Estas 4ª y 5ª entregas de "la saga de Lorena", pretendían ser
una sola, pero se alargó demasiado y, por comodidad en la lectura, pensé que
sería mejor dividirlas en dos. A quien piense que la narración a través de las 5
partes se hace muy lenta, decirle que es algo inherente a la calidad de esta.
Mucha gente pide calidad en los relatos que leo en esta web, y la calidad
implica detallar la acción y los personajes. Si se prefiere el morbo de lo
espontáneo escrito de un tirón en un momento de excitación, puedo volver a ello,
pero irá en detrimento de la calidad. Los que han leído mis relatos, los
antiguos y los nuevos, podrán opinar.
………………………………………………….
-¿Qué…que es esto? –preguntó Mercedes totalmente confundida,
su mente convertida en un maremagnum de ideas y emociones confundidas que no
atinaban a definir una definitiva. -¿Qué haces ahí?
-Nada importante. Hace unos minutos conseguí que la
manivela volviera a funcionar. No fue muy difícil, teniendo e cuenta que fui yo
quien la manipuló previamente para que se atascara y sabía perfectamente pues lo
que había que hacer para que volviera a funcionar como siempre. Claro que
vosotros no os disteis cuenta. Al parecer estabais ocupados en cosas más
agradables que una puerta que no se abre, y no me pareció correcto estropear un
momento así.
Mercedes sintió como si el mundo se diera la vuelta,
invadida por una repentina sensación de vértigo.
-Cariño…lo que has visto…
Lorena rió dulcemente, como era habitual en ella.
-Mamá…no te preocupes, no le voy a decir nada a papá. Te he
dicho que fui yo quien manipuló la manivela para que se atascase. Estaba todo
preparado.
-¿C-cómo…?
Miró a Francisco, que a su vez la miraba sonriente, y
volvió a mirar a Lorena.
-Mamá, eres una mujer preciosa, que está desperdiciando su
vida privándose de lo más maravilloso que hay en ella.
Ahora Mercedes la miraba inquisitiva, como no dando crédito
a lo que estaba oyendo.
-Tú eres una mujer de poderosa sexualidad. Lo sé, y mi
padre no es hombre que pueda satisfacerte por sí solo. En realidad, dudo mucho
que haya ninguno capaz de hacerlo. Eres un animal sexual, y no eres feliz
intentando combatir tu naturaleza.
El enfado de la madre comenzaba a ser evidente.
-Has necesitado un "empujoncito",pero finalmente te has
revelado como la zorra que eres. No reniegues nuevamente de ella.
-¿Un…"empujoncito"? –preguntó visiblemente molesta, pasando
por encima del denigrante apelativo con que su hija se había referido a ella.
-Un empujoncito. Hace algunas semanas, comencé a dejar caer
en tus comidas y las de papá unas gotitas, desinhibidoras de la función eréctil
y el apetito sexual en su caso, y potenciadotas de la líbido en el tuyo.
-¡¿Qué has hecho qué?! –empezando a ponerse verdaderamente
furiosa.
-¡Oh, vamos! Sé sincera; ¿se notó mucho la diferencia?
-Mi padre es un pichiflojo, que no te da ni la décima parte
de lo que necesitas. ¿Se ha notado mucho la diferencia añadida por esas gotitas?
Mercedes se vio tentada de responder con una bofetada al
descaro de la niña, pero logró contenerse.
-Lorena, te voy a decir una cosa. Y quiero que se te quede
bien grabada en la cabeza. Hasta hoy, te he consentido muchas desfachateces. Sé
que es un error intentar interferir en la vida sexual de los jóvenes, siendo la
mejor opción en cambio orientarlos y ayudándolos dándoles la información que
precisen y apoyándolos. Nunca he interferido pues en tu vida sexual, a pesar de
pensar que eres muy joven para haberla iniciado, ni nunca interferiré. Pero ello
no te da derecho a más, y mucho menos a pretender interferir y definir tú la
mía. Lo que yo tenga con tu padre y lo que haga con mi propia sexualidad, no es
asunto tuyo y te prohíbo, entiende lo que te digo, te prohíbo, que nunca más
vuelvas a inmiscuirte en ello.
La muchacha sonrió.
-El tiempo de eso pasó, mamá. Tú ya no estás en posición de
prohibir nada, sino de obedecer. A partir de ahora, yo soy quien manda aquí.
Mercedes sintió un repentino acceso de ira, que hubiera
culminado, esta vez sí, en una sonora bofetada a su hija de no haber proseguido
esta en el momento justo.
-Anda, vuélvete.
La miró extrañada.
-Vuélvete y mira.
Se giró sin entender. Allí no había nada, entre ella y la
puerta que daba a la galería. Miró a Francisco, y este señaló con la mirada
hacia aquella.
-¿Qué? No veo nada.
-¿Seguro, mamá? ¿No ves esa bola detrás del cristal, que
asoma por el hueco que deja la cortina?
-¿Qué…qué es? –preguntó una vez reparó en ella.
-Nada demasiado importante. Solo un espía indiscreto. Una
cámara conectada a un cable alargador que va hasta el ordenador de mi habitación
y que ha visto todo lo que ha ocurrido aquí, grabándolo.
Iracunda, Mercedes se volvió enérgicamente hacia Lorena,
agarrándola por los pelos con fuerza.
-¡Mira niñata, ya me tienes hasta las narices! ¡Ahora mismo
me vas a dar el CD y haré como que olvido este asunto!
-Mamá…me estás haciendo daño.
Confusa, suavizó su presa, dejando que los cabellos de la
muchacha se escurrieran de ella. Nunca había hecho daño a su hija, y desde
luego, a pesar de todo, no quería que eso cambiase.
-Así está mejor.
-Cariño…-continuó más tranquila, con dulzura en su voz- Lo
que estás haciendo no está bien. La mamá…yo…soy una mujer, una persona al fin y
al cabo. Y las personas cometemos errores. Ya voy a tener bastante castigo
intentando continuar después de esto. Dame el CD, por favor.
-Mamá…no sé que es lo que puedes estar pensando en estos
momentos, pero no te quepa la menor duda de que te quiero. Mucho más de lo que
pueda llegar a transmitirte con palabras. Y es por ello que no soporto ver como
dejas pasar el tiempo. Nunca recuperarás estos años ¡Vívelos coño! Sé lo que
eres y lo que sientes, y lo sé porque soy tu hija, el mejor espejo en que te
puedas mirar.
Mercedes la miraba ahora abatida, con sus hermosos ojos
marrones brillantes, al borde de derramar sus primearas lágrimas.
-No puedo darte el CD, mamá. Y no puedo dártelo porque no
está aquí. Te quiero más que a nada en el mundo, y sabía que si me lo pedías, no
sabría negártelo. Por ello, idee un sistema alternativo con Francisco. El polvo
que acabáis de echar, ha sido transmitido por internet.
Su madre abrió los ojos desmesuradamente, a lo que ella
contestó con una tranquilizadora sonrisa.
-No te preocupes. La posibilidad de que alguien que no
estuviera al tanto haya accedido a nuestra IP y las imágenes, es muy remota,
virtualmente inexistente.
-¿Alguien…que no estuviera al tanto?
-Alguien ha grabado la escena en su ordenador y, si dentro
de dos semanas no ha recibido orden de Francisco en contra, publicará el vídeo
en Internet, en páginas de descarga gratuita. Claro está, con el rostro de él
difuminado. Pero con el tuyo bien visible…
-¡Estáis locos!
-Nada de eso. Si aceptas lo que vamos a proponerte, eso
nunca ocurrirá. Te lo prometemos.
-Ya. ¿Puedo preguntar quien es ese "alguien"? Es conocido.
-¡Oh, claro que lo es! Se trata de un compañero de papá,
aunque yo no sé quien es. Como te dije, se rata de que yo no pueda hacer nada
que joda el plan si flaqueo.
-¡¿Cómo?! ¡¿Un compañero de tu padre?!
-Sí, pero no te preocupes. Todo está bien.
-¡¿Cómo que todo está bien?! ¡Es un compañero de tu padre!
-No te preocupes por eso. No le dirá nada.
-¡No es solo eso, niñata! ¿Qué hay del respeto hacia él? Es
una humillación muy grande hacerle pasar por esto.
-¡Oh, bueno, no te preocupes por eso tampoco!
-¿Ah, no? ¿Puedo preguntar por qué?
-Pues porque me los he follado a todos.
Los ojos de su madre se abrieron como platos, mucho más que
antes.
-En una orgía de perversión y vicio. Mejor te cuento los
detalles en otro momento, este no creo que sea el adecuado. Pero vamos, te puedo
anticipar que se trató de algo muy fuerte y que me hicieron de todo, hasta las
mayores perrerías. Don Javier, Esteban, Francisco…todos. Y a la vez. Preocuparte
por la humillación que lo que has hecho supone para mi padre, es como
preocuparte de que la lluvia lo moje mientras se debate en una riada.
Mercedes sintió que perdía el contacto con la realidad,
retrocediendo hasta una de las sillas que encontró tanteando con la mano, y
abatiéndose en ella.
-No lo tomes así. Tengo un cuerpo y me gusta disfrutar de
él. ¿Es algo malo eso?
Mercedes no contestó. Ni siquiera la miraba ya.
-¿Qué es lo que queréis? –preguntó con voz átona, sin
sentimiento alguno. Lorena sintió una punzada en el corazón ante aquello. No
soportaba ver a su madre así, y deseaba abrazarla y consolarla. Pero no era ese
momento de flaquezas.
-Mamá…no me gusta verte así. Pretendo devolverte la mejor
de tus sonrisas, no lo contrario.
-¿Qué es lo que queréis?
Ahora era ella la que estaba a punto de venirse abajo.
-Solo va a ser un juego. Te vamos a proponer una serie
de…pruebas, puedes llamarlo así si quieres.
-Muy bien –asintió, siempre en el mismo tono carente de
emoción alguna.
-Serán cosas divertidas, ya lo verás. Habremos de imponerte
algunas normas, está claro, pero verás como te gusta.
-Vale. Una vez haya pasado esas pruebas, ¿me dejaréis en
paz?
-¡Mamá, por favor! No me hagas sentir mal. Nos lo vas a
agradecer, ya lo verás. A mí también me gustaría…
-Yo no soy como tú.
-¡Oh, sí lo eres! Eres mi madre y…
-…y tú eres una guarra.
Lorena se quedó cortada.
-Las personas nos diferenciamos de los animales en que
tenemos la inteligencia -continuó alzando la vista para mirarla directamente a
los ojos-, que nos ayuda a controlar el instinto cuando nos impulsa a
denigrarnos. No puedo negar que antes también yo cedí a aquellos, pero aprendía
a controlarlos. Tú en cambio, te revuelcas en lo más ominoso de tu naturaleza.
Eres una puerca. No somos iguales.
Lorena sintió que las palabras le herían como agudos
cuchillos clavados en el alma, y Francisco se preguntó que estaba pasando allí.
La niña le había dicho que la madre era un putón redomado. ¿A qué venía toda
esta historia pues?
-Me insultas…y dices que no eres como yo. Pero no es
cierto. Mírate las tetas. Las tienes llenas de chupetones de Francisco. Te has
follado a uno de los mejores amigos de mi padre en su propia casa, y has
disfrutado humillándolo, ofreciéndole gustosa el cuerpo que prometiste ante el
altar solo sería para él. Esa naturaleza de la que tan orgullosa te sientes, ha
vuelto a traicionarte.
-¡Oh no, no! –negó Mercedes categóricamente, con una cínica
sonrisa. –Tú te encargaste de agitar mis hormonas con tus gotitas, alterando mi
deseo y disposición. De no ser por ello, esto no hubiera llegado nunca a
ocurrir.
-¡Ja, ja, ja! –rió ahora la niña, igualmente cínica. –Creo
que no me entendiste bien. Dije que hace unas semanas empecé a administraros
esas gotas a ti y a mi padre. Pero al tercer día me asusté de lo que vi en tus
ojos. Brillaban como los de una loba en celo, y temí estar jugando con fuego,
con uno sobre el que podría llegar a perder el control. Tanto me asusté, que
decidí suspender inmediatamente la administración.
Mercedes la escuchaba absorta, incrédula.
-Mamá…el vicio…el morbo y la pasión que te han vencido, que
han acabado superando toda tu resistencia…son enteramente tuyos.
……………………………………..
-Esta tampoco.
De pie ante el armario donde su madre guardaba su ropa,
Lorena iba sacando las prendas de una en una, mostrándoselas a Francisco y
decidiendo entre los dos si merecían su visto bueno o no. Las que lo hacían,
eran vueltas a colocar en una percha y colgadas. Las que no, iban a parar a un
tiesto que iría directamente al contenedor que recibía la ropa usada en buen
estado, para ser posteriormente enviada a los países necesitados. Mercedes se
mordió el labio de nuevo. Invariablemente, la ropa que recibía el aprobado era
la más sexy y provocativa, sin que dejaran en su ropero prenda alguna que
mantuviera el más mínimo recato y decoro. Pensaba que iba a parecer una zorra
buscando guerra de continuo así vestida, pero no iba a volver a protestar. Lo
había hecho al principio, y solo sirvió para orientar aún más hacia el escándalo
la ropa que sus humilladores iban seleccionando. Prefería mantener la altivez en
cambio.
-No es que pretenda contrariaros –observó irónicamente-,
pero esa blusa blanca es demasiado transparente. Intentad dejarme algún
sujetador bonito para ponérmelo con ella. Vale que me vayáis a hacer pasar por
un putón, pero dejad que pueda conservar algo de clase al menos.
-¿Sujetador? –Preguntó Lorena como si hubiese escuchado
algo muy divertido- Estas de broma. ¡Despídete de ellos! Y de las bragas siempre
que no uses pantalón o mallas. Te permitiremos eso para protegerte de las
pérdidas.
-¿Cómo?
-Se acabaron los sujetadores, mamá. A partir de ahora,
tetas sueltas y bamboleándose libremente. Vamos a tirar a la basura todas tus
braguitas y sujetadores, y continuamente vigilaré que no hayan marcas de estos
en tu cuerpo. No intentes comprar otros y ponértelos cuando no te vemos.
-¡Pero, pero…!
-Pero nada. Escándalo puro.
-¿Y las bragas? Cuando tenga la regla…
-Tampones. Y si no bastan, ya harás tú por limpiarte de
tanto en tanto. Asegúrate de llevar clínex esos días en el bolso. ¡Ah, y por
cierto! Olvídate de eso de la clase. Es más divertido ser un putón verbenero.
Vete acostumbrando a soltar algún taco de vez en cuando y comportarte soezmente.
Hazme caso, le cogerás pronto el gusto.
Su madre la miraba como un cordero desamparado. Lorena le
sonrió dulcemente, sentándose junto a ella.
-Todo esto es por ti, mama. Confía en mí. No vas a hacer
nada que no quieras, salvo en lo que refiere al vestir, claro está. Verás como
pronto nos estamos riendo juntas de todo esto, y disfrutando de buenas pollas
como es debido.
Lorena estaba totalmente segura de que sería así. Mercedes
sonrió tristemente.
-¡Pobre hija mía! –Exclamó acariciándole el pelo.- Estás en
una edad en que crees saberlo todo ¿Qué ocurrirá cuando veas lo equivocada que
estabas?
-No será así. Y si lo fuera…Bueno, como te digo, no vamos a
obligarte a nada que no quieras, salvo vestir provocando un poco. Pero eso es un
juego, nada irremediable.
-Ya –contestó resignada. -¿Y lo que ha ocurrido esta tarde?
¿Tampoco eso es irremediable?
Lorena la miró sin saber qué responder.
-Verás como tengo razón.
-Mercedes no contestó. Sabía que no sería así. Sabía que
aquello traería consecuencias nefastas, y que serían enteramente culpa de la
niña. Pero seguía siendo solo eso, una niña. Una criatura jugando con cosas que
creía dominar en la ignorancia propia de su edad. Y era su hija. Sí, lo que iba
a venir sería culpa suya, pero nunca ella se lo recordaría. Es más, intentaría
por todos los medios convencerla de que no fue así. Pocas cosas hay en el mundo
comparables al amor de una madre por su hija.
……………………………………………………
-¡Ah!...¡ah!...¡ah!...-pasaron a hacerse más continuos,
intermitentes los gemidos de placer en Francisco, anunciando la inminente
avenida de su orgasmo. Lorena por su parte aumento la velocidad de su mamada,
anticipándose golosa a la llegada de este, que debía dejar llena su boca de
pastosa y deliciosa leche. *Entended siempre por "delicioso", cuando me refiero
al semen o flujos vaginales, que los llamó así por el morbo que comporta su
ingestión. Evidentemente, por su sabor propiamente, sin ser desagradables al
paladar, tampoco es que sean ninguna delicia.
-¡Aaaaaaahhhh….! –se dejó ir él finalmente, deleitándose
ella con la sensación de sentir su semen descendiendo por su garganta. Después,
se incorporó en su asiento. Por unos minutos, se hizo el silencio mientras desde
el promontorio en el bosquecillo del castillo, contemplaban la ciudad de noche.
-Me dijiste que era un putón –comentó Francisco al cabo de
un trato.
-Lo es.
-No es lo que parecía deducirse de la conversación.
-¿Te dije que te pondría el coño en bandeja en cosa de un
mes?
-Sí.
-¿Te ha puesto el coño en bandeja en cosa de un mes?
-Sí.
-¿He cumplido pues mi palabra?
-Sí.
-¿Soy merecedora pues de confianza?
-Sí –suspiró finalmente Francisco.
-Confía en mí pues y no dudes. En menos de dos semanas, mi
plan se habrá cumplido a la perfección.
-¿Cómo puedes estar tan segura?
-Porque conozco a mi madre. Soy su hija.
-Ella dijo que no se parecía a ti.
-Pero yo sé que no es cierto. Conozco a mis amigas y hablo
del tema con gente por internet. Sé que mi vicio y perversión no son normales.
No ya en una niña de 14 años, sino en cualquier mujer. Igual que hay
superdotados en todos los aspectos de la vida, los hay en lascivia y
voluptuosidad. El hijo de Einstein será por toda lógica muy inteligente. El de
Fernando Martín, muy alto. El de King África tendrá tendencia a engordar. Esas
cosas están en los genes. Deben estar en los de alguno de mis progenitores, y
está claro que no en los de mi padre.
Francisco recordó entonces la forma de besar de Mercedes,
tan apasionada y lasciva como la de su hija, y supo que la niña tenía razón de
nuevo.
………………………………………..
"Camina por detrás de la iglesia pasando junto "las
piedras", pasando de largo ante ellas para llegar hasta el convento de las
monjitas. Después puedes hacer lo que quieras, volver a casa o como gustes." Las
palabras daban vueltas en su cabeza, volviendo una y otra vez a ella, por más
que quisiera pasar de ellas. ¿Qué clase de "prueba" era aquella? Lorena le había
dicho que iba a ser sometida a tres pruebas, y esta formaba parte de la primera.
Desde hacía algunos días, la venían haciendo pasear ella y Francisco con la ropa
más descarada y escandalosa posible. Y no solo pasear, sino que era la única que
le permitían usar, bien fuera para ir a la compra, a pasear el perro o donde se
presentase. Mercedes se moría de vergüenza con ello, pero la verdad es que
sentía también un morbillo muy especial con ello. Era gracioso ver la cara de la
gente cuando iba al supermercado o a por el pan, con una ligera minifalda de
vuelo y una vaporosa camisa que semitransparentaza sus enormes tetas, que libres
de la opresión del sujetador se balanceaban impetuosamente bajo ella. Miraban y
cuchicheaba, e incluso algún personajillo torpe se tropezaba con algo al girarse
a su paso con la boca abierta para admirar su culo, continuando su marcha
errante cual barco abandonado a la deriva, hasta chocar con el arrecife que
suponía algún cliente con su carrito o estantería. Apenas podía contener la risa
en esos momentos, y pensaba que no estaba tan mal aquel juego. Era divertido, y
la verdad es que no era tan grave. Había pensado que la niña y Francisco iban a
someterla a abusos mucho mayores teniéndola como la tenían en sus manos, pero lo
cierto es que se estaban comportando. No les había creído cuando le dijeron que
no se trataría de ninguna putada, ni de obligarla a hacer algo en contra de su
voluntad, pero lo cierto era que, al menos hasta el momento, estaban cumpliendo
su palabra. Obviamente, su marido se había sentido intrigado con todo aquello, y
había preguntado extrañado por su repentino cambio en el vestir. "Cosas de
mujeres", había contestado ella. "Estoy a punto de entrar en la cuarentena y eso
asusta. Me gusta comprobar que los hombres siguen mirándome con deseo". Carlos
había sonreído comprensivo. "¡Pues claro que te miran con deseo! El que no lo
haga debe estar loco". Y un dulce beso había sellado el tema.
Se sentía un tanto extraño ahora, paseando por allí sin
más. Se trataba de una zona de campo detrás de la iglesia, donde un montón de
grandes bloques de piedras, depositados allí quien sabe cuanto tiempo ha,
servían de punto de reunión a los adolescentes. Conocido popularmente como "las
piedras", quedaba tras la parte posterior del sagrado edificio, y enfrente de un
convento de Carmelitas allá levantado. Obviamente, no se trataba de un sitio muy
frecuentado, salvo por los chicos y las monjas que iban y venían. Se preguntaba
para qué le habían pedido pasar por allí. ¿Quizá para escandalizar a estas
últimas? Quizá. La habían hecho vestir de una manera especial, similar a una
amazona. Pantalones marrones ceñidos, en los que se marcaba perfectamente la
hucha que dibujaba su coño al aplastar sus labios contra ellos, sin que la tela
de las braguitas se interpusiera disimulándolos, tanto como los morbosos glúteos
sobre los que se cerraba en forma de pera, únicamente rota su lisa superficie
por la solapa de un solitario botón que cerraba inexistente bolsillo. Arriba,
camisa blanca simplemente. No debiera esta a priori resultar demasiado
escandalosa, salvo su impuesta ausencia de sujetador, que hacía que sus gordos
pezones se marcasen perfectamente en ella, tanto su color como su forma,
semejantes a obscuros ojos que girasen alocados cual los de Marujita Díaz,
siguiendo el bamboleante movimiento de los gloriosos globos que coronaban..
Finalmente, su cabello replegado en un bonito recogido, le daban un aspecto de
zorrón con clase, buscando guerra pero con las ideas acerca de lo que deseaba
muy claras.
La caída de la tarde casi se había consumado, agonizando el
astro rey tras el horizonte pintando de escarlata el último cielo iluminado,
cuando se acercó a las proximidades de "las piedras".
-¡Eh, mirad que pedazo de tetas! –apenas escuchó exclamar a
los chavales.
-¡Joder! ¡Qué pivón!
Como empezaba a ser normal, se sintió avergonzada, halagada
u excitada a partes iguales con aquellas expresiones, agachando la cabeza para
disimular la sonrisa que no podía evitar aflorara a su cara.
-¡Ey! ¡Mercedes! ¡Espera!
"¡¿Mercedes?!" "¡¿Espera?!" ¿Quién…?
Sintió una indefinible punzada en su bajo vientre al ver
acercarse a la carrera a uno de los chicos desde los bloques, separándose del
resto. Le resultó familiar su figura al primer momento, aunque sin acabar de
identificarla. Con una sensación de angustia, las facciones fueron tomando forma
en su memoria a medida que se acercaba, y deseó que la tierra la tragara en ese
momento. ¡Se trataba de Javi, uno de los chicos del grupo de su hijo! Pero, ¿qué
coño estaba haciendo allí?
-¡Hola, Mercedes! –la saludó llegado ante ella.
-Hola, Javi –contestó ella, sintiéndose afortunada por que
la poca luz que aún resistía a aquellas horas, que disimularía el sonrojo que a
buen seguro en esos momentos debía haber subido a su rostro.
-Dame dos besos.
Mercedes accedió, sintiéndose extrañada. Aquello era común
entre amigos, pero no algo que soliera hacer con los amigos de su hijo.
-¿Qué haces por aquí?
-Bueno, ya ves. A ver a los chavales.
Miró sus tetas, un tanto inseguro, pero las miró,
haciéndola sentir incómoda.
-¿Y tú? –añadió el chaval. -¿Qué haces por aquí?
No estaba segura, pero le parecía que había algo extraño en
la voz del chico, como si supiera algo que ella no. Receló.
-Bueno…-dudó sin saber qué decir. Obviamente, no podía
alegar que iba a ver a las monjas así vestida.
-Estoy buscando a "Toby". –Toby era el perro. Solía
pasearlo por aquel campo a esas horas más o menos. Se me escapó antes por aquí,
y me lleva loca buscándolo.
-¿Toby? Vi antes a Lorena con él.
-¿A qué hora?
-No harán 40 minutos.
-¡Uuuff! -suspiró intentando aparentar un gran alivio-. Eso
es porque ha vuelto a casa solo. Gracias Javi, no veas que peso me has quitado
de encima.
-Ya –contestó él con una ¿sarcástica? sonrisa, mirando de
nuevo sus tetas. No le hacía gracia que lo hiciera, pero no estaba asegura de
querer que dejara de hacerlo. Del grupo de amigos de su hijo, Javi era sin duda
alguna el más guapo. Un jovencito rubio de unos 16 o 17 años, con unos ojazos
azules que recordaban al mar en verano. A menudo Mercedes lo había mirado como
se mira aquello que nos resulta sexualmente atractivo, pero siempre
considerándolo un niño. Un niño muy guapo, no podía negarlo, pero un niño al fin
y al cabo. Algo que nunca podría llegar a despertar su deseo. En cambio ahora,
en aquella semipenumbra y con el chico mirándole las tetas, quizá no con
demasiada seguridad, pero una y otra vez, ya no estaba tan segura de la
naturaleza de aquello que le evocaba. Había algo tremendamente erótico en la
belleza de un joven hermoso, en la edad previa a completar su proceso de
virilización. Algo deliciosamente ambiguo cual prohibida fruta tentadora.
Turbada, no pudo evitar dejar caer su mirada por un momento al juvenil canalillo
de sus pectorales. Entraba la primavera y comenzaba a hacer calor. La gente
comenzaba a guardar la ropa de invierno, y los más jóvenes, como Javi, ya se
atrevían con otra más propia del verano. Siguió la línea de los botones de su
camisa hasta llegar al primero por arriba abrochado, sintiendo algo parecido a
cuando se es cortado a punto de culminar o descubrir. Cortada, recuperó la
voluntad, alzando de nuevo los ojos para encontrar el rostro sonriente del
muchacho.
-Estás muy guapa, Mercedes.
-Gracias –contestó sonriendo cortada. No sabía como salir
del momento. -¿Vienes mucho por aquí?
Sonrió de nuevo el chaval, sin que Mercedes entendiera por
qué.
-Vengo. Bueno, hacía un tiempo que no, pero a partir de
ahora estaré por aquí de nuevo.
-Sí…es un bonito sitio. –Se sentía torpe.- Cuando era
adolescente también nos reuníamos aquí.
-Claro. Conforme la peña va creciendo, va dejando de venir
y llegan otros más jóvenes. Se puede decir que somos descendientes vuestros.
-Sí –contestó con una risita. –Bueno, me tengo que ir. Aún
tengo que empezar a preparar la cena.
-Vale. Me ha encantado verte Mercedes.
Era una extraña forma de expresarse con la madre de un
amigo.
-A mí también –se sorprendió diciendo tontamente. No sabía
porque lo había hecho. Simplemente se sentía atorada y torpe, y soltaba lo
primero que se le ocurría. –Vale, cuídate.
-Nos vemos.
-Nos vemos.
………………………………………………….
Unos 50 minutos antes.
-Hola, ¿habéis visto a mi madre pasar por aquí?
-No, que va.
Los chavales se sintieron encantados de ver a Lorena. La
maziza hermana de su amigo, era la fantasía sexual de muchos de ellos, por no
decir todos. Ese hermoso par de tetas que con tanto descaro lucía, eran
aliciente acostumbrado en sus solitarios placeres nocturnos bajo las blancas
sábanas de su cama, que cual si un monstruo bajo ellas se agitase subían y
bajaban propulsadas por sus manos en furiosa batalla con sus penes, hasta
conseguir de estos hacerlos escupir su blanca reserva manchando aquellas. Todos
sabían de lo golfa que era la niña y las historias que de ella se contaban.
Intentaban hacer como que no era así de cara a su hermano, pero en realidad
todos albergaban el deseo de poder beneficiársela antes o después. Se decía que
no era muy difícil si eras guapo o le caías en gracias y que, si era así,
quedaba asegurada una experiencia inolvidable de por vida.
-¿Y mi hermano?
-Tampoco.
De sobras lo sabía ella, que lo había despedido cuando
salió de casa hacia la de su chica. Igual que sabía que su madre no había pasado
por allí.
-Bueno, si pasa mi madre decidle que he estado aquí.
-Vale. Pero no suele pasar por aquí. Vamos, estando yo
nunca lo ha hecho.
Lorena sonrió. Empezaba a temer que tendría que forzar ese
punto de la conversación.
-Bueno, es fácil que lo haga ahora. Anda salida detrás de
Javi.
El chico se quedó blanco, sin habla. Tanto como sus
compañeros, pero más afectado por cuanto a él en primera persona concernía lo
que creía acababa de oír.
-¿Cómo…has dicho?
-Que anda salida detrás tuya. No me jodas que no te has
dado cuenta.
-No…no.
Los chicos parecían todos tan impactados como Javi. La
madre de Ernesto era lo que literalmente se conoce como un pivón. Una tía ya
rayando la cuarentena, pero de esas que se conservan potentes como la que más y
tanto gustan a los adolescentes.
-Tío, ¡pero si te mira que te desnuda!
-No…no sabía nada.
-¡Ja, ja, ja! ¡Pero que bolos sois los tíos! La tienes por
tus huesos, si no te la follas es porque no quieres. Está deseando que le
entres. Vamos, lo que no me explico es como no te ha entrado ella a ti todavía,
con las ganas que te tiene.
-Lorena, ¿te estás quedando conmigo?
-Para nada.
-¡Venga ya! ¡Así me ibas a contar algo así de tu madre si
fuera cierto¡
-Vamos a ver. Todos sabéis que soy un putón.
Los chavales se quedaron alelados.
-Es rara la semana que de 7 días no follo 6 al menos, y los
números no tienen porque corresponderse necesariamente con el de tíos que pasan
por mi coño. ¿Crees que a alguien como yo le ofende tener una madre tan puta
como ella?
No supieron contestar.
-Todos los días pasa por "las piedras" con la esperanza de
verte y hacerse la encontradiza. La pobre no sabe que ya no os reunís allí.
-Demasiado nano.
-Claro –respondió ella sarcástica. –Vosotros es que sois ya
muy hombrecitos para reuniros allí. ¿O se debe más bien a que ahora que muchos
tenéis moto, vuestra capacidad de moveros ha aumentado y la zona se os ha
quedado pequeña?
-Seguramente –respondió alguno de ellos por todos, altivo.
-Vale, es igual. El caso es que yo tampoco sabía que ya no
ibais por allí. Me acabo de enterar preguntando que ahora veníais por aquí en
cambio. Esta noche se lo diré. Claro que -prosiguió con una provocadora mirada,
-si no quieres esperar a que otro día pase por aquí para verla, puedes acercarte
a "las piedras". ¿Tenéis hora?
-Las 7:10 –respondió alguien.
-En unos 40 minutos la tienes allí. ¡Y no veas como iba de
salida hoy! Se ha vestido de guerra total, la tienes desesperada. Una cosa; no
le digas que yo te he dicho nada, ¿OK? Imagino que supone que no me doy cuenta,
como vosotros –había un deje burlón en sus últimas palabras. –Mejor dejar que
siga pensando que soy tan ingenua.
………………………………………….
-¡Hostias, macho! ¡Que era verdad!
-¿Qué era verdad el qué? –preguntó uno de los más jóvenes,
que no estaban al tanto de la conversación mantenida en la puerta de los
recreativos por el grupo de los más mayores que entes se juntaba allí con
ellos.
-¿Quién es ese pivón? –preguntó otro alucinado.
-La madre de Ernesto –respondió uno de aquellos.
-¡¿La madre de Ernesto?! ¡¿Ese pivón?!
-Y quiere follarse a Javi.
-¡Hala va! ¡La llevas guapa!
-Tío, tienes que cortarte –le aconsejó uno de los de su
edad, sin hacer caso de la excitación de los "nanos".
-¡Hala, vete a la playa¡ -exclamó uno de ellos- Javi, si
puedes follarte a ese pedazo de hembra y no lo haces, es que eres gilipollas.
El chaval pareció dudar. Miró al que le había aconsejado en
sentido contrario.
-Tiene razón –añadió inseguro.
-Ernesto es nuestro amigo.
-Lo es –intervino otro-. Y desde hace mucho. Pero esta
discusión es hipocresía por tu parte. Hace un rato estabas mirándole las tetas
como un muerto de hambre a Lorena. ¿Me vas a decir que si se te abriera de patas
no te la tirabas?
-No es lo mismo. Lorena es su hermana, no su madre.
-Vale, no es lo mismo. ¿Me vas a decir que si su madre se
te pusiera no te la tirabas?
El chaval no contestó.
-Javi, debes dejar el pabellón del grupo bien alto. Mañana
a las 7:00 aquí clavados.
………………………………………………
-Hola.
-Hola –contestó la explosiva rubia que tumbada en una
hamaca tomaba el sol en la piscina.
-¡Joder, tía! ¡Qué guapa eres!
La joven sonrió divertida, entrecerrándose un tanto sus
hermosos ojos verdes tras las gafas de sol. Se sintió extrañada, no por el
halago, sino por quien lo había efectuado.
-Muchas gracias, encanto. Tú también eres preciosa.
Lorena sonrió.
-No estoy mal, pero tú eres realmente preciosa.
-¡Ja, ja, ja! –rió deliciosamente la diosa teñida. -¿Te
gustan las mujeres?
-Un poco. Bueno, bastante –reconoció agachando la cabeza un
tanto cortada, y a la chica le pareció deliciosa.
-¿Qué haces por aquí? ¿Has venido a verme?
-No. Vivo aquí. En aquel bungalow –añadió girándose para
señalar. Bueno, en realidad no se ve, te lo tapa ese otro. Pero está de tras.
Estaba paseando el perro y no lo encontraba. Pensé que quizá estuviera aquí.
-No he visto ningún perro. Ni a ti tampoco te había visto
antes. Y también vivo aquí.
-Lo sé. Eres la nueva novia del buenorro del 12.
-¡Ja, ja, ja! ¿Conoces a José?
-No, pero mi madre no para de hablar de él. Y de ti. Dice
que sois dos quesos.
-¿Tu madre?
-Sí, bueno. Es bastante golfa, como yo.
-¡Ja, ja, ja! ¡Eres encantadora! Y, ¿es tan guapa como tú?
-Está tremenda. Es lo que dice todo el mundo. Tiene un par
de tetas…¡buuuff! No tan bonitas como las tuyas, por supuesto –afirmó señalando
con la mirada a los pequeños y perfectos pechos de la joven-, pero realmente
enormes. ¿Ves los míos?
-Veo, veo…¡a ver quien no!
-Pues los de ella son aún más grandes.
-Vaya…
No hacía falta tener ser capaz de leer el pensamiento, para
saber que la chica se estaba calentando.
-Y tan golfa como tú.
-¡Ja, ja, ja! –rió ahora Lorena. –Tened cuidado. Es un
verdadero putón, tened cuidado –bromeó. –Os ha echado el ojo. Con el vicio que
tiene, es capaz de colarse un día en vuestra casa para montárselo con los dos.
-¡Ja, ja ,ja! A lo mejor no estaría tan mal.
-Eso ya vosotros mismos. Ahora está pasando una
época…digamos difícil, con mi padre. La veo un tanto insegura. Pero en cualquier
momento le da por volver al ataque, y estáis en su punto de mira.
-Vaya, es bueno saberlo –aceptó la bella con una preciosa
sonrisa.
-Bueno, voy a continuar buscando al perro. Encantada de
conocerte.
-Igualmente. Y lo digo en serio.
-Yo también. Una cosa; no le digas a mi madre lo que hemos
hablado. No pasa nada, pero tampoco mola que me tome por "Celestina"..
- ¡Ja, ja, ja! No te preocupes, cielo.
-Vale. Adiós.
-Adiós, encanto.
De camino a la salida de la piscina, ya de espaldas, Lorena
sonrió. No mucha, pero bastante era la gente que en la urbanización comentaba
acerca de la atractiva pareja que desde hacía unos meses vivía en el 12. Un
mazizo moreno y una espectacular rubia de los que se comentaba eran un tanto
"liberales" en cuanto a su vida sexual, pero de los pocos en realidad sabían
algo a ciencia cierta de esa liberalidad. Y una de ellas era Lorena, aunque
procuraba mantener bien en secreto ese conocimiento. Una noche, tras conocer al
amigo de un amigo, un guapo turolense de unos veintitantos muy bien aprovechados
años, se había encargado este de llevarla de regreso a casa. Tras las consabidas
paradas que obligaba el deseo ante tan deseable ejemplar, habían llegado
finalmente a la verja.
-¿Aquí vives?
-Sí. ¿Por?
-¡Qué casualidad! Dios los cría y ellos se juntan.
-¿Por qué lo dices?
-Aquí vive una pareja de amigos míos. Ella es tan putón
como tú. Bueno, ambos lo son en realidad.
Le había hablado entonces de la afición de aquella pareja
por los intercambios, tríos y demás, tomando buena nota mental la muchacha de
aquello.
……………………………………………………
-Tío, ¿qué pasó ayer con mi madre?
-Nada. ¿Por qué lo dices? –preguntó a su vez el muchacho
temiendo haber metido la pata de alguna manera.
-¿La viste?
-S-sí.
-¿Y hablaste con ella?
-Sí, claro.
-¿Nada más?
-Nada más.
-Tío, pues no sé que le has dicho, pero la tienes
Supercachonda. ¿Estás en las piedras?
-N-no. Íbamos a ir para allá ahora.
Pues date prisa, que no veas como se ha vestido hoy. Va a
muerte.
……………………….....................................
-Hola Mercedes –le saludó saliéndole al camino Javi.
Inmediatamente, se puso tensa como las cuerdas de un barco. Había temido el
encuentro, teniendo la fatal certeza de que este se produciría, pero de alguna
manera también lo había deseado. Una mezcla de temor, vergüenza y morbo, que
conseguía excitarla turbándola. Vestía una minifalda con la que nunca debiera
haber accedido a la calle, pero ante cuya orden de ponérsela, increíblemente, no
había protestado. Era mejor pasar el mal trago cuanto antes, se decía a sí
misma. Siendo ya indecorosamente corta, le había metido aún más el dobladillo
Lorena dándole unos puntos, de forma que los cachetes de su culo quedaban
permanentemente expuestos, y debía andar bajándosela cada pocos pasos para que
no ocurriera lo mismo con la parte baja de su potorro. Arriba, simplemente una
camisa anudada y sin abrochar, que le obligaba a hacer verdaderos malabares para
evitar que sus enormes y libres melones se salieranal andar. Su aparición
había elevado un coro de exclamaciones en los muchachos al unísono, y Javi había
sentido temblarle las piernas en el momento de la verdad ante tan espectacular
hembra.
-Hola, Javi .contestó sonriente, intentando aparentar
tranquilidad.
-Vaya…hoy estás aún más buena que ayer.
Las palabras salieron con dificultad del cortado muchacho,
sonando insegura ese "buena", que había surgido en el último momento tras dudar
una fracción de segundo entre ella y guapa.
-Vaya, muchas gracias. Viniendo de un jovencito que promete
tanto como tú, es todo un halago –intentó jugar con el chico.
-¿Has pasado por aquí para verme?
-Bueno, sí…estaba paseando a Toby…y…
¡¿Pero que tonterías estaba diciendo?! Estaba nerviosa como
un pavo en Navidad, y no atinaba a pensar con claridad. No encontraba la forma
de salir del apuro y decía lo primero que sele ocurría. Y ocurría que, eso
primero que se le ocurría, era justo lo último que debiera decir. No sabía lo
que decía, y lo que decía era lo peor que podía decir ¡Quería que la tierra la
tragase!
-¡Uuuff!...¡vaya! –suspiró el chico visiblemente atorado,
tan cortado como ella. Estúpidamente, quedó absorto mirándole las tetas, y
Mercedes sintió una descarga eléctrica en su bajo vientre que la hizo humedecer.
-¡Venga pelma, que se te va! –gritó algún "gamba" de entre
los más jóvenes. Turbada como estaba, no acertó ella a entender la frase,
estando su cabeza como estaba en el limbo, pero sirvió para sacarla de su
estado.
-Javi, tengo prisa, he de irme. Dame un beso.
Igual que habían salido las palabras sin pensarlas, surgió
el acto de besar al chico como él había demandado extrañándole el día anterior,
ahora por su propia voluntad. Besó primero su mejilla derecha, y luego la
izquierda, quedándole involuntariamente los labios en la comisura de los del
joven. Aún más cortada por esto, salió de allí acelerando el paso. ¿Qué había
pasado? ¿Se le había escapado? ¿O quizá inconscientemente había llevado sus
labios allá donde realmente deseaba? ¿Realmente lo deseaba?
Por su parte, Javi tuvo unas palabras con el gamba, que
recibió una fenomenal bronca de todo el grupo y hubo de pedir perdón por su
metedura de pata avergonzado, y prometer que no volvería a ocurrir.
………………………………………….
-Tío, ¿se puede saber que pasa?
-¿Qué pasa ahora, Lorena? –preguntó Javi. No había pasado
aún una hora desde su encuentro con Mercedes.
-Tengo a mi madre en su dormitorio, tumbada en la cama y
metiéndose un plátano en el coño como si fuera lo último que va a hacer. Tío,
fóllatela o no te la folles, pero no me la calientes para nada. Es mi madre y no
te voy a consentir eso.
-No…de verdad Lorena. Me gusta mogollón tu madre, pero es
que no encuentro la forma de entrarle.
-¿Cómo que no encuentras la forma de entrarle? ¿Estaba mi
hermano por allí?
-No. Sebas y Jorge lo entretuvieron en otro lado.
- ¡Pues entonces a saco coño! ¡Tócale las tetas y dale un
morreo! ¿No ves que lo está deseando?
-¿Pero así…de golpe?
-¡Claro que de golpe, pareces bobo! Tío, que te lo está
poniendo en bandeja. Al final se va a cansar y va a pasar de ti.
-No te preocupes Lorena. De mañana no pasa.
…………………………………….
Por tercer día consecutivo, la vio acercarse desde
las casas abandonadas más allá del lateral de la iglesia. Vestía hoy una ligera
y vaporosa falda larga, acompañada de una bonita blusa bajo la cual se mecían
deliciosamente sus tetas. A pesar de no ser un atuendo tan provocador como el de
las veces anteriores, al muchacho le pareció infinitamente más sugerente y
erótico.
-Es la tuya, macho. A la tercera va la vencida. ¡A por
ella!
De nuevo, salió el chico a su encuentro, de nuevo como ella
había esperado y temido. Estaba confusa. Y lo estaba porque no estaba segura de
la naturaleza de su temor. No sabía si temía los avances del descarado muchacho
por que la colocaban en una situación difícil, o si lo que temía en realidad era
un deseo por él que quizá no se atrevía a admitir.
-Hola, Mercedes.
-Hola, Javi.
-Ven – le dijo tendiéndole la mano. No entendía a que venía
aquello, pero se sorprendió a sí misma aceptándola.
-¿Donde me llevas? –preguntó siguiéndole dócilmente tras
soltar el perro para que se diera un par de carreras solo. Sin decir ni media,
la guió así tomada hasta uno de los recodos traseros de la iglesia, protegidos
de las miradas indiscretas por una sección de muro que salía de la principal
para contribuir a definir la caseta donde ensayaban los chicos de la banda de
música. Allí, en la semipenumbra, la soltó para llevar directamente las manos
hasta sus tetas.
Nada más sentirlas en sus manos, sintió asimismo su
virilidad lanzarse contra la tela vaquera de su pantalón, haciéndole creer que
podía llegar a rasgarla en su ímpetu.
-Ja…Javi…-intentó protestar Mercedes, pero sin hacer ademán
de intentar retirárselas. Cerrando los ojos, apoyó la cabeza en la pared,
entreabriendo la boca para emitir un suspiro. Y el muchacho aprovechó el momento
para besarla. Fue algo fugaz. Mercedes pareció corresponder al beso, pero al
mismo tiempo este la devolvió a la realidad.
-¡No! –protestó sin mucha convicción –Por favor,
Javi…déjame ir.
Suplico que lo hiciera, a la vez que son sus manos lo
empujaba por el pecho suavemente hacia atrás, porque sentía su voluntad muy
débil y a punto de derrumbarse definitivamente. El chico, en una muestra de
hombría que muchos adultos envidiarían, supo entonces entenderlo echándose
atrás. Mercedes lo miró a los ojos, y vio en ellos reflejarse la luz de los
primeros faroles que saludaban a la noche recién caída. Dudó. Y supo que, si no
huía en ese mismo instante, si se demoraba un segundo más, ya no tendría fuerza
de voluntad para hacerlo. Con paso apresurado y nervioso, salió al campo de
nuevo.
-¡Toby! ¡Vamos, Toby! ¡Hay que volver a casa!
……………………………………………..
Mercedes llegó a su casa llorando. Abrió la puerta de la
calle, y se encontró con su hija en el sofá, viendo la televisión. Desde arriba,
llegaban los sonidos de Ernesto dedicado a algún juego en el ordenador.
-Hola, mamá.
La miró con sus ojos vidriosos, acusadora. ¿Qué clase de
demonio era aquel que había engendrado? -No te preocupes, mamá. No vamos a
obligarte a hacer nada que no desees". Las palabras volvían ahora a su cabeza
como traídas por un cavernoso eco. No, no había faltado la niña a su palabra de
no obligarla a hacer nada en contra de su deseo, pero aquello que estaba
haciendo con ella era mil veces peor. La estaba obligando a situarse en la
posiciónde máxima debilidad posible, para enfrentarse a sus propios demonios
internos. "Será solo un juego". Sí, solo un juego. Pero el juego del Diablo.
-¿Qué ocurre, mamá? –preguntó preocupada.
-Nada –contestó Mercedes altiva. – "Siento" comunicártelo,
pero no ocurre, ni ha ocurrido nada. Tu plan ha fallado.
Lorena se sintió dolida al ser consciente del propio
sufrimiento de su madre.
-Mañana volveré a pasear por detrás de la iglesia. Y
pasado. Todos los días que queráis, incluso desnuda si es lo que me pedís. Estoy
en vuestras manos hasta que esto termine, y cumpliré lo que me digáis. Y lo haré
con entereza, no dudéis de ello. Esforzaos todo lo que podáis, pero novais a
conseguir de mí lo que deseáis. Eso sí, espero que cumpláis con vuestra parte
una vez haya pasado vuestras estúpidas pruebas. Espero que no me defraudéis. Es
decir, si es posible hacerlo aún más.
……………………………