Don Martín Irisar
Parte 7
Ana al ver la humedad en la punta de mi verga, se agacho y
comenzó a lamerla, mientras las manos de Mariana abandonando mi pecho,
comenzaron a acariciarme el culo, tratando de meter sus dedos en el agujero,
cosa que en segundos logro; le saque la mano diciéndole
- No, no, espera un poco Mariana y tú también Ana, miremos la
actuación de Jaime -
No solo nosotros rodeábamos a la pareja, varios de los
invitados a la boda estaban mirando atentamente para no perder detalles de la
actuación de Jaime, ya que este llamaba la atención debido a su monumental
miembro.
La espalda de Flor descansaba sobre el suelo, sus caderas
estaban sobre los muslos de Jaime, este de rodillas, sentados sobre sus talones
la sostenía de las caderas; Adela, su abuela, con una mano le entreabría la
concha a Flor y con la otra acomodaba el gordo glande de la verga de Jaime,
cuando entraron en contacto, Jaime como si fuera un acto reflejo, empujo las
caderas de Flor hacia el.
La vulva de Flor se abrió para comenzar a recibir el garrote
de Jaime, se ensancho hasta el límite al empujar ella misma con las piernas
cruzadas en la cintura del nieto de Adela, tanto se le ensancho que el clítoris
quedo al descubierto y a la vista de todos los que contemplábamos la erótica
escena.
Jaime sentía la presión de la concha de mi hija en su verga,
su cara mantenía esa expresión de imbecilidad y un hilo de baba se le escurría
por sus labios.
Los dientes y los ojos de mi niña, estaban fuertemente
cerrados, ya que a pesar que muchas verga pasaron por el interior de ella,
incluso las de Carlos y la de Tata, que eran las más grandes y gruesas de todo
el rancho, ninguna se comparaban con la de Jaime; Flor sabia que la destrozaría,
pero a pesar de ello quería sentirla totalmente adentro; realmente temí por su
integridad física, pero era su decisión y lógicamente la respete, sin decir una
palabra.
Los ojos, brillantes de excitación, de Mariana, Ana, Carla y
de Tina no se movían del punto de unión de Florencia y Jaime, todas ellas tenían
los pezones totalmente erectos; mi hija Carla se tocaba la concha, metiendo de
ves en cuando su dedo medio adentro, Tina, agachada, acariciaba y besaba
alternativamente los duros pezones de Florencia.
Mariana me masturbaba lentamente; Ana detrás mío, con las
grandes tetas apretadas en mi espalda, me pellizcaba suavemente las tetillas
mientras no se perdía detalles de lo que sucedía, mirando sobre mi hombro.
Adela, acercándose al oído de su nieto algo le dijo, Jaime,
atrajo unos pocos centímetros hacia si a mi hija, el morado y gordo glande,
entro un poco mas, la vulva de Flor al recibirlo se agrando hasta limites
inconcebibles, un grito que Flor ahogo con su mano, salio de su garganta, su
cuerpo se arqueo, gotas de sudor cubrían su cuerpo, sus tetas estaban durísimas
así como sus pezones, erectos y de un color mas oscuros que lo normal, chupados
estos concienzudamente por Tina
Adela besaba y lamía la espalda de su nieto, yo veía como la
piel del joven se erizaba; apretándola de la cintura, Jaime atrajo un poco mas
hacia el, el entregado cuerpo de mi hija; el grito resonó por todo el patio de
la casa, donde se desarrollaba la boda de Carlos y Hebe; el glande de la verga
de Jaime, ensanchando hasta limites increíbles la hermosa vulva de Flor, entro
en ella desapareciendo de nuestras vista.
Sin poder resistir la tentación, me agache, apartando a Ana y
Mariana; metí la cabeza entre mi hija y Jaime, comencé a lamer y chupar, tanto
el sobresalido clítoris de Flor, como el tronco de la descomunal verga de Jaime,
tanto uno como otro al sentir mi lengua en sus unidos genitales, comenzaron a
gemir de forma incontrolable; Florencia abrió los ojos para ver quien era esa
tercera persona que entraba a ese juego que la enloquecía, al ver que era yo,
sonrió y se tenso un poco mas hacia atrás para que yo pudiese chuparla mas
cómodamente.
Por el tronco de la verga de Jaime, corrían pequeños hilos de
los jugos que venían del interior de la concha de Flor, jugos de sabor salobre y
metálico, que yo lamía con verdadera ansias; sobre mi mejilla izquierda sentía
los suaves pelos que rodeaban la vulva y sobre la derecha los gruesos pelos que
adornaban el garrote de Jaime.
Lamer esa humedad sobre una superficie suave y dura como la
verga de Jaime hizo que mi verga agarrase tal dureza y grosor que pensé que me
estallaría.
Para completar semejante cuadro, sentí, más que vi, la mano
de Mariana tomándome desde atrás la verga.
Al sentir el roce de la mano de Mariana, no se como ahí mismo
no comencé a eyacular litros de leche, pienso ahora que en parte se debía a las
hierbas de Tata, que retardaban hasta limites insostenible el eyacular.
Nos rodeaban ya varios de los invitados a la boda, incluso el
padre Tomás, a pesar de su borrachera estaba con los ojos fijos en la pareja
tendida en el suelo, su verga flácida que momentos antes colgaba casi sin vida,
comenzó a cabecear, Adela al verlo se le acerco separándose de su nieto y
comenzó a acaríciasela.
Diego Mendosa, el novio de Flor, también se había acercado
para ver como Jaime se montaba a la que un día no muy lejano seria su esposa,
con el también vino su madre; los dos se pararon a lado de la pareja tendidas en
el suelo, la verga de Diego estaba en todo su esplendor, erecta y dura, su madre
aprovecho para tómasela y masturbarlo, mientras miraban el excitante
espectáculo, una mano de Maria, la madre de Diego, estaba en la verga de su
hijo, con la otra se masajeaba lentamente el hinchado clítoris
También Hebe y su esposo Carlos, mi hijo, estaban
completamente desnudos como el resto de los invitados, mirando casi sin poder
creerlo como semejante garrote entraba en la concha de Florencia, advertí que
del culo dilatado de Hebe unas pequeñas gotas de semen salían resbalando por la
parte de atrás de sus piernas y caían finalmente el suelo.
Había retirado yo, la cabeza del punto de unión, ya que Flor
me había apartado para que el próximo golpe de Jaime no molestara la
penetración, también Tina se había apartado, las piernas de mi hija rodearon la
cintura de Jaime, cruzándoselas por la cintura, y atrayéndolo hacia ella con
fuerza, ella misma se termino de penetrar, Jaime que no se esperaba eso cayo
hacia delante colocándole las manos sobre las tetas de Florencia, esta apretó
mas las piernas y las casi 7 pulgadas de verga que quedaban fuera la entro toda
en la concha de mi hija.
Creí por un momento que la partiría en dos, tal era el grado
de la dilatación de la concha de Florencia; esta con los dientes apretados, la
aguanto toda sin emitir mas que gemidos de placer, se veía que el dolor fue solo
al entrarle el gordo glande de la verga de Jaime; ahora solo podía esperar goce,
goce que comenzó a aumentar, cuando Jaime, mas por instinto que por inteligencia
comenzó a meterla y sacarla; goce que se reflejaban en los gritos de placer que
salían sin interrupción, de la garganta de Flor.
Tanto Mariana como Ana me habían vuelto a abrazar, una de
cada lado, mis manos descansaban en sus cinturas desnudas, bajándolas acaricie
sus tibias nalgas, suaves al tacto, metí mis dedos en sus rajas, apretadas;
busque con mis dedos el prieto agujero de sus culos; Mariana no solo se inclino
un poco, si no también se agacho, de esta forma mi dedo entro sin dificultad,
presionando el esfínter, este se entreabrió y mi dedo medio se hundió en el,
Mariana comenzó a gemir; mis ojos no se apartaban ni por un segundo de la verga
de Jaime que entraba y salía con la fuerza y velocidad de un pistón de la concha
de Flor, veía como sus pelos se entremezclaban apelmazados de sudor y jugos del
interior de mi hija.
Sentía que mi verga, tan parada que casi me tocaba el bajo
vientre, estaba por reventar, así que sin poder aguantar mas le dije a Ana que
me la chupara; no me importaba acabarle en la boca, por que yo sabia que tendría
vigor para desvirgarla a las dos sin ningún tipo de problema, tanto así confiaba
en las hierba que Tata me había recomendado.
Ana se agacho y tomando mi miembro con las manos comenzó a
lamerlo a lo largo del tronco, cuando llegaba a la cabeza metía la punta de la
lengua en la pequeña abertura, eso me enloquecía, al mismo tiempo Mariana
también me acariciaba los huevos; ver a las dos agachadas y totalmente desnudas,
jugar con mis genitales, sumados a lo que sucedía con Flor y Jaime era ya
demasiado para cualquier persona, por lo tanto, trate de concentrarme y no
acabar ya; las dos pequeñas se pasaban mi verga entre ellas para chuparlas, las
lamidas pasaban de mis huevos al tronco y profundas succiones en el glande.
Muy cerca de nosotros, sentado en una silla y frente a mi, se
encontraba Tata; ya repuesto de su agotamiento, sobre sus rodillas estaba
sentadas, Miriam, mi hija mas pequeña, a la que solo hacia minutos había
desvirgado y Magdalena, entre risas y bromas las chiquillas jugaban con la
verga, ya no tan flácida y los huevos de mi tío, mientras el le lamía y
mordisqueaba los pezones a las niñas.
En un momento dado, Magdalena con las piernas bien abiertas,
sentada sobre las rodillas de mi tío, quedo frente a mí, al mirarle la concha
con más detenimiento, observe que un pequeño hilo blanco, salía de los abultados
labios vaginales de la niña.
"Eso es un tampón" pensé "Esta con el período" efectivamente
así era, ya que también Tata lo noto, vi que mi tío algo le decía y Magda,
comenzó a reírse, asintiendo con la cabeza.
Tata, tomo el pequeño hilo con los dedos, Magdalena abrió aun
más las piernas, y tirando, salio lentamente el tampón, que la niña se había
colocado para no mancharse la ropa con su propia sangre.
"Por eso Diego, su hermanos, se la montaba solamente por el
culo" pensé.
Salio totalmente el pequeño cilindro de algodón manchado con
un poco de sangre producto de su menstruación.
Tata ante las miradas entre sorprendidas y divertidas de las
dos niñas, hecho hacia atrás la cabeza y haciendo balancear el tampón sobre sus
labios, lo bajo lentamente, se lo coloco en la boca y lo saboreo como si se
tratara de una dulce golosina.
Miriam y Magdalena prorrumpieron en carcajadas, también yo me
sonreí "Este viejo esta cada día mas loco" pensé, pero no niego que lo que vi me
lleno de morbo, lo mismo le había sucedido a mi tío, ya que su verga estaba
ahora totalmente empinada y dura para alegría de las niñas, que tomándola con
sus manitos le tiraron toda la piel hacia atrás dejando bien al descubierto el
morado y gordo glande.
Ana había tomado para si mi verga, Mariana solo miraba
mientras sus deditos entraban y salían de su virginal concha, Ana se había
metido mi miembro prácticamente hasta la garganta y con una mano me acariciaba
los huevos, con la otra sostenía lo poco que quedaba afuera de su boca, de mi
verga, chupaba con tal maestría, que sumado a los acontecimientos que yo estaba
viendo, sentí ya que mi leche salía con tal fuerza, que atragantándola, comencé
a depositar en su boca, tanto le eché que por las comisuras de sus labio salía
un poco del semen, corriéndole por la barbilla y cayendo finalmente entre sus
enormes tetas, Mariana al ver el liquido espeso y tibio depositarse sobre las
tetas de su hermana, comenzó a lamerlo con una excitación rayana en la locura.
Mi cuerpo se estremeció violentamente al eyacular todo ese
torrente de leche en la boca de Ana, sin embargo saque la verga de entre los
labios de Ana tan dura como cuando ella comenzó a mamarla, indiscutiblemente el
efecto de las hierbas de Tata era espectacular.
Al mirar a Ana alcancé a ver como ella se besaba con su
hermana Mariana y en ese beso apasionado le pasaba, mezclada con su saliva algo
de mi semen que no había tragado aun; me sorprendió a pesar de todas las cosas
que había visto, lo morbosas que eran esas hermanitas, que no llegaban aun a los
20 años de edad, ya que comos sabemos Mariana solo tenia 14 y Ana, la mayor,
tenia tan solo 18 años ¿que seria de ellas, cuando solo pasaran unos meses en el
rancho?. Lo mas probable que en ese tiempo, ya se habrían montados a todos los
hombres que vivíamos ahí.
Florencia seguía empalada por el monumental garrote de Jaime,
su abuela estaba totalmente ensartada por la verga del padre Tomás, gritando
tanto como mi hija, pero Adela no solo gritaba de placer, también insultaba al
padre con un vocabulario que no coincidía con su edad:- Métela mas adentro,
sacerdote hijo de puta, muévete más rápido cabron hijo de puta, ¿o crees que
estas en tu iglesia con las putas de tus feligresas?
El padre tampoco se quedaba atrás: - Vieja puta – le decía –
¿Sientes como mi verga te rompe las entrañas? ¡En tu reputa vida tuviste metida
en tu concha una verga de este tamaño! ¿Seguro que el marica de tu marido nunca
te monto como lo hago yo, vieja de mierda?
A pesar de todos estos insultos lo dos reían a carcajada
mientras la verga de el cura salía y entraba de la cocha de Adela con un
velocidad pocas veces vista en personas de esa edad.
Jaime le metía su verga a Florencia hasta que sus pelos de
juntaban, luego se la sacaba, dejando solo adentro la gorda cabeza, los labios
de la vulva de mi hija, estaban hinchados y enrojecidos, apretando el glande de
el miembro sin dejarlo salir, las uñas de las manos de Florencia, dejaban surcos
en la espalda de Jaime, por supuesto este ni siquiera las sentía, le estrujaba
las delicadas tetas de ella y le retorcía los pezones de tal forma que pensé que
Flor estaría dolida por esto, nada mas lejos de la verdad, ya que esto la
enloquecía aun mas.
De pronto Jaime la tomo del culo. La atrajo con toda su
fuerza hacia el, fundiendo su vientre con el de ella, se quedo por un segundo
quieto y gritando enloquecido, comenzó a echarle litros de leche en el interior
de la vulva de mi hija, al mismo tiempo Florencia apretó las piernas contra la
cintura de Jaime, apretándose también ella contra el y retorciéndose y gimiendo
tuvo un orgasmo tras otro, era tanta la leche que le hecho Jaime que al
retirarse solo unas pulgadas del interior de Florencia, comenzó a salir el semen
blancuzco y espeso y al sacarla toda, de la abierta concha, grande gotas de
leche cayeron al piso, los dos quedaron tirados como muertos, tanto así que
Diego tuvo que ayudar a su novia a pararse, sacándola de abajo del cuerpo de
Jaime.
Mariana y su hermana me tomaron de la mano y me llevaron
hacia unos de los costados, casualmente al lado de Tata que jugueteaba con las
dos más pequeñas, Magdalena y mi hija Miriam.
- Es nuestro turno ahora – me dijeron – Ocúpese de nosotras
que estamos muy calientes y ya no aguantamos ni un minuto mas - dijo riendo Ana.
- ¿A quien de las dos quiere montase primero, don Martín? -
pregunto Mariana.
- Pues – conteste yo – Creo que comenzare contigo, Mariana –
Con una sonrisa prometedora por todo comentario, Mariana se
acostó suavemente sobre el suelo, con los brazos en cruz el hermoso cabello
negro y largísimo, suelto debajo de ella y las piernas abiertas, dejándome ver
toda su hermosa y rosada vulva, entreabierta y brillante por la humedad.
Realmente era una chiquilla bellísima, terriblemente delgada
a diferencia de Ana, su hermana que era mas rellenita; de tetas chiquitas aun
por su edad, pero duras y paraditas, con dos pezones que sobresalían, erectos,
como invitándome a chuparlos.
Toda su vulva se veía perfectamente ya que solo tenia
pelitos, muy negros y sedosos, en la parte superior y algunos pocos alrededor de
su virginal concha; así que sus labios se veían perfectamente gorditos e
hinchados por la estación de todo lo que sus ojos vieron en esa boda, sumado a
que sabia que en pocos minutos mas tendría mi verga metida dentro de ella,
bombeándole una buena cantidad de leche tibia y espesa.
Ana se había arrodillado a su lado, la beso suavemente en la
boca, sus manos se apoderaron de los pechitos de su hermana, apretándole los
duros pezones, se estremeció Mariana al sentir las caricias de Ana; me coloque
entre sus pierna y se las flexiones colocando cada rodillas al cada lado de mi
cabeza, entreabrí con mis dedos la concha de la pequeña, coloque mi boca en la
entrada de su vulva y comencé a lamerla, deteniéndome en su clítoris que
sobresalía rozado y duro de su capuchón.
Mis manos la agarraron de su redondo culo, atrayéndola hacia
mí, de esta forma mi lengua entraba mas profundo en ella, el sabor de su
interior era inigualable, su humedad, sus jugos me mojaban las mandíbulas, mis
manos en sus nalgas la sentían estremecerse y sus gemidos me volvían loco de
placer.
Al levantar la vista vi a mi lado también a mi hija Miriam,
que acercándose con los ojos brillantes de excitación, pude apreciar que tenía
los pezones totalmente erectos.
Magdalena, por su parte le estaba mamando la verga a Tata,
quien nuevamente la tenia en todo su esplendor, su gorda cabeza emergía de la
boca de la pequeña Magda, como si la estuviese montando, brillante de saliva,
entraba y salía haciendo un sonido de succión.
Me coloque las piernas largas y perfectas de Mariana, sobre
mis hombros, me enderece algo para que mi verga quedara en la entrada de su
pequeña gruta, colocando mi glande con la mano, al estar tan lubricada pensé que
no tendría problema para metérsela de tal forma que mis huevos chocarían contra
su culo.
Al sentirla en la entrada, Mariana abrió los ojos para no
perderse detalles de cómo iba a ser perforada por primera ves en su vida.
continua