me llevaba de vuelta a la esquina donde me levantó. Al llegar, me dio cincuenta
pesos (cosa que para mi era y es una fortuna) y mientras los guardaba en el
bolsito me preguntó si siempre paraba en esa esquina. Sin dudarlo le dije que si
y que empezaba a trabajar a la medianoche, y él respondió que tenía un culo
hermoso y unas tetas terribles y que ya podía contarlo como cliente fijo. Me
sonreí y bajé del auto caminando hasta mi ‘nueva parada’. Como única despedida
me tocó bocina y se alejó despacio.
04:10
Todavía seguía parada en la esquina, ahora directamente
debajo de una luz potente y a la vista de todo el mundo, o a veces caminando
despacio hasta mitad de cuadra y luego de vuelta a la esquina. Por el momento no
venía nadie y lo aprovechaba para reponerme un poco de la estupenda cogida que
me acababan de dar, la primera en un auto y los primeros cincuenta pesos que
hacía vendiendo mi cuerpo. Como a los diez minutos apareció un tipo doblando la
esquina; venía despacio y al verme parada en la entrada de una casa sin luces se
me acercó. Sin más introducciones me encaró diciendo que me daba los únicos
veinte (creo que eran veinte) pesos que tenía por hacerme el culo, como él mismo
dijo. Considerando que ya eran más de las cuatro de la mañana y que pronto
amanecería, era posible que esos veinte pesos fueran los últimos de mi primera
noche de debut como prostituta.
Caminamos hasta su casa y entramos en un pasillo más o menos
largo hasta la puerta de chapa una modesta casa de departamentos. No era muy
grande, y la habitación donde me iba a someter era también chica y sólo contaba
con una cama de hierro de resortes con un colchón medio viejo, una mesa de luz
de madera (creo) y unas sillas.
Podía escuchar el ruido de mis tacos al caminar y en cuanto
llegamos al borde mismo de la cama la cosa no se hizo esperar. Me senté y tras
sacar mis pechos fuera del body aproveché que se estaba desabrochando la camisa
para bajarle el cierre del pantalón y con cierta habilidad tomar su pija ya
medio dura y sacarla con todo y huevos. Al principio parecía un pito corriente,
pero al empezar a chuparlo y ver como se excitaba empezó a crecer de tamaño
hasta ponerse bastante largo y grueso. Era una de las primeras y pocas veces que
veía un pito grande hasta ese momento. Se lo mamaba despacio desde la cabeza
hasta la base mientras le bajaba los pantalones y él se excitaba manoseándome
las tetas con una sonrisa de morboso placer en la cara.
Chupé con ganas durante unos minutos más hasta que le quedó
durísima y colorada, momento en el que me corrí para atrás y me desabroché el
body por debajo para luego bajarme la medibacha hasta las caderas y a manera de
provocación me abrí cuanto pude de piernas. Mirándolo fijo a los ojos y con una
media sonrisa desafiante separé los labios de mi vagina hasta mostrarle su
rosada carne interior y el pequeño orificio negro del que brotaban mis jugos,
para luego invitarlo sin rodeos a que me la atravesara con su tremenda verga
dura, dejándole el camino libre para que la violara impunemente. Le había
vendido mi cuerpo por esos veinte pesos y ahora le estaba entregando mi
entrepierna para dejarme abusar a su antojo y cuantas veces quisiera.
Avanzaba con la cara desencajada de las ganas aprovecharse de
mi y con una sonrisa impúdica que lo decía todo, mientras yo no hacía mas que
seguir provocándolo, muerta de miedo pero a la vez llena de lujuria por terminar
poseída. Finalmente esa unión tan temida y deseada se consumó y acercando la
colorada cabeza a mi vulva sintió como mi vagina se abría como una flor para
recibirlo para luego hundirla en ella tan profundo como pudo, dejándome con la
boca abierta del placer.
Tenía toda la vagina llena de su carne dura y empujaba con
fuerza dentro de ella haciendo que los resortes de la cama sonaran rítmicamente,
pero no duró demasiado porque enseguida me la sacó para dármela a chupar; quería
tenerla bien dura para metérmela por el culo. Me incorporé y agarrándolo con una
mano empecé a chuparlo de nuevo mientras me masturbaba con la otra, a medida que
sus manos me estrujaban las tetas de los apretones que me daba. Cuando ya la
tuvo a su gusto me paré para acomodarme el body y la media de modo que no le
estorbaran al cogerme y aproveché para repetir la provocación que tan buen
resultado había dado en mi vagina, pero ahora con el agujero del culo.
De espaldas como estaba me subí a la cama de rodillas y así
en cuatro patas abrí las piernas y me separé las nalgas ofreciéndole mi estrecho
ano, mientras jugueteaba con mis dedos y un poco de flujo de mi vagina para
dilatarlo un poquito.
Me dijo que no lo lubricara mucho, que quería sentir la
estrechez de mi culo y le hice caso. Me agarré las tetas esperando que me
sodomizara y enseguida se subió conmigo acomodándose sobre mis caderas y
apuntando la cabeza de su verga directo a mi esfínter medio abierto, hasta que
lo apoyó y desde ese momento no paró de empujar hasta habérmelo metido entero.
Me hizo gemir mientras entraba sin pausa y trabajosamente, cosa que el tipo
disfrutó como loco por lo estrechita que soy de cola hasta que al entrar toda la
cabeza y un poco del tronco, el resto entraba lenta pero más fácilmente. La
metió hasta pegarme los huevos a la concha y sin perder más tiempo me agarró de
la cintura y empezó a bombearme duro y parejo, marcándome cada entrada. El culo
me ardía terriblemente y lo sentía cada vez más caliente por el contínuo entrar
y salir de semejante pija, que sumado a la cogida que ya había recibido horas
antes me estaba haciendo doler un poco, pero entendí que mi nueva profesión
requería eso y sabía que una vez que me hubieran culeado varias veces más me
acostumbraría.
Lo que no podía negar era que la brutal cogida que me estaba
dando ahora me calentaba hasta gritarle barbaridades y pedirle que me coja más
fuerte, o empujarle las caderas para que me la metiera aún mas adentro en un
intento por calmarme la calentura.
Me la sacó del culo para que se la chupara un poco,
parándosela un poco más, y luego me di vuelta otra vez a que me montara de
nuevo.
Esta vez empezó a cogerme cada vez más rápido y gritando
hasta que la sacó de mi culo de nuevo y muy rápido, masturbándose y agarrándome
del pelo para acercarse mi boca abierta a la cabeza del pito, terriblemente
inflamado y a punto de explotar.
Con la boca bien abierta y la lengua afuera recibí un
abundante chorro de esperma que enseguida me la llenó en medio de un grito de
terrible placer, mientras el segundo ya salía directo a mi lengua y mentón,
seguido de varias gotas que me salpicaron la cara y que al caer cerca de los
ojos me sobresaltaron un poco, pero no lo suficiente como para que no
aprovechara toda la leche con la que mi cliente me acabó en un orgasmo muy
placentero. Al haber terminado de eyacular toda la leche empecé a jugar con la
que tenía en la boca, con la lengua y dejándola caer de los labios ante la vista
complacida del tipo, que me acercaba el pito para una última lamida. Acaricie la
cabezota enrojecida y con restos de semen unos minutos hasta que finalmente nos
vestimos. Con una seña me indico donde quedaba el baño y tras ir a limpiarme la
cara y arreglarme un poco volví donde a la habitación, donde me estaba
esperando.
Sacó un billete todo arrugado de veinte pesos todo arrugado y
le indique que pusiera debajo del body, entre mis tetas. Así lo hizo, y al
llevarme hasta la puerta aproveché para guardarlos en mi bolsito.
Al salir empecé a caminar a mi casa, decidida a darme una
ducha rápida e irme a dormir, muerta después de mi primera noche de trabajo,
pero feliz de lo que había hecho, además de haberme ganado algunos pesos. Estaba
por amanecer y ya empezaba a cruzarme con banditas de muchachos que salían de
los boliches que están sobre Rivadavia, las cuales me silbaban y me gritaban de
todo, pero estaba tan cansada que no les prestaba atención.
Reconozco que fue cansador y que me faltaba experiencia, pero
la sensación con la que me acosté fue incomparable, recordando mi aventura con
una sonrisa de picardía hasta que al fin, me quedé profundamente dormida.