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Fecha: 12-Abr-06 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Los castigos de mi novia

waldo
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En sus manos soy un juguete sin voluntad. Disfruta haciéndome sufrir y sometiéndome a sus deseos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Los castigos de mi novia

16:30

Hace un rato que se ha ido. Hoy estaba especialmente contenta porque iba al cine con una amiga a la que hace tiempo que no ve, por lo que se ha puesto muy guapa y no ha sido excesivamente cruel conmigo. Estoy respirando con dificultad y tengo los músculos algo agarrotados, pero forma parte del trato.

Cuando ha terminado de comer, he recogido la mesa y he lavado los platos. Luego, como es costumbre, le he hecho un masaje en los pies mientras miraba su serie favorita. Como ha quedado temprano, no ha hecho su tradicional siesta y se ha ido a vestir después de haber quedado satisfecha del masaje. Normalmente el masaje acaba con una sesión de sexo oral que lleva a mi novia a un orgasmo que la ayuda a dormir plácidamente.

He esperado pacientemente a que terminara su ducha para ocupar mi sitio en el baño, mientras ella se maquilla y se arregla para salir. Me pongo de cuclillas apoyado en el mueble, con las manos a la espalda. Ella se acerca a la pica para mirarse al espejo, desnuda y, mientras se maquilla, yo la masturbo muy suavemente, con delicadeza, para no molestarla. Normalmente no me deja que la haga llegar al orgasmo, le gusta estar excitada en todo momento. Su coño es grande, arreglado pero con mucho pelo. En cuanto se acerca a mi cara ya noto su humedad, que aumenta considerablemente en cuanto empiezo a besarle en los labios y a pasar la punta de la lengua por su raja, de arriba abajo, haciendo especial hincapié en su clítoris. Evidentemente, debo conservar el equilibrio para no ser castigado, ya que cualquier distracción podría hacer que no se pintara correctamente y eso sería imperdonable.

Una vez ha terminado, se ha puesto su ropa interior negra y me ha señalado la cama. Cuando ella sale no le gusta que yo disfrute en casa de un rato de tranquilidad viendo la televisión, leyendo un libro o escuchando música. Tan sólo me deja totalmente libre cuando tengo que limpiar o cumplir con mis obligaciones de la casa, pero como esta mañana ya lo terminé todo, ahora toca esperar a que ella vuelva de manera que no olvide, en ningún momento, de quien manda en la casa.

Me he tumbado en la cama, boca a bajo, y ella me ha atado las manos a la espalda con las esposas. Acto seguido me ha puesto la bola con las tiras de cuero en la boca, para que no tenga la tentación de gritar en un momento de desesperación. Luego ha ido al lavabo y ha recuperado las bragas que se ha quitado hace un momento. Me las ha puesto en la cara, de forma que su olor más íntimo se me haga presente en todo momento en mi nariz. Finalmente, ha cogido sus pantalones del pijama y me los ha puesto también en la cabeza, como si fuera una capucha, atándome las piernas alrededor del cuello. Como me conoce muy bien y no es la primera vez que pasa, sabe que si me deja la polla libre seré capaz de restregarme con la cama para llegar al orgasmo, lo que disminuirá mi tortura temporalmente ya que me dará cierta satisfacción. Por eso me ha puesto la polla y los huevos entre las piernas, casi saliendo por detrás, de forma que sea imposible cualquier tipo de rozamiento. Me ha atado los muslos con un cinturón suyo para que no los separe. Finalmente me ha atado los tobillos con un pañuelo para asegurarse que no tengo nada de movilidad.

No contenta con esto, me ha tumbado, se ha sentado en mi cara y ha restregado su húmedo coño con el pantalón de pijama que cubre mi rostro, dejándolo bastante mojado de sus jugos. Creo que ha llegado al orgasmo porque ha estado un buen rato y su ritmo ha ido aumentando hasta que la he oído gritar, ligeramente, y finalmente se ha detenido. Ni que decir cabe que el olor más íntimo de mi novia ha quedado aún más presente en mi rostro y esto ha dificultado aún más la respiración fluida, ya que no puedo prácticamente tragar aire por la boca.

Una vez se ha arreglado, me ha dado un par de lametazos en los pezones (esto me vuelve loco) y se ha marchado al cine. El silencio tras cerrar la puerta me ha acompañado hasta ahora, mientras voy recordando el pacto que hice con ella y que me convirtió en su esclavo más sumiso y obediente.

21:00

Ya me he acostumbrado al olor. No se cuanto rato ha pasado, me parece una eternidad. Hace frío y me duelen los brazos y la polla, que no ha perdido intensidad en todo el rato que estado en esta posición. Una erección de tantas horas es difícil de aguantar.

Oigo la puerta, ya está aquí: - Buenas noches, cariño, ¿Ha llamado alguien? Jajajaja… - Me pregunta sarcásticamente. He oído un par de llamadas pero, evidentemente, no he contestado. Noto que se me acerca y me arrastra por la cama, dejándome en el suelo. Luego me sigue arrastrando hasta el baño. A través de la fina tela del pantalón puedo ver que estoy justo delante de la taza del water, veo sus dos piernas y sus zapatos de tacón de aguja justo delante de mi cara. Veo como caen sus bragas negras al suelo y separa los pies, de forma que quedan tirantes. Debe haberse sentado… efectivamente, oigo como está meando con intensidad, debe haber bebido mucho.

Mientras está orinando noto como me desata el pantalón y me quita las bragas de la cara. Me cuesta acostumbrarme a la luz y respiro de nuevo sin dificultad. Luego me saca la bola que me amordaza y muevo la boca que tengo medio desencajada. Oigo como está terminando y ya intuyo lo que va a pasar… Me coge por las axilas y me medio incorpora, dejándome de rodillas frente a ella. Está sonriente, está claro que lo ha pasado bien y ahora quiere terminar la tarde con otro orgasmo.

Cogiéndome del pelo me acerca a su coño, que aún está goteando. Me intento resistir pero es inútil, tiene mucha fuerza y yo estoy débil para evitarlo. Debo limpiarle el coño, dejárselo bien limpio. Evidentemente, mientras hago esto ella disfrutará al máximo de mi trabajo y me obligará a no parar hasta llegar al orgasmo. Empiezo a comerle el coño tragándome el resto de líquido amarillo que ha quedado entre sus labios y en sus pelos rizados. El olor es muy fuerte, pero ella me aprieta con fuera y me hunde la cara en su más profunda intimidad.

Al cabo de un buen rato noto como sus gemidos se hacen más profundos, como todo su cuerpo tiembla y me aprieta la cabeza con sus poderosos muslos. El cambio de sabor me hace ver que ha llegado al orgasmo. Sus músculos se relajan y me suelta, cayendo al suelo del baño mientras ella se toma unos segundos para recuperarse. – Bueno, cariño, te has comportado como todo un "hombre", te mereces un premio – Mientras dice esto se descalza de sus zapatos y me ofrece sus pies enfundados en las medias para que los bese y los lama. Evidentemente es muy relativo llamarle "premio" a esto pero tampoco tengo mucho que objetar, sólo deseo que me suelte las piernas y mis partes más íntimas vuelvan a su posición natural.

Al cabo de un rato, cuando se harta del masaje bucal en los pies se levanta, me desata y me manda a la cocina a preparar la cena. Ella se cambia de ropa y se vuelve a poner ese pijama que, como he explicado antes, sirve para que su olor esté presente cuando ella no está conmigo.



© waldo

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