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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » LA SAGA DE LORENA (5)
[ "Dios nos envia los alimentos, el demonio los cocineros" Thomas Deloney, escritor inglés ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 14-Abr-06 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad (2475 de 3544)

La saga de Lorena (5)

Gloria
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Capítulo final de la primera saga de Lorena, en la cual concluye el proceso de emputecimiento de su madre por parte de la lasciva lolita. 2ª parte. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Hacía tres días del último encuentro con Javi, y Lorena no había vuelto a pedirle que paseara por allá. De hecho, no había vuelto a pedirle nada, salvo mantener la establecida rutina de vestir invariablemente sexy y provocativa. A menudo incluso escogiendo ella misma la ropa que debía llevar, pero nada más. Mercedes comenzaba a considerar la posibilidad de que la niña se hubiera sentido muy dolida tras las palabras que le dedicó tras aquel, y no se sintiese con ánimos de continuar con aquello. Hoy había vuelto a elegir su ropa, y lo había hecho contando bastante con su propia opinión, aunque intentando aparentar en las formas, aunque las dos supieran que no era así, que la elección había sido únicamente suya. De nuevo, vestía provocativa como siempre, pero con bastante clase en esta ocasión, con un conjunto inspirado en un modelo que lució Esther Cañadas un año en la pasarela de Milán. Se trataba de un elegante conjunto gris perla, de pantalones de pinzas blusa totalmente transparente abrochada hasta arriba. Era completado este por una chaqueta y un pañuelo que se cruzaba sobre el torso tras dar la vuelta al cuello, pero obviamente estos dos elementos le quedaban vedados por el momento, con objeto de que nada ocultara a la vista sus tetas.

Claro que ella no era la preciosa modelo alicantina, que donde lucía bellísima y superclase, su madre lo hacía bella también, aunque salvando las distancias evidentemente, y voluptuosa. No era su madre Esther, pero a nivel de los mortales seguía siendo una diosa. Completándolo, llevaba un bonito recogido que ella misma se había encargado de hacerle.

-Mamá…Los niños han vuelto a colgar el balón en el tejado.

Mercedes meneó la cabeza como diciendo "¡vaya por Dios"!

-Vale, vamos por ella.

-No podemos. Se llevó la escalera el otro día el jardinero, y aún no la ha traído de vuelta, ¿no te acuerdas?

Pareció pensarlo por un momento, tras el cual se encogió de hombros finalmente.

-Pues lo siento por los niños, pero se les acabó el juego por hoy.

-Pobres…me dan pena.

-Y a mí. ¿Pero que quieres que haga?

-Creo que los del 12 tienen una. ¿Por qué no se la pedimos?

-¿Cómo sabes que la tienen?

-La he visto a veces en su jardín. No sé si es suya o la tenían prestada, pero vamos…

-Está bien. Ve y pregúntales.

La niña la miró con cara de gorrioncillo abandonado.

-A ver… ¿qué pasa ahora? –preguntó Mercedes.

-Sería mejor que fueras tú. No me cae muy bien ella.

-¿Y eso? ¿Habéis discutido por algo?

-No…es solo que no me gusta. Muy creída, como te mira al pasar…

Mercedes sonrió divertida. No había forma de permanecer demasiado tiempo seria con ella. Era "la niña de sus ojos".

-Vale, ya voy yo.

-Gracias. Pero no les digas que te dije yo lo de la escalera, ¿vale? No quiero que piensen que estoy pendiente de ellos.

Mercedes sonrió de nuevo.

-Vale.

 

 

………………………………………………………

 

 

Cuando Mercedes salió a la calle, se extrañó de no ver a ningún niño. Bueno, se dijo. Estarían dando vueltas por allí. Se trataba del interior cerrado de una urbanización de bungalows, y no debían andar lejos. Caminó entonces recorriendo la distancia que le separaba del número 12, encontrando la puertecita de entrada al jardín abierta al llegar. Entró y, tras subir los 3 escalones que accedían al porche, pulsó el botón del timbre. Al cabo de unos segundos, un chico joven abrió la puerta. Mostraba su escultural torso sin camiseta, y Mercedes creyó en ese momento ser la protagonista de algún anuncio de perfume masculino. Algo así como "he encontrado a "Jaqs".

Resultaba el chico atractivo donde los hubiera. Un morenazo guapo, guapo, con la barba de varios días sin afeitar y el torso descubierto. Al verla, sus vivaces ojos marrones parecieron brillar especialmente, apoyándose entonces en el marco de la puerta, dejando descansar sobre él su hombro y ladeando la cabeza para mirarla pícaramente. Mercedes se sintió de nuevo turbada, como días antes ante Javi. En los últimos, muchas veces sus hormonas habían sido provocadas, y su estado emocional no era el más apropiado para encontrar más tentaciones.

-Hola, vecina –saludó con voz perfectamente moderada y sensual. Ella no lo sabía, pero el chico la tenía bien vista. Se trataba de la madre de la niña con que había hablado Mónica hacía algunos días. Y le había contado cosas muy interesantes de ella. Tanto más por cuanto resultaba ser la "mami" en cuestión una auténtica bomba. La miró a los ojos, y vio en ellos un brillo muy especial que él conocía bien. Era muy similar al que acostumbraban reflejar los bellos ojos verdes de su propia mujer, ese brillo que suelen compartir las mujeres de lascivia salvaje.

-Hola…-correspondió un tanto cohibida Mercedes. No le resultaba fácil soltarse en presencia de un tío tan bueno tras todo lo ocurrido últimamente. –Veras…los niños han colado el balón en mi balcón, y el jardinero se llevó hace unos días nuestra escalera, sin haberla traído todavía de vuelta. Me ha parecido ver una en vuestro jardín a veces al pasar. ¿Podríais dejármela si la tenéis?

"! Vaya, vaya", pensó él. Sonrió. José no había escuchado las voces de ningunos niños jugando allí esa tarde de sábado, y en su jardín nunca había habido ninguna escalera. Bajó los ojos para mirar sus enormes tetas, perfectamente transparentadas a través de la blusa. "¿Qué te parece como se ha vestido la zorra?". La niña había advertido a Mónica de que su madre los tenía en "su punto de mira" y de que en cualquier momento podría abordarlos. Parecía que no mentía. Tal como se presentaba vestida y sin preocuparse de elaborar una excusa más convincente para llamar a su puerta, era obvio que venía "a por todas". Volvió a mirarla a los ojos, y volvió a ver en ellos aquel brillo. Acompañado de una especie de turbación ahora, pero evidente. "Y encima de corte fácil ¡Deliciosa!

-¿Quién es, cariño? –se escuchó una sensual voz femenina acercarse, apareciendo un segundo después una preciosa rubia a su lado, con el pelo un tanto revuelto y únicamente cubierta por una especie de tela de seda verde, que los descarados pezones de sus pequeños pechos amenazaban perforar. -¡Ah, hola! –saludó con una sonrisa al ver a Mercedes. En sus ojos, un destello cuya naturaleza no acertó a definir. A la vez, en los de Mercedes apareció otro de comprensión.

-Creo que he llegado en mal momento, perdonadme. Ya encontraré otra.

-¡No, no! No payanada. Nuestra vecina ha visto nuestra escalera, y nos pregunta si podríamos dejársela.

La rubia la miró sonriente.

-Claro que sí. Pasa.

Se apartaron entonces para franquearle el paso, y Mercedes.

-Gracias –respondió con una sonrisa ya más tranquila, a la vez que escuchaba la puerta cerrarse tras ella. Cuando apareció aquel Adonis ante ella de semejante guisa, sintió flaquear sus piernas y aún más su fortaleza interna. La había mirado con deseo, descaradamente, sin molestarse en disimularlo, y Mercedes había temido no tener la suficiente para resistor un eventual asalto de aquel yogurcito tras los acontecimientos de los últimos días. Pero ahora, la presencia de la chica la tranquilizaba. Delante de ella, nada podía intentar. Además, era obvio que los había sorprendido en pleno…Seguramente por ello el chico la había mirado así, era comprensible. Y desde luego, debían ser una gente encantadora. A pesar de todo, no se habían mostrado molestos, que hubiera sido lo más normal, haciéndolo en cambio supersimpáticos.

Pero el espejismo de Mercedes no estaba destinado a durar mucho. Justo hasta sentir una mano acariciando su culo por encima de la ligara tela del pantalón. Mercedes dio un respingo, a la vez que a su lado, llegando desde atrás, aparecía sonriente José.

-Durito –observó obsequiándole con un guiño. Acercó entonces sus labios hasta los de ella para besarlos. Un beso ligero que ella no supo evitar. Ni siquiera hizo ademán de apartarse. El atractivo macho la miraba a los ojos, conmocionando lo más profundo de su ser, convertido en epicentro desde el cual partían ondas sísmicas que la hacían temblar de deseo. Volvió a besarla, y esta vez abrió la boca para recibir en ella la lengua invasora. José se separó, y volvieron a mirarse. La resistencia de Mercedes estaba vencida, entregada. Desde atrás, unas manos femeninas llegaron para agarrar sus enormes tetas, sobándolas.

-Vaya, "vaquita" –susurró en su oído la voz de la chica. -Tienes unas tetas deliciosas.

José volvió a besarla, y acabó por entregarse definitivamente, con pasión. Por unos momentos, José y Mónica se dedicaron a besarla y sobarla por todo el cuerpo, permaneciendo Mercedes entregada con los ojos cerrados y la boca entreabierta, emitiendo suspiros de placer. Luego, él se separó y ella la rodeó para, arrodillándose ante él, bajarle los slips y obsequiarle con una deliciosa mamada. José la miró, mientras ella observaba como hipnotizada.

-¿No vas a unirte a la fiesta? –preguntó sensualmente.

Las bellas esmeraldas de Mónica se alzaron entonces para, sin dejar de mamar, mirarla glotona.

-Vamos vaquita –la invitó sacando momentáneamente aquel maravilloso trozo de carne de su boca. –Aquí hay para las dos.

Ya el cerebro de Mercedes había comenzado a emitir los impulsos eléctricos que llevaban a sus músculos la orden de avanzar para arrodillarse y unirse, cuando en su cintura sonó el móvil que a ella llevaba acoplado, sacándola del trance. Confundida, lo liberó de su estuche para llevarlo a su oído, contestando a la llamada.

-¿Sí?

-¿Lorena? –se escuchó extrañada la voz de Francisco. No le extrañaba. Aquel era el teléfono de la niña. Había estado esta duchándose y haciendo unas cosas, por lo cual le había pedido que lo tomara y permaneciera atenta a él, pues tenía que llamar Francisco. Después, había olvidado devolvérselo. En el rostro de Mercedes se dibujó una semisonrisa.

-No, no soy Lorena. Pero muchas gracias por llamar. "Click".

Evidentemente, había sido presa de otra de las encerronas de su hija. Pero al mismo tiempo, el azar se había encargado de hacer justicia salomónicamente, convirtiendo el móvil de su hija en el instrumento que la sacara de su estupor salvándola en el último momento de cometer nuevamente un error lamentable.

-Lo siento, chicos. Esto ha sido un error. He de irme.

José y Mónica la miraron comprensivos.

-No te preocupes. Si alguna vez te apetece…ya sabes, estamos aquí.

-Gracias, pero no creo.

 

 

…………………………………………………….

 

 

Cuando volvió a casa, encontró a Lorena en la cocina, preparándose una ensalada. La niña la miró, y ella le dedicó una sonrisa.

-2 a 0. Habéis vuelto a fallar. Solo os queda una prueba más.

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta para dirigirse a la planta superior. Quería disfrutar su momento de triunfo a solas en su habitación. Se sentía fuerte y poderosa en ese momento. Tras haberse impuesto por segunda vez a lo más débil de su naturaleza, se sabía fuerte para afrontar lo que fuera. "Una más", se decía. "Solo una prueba más, y se habrá acabado. Después de la diabólica inteligencia de que había hecho gala la pequeña, no sería nada fácil superarla. De hecho, y considerando la progresión en dificultad desde la primera a la segunda, iba a resultar con toda seguridad algo que desafiara definitivamente sus convicciones. Pero era demasiado tarde. Lorena había cometido un error. A través de sus juegos, le había permitido conocer la real dimensión de su fortaleza y, ahora que sabía cual era esta, sabía asimismo que nada podría vencerla. Sonriente, se llevó un cigarrillo a los labios y lo encendió, aspirando profundamente. Luego, lentamente, expulsó el humo, mirando sin ver a través de él.

 

 

………………………………………………………..

 

 

Cuando Mercedes llegó al salón, procedente de la estancia superior, encontró a su hija enzarzada en un lascivo morreo con Francisco, que sobaba las grandes tetas de la niña con avaricia mientras esta le acariciaba el pecho. Su marido estaba en el trabajo, y su hijo con sus amigos, por lo cual solo ella quedaba en la casa, y evidentemente no era obstáculo para sus magreos.

-¡Ejem! –carraspeó para hacer notar su presencia. Había sido "convocada", y allí estaba, preparada para someterse a la última de aquellas estúpidas pruebas.

-Hola, mamá. ¿Cuándo has llegado?

-¿Qué mas da? Está claro que no lo habéis notado, haya sido hace un segundo o una hora.

La niña sonrió.

-Tienes razón.

-¿Y bien? –añadió Mercedes orgullosa, dispuesta a enfrentarse a lo que quiera que hubiesen ideado esta vez.

-Te hemos llamado por el tema de tu última prueba.

-Lo puedo imaginar. ¿Y bien?

-Nada.

Mercedes la miró sin entender.

-Hemos decidido que no es necesario que pases ninguna prueba más.

Se sintió confusa, como si no entendiese las palabras. Miró a Francisco, luego volvió a mirar a su hija.

-Perdona…creo que no te entiendo bien. ¿Qué me estás diciendo?

-Que se ha acabado. Eres libre.

Por un momento, Mercedes sopesó el que se estuvieran quedando con ella.

-¡Oh, no! –exclamó sonriendo con forzado sarcasmo. -¡No me lo trago!

Lorena se levantó entonces para acercarse hasta ella.

-Toma –le ofreció un CD tras tomarlo de encima de la mesa. Mercedes lo miró confusa.

-¿Qué es?

-Tu polvo con Francisco. La única prueba que existe. Es tuya.

-No me lo creo. ¿Dónde está el truco?

-No hay truco, mamá.

-Ya, y yo me lo creo. Seguro que hay más copias.

-No hay más copias – le respondió la muchacha mirándola serena a los ojos. Eres libre, el juego ha acabado.

Mercedes quedó con la boca abierta como una estúpida.

-¡Que no, que no! ¡Que no me lo creo!

Parecía empeñada en no hacerlo.

-Se ha acabado el juego, mamá. Se trataba de hacer algo divertido, que creí acabarías disfrutando. Pero obviamente no ha sido así. Te lo dije cuando empezó; te quiero más de lo que puedas imaginar, y yodo esto lo he hecho por ti. Pero es evidente que estaba equivocada, y no deseo seguir con algo que tú no deseas. Esa es la única copia que existe del CD. Destrúyela, y nunca nadie sabrá lo que pasó entre tú y Francisco.

Mercedes permanecía en silencio, si saber que responder.

-Para hoy, teníamos preparado algo especial. Papá y los chicos de la oficina ultiman un contrato con una gente de Madrid. Algo bastante importante, tras lo cual llevan bastante tiempo. En estos momentos, papá anda discutiendo tecnicismos estúpidos con un par de pringadillos como él, sin saber que la verdadera "negociación" se va a llevar a cabo en un chalet alquilado en la zona de la playa. –Hizo una pausa para guiñarle un ojo sonriente.- Dos zorritas, madre e hija, iban a ser las encargadas de terminar de convencerles. Eran un poquito reacios a firmar, pero el morbo de montárselo con dos golfas así emparentadas, mientras mantenían al tonto del marido a distancia discutiendo detalles insignificantes les pudo, aceptando finalmente. Algo muy perverso y que esperaba gozases conmigo.

Para estas alturas, contábamos con que ya tu reticencia debía haberse desmoronado, superada por tu verdadera y poderosa naturaleza sexual. Pero nos hemos equivocado. No caíste con Javi, ni tampoco con el vecino. No consigo comprenderlo, pero el caso es que no lo hiciste. Y yo no soy quien para pretender que vayas contra nuestra voluntad.

En ese momento sonó la melodía de su móvil.

-Discúlpame un momento –pidió, tomando el aparato de la mesa. -¿Sí?...Sí, soy yo…Claro que lo soy…No, al final no podrá ser… ¡No, yo sí que voy, por supuesto! Lo que quiero decir es que no podrá ser el dúo que os prometimos –miró a su madre como diciendo ¡qué se le va a hacer!- Pero bueno, me tenéis a mí…Sí…-añadió con una pícara sonrisa-…claro que me atrevo con todos… ¿cómo? ¡Ja, ja, ja! ¿Es crees? No es la primera vez que soy el centro de un numerito así… ¡Ja, ja, ja! ¡Estás loco!...Vale, a las 9:00 entonces. Sí, tomo nota.

Girándose, pidió a Francisco por señas que tomara papel y boli y escribiera.

-Playa San Juan…avenida…número 13. OK, allí estaremos. –Sonrió de nuevo. -¡Tonto! Ya lo verás. Nos vemos. Un besito. Donde tú quieras. "Clik".

-Bueno –añadió mirando a su madre.- No hay mal que por bien no venga. Más carne para mi sola.

Se volvió entonces hacia Francisco.

-¿Has tomado nota?

-Sí, pero no hacía falta. Tengo buena memoria.

-Bueno, pues vamos. Quiero pasar por un par de sitios antes.

 

 

……………………………………………….

 

 

Mercedes quedó sola en casa cuando Lorena y Francisco salieron. Totalmente confundida, se dejó caer en el sofá. ¿Qué estaba pasando? O sea, ¿qué estaba pasando? En aquel momento, se sentía mucho más llena de dudas que en cualquier otro desde que todo esto empezara. En realidad, toda ella era un inmenso mar de estas. Durante todo ese tiempo había estado luchando contra su debilidad. La tentación le había sido presentada, y su fortaleza había prevalecido. Ahora, por fin, era libre. Ya no tenían nada con que chantajearla Francisco y la niña. Se acabaron aquellas pruebas. Ya no tendría que enfrentarse de nuevo a sus propios demonios, ni vestir de aquella manera tan escandalosa. Alzó un tanto la mano, colocando el CD frente a ella para mirarlo. Sonrió. "Hija de puta" ¿Cómo podía poseer tal diabólica inteligencia una criatura de apenas 14 años de edad? "¡Ja, ja!", rió ella sola al comprenderlo todo. "Se acabó", había dicho. "Hemos decidido que no es necesario que pases ninguna prueba más". ¿Cómo podía ser tan satánicamente perversa? ¡Aquella era la auténtica prueba! Las dos anteriores no habían sido más que un par de fantochadas para avivar su líbido y despertar su conciencia sexual, preparándola para este momento. Ahora lo veía claro. La niña tenía razón, era un putón igual que ella. Siempre había deseado liberarse y entregarse a u auténtica naturaleza, pero sólidos muros levantados por el convencionalismo y la estúpida moral, habían resultado formidables obstáculos que hasta entonces habían triunfado en la labor de contener la furiosa marea de su sexualidad. Cuando comenzó el juego, Lorena la obligó a vestir escandalosamente y provocar con su actitud. La había hecho pasear de tal guisa por la calle, y sobre todo ante el guapísimo Javi. Cosas con las que ella disfrutaba, aunque quisiese negárselo a sí misma, escudándose tras aquello de estar siendo chantajeada. Algo muy conveniente, que le había permitido disfrutar de todo aquello, manteniendo su conciencia de mujer virtuosa, que hacía aquello por imposición, no por voluntad. Pero ¡ay!, ahora se había acabado todo eso. Ya Lorena no la obligaría nunca más a vestir así, ni a insinuarse a Javi, ni a José…ni a ningún otro tío bueno. Ya no tendría excusa para pasear enseñando sus tetas a todo el mundo, ni para provocar a estos…Su vida volvería a ser la de siempre. Y se sintió desesperar, como al borde del abismo. Era como si a un drogodependiente, que hubiera heredado su dependencia sin haber llegado a catar nunca la droga que la producía, le hubiesen dado a catar un poco de esta, despertando el diablo que dormía en su alma. Miró el papel con la dirección escrita que Francisco había olvidado en la mesa. Había llegado al momento crítico, en el cual el camino se bifurcaba para no volver a converger jamás. En una dirección, esperaba un mundo de lujuria y desenfreno. En el otro, una de decencia y moralidad. Una vez dado un paso en cualquiera de las dos, no había posible marcha atrás. Si optaba por lo segundo, nunca más se presentaría ante ella la oportunidad de liberar a la zorra que llevaba dentro. Si optaba por el primero…Sí, la niña había jugado perfectamente sus cartas. Había que quitarse el sombrero ante ella.

 

 

…………………………………………………………………

 

 

"Ding-dong", sonó el timbre de la puerta. "¡Ya abro yo!", se oyó una voz masculina procedente del interior. Un momento después, la puerta se abría, apareciendo tras ella un tipo guapo y sonriente, vistiendo impecable traje de franela y peinado su pelo negro engominado hacia atrás. Tendría unos 27 o 28 años aparentemente, y a Mercedes se le antojó el insufrible triunfador que piensa que las mujeres comen en su mano, ansiosas por recibir una señal suya para caer rendidas a sus pies. ¡Delicioso!

El hombre quedó impactado con la soberbia hembra que apareció ante él al abrir la puerta, aunque sin dejar que trascendiera a su expresión. Un auténtico "curvódromo", vestido únicamente con un ligero vestido de algodón blanco. Ceñido y largo hasta los tobillos, resultaba obvio que nada más quedaba entre él y la femenina piel. Marcaba perfectamente los pezones que coronaban las evidentemente sueltas tetas, y a contraluz marcaba la zona donde las piernas se juntaban para saludar la entrada a la gruta del placer femenina. Abotonado de arriba abajo, llevaba varios botones desabrochados tanto en una dirección como la otra, los suficientes para resultar escandalosa.

-¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí? ¿Puedo ayudarte en algo, nena?

"Nena", repitió mentalmente con desprecio Mercedes. Aquel tío parecía un compendio de todo aquello que podía aborrecer en un hombre. Creyó que podría llegar a amarlo.

-Pues creo que sí.

El tipo le miró las tetas con todo el descaro del mundo.

-Pide lo que quieras, estamos para servir.

-Pues verás, es que estoy supercachonda –el chico sonrió. –Tengo un marido cornudo e idiota que no se entera de lo puta que soy muy lejos, y una hija tan puta como yo muy cerca. De hecho, dentro de esta casa.

Apareció en ese momento la niña abrazada con otro chico similar, pero rubio.

-Es mi madre –comentó sonriendo feliz.

-¡Halá! –exclamó el rubio clavando sus ojos claros en las enormes tetas de Mercedes. -¿Todo eso es tuyo? –preguntó a la vez que alargaba un brazo para agarrar una y sobarla. Mercedes sonrió.

-No cariño, es vuestro. Para hacer con ellas lo que queráis.

-¡Buuuff! –resoplaron los dos a la vez excitados.

-Ya veréis, sé hacer maravillas con ellas.

 

 

……………………………………………………………………………………

-Vaya, veo que finalmente has decidido venir –la saludó Francisco en la cocina, a solas con Lorena y ella. Se habían retirado allí un momento para hablar sus cosas.

-No creo que te sorprenda mucho, cabronazo.

Soltó el taco con gracia y desparpajo, y Francisco rompió a reír.

-Se te "olvidó" el papel sobre la mesa.

Miró a Lorena, y la niña esbozó un gesto de falsa y gracioso rubor.

-¡Ja, ja, ja! –rieron los 3.

-¿De donde has sacado esa diabólica inteligencia, bicho?

De nuevo aquel gesto, como diciendo, "¿quién?, ¿yo?

-Lo planeaste todo a la perfección. Algo digno de una versión erótica de "misión imposible".

-¡Ja, ja, ja! Te dije que te conocía. Mis genes de ninfómana deben haber salido de algún lado, y del idiota de mi padre, como que no.

-¡Ja, ja, ja! Tenías razón. Una putita solo puede salir de un putón.

Se miraron a los ojos, incapaces de contener el orgullo que sentían la una de la otra, y que se reflejaba en ellos en forma de un brillo muy especial. Lorena miró el vestido, como percatándose entonces de él.

-Es precioso. No te lo conocía.

-No lo tenía. Lo compré de camino.

Lorena la miró sorprendida.

-Dejé mi ropa en la tienda, mañana pasaré por ella.

-¿Por qué no la dejaste en el coche?

-¿Coche? ¿Qué coche? He ido paseando las tetas por toda la ciudad hasta la parada de bus, ni siquiera taxi. Que me las vean bien, que a partir de ahora van a ir sierre así. Por cierto, que en el bus me han puesto a tono con las sobadas. Venía lleno de gente, y he procurado provocar bien.

Lorena sonrió felicísima, y se acercó para darle un beso.

-Te quiero, mamá.

-Y yo a ti, bicho.

-Bueno -saludó alguien entrando en la cocina-, veo que finalmente tenemos a las dos putitas.

-A la putita y al putón –le corrigió Mercedes sonriendo.

-Bueno, pues venga, empezad a servir.

El tipo era alto y barrigón. Tendría cerca de 50 años y debería pesar al menos 130 kilos y parecía ser el que llevaba allí la voz cantante.

-Dime, Alfredo,¿cuál te gusta más? –preguntó Francisco. El gordo las miró bien, como quien selecciona un vestido en una tienda.

-Está claro, la niña. Donde se ponga la carne joven, que se quiten las viejas.

A Mercedes le encantó verse así tratada.

 

 

………………………………………………………

 

 

Comenzaron entonces a servir las bebidas, cual si de dos criadas se tratase. Los hombres adulaban continuamente a la niña, a la vez que se metían con Mercedes y sus defectos, llamándola "vieja", "vaca" y otras lindezas. Y a ella le encantaba. Se sabía mujer bella y toda la vida había sido muy narcisito, con lo cual su acentuada vena masoquista, siempre procurando dormir definitivamente, siempre sin éxito, gozaba sobremanera, humedeciendo su vagina en anticipo de lo que habría de venir.

No perdían ocasión aquellos de tocar sus tetas o acariciar su culo cuando se inclinaba sumisa para servirles. Le ponían zancadillas a las que ella contestaba con la más luminosa de sus sonrisas, y pronto los magreos comenzaron a transformarse en auténticos y dolorosos estrujones, que ella agradecía cual si del más placentero de los masajes se tratara.

-¿De verdad son madre e hija? –preguntó alguien alucinado. Sonriente, sacó Francisco del bolsillo de su chaqueta los DNI de ambas.

-Increíble.

-Y, ¿quién es más puta de las dos? ¿Se sabe?

-¡Ja, ja, ja! –rieron todos.

-No, no se sabe. Pero podemos hacer la prueba ahora para saberlo.

-Es buena idea –convino el gordo. –Propongo una competición de mamadas. ¡Juan, jorge!

Juan y Jorge eran los dos hombres del grupo que más tardaban en correrse. Alfredo lo sabía bien por las juergas que se corría con sus subordinados en los clubes. El primero, era un hombre de unos 42 o 43 años, con la imagen típica de alguien de su edad. Ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, ni calvo ni con mucho pelo…con una barriga un tanto prominente que era lo único en él que destacaba. El otro, un muchacho de unos 22, al fijarse en el cual a Mercedes se le encendieron los ojos. Se trataba de un yogurcito morenito de los que hacen babear a las treintañeras, con una imagen quizá demasiado juvenil para su edad que lo convertía en una auténtica golosina.

-¿Cómo las emparejamos?

-Simple, lo echamos a suertes –propuso Francisco.

-¿Cómo?

-Fácil. Una pregunta ¿Cuál de las dos quiere contestarla?

-Yo –se adelantó atrevida Mercedes.

-¿Cual de los dos tiene la polla más grande?

Mercedes miró los paquetes, intentando calibrarlos. Pero no le resultó posible a través de la tela de los pantalones.

-El yogurcito –dijo a boleo. El chaval sonrió al verse así halagado.

-¿Y bien? ¿Ha acertado?

-Por 3 centímetros –confirmó el chico.

 

A Mercedes se le iluminaron de nuevo los ojos al ver que le había sonreído la suerte, aunque Lorena tampoco pareció disgustada por la suya. Con una mirada de puro vició brillando en su rostro, se acercó hasta el gordito, sentándose sobre sus piernas en el sofá y reclinándose sobre él para besarlo. Un largo y lascivo beso con lengua, a la vez que le masajeaba la barriga, deleitándose en ello. Le encantaba ese tacto blando del tejido adiposo. Evidentemente, no era comparable al del puro músculo y los abdominales como tablas de fregar, pero tenía un morbo muy particular no obstante.

-OK, pues. Tenéis que hacer correrse a vuestro chico, mientras el cronómetro cuenta. Cuando acabéis, lo pararemos. Después, cuando hayáis terminado las dos, cambiáis de pareja, y lo conectamos de nuevo. Así no afectará si uno de los dos es menos resistente que el otro, pues habréis hecho correrse a los dos. ¿Entendido?

Ambas afirmaron con la cabeza.

 

-Bueno, "gordito" mío –le susurró cariñosamente, sin dejar de acariciarle la tripa-. No vas a dejarme mal, ¿verdad? ¿Verdad que me vas a llenar la boquita con tu rica leche antes de que el guaperas se la llene a mi madre?

Diciendo esto, tomó una de las manos del hombre para llevarla hasta una de sus tetas, comenzando a guiarla en su movimiento de masaje circular. Volvió a besarlo.

-Me tienes como un horno, loca por mamártela.

-¡Buuuuff! –Bufó el tipo-. ¡Menudo putón! Si sigues así, puede que me corra incluso antes de que empieces a mamármela.

Lorena sonrió melosa.

-¿Cuántos años dices que tienes?

-14.

-¿14? ¡Tengo una hija de 17 y parece una ingenua a tu lado!

-Bueno –contestó sonriendo igualmente-, eso es porque no es tan puta como yo. ¿Ya come rabos?

-¡Qué dices! Ella es una estudiante con novio formal y decente. Te prohíbo que hables así de ella.

-Tranquilo. El nombre de tu preciosa hija no se ensuciará en esta boca de puta. ¿Lo ves? Ella es una chica decente, y yo una puta. Yo ya comía pollas cuando ella todavía jugaba con muñecas. A mí me gustaba más jugar con las pililas de mis amiguitos, y con la polla de alguno de sus hermanos mayores.

Mercedes se estaba sorprendiendo con aquello que estaba sabiendo de su hija, pero no por ello dejaba lo suyo. Sentada sobre el regazo del yogurcito, al igual que su hija lo estaba sobre el del cuarentón, miraba a este con ojos de sincero amor, momentáneo, pero amor, colocándole las tetas ante la cara para hacerle saber que eran suyas para lo que deseara. El chico por su parte, la miraba igualmente fascinado, con esa fascinación que en los jóvenes despiertan las bellas maduras. Antes a los ojos, ahora a sus melones, pero siempre fascinado.

-Muérdemelas –le susurró al oído. Y el chico no se hizo de rogar, tomando uno de sus pezones entre los dientes.

-Fuerte, mi chulo. Muerde con fuerza.

Y apretó arrancándole un grito de puro placer/dolor.

Al cabo de unos minutos, ambas hembras estaban arrodilladas ante sus respectivos machos, la cabeza entre sus piernas y el duro miembro viril en sus bocas. Empezaron ambas con un ritmo frenético, empeñadas en acabar lo antes posible y alzarse con el honorífico y momentáneo título de "la más puta de la familia". Pero pronto comprendieron que aquella no era la forma. Mercedes fue la 1ª en darse cuenta. Aunque no tanto como su hija, también en su adolescencia había corrido lo suyo antes de conocer al que sería su marido. E incluso en los primeros años de relación, algunos cuernos le habían llovido de vez en cuando. Ya casada, solo una vez le fue infiel, pero vamos, seguía casi triplicando en edad a su hija. Por más zorrita que esta fuera y le aventajase en variedad de machos que habían pasado por su coño, la cantidad de experiencias totales le seguía siendo abrumadoramente favorable. Muy bien que hubiera luchado contra su naturaleza infiel, pero lo cierto es que siempre había sido una loba en la cama. Tanto a su marido como a todos los machos que habían pasado por sus piernas, los había dejado escurridos. Tenía oficio y horas de vuelo.

Comenzó entonces a mamar más lentamente, entreteniéndose en jugar con la punta de su lengua en el rosado prepucio, recorriendo con ella el frenillo y dándole suaves golpecitos, siempre sin dejar de mirarle a los ojos con cara de zorra. Pronto el chaval comenzó a gemir profundamente, captando la atención de Lorena.

"¡Será zorra!"

Puesta sobre aviso, comenzó una maniobra similar, optando ella en cambio por jugar con su lengua alrededor de todo el capullo, lenta, muy lentamente. AL cabo de 5 minutos, aquello era un coro de jadeos. Por estos, no parecía posible apreciarse quien acabaría corriéndose antes. Parecía que iba a tener que inventarse algo equivalente a la foto "finish"…pero Mercedes era mucha Mercedes. Como decía antes, la experiencia es un grado, y a sus 39 años sabía latín.

Calculó a la perfección el momento de su maniobra definitiva. Debía proceder con ella en el justo, ni antes ni después. Si se demoraba demasiado, corría el riesgo de que su hija consiguiera hacer acabar antes a su chico. Si por el contrario se adelantaba, ella la imitaría de nuevo y se quedaría en las mismas. Así, pues, cuando juzgó que había llegado aquel, liberó la polla de su boca para apresarla en un rápido movimiento entre sus tetas, previamente desnudadas por los magreos a ellas prodigados. Aquello cogió totalmente por sorpresa al chaval que, con el repentino cambio de tacto y al sentir su miembro aplastado por aquellas voluptuosas montañas de carne, no pudo evitar lanzar un bufido definitivo, tras el cual comenzó a eyacular con la fuerza incontenible de un manantial, estampando su corrida en la cara de Mercedes, que extasiada la recibía sonriente.

Mal pudo contener Lorena la frustración de verse superada de tal manera, mientras su madre se relamía golosa, saboreando la leche de su macho. Sabía que aún tardaría un poco, no demasiado, pero lo suficiente, en conseguir que Jorge se corriera. Y aquella desventaja de segundos, con toda seguridad sería definitiva en la suma final, pues en la segunda vuelta, ya ambas estarían precavidas y ninguna conseguiría sorprender a la otra, con lo cual acabarían esa 2ª muy igualadas.

Pero con algo no contaban. Estaban en esa mamada de vuelta, más o menos niveladas, cuando sonó el teléfono de Mercedes. En un principio pensó en no contestar, pero al mismo tiempo comprendía que no podía dejar de hacerlo. Era la melodía asignada a Jorge, su marido, la que sonaba. El muy gilipollas tenía que llamarla precisamente ahora, en plena mamada. Si aflojaba el ritmo para contestar, su chico vería relajada su excitación y perdería una considerable cantidad de tiempo entre que hablaba y luego la recuperaba. Evidentemente, mucho más del que ella había conseguido sacarle de ventaja con su treta de las tetas en la 1ª. Sin dejar de mamar pues, activó la comunicación.

-Dime, Jorge –contestó sacándose la polla de la boca solo por un momento.

-Hola, cielo. Mira que estoy con unas personas en la oficina repasando unas cosas.

-"Uhmm"

-Creo que tengo para un rato.

-Hum-hum.

-No sé si… ¿Mercedes?

-¿Mercedes?

-Hum.

-¿Estás bien? ¿Qué sonidos son esos?

-Sí, estoy bien.

"¡Será "pringao"! ¡Además de cornudo idiota! ¡Hasta que no me ha hecho soltar la polla no ha parado!"

-Mi marido –susurró tapando apartando de ella el teléfono. Inmediatamente, un brillo de morbo y perversión , al mismo tiempo que frente a ella, veía saltar de la polla de Juan la leche a borbotones para bañar la cara de su hija, que con la boca abierta y la lengua fuera se apresuraba a recibirla golosa. Viéndose derrotada, pasó de la competición finalmente, entregándose a la pura perversión. Levantándose entonces. Se dio la vuelta y tomó la polla del gordito para apuntarla directamente a su ano, y sentarse sobre ella para sentir el placer de aquella barra de carne abriéndose paso por sus entrañas.

-¿Qué era ese sonido que hacías con la boca?

-Me estaba comiendo un "Calippo". ¿Qué pasa? ¿No puedo?

Jorge se sorprendió al escuchar a su mujer hablarle así, pero es que esta estaba realmente mosqueada con él por haberle hecho sacar la polla de su boca, quitándole el triunfo.

-Bueno, mira, que lo que te quiero decir es que no iré esta noche a dormir. Terminaremos tarde y me quedaré en casa de Remigio.

-Vale, no te preocupes –contestó mientras botaba sobre el rabo que le taladraba las entrañas, desecha de placer, desesperada porque el insufrible cornudo colgara de una vez.

-Te oigo la respiración acelerada, ¿pasa algo?

-¡Joder, claro que pasa! ¡Se me ha caído antes el "Calippo" por tu culpa, y ahora intento llegar a paso acelerado a la heladería para comprar otro antes de que cierren! ¡Deja de darme el coñazo pues y cuelga ya!

En el salón, todos se descojonaban en silencio, en especial Lorena. Siempre había fantaseado con tener una madre así, y ahora su sueño se veía hecho realidad.

-Bueno…vale –contestó el cornudo confundido-. No me esperes pues para la cena, házsela a los chicos y…

-No te preocupes por ellos. Lorena ya se está poniendo morada de salchichas rellenas con queso, y Ernesto ya se hará algo cuando llegue.

-Vale pues. Un beso.

-Un beso. ¡Buuuufff ! -resopló hastiada cuando por fin colgó, a la vez que todos estallaban en un coro de estruendosas carcajadas-. ¡Qué paliza de tío! ¡Que se dedique a aguantar los cuernos y me deje en paz!

-¡Ja, ja, ja!

Comenzó entonces a botar con más libertad, concentrada únicamente en su placer. Sintió llegar el orgasmo y se relajó, a la vez que el torrente de caliente leche inundaba su recto. Se sintió en el Nirvana y, a través de la dulce niebla que en esos momentos envuelve nuestra percepción, vio aproximarse a Lorena lasciva, sensual. La miró confundida, sin saber que quería. La besó en los labios. Mercedes sintió una descarga eléctrica, sin atinar a reconocer la naturaleza de las emociones que en ese momento la embargaban. Sonriendo, la muchacha se inclinó para lamer sus pezones.

-Lorena… ¿qué estas haciendo? –preguntó escandalizada, sabiendo que debía cortar aquello, pero sin querer resultar brusca con la niña.

-Te estoy chupando las tetas.

-Lorena…Lorena.

Tomando la teta que estaba mamando en la mano, levantó la cabeza para mirar a su madre a los ojos, sin dejar de masajearla. Mercedes percibía placentero el masaje, pero no lo aprobaba.

-Esto ya es pasarse.

-¿Pasarse de qué?

-Es incesto.

-¿Y?

Su madre la miró confundida, escandalizada.

-El incesto es un tabú impuesto por los hombres, para evitar la procreación entre miembros de la misma familia. Tú y yo somos mujeres, no podemos dejarnos preñadas. ¿A qué respetarlo pues?

Vio en los ojos de su madre la duda y, lentamente, sin que esta hiciera nada por impedirlo, volvió a agachar la cabeza para aplicarse a mamar de sus tetas de nuevo. Esta vez lo hizo con más ansia, ante la mirada extasiada de todos los asistentes. Mamaba con ganas. Durante demasiado tiempo las estupendas tetas de su madre habían sido fruta prohibida para ella, tan cercana y tan lejana a la vez, y nada impediría que a partir de ahora se deleitara con ellas. Chupaba y amasaba las tetas con avaricia, dejándole señales de chupetones y apretones, con la perversa intención de ponerla en una situación difícil de cara a su padre para ocultarlas.

-Vale, Lorena…-la interrumpió de nuevo, acariciando su cabeza con dulzura-. Ya vale.

Lorena se alzó para mirarla de nuevo. Y Su madre le devolvió la mirada. No había seguridad en ella. Solo duda, y deseo de caer en la tentación. Se acercó para besarla en los labios, quedando después muy cerca de ella, sus bocas casi juntas. El semen de Juan continuaba en su rostro. Sonrió.

-Es la leche de tu pibito. ¿La deseas? Sé que la deseas. Tómala.

Lenta, muy lentamente, pero sin pausa, Mercedes fue acercando sus labios a la mejilla de su hija. En su interior, tenía lugar una salvaje combate entre los restos agonizantes de su sentido de la moral, y su lado osbcuro que victorioso avanzaba cual ejército conquistador, desterrando por siempre jamás al primero de su alma. Era la última batalla de esa guerra que todos hemos de librar en uno u otro momento de nuestras vidas, y los ejércitos de la luz se retiraban en desbandada, a la vez que se aproximaba su manzana del Edén, en forma de leche de macho. Sacando su legua, lamió esta de la cara de su hija, saboreándola golosa. Después, ya sin más resistencias, se fundieron en un tórrido morreo a la vez que las manos de la una buscaban ansiosas las formas de mujer de la otra. Todos los restos de semen fueron engullidos con placer, mientras se magreaba y besaba con su hija como nunca pensó que pudiera hacerlo. Después, Lorena se retiró un poco.

-Ahora me toca a mí.

Mercedes la entendió perfectamente. La niña se acostó en el suelo y ella, acuclillándose, colocó el ano justo encima de su boca. Sintió u cosquilleo de placer al tocar la punta de la lengua su orto, e intentó hacer fuerza para abrir su esfínter y dejar caer en la boca de su hija su delicioso contenido. No pudo en primera instancia. El placer de los lametones que le prodigaba, impedían que pudiera concentrar su atención fácilmente. No obstante, finalmente acabó surgiendo de su culo un espeso goterón que fue directamente a parar a al estómago de Lorena, que se relamió golosa.

Esa noche, Lorena licenció a su madre como zorra. Las cosas nunca volverían a ser iguales.

 

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE DE LA SAGA DE LORENA.

 

 

Concluye con esto esta primera serie dedicada a Lorena. Hasta el momento, es la lolita sin ninguna duda la más perfecta de mis creaciones, la que más tiempo invertido me ha requerido. Si os gustó su saga, le dedicaré otras nuevas, pero permitidme intercalarlas de vez en cuando con otras narraciones menos trabajadas y con menos calidad narrativa por tanto, pero con un morbo mucho más espontáneo y salvaje, pues están escritas en momentos de morbo e inspiración, de un solo tirón.

A LOS LECTORES.

Claro que fui yo quien se la mamó, Pikoster, y muy a gusto. Por eso te dije que le dijeras a Justo que le diera recuerdos. Imagino que habrán sido muchas las que se la han mamado a Rafa en "Penélope" y otras discotecas. Actualmente, es el jefe de "Space" Benidorm, y siempre ha sido un ligón, o sea que habrán sido bastantes además de mí. Pero si le cuesta recordar, dale estos datos. Era Septiembre, mi cumpleaños, no había casi gente y yo venía de trabajar en una discoteca de Calpe bailando. Pasamos al salir por allí a verle. Era final de verano y había poca gente, por lo cual solo habían dos porteros, él y mi marido. Dejamos a mi marido en la puerta, para entrar a que nos invitara a un chupito. Le hizo una prueba a mi compañera para bailar. No mandaba en las gogos, pero tenía mano. Después, subí con él al "privé" y se la mamé, estando Juan en la puerta abajo. Incluso a veces se comunicaba por el walkman. Fue supermorboso. Rafa quiso meter en ello a mi compañera, pero ella no quiso. Cuéntaselo así, y verás como recuerda. Fue en el verano del 95, no 94, me equivoqué la otra vez que lo puse. Si tu tío conoce a Justo, dile que le pregunte a Rafa y verás como te lo confirma.

A Castiel

No es eso, hombre. No quiero dar el mail porque he tenido antes problemas. Me han metido troyanos, espías y demás, y no sé por donde han entrado. A través de esta misma página, accedieron a mis datos personales y de ahí a mi mail. Como todo el mundo, tengo datos y archivos a los que no me hace ninguna gracia que accedan extraños. Hubo una época en que mi mail era visible, como te pueden confirmar los webmasters de esta web, pero les pedí que lo retiraran después por temas personales. Quizá llegue un momento en que pueda volver a exponerlo o decida abrirme más de nuevo, pero por ahora no será. Espero que lo entiendas.

 

A los demás, gracias a todos por las críticas. Aunque hubieran sido malas, las agradecería igual, siempre y cuando fueran constructivas, y no meras ganas de molestar.

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