Cuando cumplí dieciocho años, supe que me tendría que ir del
pueblo ya que no podía soportar mas el insulto, la discriminación, la burla.
Había terminado el secundario y nada me detendría. Mis padres no hicieron nada
para detenerme, ya que sería un alivio, también, para ellos.
Así que ese día tome todo lo que me entraba en la valija,
unos pesos que me dieron mis padres y me tomé un ómnibus para la Capital.
Nunca había salido de mi pueblo así que al llegar a la
Terminal me sentí mas pequeña, ya que nunca había visto tanta gente junta. En
esa estación había más personas que en mi pueblo de apenas quinientos
habitantes.
Mi estadía en Buenos Aires empezó mal ya que apenas salí de
la estación me robaron la valija. Y allí estaba yo con poco dinero y sin conocer
a nadie que me pueda ayudar. Eran las tres de la tarde y no sabía que hacer. Me
puse a llorar. Caminaba y lloraba, sin saber muy bien que hacer… En una plaza me
senté en un banco, no daba mas y no quería seguir así, quería calmarme para
poder pensar Cuando un señor de unos cuarenta años sesentó a mi lado.
- ¿Qué te pasó?
- Me robaron todo, - contesté yo, sin importarme nada.
- ¿De dónde sos?
- De San Javier, Santa Fe.
- ¿Y aquí, donde vives?
- Acabo de llegar y no conozco a nadie. – Y me largué a
llorar nuevamente.
- Me llamo Fernando ¿y vos?
- Jaquelín.
Me tranquilizó y me invitó a comer algo en un bar, ya que yo
estaba hambrienta. Nunca me habían tratado así, todos en mi pueblo no hacían
otra cosa que burlarse o maltratarme, así que acepté. Además el tipo parecía muy
amable, educado y no parecía tener otra intención que de ayudarme… A demás en el
estado y el aspecto que yo tenía no era una presa muy tentadora.
Comí dos porciones de pizza y una coca, mientras charlábamos
y buscábamos una solución a mi problema. Para colmo se larga a llover, yo no
quería salir mas de ese bar, hasta pensé en ofrecerme para trabajar de moza en
él. Pero Fernando lo deshecho, ya que yo era menor y parecía una menor, por lo
tanto, no podría trabajar.
Las posibilidades no eran muchas, se había hecho tarde y
escaseaban las salidas para mi problema…
- Esta noche la pasarás en casa y mañana veremos que pasa. –
Me dijo eso y la verdad es que fue la primera vez que me sentí un poco mas
tranquila.
- Gracias, trataré de no molestarlo.
- Me puedes tutear.
- Lo intentaré.
Tomamos un colectivo y viajamos sin hablar casi una hora,
Luego caminamos dos cuadras y entramos en una pequeña casa. Fernando parecía una
persona muy popular en su barrio ya que no dejaba de saludar a sus vecinos y
nadie me prestaba la atención.
La casa constaba de una sala grande una cocina, un baño y un
pequeño patio y todo estaba bastante desordenado y venido a menos.
- Disculpa el desorden es que vivo solo y no siempre llego a
casa con deseos de ordenar.
En ese momento para mí, eso era un palacio.
- Hoy dormirás en el sofá, me entregó unas sábanas y una
frazada y con un almohadón improvisamos una almohada. Me prestó una remera suya,
larga para que use de camisón.
- Me puedo bañar, es que hace…- me interrumpió.
Por supuesto, allí encontrarás una toalla limpia.
Me encerré en el baño y me sentí a salvo. ¿A salvo de qué? No
tenía miedo, es que cuando sentí el agua caliente sobre mi cuerpo respiré con
alivio. Usé su shampoo. Para salir me anudé la toalla al pelo para no mojar la
remera, que me quedaba enorme, de largo me tapaba hasta las rodillas y sus
mangas que eran cortas me llegaban más allá del codo. No tenía bombacha, ya que
la había lavado.
Cuando salí del baño Fernando había terminado de hacer mi
cama y se preparaba para beber un vaso de vino. Me ofreció un trago y así
tomamos sin hablar. Cuando terminó, se levantó y me dijo:
- Me voy a acostar, mañana veremos que hacemos. ¿Estás bien?
- Si. – le contesté
- Chau, buenas noches.
- Buenas noches.
Cuando desperté, no sabía donde me encontraba, fui haciendo
memoria y en eso encuentro una nota. Me fui a trabajar, te llamo al medio día,
Fernando.
Eran las diez de la mañana. Fui a baño a buscar mi bombacha,
y no estaba donde la había dejado, la busque por el baño, era evidente que él se
había bañado y la había sacado de la canilla, que era donde yo la había dejado…
Me dio vergüenza. La encontré en el patio colgada al lado de su calzoncillo,
entre sus medias.
Me preparé un café instantáneo y decidí que en forma de pago
por haberme ayudado, iba a ordenar la casa.
Lavé los platos, hice su cama, ordené el baño, barrí toda la
casa. Pasé un trapo con desinfectante que dejó toda la casa con olor a limpio.
Descubrí un mini componente y puse la radio, la música pareció embellecer todos
los ambientes, pero yo parecía una cenicienta. Mi vestido parecía un trapito. Lo
humedecí un poco y lo estiré bien, ya que no encontré una plancha. Lo colgué en
la soga, para que el sol le diera nueva vida.
Pero así buscando encontré un canasto que tenía ropa sucia,
mas la que había encontrado en la su pieza, pensé que podría lavarla y así lo
hice---
En una pileta que había en el patio y aprovechando que el sol
pegaba fuerte. Me puse a lavar… por suerte había jabón y una palangana para
dejarla reposar.
Estaba yo en eso cuando siento el teléfono, Miro la hora en
el reloj del equipo, eran las trece y quince.
- Hola - dije tímidamente, solo había hablado por teléfono
dos veces en mi vida.
- ¿Jaquelín?
- Hola Fernando ¿Como le va?
- Bien… ¿Estás bien?
- Si, gracias. – No quería decirle mucho ya que sería una
sorpresa con la casa bien linda.
- ¿Estás aburrida?
- No, puse la radio.
- Voy a estar por allá a eso de las cinco y media, ¿Está
bien?
- Si, claro
- ¿Estás segura que estás bien?
- Si, no se preocupe.
Bueno… cuando llegue, hablamos ¿Si?
- Si.
Cortamos y yo me recosté en el sofá. Luego terminé de lavar y
colgar su ropa limpia, me preparé un sándwich con un poco de fiambre que había
en la heladera y me tiré en su cama a ver televisión…
A eso de las cinco me empecé a vestir, me puse la bombacha,
el vestidito.
Encontré una crema para manos y me la pasé por todo el
cuerpo, no tenía un sepillo para mi pelo que estaba muy rebelde, así que me lo
mojé un poco y con los dedos traté de desenredármelo, hasta que quedó de forma
aceptable… no tenía nada para maquillarme y que me resigné.
Descolgué toda la ropa que había lavado por la mañana. La
verdad es que el aspecto de la casa había mejorado mucho.
Cuando llegó yo estaba tomando un mate y lo convidé, sin
darle tiempo a que pueda decir nada.
Después del segundo mate, se dio cuenta del orden y la
limpieza de la casa.
- Te pasaste todo el día trabajando, - Me dijo – Como voy a
hacer para pagarte.
- ¿Pagarme usted a mí…? ¿Y yo como le pago a usted, todo lo
que me ofreció sin conocerme? – nos reímos los dos. Fue hasta su cuarto y
encontró la ropa limpia y doblada…
- ¡Estás loca! Lavaste toda mi ropa…
- Estaba aburrida.
- Me tendría que casar con vos… - Nos volvimos a reír y él
cerro la puerta para cambiarse. Se sacó la ropa de trabajo y se puso una remera
que yo había lavado y un pantalón.
- ¿Sabés que día es hoy?
- No tengo idea
- Hoy es viernes, así que nos podemos dar el lujo de ir a la
parrilla de José y comernos un buen pedazo de carne…
Tomamos unos mates más y a eso de las ocho salimos de la casa
rumbo a la parrilla. Allí Fernando era como el dueño del lugar, todos lo
saludaban y me saludaban a mí, nos sentamos en una meas para dos y él pidió un
vino y una porción de asado para dos y papas fritas. Comimos mientras todos
hablaban de mesa en mesa, sin que yo pudiera decir nada, hasta que llegó la
pregunta tan temida por mí.
- Y decime, Fernando. ¿Quién es esa muchachita tan linda que
te acompaña?
- Ella es Jaquelín, mi sobrina del campo. – Yo me puse
colorada y esperaba que alguien le preguntara algo más. Pero eso no pasó… al
terminar pagó y nos fuimos a su casa. En el camino lo inerrogué-
- ¿Por qué dijo eso?
- ¿Qué dije?
- Que yo era su sobrina.
- ¿Y que querés que les diga? ¿Qué sos una nena que me
encontré en una plaza? ¿Qué estoy viviendo con una menor? Yo no quiero ir preso.
Lo abracé y le pedí perdón. Él se dejó abrazar y así llegamos
hasta la casa.
La verdad es que era la primera vez que caminaba con un
hombre abrazada. Un sentimiento fuerte recorrió todo mi cuerpo.
En su casa, el clima había cambiado fue a la heladera, sacó
el vino y se sirvió un vaso, se dio cuenta que no me había ofrecido y me pidió
perdón, mientras sacaba un baso y me lo servía…
- Perdón
- No, tenés porque pedirme perdón.
- Es que recién te contesté mal.
- La culpa es mía por el planteo que te hice… Y me acerqué
nuevamente y me colgué de su cuello, en un abrazo mas jugado. Fernando primero
quiso soltarse y después contestó a mi abrazo apretándome a su cuerpo. Nos
quedamos así por varios segundos y allí sentí que todo había cambiado… él no me
miraba a los ojos, como antes y bebía su vaso, como si fuera un autómata. Me
senté a su lado y levanté su quijada con mi mano, hasta que sus ojos se cruzaron
con los míos.
- ¿Qué pasa? ¿Estás enojado?
- No.
- ¿Y entonces?
- Nada. – y se rió. Yo me acerqué a él y lo besé en los
labios. ÉL cerró sus ojos y se dejó besar. Le di uno, le di dos y en el tercero
mi lengua buscó la suya. Se resistió un instante pero luego su lengua inundó mi
boca y sus brazos me estrecharon en un largo y fuerte beso.
Yo estaba tan loca que no sabía que iba a pasar si esto
seguía avanzando. No pensaba, solo sentía, lo que era estar con un hombre de
verdad, ya que todas mis experiencias, nunca habían pasado de los besos y de
alguna vez que le he, mamado la verga a un cabo en la comisaría de mi pueblo.
Pese a mi aspecto era virgen. ¿Y si se ponía violento? Todo esto lo pensaba,
pero no me inhibía de seguir besándolo y acariciándolo con placer.
Me alzó y me llevó hasta su pieza. Entre besos y caricias
logré desabrocharle el cinturón y me ayudó a bajarle el pantalón. Su pija saltó
hacia mí. Era bastante grande, la manoseé unos instantes, su olor me terminó de
seducir. Pasé mi lengua por su cabeza, lo miré a los ojos y vi en su mirada algo
de morbo. Tomó con su mano mi nuca y la empujó para que yo me tragara su pedazo
entero. Sentía como latía dentro de mi boca, entre gemidos de placer y
movimientos de espasmos. Cuando sentí que estaba por acabar me la saqué de la
boca. Me fui hasta su boca y lo besé, dándole a probar los restos de su líquido
pre-seminal. No tuvo reparos en compartir conmigo ese sabor y eso me
envalentonó. Ya estaba jugada, no había escapatoria. Me alejé unos centímetros
de él y me saqué el vestido, quedándome en bombacha y zapatos. Fernando me
miraba atónito. Y sus manos buscaron mis pequeños pechos. Pellizcaba mis
tetillas y los amasaba con las palmas de sus manos. Yo estaba a mil y era ahora
o nunca. Él estaba muy entusiasmado, acariciándome, cuando empecé a bajarme la
bombacha.
Mi pequeño pene de nueve centímetros, estaba erguido, como
nunca. En eso siento que él se queda helado, petrificado, paralizado. Y yo pensé
que no podía dejarlo pensar…
- ¿Me lo chupas? – Fernando, no reaccionaba, Tomé su mano y
le besé la palma, luego la llevé a mi pequeño clítoris. Él la quitó por
instinto… y le insistí. – ¿No me la querés tocar? Porfi. - Le dije con mi voz
mas sensual y tierna que podía tener.
Los ojos de él no dejaba de mirar mi entrepierna y su mano
derecha se dirigió a mi pijita. Me lo tocaba como si nunca hubiera visto un
pene, como una nena que descubre que los nenes tienen pito. Como ya les había
dicho, mi verga parada no alcanzaba a los diez centímetros y se perdía en su
mano, Su dedo índice era mayor a mi clítoris. Que se lo llevara a la boca era
cuestión de segundos y así fue, jugó con el con su lengua, lamiéndolo como a un
helado y luego lo hizo desaparecer en su boca. Succionaba y me hacía sentir
mucho placer. Luego me empezó a lamer el culito. Él estaba realmente caliente,
sabía que en la mesita de luz tenía forros, así que mientras me dilataba el ano
con su lengua estiré mi brazo y busque la cajita. Estaba vacía. Un dedo jugaba
dentro de mi ano y deliraba de placer, cuando colocó su verga en la puerta de mi
culo, no puse reparos… iba a ser mi primera vez y sentir sus semen dentro, sería
hermoso.
El dolor que me hizo sentir, fue incalculable, me dolía tanto
que Fernando estuvo a punto de desistir.
- No tenés alguna crema, o vaselina. –le pedí.
- ¿Nunca lo hiciste?
- Es mi primera vez.
Una vez que tenía un hombre que me tratara bien y que me
diera ayuda desinteresada era para no perderlo. Nunca imaginé que un hombre así
me iba a desvirgar.
En segundos volvió con el pote de crema que había usado esa
mañana, Me untó la zona y luego su verga. Me puso nuevamente en posición y lo
volvió a intentar, esta vez con más suerte ya que mi esfínter cedió y el dolor
no fue tan intenso. La sentía resbalar dentro de mí, llenándome toda.
Una vez que estuvo totalmente ensartada, se retiró un poco y
evolvió a entrar toda, y así dos o tres veces y fue allí que sentí eso que todos
hablan… Un cosquilleo intenso que me nacía desde la base de mi pene y al moverse
me hacía gritar de placer. Sus movimientos se hacían mas fuertes y frecuentes y
mi placer se multiplicaba… pero no fue un orgasmo total hasta que sentí como su
leche escapaba de su pene y me calentaba las entrañas.
Él suspiraba de placer y repetía mi nombre y yo movía mi cola
para que ese placer no terminara nunca. Pero su pene fue bajando su intensidad
hasta que salió solo de mí.
Nos dejamos caer en la cama, Fernando no dejaba de
acariciarme y decirme cosas lindas… y yo me estaba enamorando de ese hombre…
Esa noche dormimos juntos entre abrazos y caricias…