Siempre ha habido la tendencia a imaginarse que ocurre en los
seminarios donde se forman los sacerdotes y en los conventos donde viven las
monjas en relación con el sexo, pues le contaré mi historia, luego de 6 años de
vivir en varios seminarios de Caracas.
Cierta noche, que tenía mucho que estudiar, salí de mi
habitación a relajarme un poco para continuar estudiando, eran como las 2:00
a.m., y caminando por unos de los pasillos, vi varias sombras que iban hacia la
lavandería, me llamó la atención, pero también me imagine que era lo que hacían.
Baje en silencio detrás de ellos y como la lavandería tenía una ventana que daba
a la cancha me asomé por allí, cuando no es mi sorpresa que vi al vice-rector,
con el guevo de uno de los seminaristas mas alto y corpuloso del seminario, Luis
Manuel, en la boca dándole tremenda mamada. Aunque estaba lejos, el guevo de
Luis se dejaba ver como de 25 cm por lo menos, y junto a él estaban dos
seminaristas más, uno le mamaba el culo y el otro le pasaba su enorme guevo por
todo el cuerpo.
De repente, Luis se lo sacó de la boca, lo volteó y le clavo
ese miembro en el culo de una vez. El Padre hizo un gesto de dolor momentáneo,
pero al instante empezó a moverse como loco, lo que me dejó entrever que ya ese
culo estaba adaptado a meterse ese inmenso miembro, los otros dos seminaristas
empezaron a mamarse en un perfecto 69 y luego uno de ellos se lo clavó al otro,
haciéndolo gemir fuertemente de dolor. Mientras a mí, con mis 22 cm de guevo,
parecía que iba a romper el mono que cargaba, en ese momento acabaron como unos
locos, revolcándose por el piso de la lavandería, entonces decidí irme antes de
que se dieran cuenta de mi presencia. Pude observar este hecho en tres
oportunidades. Un día, se lo comenté a uno de mis amigos, el cual por cierto, me
gustaba muchísimo. Él me dijo que lo sabía, y que no solo pasaba allí sino
también en la sacristía, que estaba detrás de la capilla.
Nos fuimos a mi cuarto, y él me empezó a contar los momentos
que había pasado y cómo a él se lo había cogido hasta el Rector, que según dijo
tiene un guevo chiquito, pero el tipo está como quiere. Me dijo que me tenía
ganas desde que empezamos a estudiar juntos y si dejaba que me tocara ese
inmenso guevo que ya tenía más que parado. Le dije que sí, y me quité el mono,
él se quitó la franelilla que tenía y el bóxer y de inmediato empezó a mamarme
el guevo de una forma maravillosa, su lengua era increíble y cada vez que lo
chupaba parecía que me sacaba el alma. Lo volteé hasta que su culo me quedó
cerca de mi boca y le di una mamada que lo hizo gemir fuertemente en varias
ocasiones, hasta que él mismo me pidió que se lo metiera, que no aguantaba más.
Así que lo acomodé y de un solo trancaso le metí toda mi verga, su culo era
riquísimo, calientito, no hizo el menor gesto de dolor, mas bien se abrió más
las nalguitas blancas que tenía para que le entrara más y comenzamos a movernos
salvajemente.
Pero la excitación de ambos era tan fuerte que nos vinimos
juntos, le bañe todo el pecho de leche que se unió con la de él. Me pidió que me
acostara sobre él y luego, con la leche que se me había pegado al cuerpo empezó
a chuparla, era increíble la sensación y así mi guevo se puso otra vez duro, el
se dio cuenta y de inmediato se lo llevó a la boca y me lo mamó hasta hacerme
acabar nuevamente tragándose toda la leche que salió de mi pene.
Hemos seguido teniendo relaciones, pero ya no sólo con él,
sino también con otros seminaristas. Para que vean que allí se pasa rico rico .
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