Mi nombre es Isabel, en el momento del relato yo tenía 22
años y estaba por terminar la licenciatura en economía en Piura, Perú.
En este sitio, todas las chicas son hermosas, en mi caso
quizás no sea la mas bella, pero mi cuerpo 86-56-90 sin duda atrae las miradas y
los comentarios de los caballeros.
En aquel entonces la empresa donde trabajaba mi padre se vio
en la necesidad de cerrar sus puertas y de esta forma mi papá quedó desempleado.
Esto trajo como consecuencia que los ingresos en casa se vieran mermados. Mi
madre se dedicaba al hogar y mis 3 hermanos aún eran muy pequeños. Es decir, era
necesario que yo trabajará.
Todos los días dedicaba un tiempo a buscar empleo, y en uno
de esos días no me di cuenta del tiempo y llegué un poco tarde a mi clase
favorita: Econometría.
Era tal mi dedicación que al profesor le extraño mi retardo,
y al finalizar la clase me pregunto acerca de ello. Le explique de mi necesidad
de encontrar trabajo. Me sonrió, tomo una hoja de papel, escribió algo en ella y
me la dio. En el venía escrita una dirección, el nombre de una persona: Oscar y
una hora. Me dijo: "No Faltes"
Me presente al día siguiente, me atendió el tal Oscar quien
ya estaba enterado de mi visita. Después de explicarme la mecánica del trabajo
que consistía en hacer análisis estadísticos de bases de datos proporcionadas
por los clientes o incluso tomadas por este mismo despacho, se hace un reporte
con el resumen de las cifras encontradas. No existía una hora de entrada y otra
de salida puesto que todos los que trabajaban ahí eran estudiantes, la idea era
que los proyectos se terminaran en su fecha.
Al día siguiente comencé la aventura. Me presentaron con todo
el equipo formado por, Iñigo un muchacho alto con bastante sobrepeso, Daniel un
fornido y feo muchacho, Arturo, un prieto, gordo que además me miraba de una
forma realmente incomoda y dos chicas, Carmen, una delgada y morena muchacha y
Tanya, una rubia con unos kilitos de mas.
Trabajar ahí era agradable, lo único que era molesto era
sentir las miradas de Arturo y el como en ciertos momentos se me acercaba por
cualquier pretexto y me rozaba.
Cerca de tres semanas después de que empecé a trabajar en el
despacho presente un examen, por lo que llegué tarde a la oficina, pasadas las
cuatro de la tarde. Cuando llegué Oscar me esperaba un poco desesperado. Me
dijo: "Isabel, habló hoy un cliente, mañana tiene una presentación de emergencia
en su oficina para ciertos directores y piden un análisis de los datos que hay
en este disco. Necesitamos los reportes para mañana en la mañana sin falta, es
nuestro cliente mas importante."
Me puse de inmediato a trabajar con ellos, los datos eran
demasiados, yo calculaba alrededor de 6 horas para terminar esto.
A las seis y media de la tarde solo quedábamos en la oficina
Arturo y yo. Yo iba un poco retrasada dado que las bases de datos venían muy
confusas e incluso con datos faltantes que había que pronosticar o preguntar vía
telefónica.
A las ocho de la noche volví a calcular cuanto tiempo me
faltaba, en teoría eran tres horas, mas después de revisar mi avance y lo que
faltaba, mi hora estimada para terminar era la una de la mañana.
Poco antes de que dieran las ocho y media, sonó el teléfono y
contesto Arturo, luego de hablar cerca de 30 segundos, colgó la bocina, se
acerco y me pidió que salvara mi información pues iban a cortar la luz unos
instantes.
Así lo hice, y cuando ya habían pasado más de quince minutos
le pregunte a Arturo cuanto tiempo más iban a tomar, a lo que me respondió muy
seguro de si mismo: "Otros quince minutos por lo menos".
Eso me iba a retrasar más. Fue tal mi desesperación que baje
con el portero del edificio a ver que pasaba con la luz. Poco antes de llegar al
piso donde este se encontraba, la luz volvió y regrese como bala a la oficina y
seguí con todas mis ganas trabajando en el proyecto.
Para esto, ya había hablado a mis papas de llegar tarde. En
principio se opusieron a que llegara después de la una de la mañana, pero
después de explicarles la importancia del proyecto, me apoyaron. Estaba en
riesgo perder al cliente que podría traducirse en mi despido.
A las diez de la noche, me di cuenta que no había avanzado
mucho y eso me desesperó. Como haciendo otra cosa me acerque a Arturo para ver
que hacía. El señor estaba jugando buscaminas en su PC, lo cuál me dio mucha
rabia. Me regresé a mi lugar y me pregunté porque no pedir ayuda a este baboso.
Me puse de pie y me acerque a su escritorio, tan pronto
estuve casi enfrente de el, le dije: "Arturo, ¿te importaría ayudarme a terminar
esto?".
Arturo de la forma mas despectiva que había yo oído me
respondió: "Ese no es mi problema".
Fue tal su contestación que me retire enojada a mi lugar,
después de 15 minutos me di cuenta que mi mente estaba en blanco, no avanzaba.
Pensé en llamar a Oscar, pero sentí que habría sido algo realmente humillante
para mi y la falta de confianza que hubiera habido con el.
Me arme de valor, me puse de pie nuevamente y fui en busca de
Arturo y le volví a pedir en un tono un poco mas desesperado, que por favor me
ayudará. El, ya con un tono mas relajado, me dijo: "Mira Isabel, la verdad ahora
ya estoy descansando y pensaba irme en unos minutos". Sin embargo, tenía que
agotar esperanzas y dije esas palabras mágicas: "Pídeme lo que quieras, pero
ayúdame".
Sus ojos se abrieron de forma inmediata, me miro de arriba
abajo tomándose su tiempo en ciertas partes del cuerpo para después preguntarme:
"¿Lo que quiera?. Y yo todavía tonta le digo: "si". Entonces el se hecho para
atrás en su silla y con los brazos cruzados atrás de su nuca me dijo: "Ok, pues
quiero verte desnuda".
Jamás me esperé algo así, por lo que le grite una bola de
groserías y luego me fui a sentar en mi silla. Seguí trabajando y el seguía
jugando en su PC como si nada hubiera pasado. Cuando ya eran las nueve y media
de la noche y que mi desesperación estaba cada vez mas grave, apago su
computadora, cerro sus cajones y tomo su mochila para disponerse a salir de la
oficina. Si se iba estaba yo pérdida, no había quien me ayudara.
Me puse de pie y antes de que llegara el a la puerta, le
señale un sillón. Arturo se sentó. Me puse frente a el, me retire los zapatos y
empecé a desabotonar mi camisa. Con esta totalmente desabrochada la puse sobre
una silla. Luego, empecé a retirarme una blusa que en cuanto acompaño en el
asiento a la camisa, Arturo podía observar a la perfección mi brassiere. El no
perdía detalle, pero se veía que ansiaba ver más allá. Me desabroche el cinturón
y el pantalón y comencé a deslizarlo lentamente recreándome con su mirada,
primero se dejaron ver mis cadera, mis muslos y por último prácticamente todo mi
cuerpo.
Solo tenía encima en ese momento mi sujetador y mis
pantaletas. Esperando me dijera que hasta ahí era suficiente y ¿que necesitaba?
me quede sin hacer nada, pero el tipo ni se inmuto y solo me veía al cuerpo y
luego a mi cara esperando mi siguiente reacción.
Como vi que el tipo no reaccionaba, me puse de espaldas,
dejándole observar mi trasero que dado mis calzones de short que uso, aún dejaba
a su imaginación lo que ocultaban. De espaldas a el, me desabroche el sujetador,
y después de retirarlo y ponerlo junto con el resto de la ropa me volví a poner
frente a el poniendo mis manos sobre mi pecho. Su mirada era de expectación. Me
arme de valor y lentamente fui bajando ambas manos a la cintura para que pudiera
ver en todo su esplendor mi pecho con mi cintura y aún mis pantaletas.
Los únicos rasgos de vida en el en ese momento era el sudor
de su frente y la pequeña mancha en sus pantalones de mezclilla, justo en la
parte de la entrepierna. Nada decía. Le pregunte si hasta ahí estaba bien, pero
no me contesto, pensé que su respuesta era negativa.
No sabía si seguir, pero pensé, si llegue hasta aquí, mejor
le sigo. Me puse de perfil a el y empecé a bajar mi última prenda hasta llegar
hasta los tobillos y luego arrojarlos con un poco de mala puntería con el resto
de las prendas. Me puse frente a el, y ya sin inhibiciones mostrando mi coño. Me
daba vueltas lentamente para que se recreara el tipo con la vista viendo mi
cuerpo en su totalidad.
Y así desnuda, me acerque a el un poco quizás a un metro de
el, y le pregunte si me iba a ayudar. Por fin despertó de su letargo y sin
quitar su mirada de mi cuerpo me pregunto: ¿Y porqué?. Le dije lo que me había
pedido y lo que necesitaba, lo que me dijo, etc., etc. Estaba yo sintiéndome
humillada por este intento de humano. Entonces un poco mas tranquilo y
visiblemente excitado con mi cuerpo desnudo a unos pasos de el me dijo: "Eso fue
hace casi media hora, me rechazaste y me insultaste, creó que tengo derecho a
pedir algo mas de lo que originalmente había solicitado".
Me dieron ganas de llorar, más en medio de mi lloriqueo me
atreví a preguntarle que mas quería.
Su respuesta fue sencilla, pero no por ello, agradable.
"Quiero que te dejes tocar, ya sea con mis manos, mi lengua o lo que sea por
digamos, quince minutos". Entonces le pregunte "si eso era todo". Con su cabeza
me contesto afirmativamente.
Respire profundamente, y pregunte por el lugar donde quería
que me pusiera, me señalo un sillón, me fui acercando hacia el y cuando estaba
por sentarme en el mueble, Arturo me pidió que esperara, me mantuve cerca y el
con una serie de movimientos me hizo ver que el sillón se hacia cama.
Ya hecha la cama, me indicó que me recostara, tan pronto lo
hice, empecé a sentir sus manos por mi cuerpo. Yo estaba muy nerviosa, para nada
era placer lo que sentía en ese momento. Cerré mis ojos e intente pensar en
cualquier cosa que me evitara, pero era imposible.
Sus manos recorrían principalmente mis senos, mi coño, mis
piernas, su lengua recorría mi abdomen, en ocasiones subía hasta mis pezones. Yo
solo abría los ojos para mirar el reloj y mirar de esta forma el tiempo que le
quedaba, pero evite en todo momento verlo a el. A veces me movía de forma que mi
trasero quedara a su disposición, me lo pellizcaba, me lo agarraba, me lo
mordía, besaba, etc. De pronto hubo una pausa, mire mi reloj, y aun le quedaban
mas de siete minutos, y pensé, quizás al ver que no coopero lo suficiente ha
desistido y ya me va a ayudar. Pero aún no había yo terminado de pensar aquello
cuando volví a sentir sus manos, en esta ocasión me separaban las piernas, deje
que lo hiciera y empecé a sentir en un principio sus dedos pero pronto cambió a
la lengua. El tipo definitivamente no ha tenido muchas sesiones como estas
puesto que no sabía ni que hacer y quedaba claro que placer no sentía, eso me
recordó a Gerardo mi último novio de quien me separe por un empleo que el
recibió en España. El si que me hacía sentir bien desde el principio hasta el
final. Empecé a recordar la primer a vez que nos acariciamos, la primera vez que
hicimos el amor, el como me comía el mi cuerpo, y recordando aquello empezó a
llegar a mi una pequeña excitación.
Pensando eso, perdí la noción del tiempo, mientras el tipo
seguía jugando en mi coño y sus manos estaban bien sujetas de mis pechos. Me
jalo un poco hacia el borde de la cama, imagine yo para mayor comodidad de el y
siguió con su rito.
Dejo de lamerme el coño y volví a sentir su mano, sus dedos
se introducían en ciertos momentos, no había aun mucha lubricación pero su
saliva había ayudado. Pensando que seguía jugando con sus dedos introduciéndolos
y demás, volví a mirar mi reloj, solo quedaba un minuto, eso me relajo, pensando
que ya iba a terminar. De pronto sentí que uno de sus dedos se introducía un
poco mas de la cuenta en mi coño, pero de pronto, además de ello sentí como sus
manos me tomaban de las pompas, reaccione, me quise poner de pie, obviamente
abrí los ojos y lo vi completamente desnudo penetrándome con su pene, quise
separarme pero no me lo permitió, y no solo eso sino que se recostó encima de
mi, sin sacar el pene de mi coño y empezó a violarme violentamente, lagrimas
empezaron a salir de mis ojos, y gritos de mi boca, mis manos golpeaban
violentamente a este imbecil, que de pronto me volteo a ver, intento besar mis
labios, cosa que no permití y después se corrió dentro de mi vagina.
Mis gritos hicieron efecto, alguien llegó a la puerta de la
oficina e intentaba abrir. El edificio es de puras oficinas, ya era tarde,
quizás era el portero que me ayudaría a separarme de el, le daría su merecido.
Por fin encontró la llave el de afuera y se metió a la oficina, viéndome
completamente desnuda, con semen saliendo de mi coño y Arturo parado enfrente de
mí. El hombre no sabía que pensar ante tal escena. El tendría unos 35 años, con
bigote, y se caracterizaba por un muy mal olor.
Le pedí ayuda, le dije que Arturo me había violado. Después
Arturo se sonrió con el portero y este último hizo algo que me dejo fría, se
desabrocho el pantalón, y se saco de su calzón su miembro, para después correr
hacia mi, me empezó a besar y lamer por todas partes, yo desesperada lo
golpeaba, Arturo me detuvo las manos, pero mis piernas seguían defendiéndome, el
portero ya desesperado por mis patadas me dio un golpe en el estomago que me
hizo perder el aire, en ese momento me abrió las piernas y me introdujo su pene
ya sin mas problemas, la única diferencia de este hombre es que cuando esta
próximo a venirse, saco el pene de mi vagina, se paro en la cama y se vino justo
donde estaba mi cara, llenándome todo de semen, cerrando mis ojos y mi boca.
Luego de eso, de la mano me llevaron al baño y me dieron mi
ropa, vomite en varias ocasiones, me lave con agua todo mi cuerpo y luego me
vestí. Pero antes de salir, pensé que iba a hacer, un hecho es que iba a
renunciar a ese trabajo, pero lo que mas me molestaba en la mente era si iba a
denunciar a estos tipos. Luego de mucho pensarlo, decidí denunciarlos. Salí muy
segura de mi mismo, el portero ya no estaba y Arturo estaba en mi computadora
trabajando.
Cuando llegué a mi lugar, el tipo estaba simplemente llenando
huecos de un archivo. Es decir, el tipo ya tenía hecho mi trabajo. Sin decir
nada, tome mis cosas y me dispuse a salir, no sin antes dejar un recado en el
escritorio de Oscar renunciando. Cuando estaba por abrir la puerta y salir,
Arturo me dijo: "Antes de irte, necesitas ver esto". No hice caso, abrí la
puerta, y el movió el monitor de la computadora de forma que pudiera ver un
video, y en cuanto me voltee para cerrar la puerta, el video que había en
pantalla era de ahí mismo, y la que estaba en el video era yo desnudándome. Me
acerque mirando con cara de asco a Arturo y me dijo: "Tu crees que lo que hubo
hoy aquí fue una violación, aquí hay una chica pidiéndome que me siente y
desnudándose frente a mi, yo creo que esto fue sexo consentido."
Si lo denunciaba no solo iba a perder sino además ese video
iba a salir a la luz y mi humillación hubiera sido peor. Me fui, a lo lejos
escuche si no quería yo conservar el video. No le tome importancia.
Llegué a mi casa, les dije que renuncié, al día siguiente me
di de baja de la universidad, cosa que a mis padres cayo por sorpresa y
desilusión, trabajé en otro lado mientras papá encontraba trabajo, encontró, mi
mamá también pudo localizar algún ingreso y junte dinero y me aventure a irme a
España. Sabía de parte de la mamá de Gerardo la dirección y llegue a Pamplona a
buscarlo. Esa tarde toque a su puerta y fue realmente agradable la sorpresa para
ambos.
Hoy estamos casados Gerardo y yo, y tenemos dos hijos
maravillosos. Obviamente le confesé lo que me había sucedido y fue el propio
Gerardo el que me apoyo para poner el relato en este sitio.
Gracias