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Follando en una isla desierta
TODORELATOS » RELATOS » DON MARTIN IRISAR (7)
[ El que mucho duerme poco aprende. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 12-Abr-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (4663 de 6524)

Don Martin Irisar (7)

santi35
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Sigue la fiesta de boda de Hebe y Carlos y por supuesto sigue la orgia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Don Martín Irisar

Parte 7

Ana al ver la humedad en la punta de mi verga, se agacho y comenzó a lamerla, mientras las manos de Mariana abandonando mi pecho, comenzaron a acariciarme el culo, tratando de meter sus dedos en el agujero, cosa que en segundos logro; le saque la mano diciéndole

- No, no, espera un poco Mariana y tú también Ana, miremos la actuación de Jaime -

No solo nosotros rodeábamos a la pareja, varios de los invitados a la boda estaban mirando atentamente para no perder detalles de la actuación de Jaime, ya que este llamaba la atención debido a su monumental miembro.

La espalda de Flor descansaba sobre el suelo, sus caderas estaban sobre los muslos de Jaime, este de rodillas, sentados sobre sus talones la sostenía de las caderas; Adela, su abuela, con una mano le entreabría la concha a Flor y con la otra acomodaba el gordo glande de la verga de Jaime, cuando entraron en contacto, Jaime como si fuera un acto reflejo, empujo las caderas de Flor hacia el.

La vulva de Flor se abrió para comenzar a recibir el garrote de Jaime, se ensancho hasta el límite al empujar ella misma con las piernas cruzadas en la cintura del nieto de Adela, tanto se le ensancho que el clítoris quedo al descubierto y a la vista de todos los que contemplábamos la erótica escena.

Jaime sentía la presión de la concha de mi hija en su verga, su cara mantenía esa expresión de imbecilidad y un hilo de baba se le escurría por sus labios.

Los dientes y los ojos de mi niña, estaban fuertemente cerrados, ya que a pesar que muchas verga pasaron por el interior de ella, incluso las de Carlos y la de Tata, que eran las más grandes y gruesas de todo el rancho, ninguna se comparaban con la de Jaime; Flor sabia que la destrozaría, pero a pesar de ello quería sentirla totalmente adentro; realmente temí por su integridad física, pero era su decisión y lógicamente la respete, sin decir una palabra.

Los ojos, brillantes de excitación, de Mariana, Ana, Carla y de Tina no se movían del punto de unión de Florencia y Jaime, todas ellas tenían los pezones totalmente erectos; mi hija Carla se tocaba la concha, metiendo de ves en cuando su dedo medio adentro, Tina, agachada, acariciaba y besaba alternativamente los duros pezones de Florencia.

Mariana me masturbaba lentamente; Ana detrás mío, con las grandes tetas apretadas en mi espalda, me pellizcaba suavemente las tetillas mientras no se perdía detalles de lo que sucedía, mirando sobre mi hombro.

Adela, acercándose al oído de su nieto algo le dijo, Jaime, atrajo unos pocos centímetros hacia si a mi hija, el morado y gordo glande, entro un poco mas, la vulva de Flor al recibirlo se agrando hasta limites inconcebibles, un grito que Flor ahogo con su mano, salio de su garganta, su cuerpo se arqueo, gotas de sudor cubrían su cuerpo, sus tetas estaban durísimas así como sus pezones, erectos y de un color mas oscuros que lo normal, chupados estos concienzudamente por Tina

Adela besaba y lamía la espalda de su nieto, yo veía como la piel del joven se erizaba; apretándola de la cintura, Jaime atrajo un poco mas hacia el, el entregado cuerpo de mi hija; el grito resonó por todo el patio de la casa, donde se desarrollaba la boda de Carlos y Hebe; el glande de la verga de Jaime, ensanchando hasta limites increíbles la hermosa vulva de Flor, entro en ella desapareciendo de nuestras vista.

Sin poder resistir la tentación, me agache, apartando a Ana y Mariana; metí la cabeza entre mi hija y Jaime, comencé a lamer y chupar, tanto el sobresalido clítoris de Flor, como el tronco de la descomunal verga de Jaime, tanto uno como otro al sentir mi lengua en sus unidos genitales, comenzaron a gemir de forma incontrolable; Florencia abrió los ojos para ver quien era esa tercera persona que entraba a ese juego que la enloquecía, al ver que era yo, sonrió y se tenso un poco mas hacia atrás para que yo pudiese chuparla mas cómodamente.

Por el tronco de la verga de Jaime, corrían pequeños hilos de los jugos que venían del interior de la concha de Flor, jugos de sabor salobre y metálico, que yo lamía con verdadera ansias; sobre mi mejilla izquierda sentía los suaves pelos que rodeaban la vulva y sobre la derecha los gruesos pelos que adornaban el garrote de Jaime.

Lamer esa humedad sobre una superficie suave y dura como la verga de Jaime hizo que mi verga agarrase tal dureza y grosor que pensé que me estallaría.

Para completar semejante cuadro, sentí, más que vi, la mano de Mariana tomándome desde atrás la verga.

Al sentir el roce de la mano de Mariana, no se como ahí mismo no comencé a eyacular litros de leche, pienso ahora que en parte se debía a las hierbas de Tata, que retardaban hasta limites insostenible el eyacular.

Nos rodeaban ya varios de los invitados a la boda, incluso el padre Tomás, a pesar de su borrachera estaba con los ojos fijos en la pareja tendida en el suelo, su verga flácida que momentos antes colgaba casi sin vida, comenzó a cabecear, Adela al verlo se le acerco separándose de su nieto y comenzó a acaríciasela.

Diego Mendosa, el novio de Flor, también se había acercado para ver como Jaime se montaba a la que un día no muy lejano seria su esposa, con el también vino su madre; los dos se pararon a lado de la pareja tendidas en el suelo, la verga de Diego estaba en todo su esplendor, erecta y dura, su madre aprovecho para tómasela y masturbarlo, mientras miraban el excitante espectáculo, una mano de Maria, la madre de Diego, estaba en la verga de su hijo, con la otra se masajeaba lentamente el hinchado clítoris

También Hebe y su esposo Carlos, mi hijo, estaban completamente desnudos como el resto de los invitados, mirando casi sin poder creerlo como semejante garrote entraba en la concha de Florencia, advertí que del culo dilatado de Hebe unas pequeñas gotas de semen salían resbalando por la parte de atrás de sus piernas y caían finalmente el suelo.

Había retirado yo, la cabeza del punto de unión, ya que Flor me había apartado para que el próximo golpe de Jaime no molestara la penetración, también Tina se había apartado, las piernas de mi hija rodearon la cintura de Jaime, cruzándoselas por la cintura, y atrayéndolo hacia ella con fuerza, ella misma se termino de penetrar, Jaime que no se esperaba eso cayo hacia delante colocándole las manos sobre las tetas de Florencia, esta apretó mas las piernas y las casi 7 pulgadas de verga que quedaban fuera la entro toda en la concha de mi hija.

Creí por un momento que la partiría en dos, tal era el grado de la dilatación de la concha de Florencia; esta con los dientes apretados, la aguanto toda sin emitir mas que gemidos de placer, se veía que el dolor fue solo al entrarle el gordo glande de la verga de Jaime; ahora solo podía esperar goce, goce que comenzó a aumentar, cuando Jaime, mas por instinto que por inteligencia comenzó a meterla y sacarla; goce que se reflejaban en los gritos de placer que salían sin interrupción, de la garganta de Flor.

Tanto Mariana como Ana me habían vuelto a abrazar, una de cada lado, mis manos descansaban en sus cinturas desnudas, bajándolas acaricie sus tibias nalgas, suaves al tacto, metí mis dedos en sus rajas, apretadas; busque con mis dedos el prieto agujero de sus culos; Mariana no solo se inclino un poco, si no también se agacho, de esta forma mi dedo entro sin dificultad, presionando el esfínter, este se entreabrió y mi dedo medio se hundió en el, Mariana comenzó a gemir; mis ojos no se apartaban ni por un segundo de la verga de Jaime que entraba y salía con la fuerza y velocidad de un pistón de la concha de Flor, veía como sus pelos se entremezclaban apelmazados de sudor y jugos del interior de mi hija.

Sentía que mi verga, tan parada que casi me tocaba el bajo vientre, estaba por reventar, así que sin poder aguantar mas le dije a Ana que me la chupara; no me importaba acabarle en la boca, por que yo sabia que tendría vigor para desvirgarla a las dos sin ningún tipo de problema, tanto así confiaba en las hierba que Tata me había recomendado.

Ana se agacho y tomando mi miembro con las manos comenzó a lamerlo a lo largo del tronco, cuando llegaba a la cabeza metía la punta de la lengua en la pequeña abertura, eso me enloquecía, al mismo tiempo Mariana también me acariciaba los huevos; ver a las dos agachadas y totalmente desnudas, jugar con mis genitales, sumados a lo que sucedía con Flor y Jaime era ya demasiado para cualquier persona, por lo tanto, trate de concentrarme y no acabar ya; las dos pequeñas se pasaban mi verga entre ellas para chuparlas, las lamidas pasaban de mis huevos al tronco y profundas succiones en el glande.

Muy cerca de nosotros, sentado en una silla y frente a mi, se encontraba Tata; ya repuesto de su agotamiento, sobre sus rodillas estaba sentadas, Miriam, mi hija mas pequeña, a la que solo hacia minutos había desvirgado y Magdalena, entre risas y bromas las chiquillas jugaban con la verga, ya no tan flácida y los huevos de mi tío, mientras el le lamía y mordisqueaba los pezones a las niñas.

En un momento dado, Magdalena con las piernas bien abiertas, sentada sobre las rodillas de mi tío, quedo frente a mí, al mirarle la concha con más detenimiento, observe que un pequeño hilo blanco, salía de los abultados labios vaginales de la niña.

"Eso es un tampón" pensé "Esta con el período" efectivamente así era, ya que también Tata lo noto, vi que mi tío algo le decía y Magda, comenzó a reírse, asintiendo con la cabeza.

Tata, tomo el pequeño hilo con los dedos, Magdalena abrió aun más las piernas, y tirando, salio lentamente el tampón, que la niña se había colocado para no mancharse la ropa con su propia sangre.

"Por eso Diego, su hermanos, se la montaba solamente por el culo" pensé.

Salio totalmente el pequeño cilindro de algodón manchado con un poco de sangre producto de su menstruación.

Tata ante las miradas entre sorprendidas y divertidas de las dos niñas, hecho hacia atrás la cabeza y haciendo balancear el tampón sobre sus labios, lo bajo lentamente, se lo coloco en la boca y lo saboreo como si se tratara de una dulce golosina.

Miriam y Magdalena prorrumpieron en carcajadas, también yo me sonreí "Este viejo esta cada día mas loco" pensé, pero no niego que lo que vi me lleno de morbo, lo mismo le había sucedido a mi tío, ya que su verga estaba ahora totalmente empinada y dura para alegría de las niñas, que tomándola con sus manitos le tiraron toda la piel hacia atrás dejando bien al descubierto el morado y gordo glande.

Ana había tomado para si mi verga, Mariana solo miraba mientras sus deditos entraban y salían de su virginal concha, Ana se había metido mi miembro prácticamente hasta la garganta y con una mano me acariciaba los huevos, con la otra sostenía lo poco que quedaba afuera de su boca, de mi verga, chupaba con tal maestría, que sumado a los acontecimientos que yo estaba viendo, sentí ya que mi leche salía con tal fuerza, que atragantándola, comencé a depositar en su boca, tanto le eché que por las comisuras de sus labio salía un poco del semen, corriéndole por la barbilla y cayendo finalmente entre sus enormes tetas, Mariana al ver el liquido espeso y tibio depositarse sobre las tetas de su hermana, comenzó a lamerlo con una excitación rayana en la locura.

Mi cuerpo se estremeció violentamente al eyacular todo ese torrente de leche en la boca de Ana, sin embargo saque la verga de entre los labios de Ana tan dura como cuando ella comenzó a mamarla, indiscutiblemente el efecto de las hierbas de Tata era espectacular.

Al mirar a Ana alcancé a ver como ella se besaba con su hermana Mariana y en ese beso apasionado le pasaba, mezclada con su saliva algo de mi semen que no había tragado aun; me sorprendió a pesar de todas las cosas que había visto, lo morbosas que eran esas hermanitas, que no llegaban aun a los 20 años de edad, ya que comos sabemos Mariana solo tenia 14 y Ana, la mayor, tenia tan solo 18 años ¿que seria de ellas, cuando solo pasaran unos meses en el rancho?. Lo mas probable que en ese tiempo, ya se habrían montados a todos los hombres que vivíamos ahí.

Florencia seguía empalada por el monumental garrote de Jaime, su abuela estaba totalmente ensartada por la verga del padre Tomás, gritando tanto como mi hija, pero Adela no solo gritaba de placer, también insultaba al padre con un vocabulario que no coincidía con su edad:- Métela mas adentro, sacerdote hijo de puta, muévete más rápido cabron hijo de puta, ¿o crees que estas en tu iglesia con las putas de tus feligresas?

El padre tampoco se quedaba atrás: - Vieja puta – le decía – ¿Sientes como mi verga te rompe las entrañas? ¡En tu reputa vida tuviste metida en tu concha una verga de este tamaño! ¿Seguro que el marica de tu marido nunca te monto como lo hago yo, vieja de mierda?

A pesar de todos estos insultos lo dos reían a carcajada mientras la verga de el cura salía y entraba de la cocha de Adela con un velocidad pocas veces vista en personas de esa edad.

Jaime le metía su verga a Florencia hasta que sus pelos de juntaban, luego se la sacaba, dejando solo adentro la gorda cabeza, los labios de la vulva de mi hija, estaban hinchados y enrojecidos, apretando el glande de el miembro sin dejarlo salir, las uñas de las manos de Florencia, dejaban surcos en la espalda de Jaime, por supuesto este ni siquiera las sentía, le estrujaba las delicadas tetas de ella y le retorcía los pezones de tal forma que pensé que Flor estaría dolida por esto, nada mas lejos de la verdad, ya que esto la enloquecía aun mas.

De pronto Jaime la tomo del culo. La atrajo con toda su fuerza hacia el, fundiendo su vientre con el de ella, se quedo por un segundo quieto y gritando enloquecido, comenzó a echarle litros de leche en el interior de la vulva de mi hija, al mismo tiempo Florencia apretó las piernas contra la cintura de Jaime, apretándose también ella contra el y retorciéndose y gimiendo tuvo un orgasmo tras otro, era tanta la leche que le hecho Jaime que al retirarse solo unas pulgadas del interior de Florencia, comenzó a salir el semen blancuzco y espeso y al sacarla toda, de la abierta concha, grande gotas de leche cayeron al piso, los dos quedaron tirados como muertos, tanto así que Diego tuvo que ayudar a su novia a pararse, sacándola de abajo del cuerpo de Jaime.

Mariana y su hermana me tomaron de la mano y me llevaron hacia unos de los costados, casualmente al lado de Tata que jugueteaba con las dos más pequeñas, Magdalena y mi hija Miriam.

- Es nuestro turno ahora – me dijeron – Ocúpese de nosotras que estamos muy calientes y ya no aguantamos ni un minuto mas - dijo riendo Ana.

- ¿A quien de las dos quiere montase primero, don Martín? - pregunto Mariana.

- Pues – conteste yo – Creo que comenzare contigo, Mariana –

Con una sonrisa prometedora por todo comentario, Mariana se acostó suavemente sobre el suelo, con los brazos en cruz el hermoso cabello negro y largísimo, suelto debajo de ella y las piernas abiertas, dejándome ver toda su hermosa y rosada vulva, entreabierta y brillante por la humedad.

Realmente era una chiquilla bellísima, terriblemente delgada a diferencia de Ana, su hermana que era mas rellenita; de tetas chiquitas aun por su edad, pero duras y paraditas, con dos pezones que sobresalían, erectos, como invitándome a chuparlos.

Toda su vulva se veía perfectamente ya que solo tenia pelitos, muy negros y sedosos, en la parte superior y algunos pocos alrededor de su virginal concha; así que sus labios se veían perfectamente gorditos e hinchados por la estación de todo lo que sus ojos vieron en esa boda, sumado a que sabia que en pocos minutos mas tendría mi verga metida dentro de ella, bombeándole una buena cantidad de leche tibia y espesa.

Ana se había arrodillado a su lado, la beso suavemente en la boca, sus manos se apoderaron de los pechitos de su hermana, apretándole los duros pezones, se estremeció Mariana al sentir las caricias de Ana; me coloque entre sus pierna y se las flexiones colocando cada rodillas al cada lado de mi cabeza, entreabrí con mis dedos la concha de la pequeña, coloque mi boca en la entrada de su vulva y comencé a lamerla, deteniéndome en su clítoris que sobresalía rozado y duro de su capuchón.

Mis manos la agarraron de su redondo culo, atrayéndola hacia mí, de esta forma mi lengua entraba mas profundo en ella, el sabor de su interior era inigualable, su humedad, sus jugos me mojaban las mandíbulas, mis manos en sus nalgas la sentían estremecerse y sus gemidos me volvían loco de placer.

Al levantar la vista vi a mi lado también a mi hija Miriam, que acercándose con los ojos brillantes de excitación, pude apreciar que tenía los pezones totalmente erectos.

Magdalena, por su parte le estaba mamando la verga a Tata, quien nuevamente la tenia en todo su esplendor, su gorda cabeza emergía de la boca de la pequeña Magda, como si la estuviese montando, brillante de saliva, entraba y salía haciendo un sonido de succión.

Me coloque las piernas largas y perfectas de Mariana, sobre mis hombros, me enderece algo para que mi verga quedara en la entrada de su pequeña gruta, colocando mi glande con la mano, al estar tan lubricada pensé que no tendría problema para metérsela de tal forma que mis huevos chocarían contra su culo.

Al sentirla en la entrada, Mariana abrió los ojos para no perderse detalles de cómo iba a ser perforada por primera ves en su vida.

continua

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